30.10.09

Li He: un (proto)barroco chino



Una genealogía aproximativa del barroco y del neobarroco es relativamente precisa: Kircher, Góngora, Calderón, Sor Juana, El Lunarejo; Martín Adán, Girondo, Lezama, Sarduy, Perlongher, Kozer, Echavarren… Luego de leer los poemas que hay traducidos de Li He, poeta chino de inicios del siglo nueve, me quedan pocas dudas de que quienes escriben y/o se interesan por el neobarroco hoy, pueden empezar a ver como un venerable ancestro a este poeta marginado por la tradición poética china durante más de un milenio.

Es bien sabido que la poesía de la dinastía Tang, la más prestigiada del gran país, tenía en el equilibrio, la limpidez formal y la armonía, incluso lógica, sus principales afluentes. Frente a esto se posiciona la naturaleza inquieta y libérrima de la poesía de Li He, ajena a estilos acendrados y condicionamientos referenciales. Dice Francois Jullien, en un libro que ya he comentado acá, La urdimbre y la trama, que

La poesía de Li He se distancia muy claramente de ese gusto de la época porque, por sí sola, eleva el efecto de sorpresa y de asombro suscitado por el arte de la disonancia a las dimensiones de una visión poética. Falta de armonía voluntaria, contrastes bruscos, rupturas de plano, asociaciones inquietantes o paradójicas.

En suma, la poesía de Li He apuesta por una desfiguración de la percepción "natural" de la realidad y juega en los intersticios de lo inteligible y de lo estéticamente permisible en su tiempo, lo que la hace, a la luz actual, tremendamente moderna y con misteriosas y milenarias raíces rizomáticas con la nueva poesía barroca.

Dos son las líneas básicas que trabaja el poeta: el Lisao, que implica el resentimiento del poeta con lo externo y, a la vez, el tema del "paseo celeste", y la asunción de los motivos míticos y fabulosos de inmortalidad que la tradición dominante había dejado de lado debido al refinamiento de la dinastía Tang. Un par de textos de la Balada de lo alto del cielo:
 
Canto al cielo
El río del cielo gira en la noche, las estrellas vuelan en redondo
Orillas de plata, fluyen las nubes imitando el sonido del agua
Las flores de casia no han caído en el palacio de jade
Las inmortales recogen perfumes en su bolso del cinto
La princesa de Qin enrolla la cortina, amanece en la ventana del norte
Ante su ventana un fénix verde, pequeño
El príncipe toca la flauta de largas cañas de ánade
Invocando a dragones a roturar la bruma y plantar hierba de jade
Bruma rosa, cintas rojas, loto de falda de seda
Islotes esmeraldas caminan recogiendo primavera de brotes de orquídeas
Al este señala a Xihe galopando en su caballo
Mar y polvo renacen a los pies de la montaña de piedra.

¡No salgas!
El cielo está turbio, la tierra sombría
Serpientes de nueve cabezas se alimentan de almas de los hombres,
la nieve y la escarcha quiebran los huesos de los hombres.
Los perros salvajes ladran sueltos husmeando sus presas,
Y relamen sus garras al sabor del invitado vestido de orquídeas.
El emperador envía un carro para acabar con los males,
Las estrellas del cielo adornan su espada, el yugo es de oro.
Espoleo a mi caballo mas no hay camino de regreso,
Las olas del lago Liyang se levantan cual montañas.
Dragones venenosos fijan sus ojos en mi sacudiendo anillos dorados,
Leones y quimeras exhalan su pútrido aliento.
Bao Jiao durmió siempre bajo la hierba.
Yan Hui, a los veintinueve, encaneció.4
La sangre de Yan Hui no era débil, ni Bao Jiao contradijo al Cielo.
El Cielo temió que dientes los devoraran; por ello se los llevó.
Prístina claridad que, temo, no crees
Mirando al muro desnudo compones "Preguntas al cielo".

Tal vez sea difícil entenderlo ahora, pero la crítica china de su época y de muchos siglos posteriores no dieron cabida entre sus antologías a poemas como estos, y si Li He no fue escarnecido por "irregular", "fantasioso" y "desprolijo en extremo", fue simplemente obviado, clausurado como creador. Hoy, su figura empieza a elevarse como uno de esos dragones venenosos que canta en sus poemas, venenosos para el conservadurismo poético, por cierto.


(Dragón chino, figura central en la poética de Li He.)


29.10.09


Escritores peruanos debaten sobre Garcilaso de la Vega en Nueva York

Tomado de La República de hoy.


En homenaje por el IV centenario de los Comentarios Reales. Actividades académicas se realizan en la histórica sede de America’s Society.


Con una nutrida concurrencia que colmó el salón de actos de la histórica sede de la America’s Society, en Nueva York, se llevó a cabo el segundo acto del homenaje internacional al IV Centenario de la Aparición de Los Comentarios Reales, del Inca Garcilaso de la Vega.

El acto fue presentado por el director de Literatura de la institucion, Daniel E. Shapiro, quien destacó la influencia de las obras del célebre cronista peruano en la formación de la identidad cultural de los pueblos tanto de América del Norte como del Sur.Participaron como invitados especiales en esta actividad realizada en Manhattan, corazón de New York, los escritores peruanos Nilo Espinoza Haro, Alfredo Pita y Jorge Díaz Herrera.

Fue el escritor Mario Vargas Llosa quien una semana antes dio inicio a este homenaje mediante una conversación sobre el tema con la profesora Raquel Chang Rodríguez, de la City University New York (CUNY).Se anunció asimismo que en el mes de noviembre intervendrán los escritores Tulio Mora, Odi Gonzales, Edgardo Rivera Martínez, Isaac Goldemberg y Miguel Ángel Zapata.

También se anunció que America’s Society publicará una antología de la obra de los escritores participantes. Las intervenciones se realizaron en forma bilingüe. La traducción simultánea estuvo a cargo del escritor norteamericano Jason Weiss.


(Miguel Ángel Zapata, poeta peruano, firmando libros.)

Crumb en Club Cultura





Los amigos del Club Cultura me envían, por fin, el Génesis visto y dibujado por uno de los artistas gráficos underground más controvertidos e influyentes de estos tiempos, Robert Crumb. Para más señas, creador del mundialmente famoso Gato Fritz –a quien mató en 1972 por no estar de acuerdo con un filme que se hizo con su personaje. Van tres páginas. El resto lo pueden ver-leer aquí.
 

28.10.09

Yo


Martes 27 de octubre, 8:55 p.m., en la entrada al concierto de Faith No More en Lima. Noche inolvidable de energía...
(Foto: M.G.G.)

Sionista obtuso



Yo solo tenía vagas nociones (a partir de ciertos comentarios de mi padre) acerca de Nietszche, la fundación del Reich de Bismarck y sus tendencias autoritarias; y la repugnancia que los austriacos ultramontanos de rancio abolengo sentían hacia los nacionalistas alemanes. A pesar de esto logré darme cuenta del vaivén de convicciones y posturas antagónicas asombrosamente intercambiables, donde las invectivas decisivas eran los dogmas de un bando usados por el bando contrario.

