28.12.09

apocalípticos...


La muerte de los viejos letrados (I)

Algunos viejos letrados –que no necesariamente tienen que ser viejos cronológicamente- son atacados cada cierto tiempo por visiones apocalípticas. Entonces se ponen a predicar sobre "la muerte del libro", "la muerte del autor", "la muerte de la dignidad de las letras" y, últimamente, "la muerte de la cultura letrada".

Se muestran incapaces de comprender los complejos procesos puestos en juego por los nuevos media, y también ciegos para entender que la importancia social de la literatura es ahora, hasta cierto punto, menos gravitante –de ahí que esta deje (¿momentáneamente?) su lugar a otras actividades culturales, como la gastronomía o ciertos deportes– dentro de una sociedad empeñada en crecer económicamente, es decir, materialmente.

Los viejos letrados ven que su vieja idea de lo literario se cae a pedazos como los muros de sus viejas casas modernistas y entonces se sienten con poco espacio, disminuidos, castrados, desanimados. Y por lo tanto levantan la débil queja generalizadora: la literatura no tiene espacio ya, ha muerto; la cultura letrada está frente al abismo; el escritor (tradicional, agrego) ha perdido lugar en la sociedad.

Preguntas: ¿Y qué? ¿Necesariamente tiene o debe tener la literatura un estatus privilegiado dentro de la sociedad? O, más bien, ¿no es que los miembros de la comunidad literaria tendrían que ganarse ese lugar privilegiado a pulso, como lo hacen las demás comunidades? ¿Sigue siendo tan válida hoy, como en los 50 y 60, cuando se formaron los viejos letrados, la idea de que la literatura es reflejo y crisol de la sociedad y debe tener una preeminencia dentro de esta?
No es que esté en desacuerdo con la queja por la pérdida de lugar de la literatura en nuestra sociedad: la considero inevitable, por dos razones.

Primero: tal vez lo económico y lo material importan más en tiempos de crecimiento; luego, si este se mantiene (Dios y nuestra clase política lo permitan), la literatura, la filosofía, la sociología y otras ciencias intelectuales por excelencia retomarán su lugar gracias a las nuevas generaciones (lástima: el viejo y quejoso letrado ya no estará allí).

Segundo: parece indudable que la gastronomía y los deportes gozan de una condición moral saludable, donde las rencillas por espacios, los cabes de la envidia, las camarillas sectarias hasta los huesos y el bajo continuo del chisme y el contubernio cobarde propio de los compinches literarios no existen, o existen en una medida irrisoria.

Quizá por ello es que han podido avanzar tanto en tan poco tiempo; no se envidian ni se excluyen entre ellos, ni son tan viejos (espiritual y cronológicamente) para estar viendo visiones tipo "2012" de su propia actividad. Por lo demás, la literatura, en el siempre fascinante y camaleónico mundo del internet, se transforma y renueva día a día, de una manera incompresible –por lo visto y leído– para los viejos letrados.
 
(No quieren ver...) 
 

2 comentarios:

  1. lacónico29.12.09

    pue ché...

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  2. Anónimo29.12.09

    es obvio que hay un abismo entre la concepción de literatura de ciertos críticos y la movilidad que esta tiene en medios como internete. Sabías que hay más concursos de poesía en internet que en el mundo "real"?

    Fernando

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