15.12.09

60 años de soledad



Hombres de maíz

-La tierra cae soñando de las estrellas, pero despierta en las que fueron montañas, hoy cerros pelados de Ilóm, donde el guarda canta con lloro de barranco, vuela de cabeza el gavilán, anda el zompopo, gime la espumuy y duerme con su petate, su sombra y su mujer el que debía trozar los párpados a los que hachan los árboles, quemar las pestañas a los que chamuscan el monte y enfriar el cuerpo a los que atajan el agua de los ríos que corriendo duerme y no ve nada pero atajada en las pozas abre los ojos y lo ve todo con mirada honda…

Como "tormenta de metáforas" ha calificado Luis Cardozo y Aragón a Hombres de maíz, la más difícil, interesante y menos comprendida novela del escritor guatemalteco Miguel Angel Asturias. Sus grandes novelas de compromiso social, como Los ojos de los enterrados y El señor presidente, han sido profusamente estudiadas, también sus escritos periodísticos y políticos, y hasta se ha determinado que su oposición a cierto gobierno dictatorial de su país fue un mito creado por cierta izquierda de los años setenta.

Sin embargo, esta novela donde lo mítico y lo sórdido, donde la identidad indígena y su perdición debida a la injerencia de la cultura occidental, donde lo teogónico y lo escatológico, se imbrican, fue casi siempre dejada de lado por la crítica, fuera por razones ideológicas o por incapacidad hermenéutica.
Se acaban de cumplir 60 años de la publicación de Hombres de maíz y, por supuesto, ningún medio de comunicación sudamericano ha recordado siquiera el hecho. Parece, pues, pender sobre las páginas de este libro inasible, de lenguaje proteico y oscuro (a veces), una maldición repudiable: la del olvido literario.

René Prieto, en "Tamizar tiempos antiguos: la originalidad estructural de Hombres de maíz", se pregunta con mucho tino: "¿cómo puede ser que la novela más compleja y más original de Miguel Angel Asturias haya sido leída por tan pocos y comprendida aún menos?" La respuesta tal vez no sea tan difícil como puede parecer prima face.

Hombres de maíz no tiene una estructura "fallida", como hubiera dicho un aún joven crítico periodístico actual, ni tiene personajes "mal desarrollados". MAA no ha querido hacer con ella –y eso explica por qué él mismo repitió una y otra vez que esta era su novela favorita– una novela convencional y estructurada, sino que sus singulares características responden a un tiempo mítico, a una percepción de la realidad simbólica y aun profética, y su estilo no se cuida de la "dictadura del sentido"; privilegia la eufonía y el acercamiento a la belleza de los mitos indígenas de su país.

Hermana de Paradiso, de Pedro Páramo, de El pez de oro y de Los ríos profundos, Hombres de maíz propone,¡ en 1949!, una suerte de superrealismo indígeno-mítico cuya importancia crece a medida que sus grandes novelas sociales van decayendo en interés, aunque conservan siempre esa maestría en la escritura que lo hizo merecedor del Nobel en 1967.



(Portada de Hombres de maíz. El autor.)

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