10.2.09


Anuario 2008 de Periódico de Poesía

La mejor revista de poesía de Latinoamérica, Periódico de Poesía, auspiciada por la UNAM y fundada por el poeta mexicano Marco Antonio Campos, acaba de publicar su anuario de poesía del 2008, con lo mejor de las colaboraciones, de poetas de toda América Latina, publicadas en esa revista. Entre los peruanos figuran Luis Fernando Chueca, Denisse Vega Farfán, Montserrat Álvarez, Domingo de Ramos y otros, entre ellos este blogger. Visitas por acá.


Luis Fernando Chueca
(Lima, Perú, 1965)

Cuzco 1984
la imagen ofrece un lugar común: en cuzco, seis
muchachos en fila delante de la piedra de los doce
ángulos. Es 1984, están de vacaciones y no alcanzan
los veinte años. tienen la belleza de la edad y
refulgen a pesar de la jornada agotadora. no lo
saben, pero miran hacia algo que la proximidad de la
piedra representa.
Veinte años después me detengo ante la fotografía
que conserva aquel instante. Recorro la toma contra
el orden propuesto por el lente de la cámara. El
último en la fila (el primero en mi repaso) es Juan
Pablo. Vive en Europa y recibo sus correos con
largos intervalos. En uno reciente me habló del
tiempo y la distancia que taladran la memoria. A
Pancho, a su lado, lo vi hace pocos días. En el 8 era
el único en quien podíamos reconocer la escritura
inmediata de la muerte: la ausencia de su madre le
había dejado una marca en la mirada. Pancho ha
ilustrado algunos de mis poemas y quizás quiera
hacer un dibujo de este retrato funerario. Al
despedirnos acordamos buscar a Paco, que está dos
puestos más allá. Paco será el primero que lea este
libro cuando lo haya terminado: comparto con él
varios nombres de este listado y es posible que
encuentre en él algún asomo de su voz. Para ambos
escribí en 1988 un texto cuyo final decía: "regresamos,
uno por uno / a la última esfera del infierno". Eran
tiempos oscuros y pensaba ingenuamente que el
poema serviría de exorcismo. de césar, ubicado
entre ellos, no tengo noticias. diría que la tierra se
lo tragó si no fuera porque sé que hay abismos que
de pronto se agigantan. luego de Paco estoy yo,
aunque alguien piensa que es imposible reconocerme.
El primero al lado de la piedra es c. él guardó los
negativos de ese viaje adolescente del que queda
como único testimonio la imagen que comento.
Murió casi de golpe hace tres años: la piedra absoluta
de la ausencia creciendo desde el centro de su cuerpo.
lo visitamos —Pancho, Juan Pablo, Paco, yo—
varios sábados seguidos pero no pudimos verlo. lo
siguiente fue el velorio y el entierro.
Para ellos escribo este poema.

(Marco Antonio Campos, poeta.)

2 comentarios:

  1. Anónimo10.2.09

    Felicitaciones a ti y a todos los antologados. Qué bueno y ya veo por qué te atacan tanto, jaja, saludos.

    Mary

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  2. el datero sentimental10.2.09

    IVÁN THAYS SE MANDA CON TODO CONTRA EDITORIAL NORMA Y ALBERTO FUGUET; ¿EL NUEVO YBARRA DE LA BLOGÓSFERA?


    Segunda confesión: Apenas supe por internet de la aparición de Mi cuerpo era una celda (Norma) supe que era un libro que jamás me interesaría leer. Las fotografías de Caicedo como hippie o como nerd me hartan -Norma ha mandado hacer una ridícula publicidad con la silueta de Caicedo cogiéndose los huevos-, su novela y sus cuentos me parecen malos, su actitud suicida me parece parte de una mitología adolescente de la que ya tuve bastante con Luis Hernández (quien, a diferencia de Caicedo, por lo menos era un buen poeta). ¿Por qué tendría que leer un libro dedicado a un autor que considero menor y sobrevalorado? Lo único que me tentaba era que se trataba de un libro de Alberto Fuguet, amigo mío al que respeto como escritor, y la curiosidad del método de composición que Alberto había elegido -a manera de montaje a partir de la correspondencia y los artículos de Caicedo- para redactar el libro. Pero eso no era suficiente para comprarme un libro. Y desde que dejé Vano Oficio ya no me regalan nada, así que debo pensar bien qué comprar y qué no. Y este libro era un no rotundo.
    3.-
    Tercera confesión: Nunca entendí aquella fascinación que tiene Alberto Fuguet por los personajes looser de la literatura. Por recomendación en su blog vi Californication y su ídolo-modelo de escritor Hank Moody me parece un completo imbécil. Siempre he pensado que Alberto se defiende mucho de lo "literario" porque en el fondo le teme. Porque siente que en un mundo de lectores cultísimos y escritores virtuosos, él es un salvaje que no puede competir ni le interesa. Es como si todo el tiempo estuviera esperando que Donoso lo eche de su taller por no haber leído a Dostoievski. Incluso su desprecio por la obra de ficción de los autores, que lo conduce a sobre estimar las obras de no ficción de muchos, me parece sospechosa y sintomática de alguien que teme ser rechazado por el mundo -mucho más complejo y con reglas más imprecisas que el de los diarios personales- de la poderosa ficción. A pesar de eso, Fuguet no sólo es un buen escritor de ficciones sino, además, una persona capaz de crear generaciones y lectores como lo hizo con McOndo. No es fácil hacerlo. Existen decenas de editores y escritores y prologuistas y agentes literarios y periodistas que han intentado crear una promoción de autores, un grupo identificable y reconocible, y no lo han logrado jamás. A Alberto le bastó una palabra, McOndo, para conseguirlo. Eso es más de lo que se puede decir de cualquiera. Pero, pese a ello, ese obsesivo comedor de sushi que es Alberto Fuguet desconfía de la literatura y prefiere meterse en un mundo definitivamente más competitivo, frívolo y menos complejo por lo general, como es el del cine. Una contradicción aparente. Por eso no me llamó la atención que Fuguet finalmente escogiera como ídolo literario ("amigo imaginario" lo llama en el libro) a un escritor menos talentoso que él como Caicedo. Es el camino inverso al de Mario Vargas Llosa (ídolo literario de Caicedo y del mismo Fuguet) quien le dedica años de investigación a obras auténticamente transgresoras, fundamentales y casi prometeicas como las de Víctor Hugo, Flaubert, Gabo u Onetti. Fuguet en cambio prefiere dedicarle su tiempo a autores cuya discreta obra no ha influido en nada al mundo literario al que Fuguet pertenece aún sin quererlo.

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