23.9.09

Kozer en Argentina (y ahora en Pittsburgh)


Mi amigo el poeta cubano José Kozer me escribe unos correos privados donde me avisa que asistió, con gran suceso, a un festival de poesía en Rosario, Argentina, y que ahora mismo vuela a EE UU para llevar unos talleres de poesía. Le digo que le voy a enviar sus derechos autor por el libro que le publiqué acá, Biopoética, pero insiste en renunciar a ellos y donarlos para una siguiente publicación de otro poeta.
Gran generosidad de un grande.
Les dejo con una pregunta de la entrevista que le hicieron en Página 12 con motivo de su visita a Argentina:

 
–¿Por qué cree que a los poetas no les gusta explicar sus poemas?

–Quizá no han roto con el mito romántico y siguen bajo la égida de ese romanticismo. Ha habido un cambio muy profundo en este momento histórico del punto de vista de la poesía: la cosa impactante, de crear tu propia leyenda, eso ya no sirve, no se lo cree nadie. Ya no existe un Rimbaud, un Lautréamont, el poeta sagrado. Los poetas son gente de cuello y corbata, a veces de jeans o camisetas, que están construyendo como ciudadanos. Yo me siento así todos los días: soy esposo, padre de familia, ganapán, he sido profesor durante treinta dos años, soy un viejito jubilado, tengo un eros, una carne moribunda, le tengo miedo a la muerte, pero de repente surge un espacio, que en mi caso parece ser cotidiano, en el que se me da la escritura. Yo soy un tipo saludable, casi vegetariano, me cuido como una niña de 17 años porque no tengo ganas de morirme a deshoras; como con cuidado, bebo lo necesario, hago ejercicios, me levanto y me acuesto temprano, no tomo pastillas. El poeta tiene que estar sano para generar una obra. La enfermedad no construye, destruye. Ya no necesitamos emborracharnos ni suicidarnos para ser poetas.

(José Kozer en plena lectura.)

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