El viejo Goldmann experimentó todo esto en carne propia. Había enviado a su hijo, el padre de mi amigo Wolf, a estudiar a Viena y Praga todo lo que él no pudo aprender a fondo: las humanidades que conducían a la liberación del individuo y de todos los hombres. Este hijo tan favorecido por la fortuna regresó convertido en un adusto médico. Lo único que sacó de las universidades fue un encarnizado repudio a la germanofilia del padre. Abrazó el sionismo y se convirtió en un tenaz defensor de la fundación de un Estado judío en la tierra prometida. Para apoyar este movimiento, empezó a coleccionar documentos sobre la persecución judía. Todo lo cual le dolió amargamente al viejo Goldmann, que había luchado con denuedo a lo largo de su vida para lograr una completa asimilación de los judíos en un mundo ilustrado, regido por la igualdad, la fraternidad y la libertad comunes. Había preconizado la eliminación de las contiendas políticas, religiosas y nacionalistas a favor de la humanidad toda. En su opinión, el abandono del fanatismo y del chovinismo les correspondía justamente a quienes habían sido sus víctimas durante dos milenios.

---Gracias a la gentileza de editorial Anagrama tengo en mis manos La gran trilogía (2009), libro de gran formato que incluye las tres principales novelas de Gregor Von Rezzori, Un armiño en Chernopol, Flores en la nieve y Memorias de un antisemita –traducido nada menos que por Juan Villoro-, un inteligente repaso por todas las taras sociales e ideológicas que cundieron en la Europa austro-húngara entre guerras, momentos previos a la entronización brutal del nacionalsocialismo en Alemania y países vecinos. En la introducción a La gran trilogía, Claudio Magris (El Danubio, Microcosmos) ha dicho de GVR que es un nato “ex”; es decir, que tenía “un estado de ánimo propio del hombre moderno”, estrechamente vinculado y sensible “al extrañamiento, a la pérdida del mundo, a la desorientación”. Dice, además, y esto es especialmente apreciable en Memorias de un antisemita, que “el autor ha tenido el coraje de atribuirle potencialidades (a su personaje), prejuicios hundidos y sepultados, matices recónditos que caracterizan a toda una generación, una clase, una cultura a la que él también pertenece y que, en consecuencia, le atañen”.

Hora Zero de fiesta


Me "robo" del blog de Paul Guillén, excelente crítico de poesía y poeta, algunas imágenes de una animada reunión de Hora Zero. Arriba pueden ver al grupo en pleno. Abajo, dónde más, en un tradicional bar limense, y por último el poeta Jorge Pimentel mostrando la antología de Hora Zero; detrás, el escritor y editor Jorge Espinoza Sánchez. !Saludos a todos!






27.10.09

De mi correo


"Hola Víctor, te invito cordialmente a este evento que estoy organizando, dime adónde te puedo dejar un ejemplar. Saludos de Carmen Ollé.

Ebria la noche
el suave viento
acaricia mis muslos


El Editor de El Santo Oficio invita a la presentación de

Fiebre

primer poemario de Mariella Di-Laura, que se realizará el día jueves 29 de octubre en Jazz Zone ( La Paz 656, Pasaje El Suche, Miraflores) a las 7:00 p.m.

Presentan este libro de poemas breves e intensos, entre el hermetismo oriental y la imagen descarnada del arte expresionista, los poetas y escritores:

Carmen Ollé, Miguel Ildefonso y Juan Macchiavello.

Vino de honor"


(Portada.)

Las cartas de Emily


Una nota del reciente Babelia anuncia la publicación en castellano de las cartas de la poeta Emily Dickinson. Los que hemos leído y admiramos los poemas de esta purísima creadora solo podemos cruzar los dedos para que Ibero o alguien más traiga el libro cuanto antes. Va la nota:


Epistolario. Las cartas de Emily Dickinson (1830-1886) son joyas como lo son sus poemas y, muchas de ellas, llegan a ser poemas en sí mismas y otras contienen ráfagas que son exactamente poemáticas, con la misma concisión enigmática, densidad conceptual e intensidad emotiva que observamos en sus poemas. La selección que leemos ahora tiene muchos méritos y uno de ellos, completamente indiscutible, es que su editora se ha propuesto respetar al máximo el estilo de la poeta norteamericana, tan peculiar en su prosa epistolar como en sus poemas. Nada de reducir ese casi áspero extrañamiento a cómodas y domesticadas frases de escritor rutinario. Por el contrario, esta magnífica y respetuosísima traductora -además de excelente prologuista- sigue paso a paso, con un amor y admiración escrupulosos, las fragosidades sintácticas y semánticas de esta poeta que, efectivamente, era un completo universo en sí misma. Este libro maravilloso reúne una porción de las muchas cartas que escribió Dickinson a distintos corresponsales en distintas épocas de su vida, desde la juventud hasta días antes de morir. Dickinson, que prácticamente vivió recluida en su casa, cuidando de los suyos -al parecer era el pilar de ese microcosmos familiar-, mantuvo contacto con el mundo exterior a través de su correspondencia. A partir de un momento no salió físicamente de su casa, pero sí lo hizo mediante estas misivas que revelan un intenso interés por los otros, en términos muchas veces arrobadores, tal es la delicadeza e intensidad de los sentimientos puestos en juego. Los corresponsales son diversos y los asuntos que aborda según los casos también. Reflexiones impresionantes sobre la amistad o rememoraciones increíbles para anudar lazos más o menos frágiles, o captaciones del mundo físico de una arrebatadora belleza y de un simbolismo atizador y trágico, como cuando, en pleno éxtasis primaveral, recuerda los desechos de la estación anterior -esas alas desintegradas, esos nidos destruidos-, con la intención, sin duda, de llorar esas pérdidas pero también de recordarnos que toda resurrección siempre lo es a costa de la muerte insuperable. Para el enigma de esta escritora inagotable, tal vez las cartas dedicadas a Higginson -su contacto con el mundo literario norteamericano de la época- adquieren un interés especial por cuanto nos informan de cómo Dickinson se mantuvo en sus trece y, a pesar de su soledad y aislamiento, no dio el brazo a torcer en cuestiones esenciales referidas a su estilo, sencillamente porque sabía quién era, una poeta eterna, como supo adivinar muy tempranamente su muy querido amigo Benjamin Newton.

Cartas
Emily Dickinson
Edición y traducción de Nicole d'Amonville
Lumen. Barcelona, 2009
294 páginas. 21,90 euros


(La poeta en un bello mural.)

23.10.09

PRESENTACIÓN


Este martes 3 de noviembre PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE HORA ZERO en la Biblioteca Nacional de Javier Prado a las 6.30 de la tarde. Todos están invitados.
Me da mucho gusto que la gente de Hora Zero siga vigente y hasta se ponga de moda como ahora. Podemos discrepar con algunas de sus posiciones e ideas, podemos discutir su estética callejera; pero sin duda hay allí un grupo de poetas que perseveran y aman la poesía, y no la utilizan para torvos fines ideológicos, sino que sirven a ella como los antiguos trovadores cantaban y se ponían a la orden de su Señora.
¡Felicitaciones Hora Zero!

22.10.09

Rebotes poéticos


Qué duda cabe de que la poesía está en efervescencia en el Perú. En la prestigiosa revista especializada en literatura Letras S5 han tenido por correcto reproducir mi reseña a Oeste oriental de Pedro Favarón, que publiqué hace unos días en LDL.
 
En Sol Negro, Paul Guillén -uno de los responsables de la colección de poesía Piedra/Sangre- ha rebotado una elogiosa columna de Abelardo Oquendo en La República sobre el reciente poemario de Enrique Verástegui.

En la misma Letras S5 se difunde una entrevista –con su respectiva foto abrazado del autor– del poeta e ideólogo radical Rodolfo Ybarra al escritor español Vicente Luis Mora.

Cascahuesos editores anuncia la publicación en el Perú (más específicamente, en Arequipa) de Figurado y literal, nuevo poemario del maestro cubano José Kozer. Servidos.

