20.10.09

Kometa



No hay que creerles mucho a los críticos que insisten en que el relato "Cometa", de Bruno Schulz, es un crisol de absolutamente todas las propuestas y obsesiones del escritor y dibujante polaco. Ahora que disponemos de una edición completa de Las tiendas de color canela, que conocemos sus cuentos hasta hoy inéditos y que podemos admirar los claroscuros de Sanatorio bajo la clepsidra en nueva traducción, pues podemos decir que, más bien, puede ser una suerte de resumen sumario del mundo poético de Shulz, y no es poca cosa.

Siruela ha tenido el impagable acierto de publicar Madurar hacia la infancia (2009), la colección más completa de obras, textos críticos y relatos del malogrado escritor europeo, y en ella he podido leer por fin el relato arriba citado, confirmando la calidad y la autoirónica complacencia con que el narrador aborda las desopilantes vicisitudes de su padre y de su extraña familia. El texto se abre con una larga consideración descriptiva sobre la estación (primavera) en el pueblo donde se desarrolla la acción, para dar paso luego a ciertas consideraciones sobre la mecánica moderna y, en general, ciertos signos de modernidad que causan una peculiar impresión en el padre del narrador, quien se ve preso de un obsesión expresada en una seguidilla de experimentos científicos relatados con lejana simpatía y meticulosidad por la voz narrativa.

Más adelante, la aparición, amenazante, de un cuerpo celeste que podría colisionar con la tierra, llena el tiempo y la casa familiar con inquietudes y versiones sobre un fin del mundo o un castigo divino que el padre se encarga de despejar, diría que sin mayor sobresalto, pero con simpáticos exabruptos sobrenaturales, como la develación de una "nueva constelación": El Ciclista. El padre, asimismo, logra enterarse mediante sus observaciones telescópicas de la "verdadera naturaleza" del meteoro, que no es más que un cerebro carcomido cuyas posibilidades de acabar con la vida humana se ven apagadas por la predominancia de "la moda", quien "se precipitó y poco a poco adelantó al infatigable meteorito", hasta dejarlo atrás e incluso sacarlo de su órbita y de su propósito cataclísmico.

Antes que lanzarme a una exegesis simbólica del relato -que en realidad cada lector debe hacer de acuerdo con su propia visión de la realidad*- me gustaría dejar mi consideración sobre el estilo aplomado y sin embargo entusiasta y colorido con que Schulz asume su narración, lo que confiere a esta un carácter entrañable y por momentos casi mágico, tal vez presagiando la llamada (y muy posterior) literatura real-maravillosa latinoamericana.



Sobre los escritores que de una u otra forma han sido influenciados por Bruno Schulz, podemos citar, dejando a un lado a muchos más de los nombrados, a Isaac Bashewis Singer, Tadeusz Kantor, Adam Zagajewski, Ryszard Kapuscinski, John Updike, Sergio Pitol, Danilo Kis y Hubert Nyssen. Además, estimo, de algunos de los grandes nombres del boom de la literatura latinoamericana.

Finalmente, la obra Schulz se erige solitaria, como un bello árbol extraño a su entorno, insensata pero eficazmente transplantado en una realidad opresiva y castrante. Vamos decirlo con una imagen muy al propósito: literatura como esta siempre será ese fabuloso cometa que se escapa a la visión tosca y logicista de la crítica literaria, peor aún si empapada de la llamada "crítica cultural".

*En el posfacio a la edición polaca de El proceso, Shulz dijo: "Los libros de Kafka no constituyen ninguna imagen alegórica, clase o exegesis de la doctrina, son una realidad poética autónoma, redonda, cerrada por todos lados, justificada en sí y en reposo. Más allá de sus alusiones místicas e instituciones religiosas, la obra vive una vida poética propia, polivalente, insondable y no agotada por ningunas interpretaciones.
En otros texto incluidos en Madurar hacia la infancia, Shulz rechaza el racionalismo de la crítica literaria por "empobrecedora", y plantea la obra de arte como "una sonda arrojada hacia lo innombrable", que está no más allá sino más acá de los requerimientos éticos, precisamente allí donde las inquisiciones éticas surgen o comienzan a adquirir una forma intelectualmente reconocible. La literatura, así, plantea preguntas a la ética y no al revés (como pretenden hacer los sociólogos y críticos culturales).



(Portada. Imágenes del alucinante Libro idólatra -grabados- incluido al final de Madurar hacia la infancia.)



2 comentarios:

  1. Anónimo21.10.09

    hola Víctor, cuántos escritores que son valiosos y ocultos como el petróleo, Shulz por ejemplo, y hay quienes se ponen a imitar a Bellatin a estas alturas.

    Buen blog!

    Rosa

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  2. Anónimo21.10.09

    que alucinantes esos grabados, me hacen recordar a los caprichos de Goya.

    XYZ

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