22.8.09

Testimoniar y no predicar


 
Dice Claudio Magris en el prólogo a esta estupenda antología de novelas de Gregor Von Rezzori, que el autor de Diario de un antisemita "es un extraordinario poeta de ese hiato que, para el hombre moderno, se abre entre el yo y la vida, y por el que esta no es ya su vida, sino un territorio en el que el hombre no acierta a insertarse, una extrañeidad a la que ama con un amor consumido y desencantado".

El volumen, editado en formato mayor este año por Anagrama, reúne tres novelas: Un armiño en Chernopol, Memorias de un antisemita y Flores en la nieve, pero sin duda Memorias es el eje del conjunto, con un narrador-personaje a quien el autor ha dotado de "potencialidades, prejuicios hundidos y sepultados, matices reconditos que caracterizan a toda una generación" de hombres que convivieron con la invasión alemana a mediados del siglo pasado, y que tuvo sentimientos contradictorios y en cierta forma extraños con respecto a ese proceso.

Magris ha sabido afincar con precisión –mediante una cita de memoria– el aparato moral que Von Rezzori pone en juego en sus obras:

El compromiso moral, para un escritor, no es otro que la honestidad, expresarse a sí mismo, testimoniar y no predicar, mostrar las cosas más que sugerir o imponer una toma de posición. Para un escritor, el juicio debe surgir de la representación y no debe ser encajado desde el exterior.

Uno puede estar en desacuerdo con algunos de los puntos del programa que recuerda Magris de Von Rezzori –particularmente la idea de representación y lo de "mostrar más que sugerir", me inquietan–, pero si se recorre las páginas de La gran trilogía uno puede ver el acuerdo casi perfecto entre los propósitos del autor y sus resultados. Un caso de extraordinaria honestidad que solo podemos honrar con la lectura.
 
(Portada.) 

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