Last but non least, Miguel Ildefonso escribe una breve pero sustanciosa crónica sobre el Festival "Días de Poesía", realizado hace poco en Bolivia. Ver el texto aquí.

(Poeta Enrique Verástegui: todos seguimos esperando que aparezca el libro inédito que le robaron en los noventa.) 



 

21.10.09

Ojalá


Se inaugura la Casa de la Literatura Peruana

Tomado de La República de hoy.

Funcionará en la antigua Estación de Desamparados. Se anunció que desde hoy a las 10 am abrirá sus puertas al público.

Ayer, en ceremonia especial, el presidente Alan García inauguró la Casa de la Literatura Peruana, la misma que funcionará en la antigua Estación de Desamparados, que ha sido restaurada y equipada en parte. Acompañaron al mandatario, el ministro de Educación, José Chang, Cecilia Bákula (INC) y Ernesto Yepes, coordinador del proyecto.

Asimismo, se anunció que desde hoy a las 10 am la Casa de la Literatura Peruana abrirá sus puertas al público y se podrán apreciar los distintos ambientes y circuitos de las letras peruanas. Está, por ejemplo, el Circuito de la Literatura Viva, que está compuesto por diez espacios que incluyen bibliotecas y café literario. En este circuito hay salas de usos múltiples en las que se proyectarán videos, mesas redondas, seminarios y conferencias. Existen circuitos de salas permanentes, de autores clásicos peruanos y salas temporales.

También habrá bulevares para el encuentro de autores y lectores.

---Más allá de las buenas intenciones que pueda haber –ojalá– en esto, la presencia de ciertos personajes –Yepes, Marco Martos–, además de la poca claridad sobre las funciones y objetivos específicos de este proyecto, pone en alerta a los escritores peruanos. Ojalá que no se manipule políticamente el asunto, y que la convocatoria sea mucho más amplia –una encuesta fugaz me arroja muchos escritores reconocidos que ni siquiera fueron invitados a la inauguración, y un grupo de invitados que no asistieron por no congeniar con un proyecto empujado desde Palacio.
Además, me parece más importante que esta desviación museo-iconográfica de lo literario, dar incentivos directos a los creadores, como las becas de creación que fomenta Conaculta en México, o tal vez implementar un proyecto inicial de pensión para escritores como en Argentina. En fin, estaremos muy atentos al devenir de esta institución.


(Momento preciso en que Alan García inaugura la casa en Desamparados.) 

20.10.09

Kometa



No hay que creerles mucho a los críticos que insisten en que el relato "Cometa", de Bruno Schulz, es un crisol de absolutamente todas las propuestas y obsesiones del escritor y dibujante polaco. Ahora que disponemos de una edición completa de Las tiendas de color canela, que conocemos sus cuentos hasta hoy inéditos y que podemos admirar los claroscuros de Sanatorio bajo la clepsidra en nueva traducción, pues podemos decir que, más bien, puede ser una suerte de resumen sumario del mundo poético de Shulz, y no es poca cosa.

Siruela ha tenido el impagable acierto de publicar Madurar hacia la infancia (2009), la colección más completa de obras, textos críticos y relatos del malogrado escritor europeo, y en ella he podido leer por fin el relato arriba citado, confirmando la calidad y la autoirónica complacencia con que el narrador aborda las desopilantes vicisitudes de su padre y de su extraña familia. El texto se abre con una larga consideración descriptiva sobre la estación (primavera) en el pueblo donde se desarrolla la acción, para dar paso luego a ciertas consideraciones sobre la mecánica moderna y, en general, ciertos signos de modernidad que causan una peculiar impresión en el padre del narrador, quien se ve preso de un obsesión expresada en una seguidilla de experimentos científicos relatados con lejana simpatía y meticulosidad por la voz narrativa.

Más adelante, la aparición, amenazante, de un cuerpo celeste que podría colisionar con la tierra, llena el tiempo y la casa familiar con inquietudes y versiones sobre un fin del mundo o un castigo divino que el padre se encarga de despejar, diría que sin mayor sobresalto, pero con simpáticos exabruptos sobrenaturales, como la develación de una "nueva constelación": El Ciclista. El padre, asimismo, logra enterarse mediante sus observaciones telescópicas de la "verdadera naturaleza" del meteoro, que no es más que un cerebro carcomido cuyas posibilidades de acabar con la vida humana se ven apagadas por la predominancia de "la moda", quien "se precipitó y poco a poco adelantó al infatigable meteorito", hasta dejarlo atrás e incluso sacarlo de su órbita y de su propósito cataclísmico.

Antes que lanzarme a una exegesis simbólica del relato -que en realidad cada lector debe hacer de acuerdo con su propia visión de la realidad*- me gustaría dejar mi consideración sobre el estilo aplomado y sin embargo entusiasta y colorido con que Schulz asume su narración, lo que confiere a esta un carácter entrañable y por momentos casi mágico, tal vez presagiando la llamada (y muy posterior) literatura real-maravillosa latinoamericana.



Sobre los escritores que de una u otra forma han sido influenciados por Bruno Schulz, podemos citar, dejando a un lado a muchos más de los nombrados, a Isaac Bashewis Singer, Tadeusz Kantor, Adam Zagajewski, Ryszard Kapuscinski, John Updike, Sergio Pitol, Danilo Kis y Hubert Nyssen. Además, estimo, de algunos de los grandes nombres del boom de la literatura latinoamericana.

Finalmente, la obra Schulz se erige solitaria, como un bello árbol extraño a su entorno, insensata pero eficazmente transplantado en una realidad opresiva y castrante. Vamos decirlo con una imagen muy al propósito: literatura como esta siempre será ese fabuloso cometa que se escapa a la visión tosca y logicista de la crítica literaria, peor aún si empapada de la llamada "crítica cultural".

*En el posfacio a la edición polaca de El proceso, Shulz dijo: "Los libros de Kafka no constituyen ninguna imagen alegórica, clase o exegesis de la doctrina, son una realidad poética autónoma, redonda, cerrada por todos lados, justificada en sí y en reposo. Más allá de sus alusiones místicas e instituciones religiosas, la obra vive una vida poética propia, polivalente, insondable y no agotada por ningunas interpretaciones.
En otros texto incluidos en Madurar hacia la infancia, Shulz rechaza el racionalismo de la crítica literaria por "empobrecedora", y plantea la obra de arte como "una sonda arrojada hacia lo innombrable", que está no más allá sino más acá de los requerimientos éticos, precisamente allí donde las inquisiciones éticas surgen o comienzan a adquirir una forma intelectualmente reconocible. La literatura, así, plantea preguntas a la ética y no al revés (como pretenden hacer los sociólogos y críticos culturales).



(Portada. Imágenes del alucinante Libro idólatra -grabados- incluido al final de Madurar hacia la infancia.)



19.10.09

Nuevo libro de Cabel


Me llega a mi atiborrado correo -lleno de saludos de amigos y datos sobre actividades y publicaciones- la hermosa portada del próximo título de la Colección Underwood, dirigida por el poeta Julio del Valle y el narrador Ricardo Sumalavia (a propo, ¿por qué se ha comentado tan poco, en el Perú, su libro publicado por Bruguera en España?). Se trata de Uno rojo, de Andrea Cabel, la más importante voz femenina de lo que se ha venido a llamar generación del 2000.
El libro de Underwood, como todos los anteriores de la colección, no tiene carácter pecuniario, y debe salir al público esta semana, así que a estar atentos, pues Cabel anuncia un vuelco con respecto a la poética que esbozó en su primer y exitoso poemario Las falsas actitudes del agua. En cuanto llegue a mis manos, les contaré algo más sobre Uno rojo. Por ahora, ¡Felicitaciones!
(Portada.)

