23.3.09


González Vigil y el mar


En el Dominical de hoy domingo, el crítico Ricardo González Vigil hace un sintético recuento ("El mar y la literatura") de la presencia del mar en la narativa. Sin ser exhaustivo, no deja de ser interesante chequearlo.

off-topic: En cuanto la tontería de defensa esgrimida por un lejano poeta de los ochenta a favor de la poesía juvenil de Gustavo Faverón, habrá que decir lo evidente: la calidad de un texto es independiente de la cronología o de la edad del autor. El hecho de que sean poemas veintiunañeros no los exculpa de su mediocridad intrínseca.


Por Ricardo González Vigil

En el imaginario de los pueblos primitivos y de las primeras grandes civilizaciones, tan impregnado de una cosmovisión mítica, el mar es el espacio proceloso por excelencia, con sus tormentas y animales monstruosos (de formas y dimensiones dictadas por el terror y el delirio, verbigracia el bíblico Leviatán), abierto al “abismo” que debía existir pasando la línea del horizonte.

El espacio habitable suponía los rituales de una zona sagrada, un orden (es decir, cosmos, en lengua griega) establecido por alguna divinidad o demiurgo. Al respecto, recordemos a Rómulo matando a su propio hermano Remo, cuando violó los rituales en la fundación mítica de Roma. En el caso del Tahuantinsuyo, el papel de Manco Cápac (hijo del sol) hundiendo la “vara” en ese centro del mundo que será el Cusco. En esas condiciones míticas, el paisaje apetecible (“locus amoenus”, lugar deleitoso) es un jardín o huerto cerrado (la naturaleza domesticada por el hombre) o, en todo caso, un valle con arroyuelos y animales aclimatados a las actividades humanas: pensemos en el Jardín del Edén, la Esposa como “huerto cerrado” en el bíblico “Cantar de los Cantares”, la idealizada Arcadia de la literatura pastoril, en fin. Debido a ello, a Jonás en el mar lo castigan tormentas y la ballena Leviatán; Ulises anhela la tranquilidad de su hogar, sufriendo todo tipo de calamidades en el mar; también, Simbad padece todo tipo de pruebas en sus viajes marinos. (clic para continuar la lectura)




(la mer, la mer, toujurs recommencée...)

7 comentarios:

  1. Anónimo23.3.09

    será que estos tipos creen que el mundo se acaba con ellos, de otra forma no se entiende cómo arriesgan su palabra defendiendo unos textos indefendibles. La historia los pondrá en su sitio, aunque ni falta que hace.

    Jeguel

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  2. yo he hablado de los poemas, y he dicho que me parecen mediocres. Creo que es evidente que, juveniles, otoñales o seniles, los poemas, todos los poemas, pueden ser buenos malos, mediocres, intrascendentes, etc. Y los de Gustavo Faverón me parecen mediocres. Eso es todo. Frente a eso el insulto de Jorge Frisancho -un poeta menor de su generación- no podrá gran cosa.

    Dejen a un lado sus lánguidas amistades y juzguen los textos mismos; verán que me darán la razón, señores Frisancho y Thays. Y sobre la idea de mafia, a otro león con ese bocado; ya quisieran ser mafia y tener el poder que aparentan.

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  3. El pato Luckacs23.3.09

    bueno, Faverón tiene el derecho de llamar a sus amigos para que lo denfiendan, Ybarra hace lo mismo con Durán y todos ellos. Qué hay de malo.

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  4. arañarse y lloriquear por la crítica a unos poemas juveniles y hacerse el pobrecito con sus amigos para que salgan a defenderlo con insultos es de lo más estúpido e infantil que he visto en un intelectual en los últimos años. Pero áun más cojudo es caer en el jueguito de Faverón y hacer el ridículo con defensas amicales sin sustento.

    En fin. Para mí esta cojudez está cerrada.

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  5. Anónimo23.3.09

    si vikito. ya ciérrala. y dejen de pelearse, plis.

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  6. Anónimo23.3.09

    TE VAMOS
    A CACHAR
    INDIO

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  7. Anónimo18.4.09

    No pidas mucha "exhaustividad" cuando hay un límite de palabras en los artículos que se deben entregar para El Dominical.

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