17.9.09

Las ciudades olvidadas



Cuando los críticos y profesores académicos se animan a hacer sus "recuentos" de ciudades o personajes de la literatura latinoamericana, con frecuencia priman los gustos particulares, las afinidades o repelencias personales, y hasta la ideología del crítico.

Por ello es importante tener en cuenta que, más allá de las obras canónicas de Borges, Sábato, Rulfo y Vargas Llosa, existe una serie de ciudades imaginarias que no son tomadas en cuenta normalmente, o que simplemente son soslayadas por no haber "trascendido" como las otras. Aquí, resumidas al vuelo, tres de ellas.

San Miguel, de Abrapalabra. No me canso de recomendar esta novela del lenguaje de Luis Britto García. San Miguel de Acataurima es un espacio entre políticamente real y mágico, donde al cementerio le faltan "la mayoría de los muertos", y donde llueve, "desde las Pléyades", "hasta que nadie recuerda algún tiempo en que no lloviera", y esa lluvia "va lavando las edades hasta dejarnos a todos niños". San Miguel es un espacio de inversión de lo racional que se inclina hacia lo poética pero también hacia una profecía política –la sequía en San Miguel es atroz para el hombre– que se va a resolver al final del libro.

La ciudadela de "El Atajo". Bioy nunca fue mi narrador argentino favorito pero debo revelarles que este cuento me mata por la forma tan lograda en que los protagonistas pasan de un escenario vulgar y reconocible, a un tiempo (y lugar) que es una de las posibles Argentinas, uno de los "mundos posibles" que alguno de los personajes del cuento afirma, sin sospechar que se hará realidad pronto. Una enorme torre de concreto y dos personajes del futuro opresivo argentino apresan a los personajes y les aplican unas leyes tan insensatas como… fatalmente visionarias en el caso de la historia argentina. (Habría que agregar el Buenos Aires "idéntico y distinto", en palabras del propio Bioy, de "La trama celeste", uno de sus cuentos más celebrados).

El Quito desquiciado de Palacios. Puedo equivocarme pero solo he encontrado una referencia indiscutible a Quito en la obra de Pablo Palacio: en la primera página de su libro de cuentos Un hombre muerte a puntapiés (1927). Luego las referencias se hacen ambiguas hasta el punto que el escenario de las acciones de sus novelas posteriores, Débora y Vida del ahorcado, puede ser trasladado a cualquier urbe de la época. Pero es Quito, allí están el tranvía, las callecitas empedradas; pero no lo es: esos rasgos son comunes en otras ciudades. Resultado: su sabotaje de la representación de la realidad, su escritura autoconsciente, los detalles que bordean lo grotesco, su subjetividad psicótica mezclada con sus descripciones y sopesaciones sobre lo real (W.H. Corral) configuran un Quito enajenado; o más aun: una urbe desquiciada y, a la vez, corriente, que se parece cada vez más a cualquier urbe de hoy. Un visionario.

Actualización: Suelo no responder nada a un estúpido social como Juan Pérez, incapaz de intercambiar ideas sin insultar o hacer sus alusiones insultantes supuestamente "inteligentes". Pero con la ciudad demencial que implanta Palacios en el imaginario latinoamericano, se equivoca de cabezota a rabo. La ciudad que describe, desde la insanía creativa, Palacios en Débora y Vida del ahorcado ya no es Quito ni ninguna otra real: es la ciudad del desquiciamiento y la ordinariedad, de la abulia citadina y la explosión metarracional; es la Ciudad de Palacios, tan imaginaria como Macondo o cualquiera de las ciudades invisibles de Calvino. Eso ya lo sugerí en el post que solo Pérez ha malinterpretado para, una vez más, intentar atacarme. Qué risa.


(portada de las imprescindibles Obras completas de Pablo Palacio publicadas por la Colección Archivos.)


9 comentarios:

  1. Anónimo17.9.09

    Hola Víctor. Buen post, pero mira cómo ponen en su sitio al administrador de Trigo Atómico:

    Sugieron un tratamiento homeopático con ajo. Urgente.