LA PROSPERIDAD RECLUSA


En exclusiva para LDL, el narrador arequipeño Orlando Mazeyra me envía este adelanto de su nuevo libro, pronto a aparecer dentro de la movediza editorial Cascahuesos.


BREVE FRAGMENTO, AMBIENTADO EN MEJÍA, QUE FORMA PARTE DEL NUEVO LIBRO DE ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN QUE APARECERÁ EN NOVIEMBRE, VÍA "CASCAHUESOS EDITORES".


El inicio del verano no se había mostrado alentador: muchos problemas en la oficina y un dolor de espalda me agobiaban decididamente. Siempre que el estrés laboral se ensaña con mi salud, sigo la misma receta liberadora: indago sobre algún hotel con vista al mar que pueda convertirse en mi morada itinerante por un buen fin de semana. Un compañero del trabajo me habló mucho acerca de un acogedor establecimiento de hostelería a punto de cerrar luego de más de medio siglo de actividad. Estaba ubicado en Mejía. Para convencerme, me envió, vía correo electrónico, algunas fotos de su espaciosa terraza que él mismo había tomado, durante su estancia, el año pasado. Luego de revisarlas, alisté un pequeño equipaje de mano y decidí conocer ese ignoto paraje enclavado en las costas de Islay.

Siempre que entro a la habitación vacía de un hotel pienso que ya no vive nadie en esa alcoba. Mucha gente ignora que los hoteles son, para los buenos viajeros, como las casas en donde crecieron (y a veces están por encima de ellas en los estamentos afectivos). Por eso, cuando me encuentro en un dormitorio que yace despoblado, siento una extraña nostalgia que evoca —aun sin haberlos conocido en absoluto— a todos los viajantes que ya han partido. Es cuando entiendo con insondable nitidez lo que quiso decir aquel bardo peregrino: cuando alguien se va de un hotel, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado.

Dejé mis cosas encima de la cama, puse las llaves de la habitación en mi bolsillo y, luego de solicitarle información al amable conserje, salí a conocer los alrededores. Llegué a un pub de seductora barra que estaba atestado de gente vocinglera que parecía pasarla muy bien. Su nombre jugaba con un lugar casi sagrado, en términos históricos: La Rocka del Moro. Uno de los dueños —un extranjero que debía ser catalán porque vestía un polo del Fútbol Club Barcelona— me despachó diligentemente un cubalibre con hielo y me recomendó visitar la playa cuando cayera la tarde: "Lo mejor de acá son los crepúsculos", me informó convencido, entregándome una servilleta con el logo del local: "Se lo digo yo que ya llevo acá más de veinte años. No se pierda el de esta tarde: todos son distintos, cada uno tiene una tonalidad peculiar, sorprendente".

"He visto tantos atardeceres que esas cosas me dejaron de llamar la atención hace una punta de años", le confesé, y apuré el vaso de trago recordando mi maldita escoliosis. Me puse de pie y alargué la mano para entregarle un billete. Hice una venia de despedida y regresé al hotel. Estaba muy cansado por el viaje: quería echar una larga siesta. Cosa que hice apenas llegué a la habitación 107.

Luego de algunas horas, desperté. Y, al mirar hacia la terraza, lo primero que hice fue recordar las palabras del sujeto del bar: moroso, entraba por mi ventana el crepúsculo del atardecer con el tibio aliento de esa lejana esfera flotante y cortada por la mitad, que ardía cada vez menos anunciando el arribo de la noche más triste de la temporada. La postal que tuve ante mí se insinuó en mis entrañas, rotulando un mensaje invisible que solo podía entenderse como un mandato a volver a escribir: lo que fuera, cualquier cosa, inclusive garabatos, cifras, rúbricas, malas palabras, adagios, títulos de novelas, aniversarios de cumpleaños, números romanos, capitales de países, direcciones de correos electrónicos, equipos de fútbol o nombres de personajes famosos..., pero escribir... hasta que, ¡por fin!, se fatigara el sol.

Recordé que llevaba años sin hacerlo, prácticamente desde que me fui de Lima para convertirme en un autómata embrutecido por la rutina de una ciudad pequeña y aburrida. Al notar cómo la fuerza del sol se desprendía por el firmamento como jugo de naranja derramado con exquisita simetría, sentí que yo mismo estaba derramando mis fuerzas en raciones imperdonables y absurdas: me encontraba en una fase declinante de mi existencia. ¿El crepúsculo de mi juventud? ¿O se me estaba dando una última oportunidad para corregir mi vida y llevarla por el sendero que siempre quise?

Ahí estaba otra vez ese estremecimiento interno del impulso creativo que se presenta cuando menos lo esperas —y que yo creí haber perdido para siempre—, pero que no te deja tranquilo hasta que lo acojas echando a andar el lapicero sobre la hoja o, en todo caso, haciendo danzar los dedos sobre el teclado del computador.

Cogí el primer papel que encontré a la mano: se trataba de una servilleta de La Rocka del Moro. Empecé a desdoblarla y la estiré pacientemente sobre la cama, aplastándola con las manos, antes de escribir la fecha con letras mayúsculas:

30 DE ENERO
Traté profundamente de dilucidar cuál era la motivación de esta nueva empresa. Habré estado sumido en esa cuestión alrededor de treinta minutos. Luego, empecé a echar cabeceadas, hasta quedarme otra vez dormido. Fue cuando me encontré con él: vestía un traje modesto, como siempre. Un raído pantalón de corduroy del mismo color nuez de sus ojos, una camisa blanca de manga corta como las que alguna vez usé para ir a la escuela y unos zapatos mocasines a los que parecía haber acabado de embetunar. Estaba erguido, como perdiendo en el ocaso su mirada de mascota aburrida, con esa palidez tan suya que resaltaba la tonalidad lechosa de su tez de oso polar. Después de un rato me volvió la mirada, sin amor: parecía tragar su propia saliva porque su manzana de Adán ascendía y descendía frenéticamente como ascensor malogrado. Me miraba ansioso, tratando de reconocerse en mí como si yo fuese un espejo. Juntó el entrecejo y sus cejas oscuras parecieron formar olas sincronizadas que chocaron formando un par de arrugas que atravesaron su frente, verticalmente, hasta perderse en su pelo: ¿cómo estás, hijo?

(Orlando Mazeyra.)

18.10.09

Cuatro microrrelatos de M. Tavares


Si creyeron que la fiebre de los microrrelatos se estaba apagando tienen ahora razones para creer en su avivamiento con los cuatro buenos textos publicados por el estupendo narrador portugués Goncalo M. Tavares (cuya pluma ha sido celebrada por Saramago, Vila-Matas y Lobo Antunes, nada más) en el reciente número de Letras Libres. Les dejo uno de ellos:



El país ingenuo

La tristeza era tanta que las sonrisas pasaron a ser pagadas. Algunos funcionarios del Estado, disfrazados, diluidos en la multitud de las ciudades, observaban a los pocos ciudadanos sonrientes que pasaban y, discretamente, les mandaban parar.
Se presentaban: ¡Funcionarios del Estado!, decían, y pedían después la identificación del sonriente. Registraban nombre y dirección.
Al final del mes los referidos ciudadanos recibían el cheque. Durante el mes de febrero fue visto tres veces sonriendo en la calle, estaba escrito, con fecha y hora, en el pequeño documento que acompañaba al dinero.
La cuantía dada por cada sonrisa no era una fortuna, pero digamos que ser visto por el Estado sonriendo nueve veces durante un mes daba perfectamente para vivir sin dificultades.
Pues bien, en poco tiempo el clima emocional del país se modificó por completo. Ya sea por avidez o por la propia naturaleza de las cosas, el país en dos años se hizo conocido por el “permanente e impresionante optimismo de sus ciudadanos”, como se decía en una agencia de noticias internacional.
Los subsidios del Estado a las sonrisas terminaron poco después, pero como nadie informó a los ciudadanos ellos mantuvieron aquella sonrisa estúpida, repugnante, desadecuada, inútil, sin razón de ser.

