19.9.09

Zambra sobre poesía


En el reciente número de Letras Libres, el narrador y poeta chileno Alejandro Zambra (La vida privada de los árboles, Bonsái) aborda el ensayo Postpoesía (Anagrama, 2009), de Agustín Fernández Mallo, adalid del movimiento Nocilla. Es respetuoso y algo condescendiente el chileno con un libro que no admite mayores lecturas y que tiene en una acendrada superficialidad a su peor –más no única– característica.

Zambra encuentra muy localista el libro (de acuerdo) y más bien naíf al celebrar y proponer como gran cosa que los spot televisivos son poesía. Algo anticuado lo encuentra, y también coincido con Zambra.

Pero no todo es negativo en cuanto a poesía en este número. Hay un par de poemas de Ismaíl Kadaré muy interesantes. Les dejo uno.

Monólogo

En la noche glacial intenté encender un fuego,
pero la noche era fría, oh, qué negra y desolada.
Y así, para mantener el fuego vivo en tal rigor
algo más siempre era preciso con que lo alimentara.
Así como el monje vagabundo que reúne leña en las tinieblas,
arrojaba yo en aquel fuego mis miembros sin descanso,
mas como no fueran suficientes, después de ellos
a las llamas comencé a entregar jirones de mi alma.
Pues otro modo no existía, no, imposible que lo hubiera,
pues preciso era que alguien sostuviera aquella llama.
A la delirante luz que sólo el oleoso pábilo procura,
brillaban en derredor amenazantes figuras, y temblaban.
Tal vez las vierais, algo distinguisteis acaso,
en torno a mí la noche de tinieblas y de lobos se poblaba.
Pues todos sofocar pretendían aquel fuego,
unos por maldad, tantos por ignorancia.
Otros en lo alto de colinas bañadas por el sol,
sus hogueras avivaban y reían con desprecio,
incapaces de entender lo que aquí dentro sucedía,
cuánto esfuerzo requiere una llama nacida en la negrura.
Cansado, alguna vez llegué a pensar: dejaré que se extinga.
Ya que me repudian, caiga de una vez la noche eterna.
Mis ciegos ojos quedarán tal vez de esa manera
en la oscuridad completa sin que nadie los perturbe.
Mas de nuevo algo me empujaba a alzarme cual sonámbulo,
como el monje desolado que reúne leña en las tinieblas,
y sobre el fuego a arrojar mis miembros congelados,
y los jirones uno a uno arrojarle de mi alma.~
1984
 
Versión de Ramón Sánchez Lizarralde.


(Fernández Mallo tiene que madurar una propuesta más elaborada.)
 
  

2 comentarios:

  1. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  2. He borrado el comentario de Rodolfo Ybarra por contener un calificativo que puede ser interpretado como racista. Si quiere puede volver a enviar el mismo comentario corregido u otro.

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