10.2.09


Lo que no vio Breton

Sus versos son hoy, hasta cierto punto, ilegibles para mí. Breton palidece hasta fantasmatizarse frente a la sutileza de un Paul Eluard, o junto a la espontánea seducción de un Robert Desnos. Y por razones concretas: sus metáforas son disforzadas, su simbología es demasiado racional y como de utilería, sus imágenes pecan de grandilocuentes. Sobre todo ese ritmo uniforme y medio solemne.

Sus libros en prosa mantenían cierto interés para mí, sin embargo. Hasta que releí esta semana Nadja (1928), en una traducción reciente, del 2006. Difícil expresar la gama de sensaciones desagradables, incómodas que hoy me suscita este breve texto. El yo inflamado del “dirigente” predomina sin matices, y cada pequeño suceso, cada evento o reflexión que el narrador registra, busca sugerir una experiencia trascendente, singular, incomparable, y ello se denota sin pudor ni, al menos, un toque de ironía.

Dos pasajes, no obstante, mantienen su campo magnético sobre mí. Uno es el que ensaya un ataque furibundo a la institución psiquiátrica y a la manera en que la sociedad de su tiempo concibe y trata a sus enfermos mentales (como 40 años antes que Foucault). El otro es una evocación elogiosa de Robert Desnos:

“Duerme”, pero escribe, habla. Estamos en mi casa, por la noche, en el taller (…) Desnos continúa viendo lo que yo no veo, lo que no puedo ver sino a medida de que me lo muestra. (…) Quien no haya visto cómo su lápiz vertía sobre el papel, sin la más mínima vacilación y con una prodigiosa rapidez, aquellas asombrosas ecuaciones poéticas, y no haya podido, como yo, estar seguro de que no eran elaboradas de antemano (…) no puede hacerse una idea de todo lo que aquello alumbraba entonces, del absoluto valor de oráculo que aquello tomaba. (pp 118, énfasis mío)

Solo una cosa: las “ecuaciones poéticas” en realidad eran los poemas de Bretón (por su esquematismo); Desnos visitaba regiones otras y les arrancaba un puñado de palabras como jirones de sueño puro.

(André Breton.)


4 comentarios:

  1. el datero sentimental11.2.09

    qué risa, al rey del Sanbenito ese de "me criticas porque me envidias" lo acusan ahora de envidioso, ja!


    Anónimo dijo...
    Claro y por eso tu encono contra el pobre Caicedo. Ni su suicidio es una excusa para despreciarlo como lo haces en este post. Me pongo psicoanalitico y digamos que en el fondo te jode que Caicedo estando muerto desde hace ya mucho tiempo, sea hoy un escritor con
    -y aqui agarrese fuerte Thais-
    FAMA, esa fama que te enajena, que te jode y que deseas asi tengas que vender (¿un libro de Caicedo que te regalo un gran amigo que tambien esta muerto, acaso?)
    lo que tengas que vender.

    5:15 PM

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  2. LuchinG11.2.09

    señor Coral:

    Debe usted valorar la valentía del escritor peruano cuando enjuicia así la literatura inflada de Caicedo y pone en su sitio al escritor chileno Fuguet. ¿O a usted le gusta la obra del colombiano y admira a Mc Ondo Fuguet?

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  3. Anónimo11.2.09

    Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  4. LuchinG: yo no he dicho ni A sobre esto. No me metas.

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