(G.M. Tavares.)

Ortega sobre libro de Alonso


Como ya di constancia aquí en su momento, el escritor y periodista Paul Alonso ha publicado un volumen de cuentos titulado Me persiguen (Matalamanga, 2009). Hoy el prestigioso crítico Julio Ortega lo comenta en la columna "Qué leo" de La República. Va el texto:


Paul Alonso en la selva

Por Julio Ortega.

En su libro Me persiguen (Matalamanga, 2009), Paul Alonso describe una aventura iniciática en la comunidad de los shipibos, al final de la cual el narrador confiesa: “Creo que aún no he entendido nada…” Ese relato se llama “En la selva no hay estrellas,” y revela que la lectura de ese mundo ignoto es parte de la lectura de uno mismo. El drama de leer la selva, esa entropía que miramos como un espejo sin fondo, es una metáfora de la parte nuestra que ignoramos. Ya en Caramelo verde, la novela de Fernando Ampuero, el narrador que huía de la sociedad, se refugiaba en la selva para recobrar su inocencia enseñando a los niños la lectura. No sabemos leer esa tinta derramada, ese mundo “cada vez más salvaje,” porque sólo podemos leernos a nosotros mismos desde la letra que legisla y el Estado que penaliza. Una novela colombiana terminaba famosamente con la sentencia: “Se lo tragó la selva.” En el Perú podría ocurrir lo contrario: nos tragó la selva. O sea, no supimos leerla y nos condenamos, otra vez, a la violencia.



(Julio Ortega, escritor y crítico.)

16.10.09

La poesía de Favarón



Aunque reconoce que diversas escrituras coexisten en la actualidad de la poesía latinoamericana, Eduardo Milán identifica en su prólogo a la antología Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos (Círculo de lectores, 2007) algunos rasgos axiales de lo que podríamos llamar poesía neobarroca. En primer lugar destaca una "autoconciencia explícita del lenguaje como materia"; luego, un ejercicio de memoria de un poema inicial ausente, pero invocado desde una suerte de margen; el uso de recursos y estrategias propios de la vanguardia experimental (paronomasia, escritura por parentesco fónico); finalmente, hay un doble desplazamiento, tanto del poeta respecto a su posición tradicional central con respecto al discurso poético, como del texto, que opera y/o se establece en los márgenes de lo que sería un discurso tradicional, incluso vanguardista.

Pedro Favarón, en Oeste oriental (Colección piedra/sangre, 2009), cumple con estos requisitos con una constancia tal vez deliberada, pero a su vez con ello se entrega a una búsqueda lingüística inusual y refrescante dentro de su generación, que parece haberse asumido como "la del 2000" por esta colección.

Estamos frente a 69 poemas numerados, sin título y "centrados" solamente por una seña topográfica ("Montevideo", "Tarma", otros) en ciertas ocasiones. Sorprende desde los primeros poemas un afán de reescritura o secualización poética, como en el poema 4, dedicado a un misterioso "R.L.R.P." y que juega con un famoso poema de Vallejo:

Sé que dulce Rita anda con otro
Sus trenzas ahorcando mi olor
(…)
Alcoholizado de rímel y Bizancio
(…)
He de sentarme solo a la mesa
(…)
Resonando eco dios inexistente
No lluvia no casa y primor niégase

Sin embargo, la cita, la recontextualización, el cover poético no son los recursos más frecuentes en el libro. Con enorme libertad la voz se ampara en una visión descreída y árida de lo real, donde a los sonidos enervantes de lo citadino, y a los páramos desolados de los desiertos costeros, se opone el fragor de la naturaleza y, en especial, cierta vivacidad de la Sierra peruana. En esa línea, de un gran rol de personajes citadinos ("empresario", "hijos de bien", "niñas de familia", "congresistas", más) dirá nuestra voz poética que

son rapiñeros, cínicos, diestros en caer parados
(…)
Nubes los gestaron pusilánimes, temblando en bajo valle.

Pero va más allá de estas melopeias denotativas el poeta. Con frescor engarza, en algunos poemas, el verso castellano con expresiones quechuas que no solo logran mantener –precariamente a veces, sí– una continuidad semántica, sino que mantienen hasta cierto punto la ilación eufónica, y esto último es más importante en el caso.

Qasilla qawaykamuy días ahogados, gritando
Mascanayku pacha. Pues perdido nada vuelve:
Retornando ¡kashanchisraqmi!, seguir caídos.
Espera alba, tayta wamani, wiphala primero
Suyashan en mí, sapan runa adolorido…

Esta la médula del poemario; una propuesta de recentralización de lo andino en perspectiva de la lectura etimológica de lo que significan oriente y occidente –expuesta en el inicio del poemario, en una larga cita de Cirlot sobre el tema– originalmente, y donde lo andino parece tomar ese lugar-no-lugar de lo oesteoriental dentro de un mundo recompuesto o, mejor aún, puesto de pie.

En cuanto al lenguaje poético, Andrés Ajens ha dicho en su peculiar estilo NeoB, que:

Allende la adversidad y eventual reversión del versus, su concisa y extrema pétrea entrecesura, este Oeste abre y airea a bocanadas lo idiom(á)ntico en camino, co-marca y rastrea tal geo-grafía (amorosa) de la lengua, grave o riente a la danza, a lo que toca.

Por cierto, Oeste oriental no está exento de excesos; es más, diría que su natura interior está transida naturalmente por estos, de manera que con alguna frecuencia el leve hermetismo que caracteriza el libro cede lugar a un cripticismo que llega a desvincular algunos textos del gran conjunto. La ascética búsqueda lingüística a que se somete la voz poética, además, lo lleva por despeñaderos semánticos difíciles de salvar, en ese camino de elevación de la lengua ("rústica lujuria de la lengua?") que simula la ardua ascensión a un apu imaginario y especialmente inextricable.

Vayan como logros –y no pequeños– la capacidad esporádica de resumir en unos versos la condición histórica del hombre, donde sus proyectos y utopías ("piedras futuras") no pueden modificar, o salvarnos de ser, lo que somos ("sernos el mismo"), frente a lo cual se pregunta la voz si la salida es "volverse crudo al grito"; pero también la vigorosa asimilación del neobarroco latinoamericano (Perlonguer, Kozer, Jiménez, tal vez Deniz) y los puentes subterráneos con Martín Adán y cierta poesía quechua (además del dominio de alguna poesía oriental, especialmente la sufí).

Oeste oriental, de Pedro Faverón, pese a la necesidad no resuelta de un último recorte textual, quiere proponer una topo-grafía ontológica donde sus auspiciosas "estrella y música inaudible/emancipadas surcan tumbas". No se frustrará el lector si espera a chaska en el próximo firmamento poético de Favarón, y que su música se haga más audible y sutil.
 
(Portada.) 
 