    "Comentario by LuchinG — Agosto 13, 2009 8:28 am
    Para su información… EDWARD CULLEN no tiene “por lo menos 300 años”… Edward Anthony Masen su nombre “humano” nació en 1901 por lo que de existencia tiene 108 años….
    Carlisle cullen le convirtió en vampiro en 1918 por lo que como vampiro y como EDWARD CULLEN tiene solo 91 años…
    DOCUMENTENSE BIEN ANTES DE ESCRIBIR ALGO… POR FAVOR…


    jaime_bedoya Reply:
    Agosto 13th, 2009 at 9:05 am

    srta cullen, tiene ud razón. era una cifra metafórica, pero inexacta. el propio masen, o mejor dicho cullen, da cuenta de esto. corrección hecha, gracias. pero no se moleste, o la muerdo."

    jaja, y encima habla de "cifra metafórica", jaja, qué es eso!!

    saludos desde Arequipa.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo17.9.09

    El Barranco de La Casa de Cartón es otra ciudad olvidada para mí, y es de la misma época.

    Rodrigo.

    ResponderEliminar
  3. La Lima de plástico de "Rito de paso".

    ResponderEliminar
  4. Anónimo17.9.09

    Por que no mencionas al critico por su nombre, no seas cobardon

    ResponderEliminar
  5. Es que no solo se trata de Juan Pérez, son varios los críticos que se mueven bajo los parámetros que señalo. La gran prueba es Daniel Alarcón, alabado hasta más no poder por Pérez hasta que se juntó con Ybarra y su gente. Allí desapareció del mapa literario de Juan Pérez. JA!

    ResponderEliminar
  6. Anónimo18.9.09

    Por mas demencial que sea el Quito de Palacios, cosa en la que coincido, no entra en la dinamica de las geografias imaginarias. EL QUito de Palacios no es un mundo "alterno" o un mundo "otro", ese es el problema, segun veo.

    ResponderEliminar
  7. Anónimo19.9.09

    Oye en honor a la verdad, yo no creo que si tú te animaras a hacer un recuento temático o hacer revisión de obras literarias que aborden un aspecto, problemática o tópico; lo hagas más completo y diverso a diferencia de los otros críticos o estudiosos. Te guste o no, los recuentos no pueden agotar un tema por más determinado, específico que sea. De otra parte, nadie se escapa de imprimir a esos recuentos los gustos particuares, las fuentes que más conoce y ha estudiado y de dar relevancia (no de preferir, necesariamente hablando) a las obras que se ajusten con su visión del muno o su ideología.
    No digo que esté bien; sólo apunto que tú tampoco escaparías de esas taras.

    ResponderEliminar
  8. el Quito de Palacios existe en Un hombre muerto a puntapiés; en las novelas posteriores se hace ambigua hasta convertirse en una ciudad de locura. Que Palacios no la haya nombrado, que no la haya llamado "Bufardo", por ejemplo, es un detalle, eso no le quita su carácter de ciudad imaginaria.

    En cuanto a si yo caería en las misma limitaciones de los críticos académicos, pes seguramente. Pero los pecados de los demás no nos convierten en santos. Siempre hay que buscar mejorar lo que se hace y ese es el espíritu de mi post.

    ResponderEliminar
  9. Anónimo1.10.09

    Dicho con todo respeto, por si acaso. Creo que es obvio lo que usted expresa: "Pero los pecados de los demás no nos convierten en santos". Claro que no, esos pecados o faltas nos hacen ser iguales a ellos y alejados de la imagen de santo. Yo lo único que señalé es que pretende enmendar la plana a ciertos críticos y estudiosos. No me parece mal. Lo que ocurre es que como lector siento un aire de suficiencia, el cual se impone al deseo de querer mejorar las cosas. Lo mío ha sido una interpretación, ojo; no la verdad. De otro lado, es fácil encontrar en algunos ensayos temáticos suyos y revisiones la mención de determinadas obras. Ello me hace indicarle que nadie es infalible y todos tienen alguna limitación en su trabajo. Todo escrito y más si da cuenta de ejemplos precisos es perfectible. Todo esto dicho con buena onda.

    ResponderEliminar

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.