7.2.10

Fresán


Historias argentinas

Un escritor, en la mayoría de los casos, no sirve para nada salvo para sí mismo. De acuerdo, también están los lectores: monstruo igualmente misterioso, igualmente respetable. Pero ¿qué es lo que lleva a alguien a sentarse a escribir pudiendo hacer tantas otras cosas mucho más gratificantes a corto y a medio plazo? Es -¿dónde leí eso?- una vida muy penosa enfrentarse todos los días con una hoja en blanco, rebuscar entre las nubes y traer algo aquí abajo. Una página en blanco es algo casi tan intimidante como un arma de fuego apuntándonos a la altura de la cara.

---Fragmento del relato “La vocación literaria”, de Historia argentina (Anagrama, edición corregida y aumentada, 2009), de Rodrigo Fresán. Dice Ray Loriga en su prefacio a esta edición (“Viaje de vuelta”) que Fresán fue desde el principio una incógnita a la manera de Capote, Cheever o Mailer o Fluvinke, donde la inteligencia no empaña el corazón y el corazón no difumina la inteligencia”. Cierto. Cada uno de los libros del argentino radicado en Barcelona es una oda al corazón escrita por un cerebro brillante y una sensibilidad hipermoderna. Ignacio Echevarría, por su parte, en un segundo prefacio a Historia argentina, afirma que el libro habla “de una patria de papel, de un país vivido a partir de los libros, a través de los libros, y de la felicidad que estos procuran”. Literatura hecha no a partir de la realidad (¿pero acaso la lectura y los libros no son parte también de la realidad y, a veces, “más reales” que la experiencia mundana?), sino de la lectura, de la evocación, de la diseminación del gusto en espacios extraliterarios: rock, pop, fútbol, cómic... Literatura, simplemente.

(Portada.)

4 comentarios:

  1. Anónimo7.2.10

    Me fascinan las listas no se por que pero me encantan

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  2. Anónimo7.2.10

    He buscado por todo sitio a Fluviken y nada. Sabes algo?

    Vanidoso

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  3. Hola "Vanidoso". Nada, el tal Fluviken es un invento de Lorigo, él mismo lo dice al final de su prefacio, y compra el libro de Fresán que está bueno.

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  4. Loriga, of course...

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