15.10.09

Daniel Alarcón en COSAS


Como saben bien, el autor de Guerra en la penumbra ganó hace poco un importante premio literario en Alemania por su novela Lost City Radio. Por ese motivo, y por un par más, me animé a entrevistarlo –por segunda vez; la primera fue para Somos hace unos 3 años– para la revista de más venta en el Perú, que justo sale hoy al público. Les dejo la última pregunta:

¿Cuáles son tus escritores norteamericanos vivos más frecuentados, más allá de los imprescindibles Roth y DeLillo?

Comenzaría con Edward P. Jones, autor de la novela extraordinaria The Known World, y dos colecciones de cuentos, y la autora Yiyun Li cuya ultima obra, The Vagrants me conmovió. Son dos escritores en los que siempre confiaré. Hay más: Donald Antrim, Dave Eggers, Raymond Chandler, Denis Johnson. Joan Didion. Incluiría a un novelista gráfico en la lista: el gran Joe Sacco, autor de Palestine y Safe Area: Gorazde, entre otros. Pero al preparar mi respuesta me dí cuenta que no leo muchos autores estadounidenses, o mejor dicho, sí leo muchos, pero no me obsesiono con la obra de uno u otro. Lorrie Moore, por ejemplo, es una cuentista buenísima, de las mejores que escriben en inglés, pero su ultima novela fue una decepción, a diferencia de los dos que mencionas.

Rara vez lamentas el tiempo invertido en una novela de Roth o Delillo. A veces agarro libros del estante al azar, sin prestar mucha atención. Termino leyendo muchas novelas traducidas al inglés de idiomas que no domino—polaco, árabe, japonés—, y si están bien traducidas, a veces hasta me olvidó en qué idioma se escribió el original. De estos autores, el imprescindible es Tadeusz Konwicki, cuya obra maestra A Minor Apocalypse he leído una media docena de veces.
(Alarcón con el poeta Rodolfo Ybarra, 2009.)

Los amigos de la revista Poetas del asfalto, a través de su vocero Luis Mujica, me envían los datos de una actividad interesante. A continuación....


"RADIO FELIX MENDEZ, EL PASAJERO SUBTERRÁNEO Y EL PRIMO MUTANTE 2
PRESENTAN
EL FILM
BORN INTO THIS
NACER EN ESTO
UN DOCUMENTAL SOBRE LA VIDA Y OBRA DE
CHARLES BUKOWSKI
PRESENTACIÓN Y COMENTARIOS
RICHI LAKRA
LUIS EL PRIMO
ÀNGEL IZQUIERDO DUCLOS
PERFORMANCE ANTI-BUKO
POR FÉLIX MÉNDEZ
VIERNES 16 DE OCTUBRE 2009
LUGAR: EL AVERNO
JR. KILKA NRO. 236
Colaboración: S/. 2,00 sucios soles
ADEMÁS: Debate , conversatorio y micrófono libre
TAMBIÉN: A precio huevo Poetas Del Asfalto y otras publicaciones sobre Bukowski
ORGANIZAN: Producciones Primitivas De Laguna
Libelo falaz
Sucio Lukro
Universo Akrata
El Hongo


http://lozpoetasdeazfalto.blogspot.com

14.10.09

Presentación


Ángeles detrás de la lluvia


de Tulio Mora
húnikos colección
nota de prensa
Ciudad de Lima.
Octubre de 2009.



Como una manera de repensar poéticamente en los intentos frustrados que convierten a los seres humanos en ángeles sublevados contra el orden establecido, y fracasan en el intento, TulioMora (1948), miembro destacado del Movimiento Hora Zero, nos entrega un nuevo volumen de poesía: “Ángeles detrás de la lluvia”.

Se trata de tres poemas sobre el mismo número de ángeles víctimas del sueño de la “modernidad”. Cada uno de ellos contiene 99 versos distribuidos en tercetos, de acuerdo a la reactualización de un planteamiento estético propuesto por Edgard Allan Poe, que él denominó “el principio de unidad de efecto” y que le sirvió para la escritura de su famoso “El cuervo”.


Según este planteamiento, los poemas de aliento mayor no deben contener más de cien versos confeccionados como la suma de breves poemas que pueden ser independientes entre sí, pero que están eslabonados por la sorpresa de la palabra y el vértigo estructural del ritmo.


*
“Ángeles detrás de la lluvia” es el primer poemario que da inicio a Húnikos, colección que tendrá como característica la publicación de poemarios breves o de un poema largo, y en la que participarán creativamente el diseño y las artes plásticas. En esta oportunidad “Ángeles detrás de la lluvia” ha sido el pretexto para reunir al autor del libro con el reconocido artista Alfredo Márquez y con el diseñador editorial Arturo Higa Taira. Los responsables de la Colección Húnikos son Tatiana Berger y Tulio Mora.

*
La presentación de “Ángeles detrás de la lluvia” estará a cargo del joven poeta Jerónimo Pimentel y se realizará el jueves 15 de octubre en el restaurante Patagonia (calle Bolívar 164, Miraflores) a las 8pm.


(Portada.)

12.10.09

El poema del poetastro




Julio 25

Me siento en mi mesa de trabajo.
Voy a empezar una obra que vengo pensando desde hace tiempo.
Trazo las primeras líneas.
Me incorporo desilusionado.
No puedo admitir mis ideas.
Me parecen vulgares.
No creo en mi obra.
No sé si soy un artista.
Es el otro quien tiene razón.

Si yo fuera un artista sería hermoso.
Y tendría los dedos largos.
Y sería pálido.
Y me olvidaría siempre de las horas.
Rompo todo lo que había escrito.
Me entran náuseas de mí.


---Este poema no es, como se podría pensar, de cierto poetastro noventero. Es de Mario de Sá-Carneiro (1890-1916), quien, a pesar de haber vivido solo 26 años, es uno de los referentes de la literatura lusitana del siglo veinte, y se sabe que fue uno de los pocos escritores que influenciaron directamente en la obra de su compatriota Fernando Pessoa. El poema está incluido en el libro Yo mismo y el otro, incluido a su vez en un extraño y fabuloso libro de relatos titulado El cielo en llamas –rescatado del olvido por editorial Gadir el 2008–, que reúne los cuentos de este gran poeta, novelista y crítico desaparecido muy tempranamente. Entiendo que el poema expresa de manera única la desazón, la impotencia que debe sentir un poetastro al no poder escribir un texto satisfactorio, e, incluso, al no poder concebir siquiera una idea poética respetable. Como muchos de los escritores de principios del siglo pasado, Sá-Carneiro estuvo influenciado por Gerard de Nerval, Baudelaire, Dostoievski y Schopenhauer, entre otros escritores y filósofos; pero sus logros estéticos trascienden esos referentes.
 

(Portada en idioma original, con retrato del poeta.)

El fastidio de Vargas Llosa


Reproduzco completa, por primera vez, la columna dominical de Carlos Castro en La República, que siempre leo y cuyas posiciones a menudo apruebo. Esta es imperdible, pues tiene que ver con los obstáculos que viene teniendo la implementación del Museo de la Memoria en nuestro país.


Por Carlos Castro

En marzo pasado el gobierno creó la comisión encargada de llevar adelante el proyecto del Museo de la Memoria. Ayer, desde Madrid, el presidente de la comisión, el escritor Mario Vargas Llosa, alzó su voz para denunciar los obstáculos a los que se enfrentan en su propósito de hacer realidad esta iniciativa: “Hay mucha hostilidad, sobre todo de los sectores más recalcitrantes que estuvieron vinculados a las matanzas; ellos no quieren que se documente algo que preferirían que el Perú olvide”.

Las expresiones de Vargas Llosa son fruto, imaginamos, de la molestia y desazón que deben sentir tanto él como el resto de los miembros de la comisión ante los ataques continuos al Museo de la Memoria y a ellos mismos. Recordemos que Salomón Lerner, ex presidente de la CVR y miembro de la comisión, ha recibido amenazas de muerte y es blanco permanente de una campaña de agravios y calumnias.

