Las grandes minorías (Tomado de La República de hoy)
Por Abelardo Oquendo
Hablando de El perro sulfúrico, novela de Luis Freire, el escritor mexicano Juan Villoro –miembro del jurado que la premió– se refirió en una entrevista al reducido número de lectores en Latinoamérica. En México –dijo– se calcula en 200.000 las personas que compran y leen libros sin estar obligadas por necesidades profesionales, de estudios u otras, que van al libro porque les place. Pero los mexicanos son 106 millones. ¿Cuántos lectores auténticos tendremos en el Perú? En esta columna, viendo las tiradas habituales de nuestros libros de poesía, que rara vez llegan a 500 ejemplares, se dijo alguna vez que aquí la poesía no existe, pues ¿qué significan 500 unidades en un país de 28 millones de habitantes?
Cabe decir algo similar de la novela, que es el género más popular de la literatura: entre nosotros sus tiradas apenas promedian los mil ejemplares. Así, bien podría estimarse que la literatura peruana es, en los hechos, poco menos que un sintagma vacío para la inmensa mayoría del país. Algo que esa mayoría conoce referencialmente, como conoce la existencia de los quasares, digamos, o del Mar Muerto: porque han ido al colegio, porque los escritores –uno que otro– aparecen en los medios. Lo precedente puede tomarse como hiperbólico. Pero los números –suele decirse– no mienten.
Por Abelardo Oquendo
Hablando de El perro sulfúrico, novela de Luis Freire, el escritor mexicano Juan Villoro –miembro del jurado que la premió– se refirió en una entrevista al reducido número de lectores en Latinoamérica. En México –dijo– se calcula en 200.000 las personas que compran y leen libros sin estar obligadas por necesidades profesionales, de estudios u otras, que van al libro porque les place. Pero los mexicanos son 106 millones. ¿Cuántos lectores auténticos tendremos en el Perú? En esta columna, viendo las tiradas habituales de nuestros libros de poesía, que rara vez llegan a 500 ejemplares, se dijo alguna vez que aquí la poesía no existe, pues ¿qué significan 500 unidades en un país de 28 millones de habitantes?
Cabe decir algo similar de la novela, que es el género más popular de la literatura: entre nosotros sus tiradas apenas promedian los mil ejemplares. Así, bien podría estimarse que la literatura peruana es, en los hechos, poco menos que un sintagma vacío para la inmensa mayoría del país. Algo que esa mayoría conoce referencialmente, como conoce la existencia de los quasares, digamos, o del Mar Muerto: porque han ido al colegio, porque los escritores –uno que otro– aparecen en los medios. Lo precedente puede tomarse como hiperbólico. Pero los números –suele decirse– no mienten.
Esta breve incisión sobre el estado de nuestras letras me ha generado algunas preguntas. Primero, si está bien mezclar estadísticas con literatura. Con demasiada frecuencia la cantidad de libros vendidos no coincide con la cantidad de libros leídos. Ahí está la obra completa de Saramago, y es solo un ejemplo (podría hablarse de Roncagliolo), que ha sido casi íntegramente pirateada y está siendo vendida por miles desde hace años; pero si uno pregunta por sus ventas en librerías oficiales, sus cifras tal vez coincidan con lo que afirma Oquendo.
Por otro lado, hay varios escritores peruanos que venden mucho más que mil ejemplares, y no solo de sus títulos nuevos sino de títulos reeditados. Entre ellos están Fernando Ampuero, Alonso Cueto, Guillermo Niño de Guzmán, Antonio Gálvez Ronceros –cuyo Monólogo desde las tinieblas ha sido reeditado ya cuatro veces (la más reciente este año) y sigue vendiéndose-, entre otros.
Por otro lado, hay varios escritores peruanos que venden mucho más que mil ejemplares, y no solo de sus títulos nuevos sino de títulos reeditados. Entre ellos están Fernando Ampuero, Alonso Cueto, Guillermo Niño de Guzmán, Antonio Gálvez Ronceros –cuyo Monólogo desde las tinieblas ha sido reeditado ya cuatro veces (la más reciente este año) y sigue vendiéndose-, entre otros.

Lo dicho sobre la poesía, pues me ha provocado una media sonrisa comprensiva. Si bien las tiradas de poesía, es cierto, no exceden en promedio los 500 ejemplares, los poemarios, prestados, fotocopiados e, incluso, hurtados, vuelan por todo Lima. Solo hay que darse una vuelta por el Centro (Quilca y aledaños) o por Barranco (Juanito, El Ekeko) para ver a muchos jóvenes hablando de poemarios que han leído en la biblioteca de sus universidades, que han comprado juntando centavos o que esgrimen, sin tapujos, en fotocopias, principalmente de poetas clave, como Verástegui, Watanabe, Valera, ¡Eielson! -que debe ser el más fotocopiado de los poetas peruanos, pues ediciones de sus libros no existen en librerías. Las ventas de libros de poesía, así, dicen muy poco de la lectoría real.
Adicionalmente, los festivales de poesía latinoamericana que se realizan tanto en el Perú como en el extranjero, así como la cantidad de gente que asiste a los recitales semanales en todo Lima, y las docenas de blogs -limeños y de provincias-* dedicados exclusivamente a a la poesía, me apoyan en la idea de que la poesía en el Perú está más viva que muchos de nosotros, y efervescente además, solo que oculta a la vista de los medios tradicionales (y, por lo visto, a la de los críticos tradicionales); por ahora.
Por último, el concepto de "lector auténtico" es asaz problemático. Un estudiante de pregrado de literatura -y ahora hay más programas de literatura en universidades que hace cinco años- que tiene que leer Los inocentes para una monografía, ¿no es un "lector auténtico" porque tiene que hacerlo por obligación académica? ¿Solo es un "lector auténtico" el que lee por puro placer?
(*) Entre los links del blog Sol Negro hay muchos blogs y páginas webs de poesía peruana, visítenlos.
Adicionalmente, los festivales de poesía latinoamericana que se realizan tanto en el Perú como en el extranjero, así como la cantidad de gente que asiste a los recitales semanales en todo Lima, y las docenas de blogs -limeños y de provincias-* dedicados exclusivamente a a la poesía, me apoyan en la idea de que la poesía en el Perú está más viva que muchos de nosotros, y efervescente además, solo que oculta a la vista de los medios tradicionales (y, por lo visto, a la de los críticos tradicionales); por ahora.
Por último, el concepto de "lector auténtico" es asaz problemático. Un estudiante de pregrado de literatura -y ahora hay más programas de literatura en universidades que hace cinco años- que tiene que leer Los inocentes para una monografía, ¿no es un "lector auténtico" porque tiene que hacerlo por obligación académica? ¿Solo es un "lector auténtico" el que lee por puro placer?
(*) Entre los links del blog Sol Negro hay muchos blogs y páginas webs de poesía peruana, visítenlos.
(Quilca, en el centro de Lima, punto energético de la poesía peruana. Jorge Eielson, el poeta peruano más fotocopiado actualmente. ¿No se lee poesía en el Perú?)

























