29.5.09


Café y manzanas

La taza blanca, nítida, nos saluda,
corola, sobre la mesa, abierta en el
presente que, de nuevo, floreció. Y el gusto,
ácido, de la carne otoñal,
sin nosotros, mezclados al café,
seguiría estando
prisionero en su forma:
vidas frágiles y solidarias. Minuto,
rico, cuyo vaivén
lleva y trae este mundo
en equilibrio sobre lo negro. Presente
rápido y sin fin que deposita,
en esta esquina del ser, el ser
entero hecho calor y delicia.


–––Tomado de El arte de narrar (Visor, 2009), extraordinaria reedición de los poemas completos de uno de los narradores hispanoamericanos más importantes del siglo veinte; a decir de Ricardo Piglia: "uno de los mejores escritores actuales en cualquier lengua". Los poemas de Saer (1937-2005) se esfuerzan por ocupar un espacio independiente dentro de su aplastante obra narrativa. Constantemente se preocupan de no caer -al menos no obviamente- en la "narratividad", y hay una interesante vocación de construcción del verso, tal como se aprecia en el poema citado. Encabalgamientos, repeticiones, elementos cotidianos, encuadran una anécdota que precisamente en su no llegar a cuajar narrativamente encuentra, paradoja de por medio, su mejor distinción, su verdad poética.
 
(Saer.) 

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