En la entrevista dada en su casa de Madrid a la Agencia France Press, Vargas Llosa no dice a quiénes se refiere con “sectores recalcitrantes”, pero suponemos que su fastidio aumenta al comprobar cómo el proyecto que desarrolla es petardeado desde el interior del Ejecutivo, con el silencio complaciente del presidente Alan García.

Rey Rey ataca al Museo de la Memoria desde que inició su gestión como ministro de Defensa. “A mí no me hablen de museos, ni de memoria”, ha dicho a la prensa, con ese estilo que lo emparenta con los sectores “recalcitrantes” y con el fujimorismo. Otro que ha convertido a este proyecto en blanco de sus críticas es el primer vicepresidente de la República, Luis Giampietri. Y en esa línea hemos visto, sorprendidos, cómo hasta el presidente del Comando Conjunto de las FFAA, general Francisco Contreras, se lanza contra las organizaciones de los derechos humanos. Sospechamos que cuando Vargas Llosa habla de “toda clase de obstáculos” debe incluir también a algunos representantes del Apra que actúan en la línea de Rey.

Qué distinto es lo que ocurre con el Museo de la Memoria de Chile, que debe inaugurarse el próximo año. Ante la pregunta de la prensa de su país de cómo se materializó el proyecto, Marcia Scantlebury, periodista de la Universidad Católica, encargada de la iniciativa, responde que se construye “porque tenemos una presidenta –también víctima de violación a los derechos– con una gran sensibilidad sobre este tema”. Luego agrega que en esa tarea han contado con el apoyo de todos los ministerios y que la propia Michelle Bachelet ha visitado los museos de la memoria que existen en Europa.

Que el presidente García realice un periplo similar al de Bachelet es pedir demasiado, pero por lo menos podría poner orden al interior de su casa (gobierno). ¿Cómo Vargas Llosa y los miembros de su comisión podrían acudir a los ministerios en busca de apoyo o de información cuando el segundo representante del Ejecutivo y uno de sus ministros ningunean y atacan este esfuerzo colectivo? No vamos a insistir en la importancia que para la memoria del país tiene este Museo. Bastante se ha hablado ya de ello. Solo recordemos que en marzo pasado una encuesta de la Universidad de Lima reveló que el 74% del 63% que escuchó hablar del tema se pronunció a favor del proyecto. El respaldo mayoritario proviene de los sectores sociales C-D-E. Es decir, los más pobres entienden mejor que un Museo de la Memoria, como dice Vargas Llosa, “es una manera de luchar contra la intolerancia, contra el fanatismo, contra la barbarie...”.

(Rey de objeciones y tapujos.)

Robles sobre Herta


En el Luces de hoy la poeta Marcela Robles da muestras de equilibrio y, sobre todo, de haber leído a la premiada Herta Müller, flamante Nobel de Literatura 2009. Frente a voces desconfiadas y despistadísimas, que han llegado a plantear el fin de los Nóbeles de literatura como “reconocimiento a obras universales”, Robles se explaya sobre la trayectoria de la escritora rumana de lengua y ascendencia alemanas, y culmina con una exhortación válida:


Señores de la academia, señor Englund (nuevo vocero y secretario permanente), hay que continuar leyendo a más mujeres, y especialmente a escritores de otros continentes. Hablando de desposeídos, el mundo entero está lleno de talentos que esperan ser reconocidos, y en Latinoamérica abundan. Señores de la academia, señor Englund (nuevo vocero y secretario permanente), hay que continuar leyendo a más mujeres, y especialmente a escritores de otros continentes. Hablando de desposeídos, el mundo entero está lleno de talentos que esperan ser reconocidos, y en Latinoamérica abundan. (Sigue leyendo.)
(Portada de uno de sus libros publicados en Siruela. ¿Se referirá a algún blogger con eso de faisán?)

10.10.09

Nuevo libro de Velázquez


NOTA DE PRENSA

INSTITUTO RAÚL PORRAS BARRENECHEA

JUEVES 15 DE OCTUBRE DE 2009



PRESENTACIÓN DEL LIBRO
LA REPÚBLICA DE PAPEL DE MARCEL VELÁZQUEZ CASTRO

El jueves 15 de octubre a las 7:00 p.m. se presentará el libro La república de papel. Política e imaginación social en la prensa peruana del siglo XIX, de Marcel Velázquez Castro, en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (Colina 398, Miraflores). Los comentarios estarán a cargo de los destacados historiadores Antonio Zapata y Margarita Zegarra. El libro, que incluye 32 imágenes de época, ha sido editado por el Fondo Editorial de la Universidad de Ciencias y Humanidades.

Más información en:

Instituto Raúl Porras Barrenechea

Calle Colina 398, Miraflores

Central Telefónica 619-7000 Anexo: 6102. Telefax: 445-6885.

E-mail: institutoraulporrasb@unmsm.edu.pe

Teléfono del autor: 993489375

E-mail del autor: mmvelazquez@pucp.edu.pe

--
Johnny Zevallos,
Prensa IRPB-UNMSM

9.10.09

Premio Nobel 2009


El seco lirismo de Herta Müller

Reproduzco un post publicado aquí hace cosa de dos años sobre uno de los libros de relatos más interesantes de la flamante ganadora del Premio Nobel de Literatura de este año. LDL siempre a la vanguardia.

Tal vez algunos de ustedes recuerden a esta escritora rumana de lengua alemana, de cuando se realizó en Lima un encuentro internacional escritoras en donde ella participó (pueden ver la nota de José Güich en Caretas). Pues bien, aun cuando no la recuerden, creo que lo mejor que hay de narrativa para leer en este momento en librerías es el libro que, con gran ojo, El Virrey acaba de traer:
En tierras bajas (Siruela, 2007).

Se trata de un conjunto de cuentos donde la narradora se sumerge hasta el fondo, con un raro prurito naturalista lírico, en sus memorias de infancia, donde su gente (un pueblo suabo perdido) y su familia (labradores rudos, católicos y silenciosos) aparecen en todo su esplendor no real-maravilloso sino opresivo-maravilloso, con grandes dosis de amargura, dolor e incomprensión.

Müller va apilando frases de una precisión poética pasmosa. Son como profundas incisiones, repujes diestros en la noble piel de un cuero que es la historia de su pueblo, marginado por un gobierno –el rumano- inclemente y dictatorial (recordemos que la Müller tuvo que abandonar Rumania en los 80, por defender los derechos de la minoría alemana en ese país).

Pero si piensan que aquí encontrarán largas descripciones de persecuciones y enfrentamientos políticos o sociales, se equivocan mucho. Al describir con cruel objetividad, casi con ensañamiento, la vida común y silvestre de su familia, lo que la narradora en realidad hace es mostrar la humanidad, la valencia trascendente de su pueblo. Nos describe las ruindades de la vida corriente de los pobres y el lector descubrirá que ello no está nada lejos de la vida de los otros pueblos, de los otros pobres. ¿Por qué no tendrían entonces el mismo derecho que los demás a existir y ser respetados?

Hay tres o cuatro cuentos nucleares en este libro, los cuales están conectados de manera indirecta por una serie de relatos breves –un par de ellos casi licencias lúdicas solamente- que hacen las veces de mamparas, semidivisiones o canales. Aunque la temática no es por completo homogénea entre ellos, la sensación de opresión, de absurdo, de amenaza de escándalo y de ignominia familiar o social, es recurrente.

