10.1.09


Calvino el obscuro

Con frecuencia el trabajo de lector para una editorial, o la pose de crítico literario "brillante" pero malhumorado, obliga a las personas a ser inútilmente agresivas y/o injustas. Eso de tomar la literatura desde un punto de vista de eficiencia burocrática, de ventas, o de venganza personal, es fatal.

Releyendo la correspondencia de Italo Calvino publicada por Tusquets bajo el título Los libros de los otros, me topo con una carta a Luciano Foa, del 26 de junio de 1960, sobre el escritor Maurice Blanchot. Calvino –que entonces era editor de la importante editorial Einaudi– dice que no conoce ni en pelea de perros al francés , pero que entiende que es

un precursor, es decir alguien que hace antes que los otros cosas que después los otros harán mejor que él.

De Aminadab (1924), dice que es definidamente surrealista, estrictamente onírica y… "aburridísima". De Au moment voulu (1951, cuento), que abusa de la introspección filosófica y que "no agarra; es frío y gris". Y al admirable Tomás el obscuro (1932) lo reduce a una "búsqueda de efecto" donde "ni asoma la fuerza de un Kafka o de La nausea".
Se ve que Blanchot no le caía. Pero lo más interesante es que de La sentencia de muerte (1948) Calvino dice, textualmente, que es "deliberadamente modesto". Perfecto, al hombre no le gusta nadita Blanchot, está en su derecho. Pero...

En una carta de menos de dos años después, dirgida a Laura Conti (exactamente del 13 de junio de 1962), comentando en términos elogiosos su novela Cecilia e le streghe, dice el autor de Las ciudades invisibles:
Encontraba el libro (el de Conti) notable, como algunas otras obras entre narrativas y memorialistas (...): Reverzy o La sentencia de muerte, de Blanchot.

What? ¿Alguien me puede prestar ese diccionario donde deliberadamente modesto ("se lee a medias", agrega) y notable son sinónimos?
Con todo, les recomiendo este volumen de cartas de Calvino. No solo porque encontrarán muchas otras muestras interesantes de incongruencias, desplantes, sobreestimaciones y subestimaciones propias –se dirá– de un genio como él; también porque hay fragmentos que son pequeñas joyas de poética narrativa que exploraré en adelante para ustedes.

(Italo Calvino. Portada.)

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