En "La oración fúnebre" Müller logra reproducir la extraña arbitrariedad de los sueños en una sucesión de imágenes y situaciones que remiten a una tragedia familiar –la muerte del padre- y a la violencia social latente. Al final de "Peras podridas" la niña escucha el jadeo sexual de sus padres y siente que la cama da breves sacudidas. En el largo relato que da nombre al libro, por ratos la narración parece bordear el bucolismo y lo poético descriptivo, pero entonces aparecen ráfagas de un naturalismo directo y obsesivo* (la niña se ha encerrado en el baño a llorar en silencio, "porque no se podía llorar en casa sin motivo"):

Pese a todo, me limpié el trasero con el papel higiénico y miré luego el agujero y vi la caca, en la que se agitaban unos gusanillos blancos. Vi unas bolitas de caca negra y supe que la abuela estaba otra vez estreñida, y vi la caca amarillo claro de mi padre y la caca rojiza de mi madre. Me disponía a buscar también la del abuelo, cuando mamá gritó mi nombre en el patio: en cuanto llegué a su habitación, dejó resbalar la media que se estaba poniendo y me dio una bofetada, contesta cuando te llame. (pp 59)

Esta es una excelente imagen de la estrategia de Müller. Lo que hace ella es hurgar, huronear en la vida grisácea y opresiva de su familia y de su pueblo de la misma forma en que la niña observa el excremento familiar. Pero al entregarnos el resultado de su trabajo Müller lo hace con tal poesía, con tanta inteligencia narrativa que no podemos sino rendirnos ante su destreza. Es capaz de convertir un liguero que aprieta la carne fláccida de su madre en un plurivalente símbolo social.

Luego de terminar de leer estos cuentos, a contrapelo de lo que pudiera pensarse, el pesar, la conciencia de un problema o el cuestionamiento, no es lo que prima. Uno se queda con palabras como corneja, acacia, azadón, crencha, mazorca, aguardiente, abeto, rondando en la cabeza -y aquí la labor enorme del traductor, J. J. del Solar tiene mucho que ver- mientras que los juegos de niños, sexuales y miméticos; los miedos y odios y amores de la infancia se instalan venciendo condiciones y culturas, dando muestra de que el gran arte se deja comprender siempre, siempre.

*En "El baño suabo" el agua de una tina se va enturbiando mientras, uno a uno, van entrando a bañarse los miembros de la familia. Se describe detalladamente los fideos de la comida que flotan sobre el agua. En otros cuentos se describe el éxodo de piojos de una gallina muerta, el cruel sacrificio de un ternero lisiado por el padre borracho de la niña.

(Herta Müller)

5.10.09

4 días en Ayacucho



Desde el jueves pasado hasta hoy domingo estuve en Ayacucho, alejado del internet y de los líos enanos literarios de "la Lima". Fui para tener una serie de encuentros con estudiantes de la Universidad de Huamanga (comunicación y ciencias sociales), del Pedagógico de Huanta (ver foto más abajo), y con alumnos de secundaria de dos colegios particulares de Huanta.

Todo dentro del marco de la presentación y promoción de mi reciente novela, Migraciones (Altazor, 2009), que ha sido incluida dentro del plan lector en esa bella región. Sobre Huamanga, les puedo decir que ha crecido mucho en población, pero con desorden y poca actividad comercial de envergadura. Huanta la Bella sigue siendo una de las ciudades serranas más hermosas del Perú, muy verde y generosa en los frutos que da a su gente, por lo general apasible y muy receptiva con lo que viene de Lima.

Tengo que agradece a Altazor y a los amigos ayacuchanos que me sirvieron de guías y me ayudaron con las actividades señaladas, además de recordar con cariño a los alumnos de secundaria, muchos de ellos jóvenes escritores ganadores de premios regionales, que me hicieron todo tipo de preguntas, estuvieron muy atentos y leyeron muy bien mi novela. Un abrazo enorme y sentido a todos. Ya volveré por allá.


pd: un ex blogger hoy autodegradado a comentarista basura de una letrina virtual, usando las iniciales de uno de mis grandes amigos, "josé m.", ha dicho que el viernes -!cuando me encontraba en Huamanga presentando mi libro!- busqué a otro amigo mío en Cancillería para pedirle algo, ignorante el ex blogguer, además, que ese amigo que él nombra !no va por Cancillería hace meses! En fin, es la última vez que me ocupo sobre esta basura. El bagre por la boca muere.





Vista parcial de la hermosa ciudad de Huanta.


Instituto Superior Pedagógico de Huanta.


Enorme Cristo salvador que domina desde lo alto la ciudad de Huanta.


(Catedral de la ciudad de Huamanga, Ayacucho.)

1.10.09

Huilo Ruales


A veces hasta las antologías más disparatadas o de criterios poco claros traen sorpresas agradables. Ha llegado a mis manos la antología de cuentos Ecuador–Perú 1998–2008, financiada por el Centro Cultural de España. En ella encontré a un ecuatoriano que no es ni Pablo Palacio ni Jorge Icaza, ni mucho menos el grandioso poeta Alfredo Gangotena. Se trata de Huilo Ruales Hualca (Ibarra, 1947), ganador de varios premios internacionales de cuento y escritor de culto en su tierra. Del cuento antologado, "Qué risa, todos lloraban", les copio Mudadelia, la primera parte.


La Mudadelia llega con las justas al metroveinte pero adentro tiene por lo menos un caballo. Aunque también afuera, es decir en la cara, una risa equina, de idiota a tiempo completo. Una risa que es un hachazo en su cara. Una risa de castigo. Una risa que no se le quita nunca y que a veces parece que le resulta una tortura, como tener en medio de la cara pegada una tarántula. A veces da cosas verla enredada, pegoteada como un endemoniado chicle a su risa. Una risa babosa que le devoraba toda la cara caballuna y, lo peor, que seguía sonando solita durante las noches. Desde que se inauguró de huérfana, la risa no solamente se le ha dado por abullanguerarse sino por volverse babosa. Quién sabe si la baba le proviene de la pena, algo así como lágrima de boca.
Viéndolo bien, la pobre Mudadelia existe de gana. No sirve para nada. Cuando vivía su madre por lo menos era su sombra correteando detrás de ella, que también era enana, aunque no se reía nunca. Para qué si la Mudadelia le daba riendo de sobra. Además, cómo iba a reírse si su trabajo era tener a la raya al resto de la servidumbre. Ya huérfana, la Mudadelia es sombra pero nadie. Va y viene por la casona haciendo pasear su risa babosa. Su sola ocupación es lavarse el pelo seco y secarlo con un peine de cuerno. Un pelo grueso y zaino como de crines y casi del tamaño de ella. Cada mañana, apenas el sol se empina, ya está empinada en la lavandería. Por poco se va de hocico cuando recoge el agua en la lavacara. Después, coloca su cabeza sobre la piedra de lavar como para que alguien la corte de un tajo y con un tazón desportillado lava y lava aquel montón de pelo, y de paso la risa. Al final, se sienta en alguna grada del tercer patio. El patio donde se seca el maíz, la yuca, la ropa de los sirvientes y donde duermen como muertos los perros y la tortuga, que mide una muda entera. Horas y horas, la Muadelia secando con el peine su pelo que es un animal aparte. Horas y horas, tejiendo el par de abultadas trenzas que le caen a los costados de su risa eterna. El resto del tiempo no hace sino ir y venir o apoltronarse en cualquier ángulo de la casona. Para nada. Para reírse sin que nadie pueda, como de un pantano, sacarlo de la risa.
 
(Huilo.) 
 
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