25.5.10

Las cosas de Perec


Ideas comunes: el mundo está compuesto por cosas. Vivir en el mundo es vivir entre cosas. Las cosas no solo determinan el mundo sino que condicionan nuestra existencia. De algún modo, entonces, nuestra relación con y comprensión del mundo estará marcada por nuestra relación con las cosas. En este sentido, y hasta cierto punto, la acusación de consumismo es inútil: en casi todos los casos, o en todos, es reversible; puede ser devuelta tranquilamente al acusador. El consumismo es asunto de grados, aun cuando haya gente que crea que comprar discos de The Beatles es una actividad esencialmente menos consumista que comprar discos de Paulina Rubio.

Donde sí hay una diferencia esencial es en la forma en que te vinculas con las cosas, sobre todo con las cosas que no tienes. Esta parece ser la verdadera médula de Las cosas (Anagrama, 2008), la primera novela de Georges Perec, con la que ganó el Premio Renaudot en 1965. No creo que valga la pena resumir la sencilla historia de Jerome y Silvie, dos jóvenes profesionales parisinos que se juntan en torno a un sueño muy terrenal: obtener las cosas (es decir, ganar mucho dinero) que nunca tuvieron, pero que su información y cultura les dice que harán la diferencia, que los convertirán en esos seres “afortunados”, ricos, con clase que merecieron ser siempre y no son.

Más interesante es incidir en dos aspectos formales –es decir, esenciales desde el punto de vista literario- que hacen que Las cosas no sea un aburrido tratado sociológico (Perec estudió Sociología, había el peligro): la ironía, mientras más sutil más venenosa, y el estilo enumerativo que luego el escritor francés habría de llevar a niveles superlativos en La vida: instrucciones de uso. En efecto es peculiar la forma en que el narrador (mal)trata a sus personajes: los llama “estúpidos”, se burla de sus sueños ridículos de grandeza, pero también los mima un rato, los pone a volar, para luego dejar que caigan hasta revolcarse en el piso de su confusión total entre deseos y realidad.

En Las cosas también están, más que en germen, las largas enumeraciones de cosas, actividades, móviles que se decantan brillantemente en sus libros posteriores. El despliegue acumulativo tiene un efecto abrumador en el lector que, llevado por un sentido del ritmo sostenido, se enfrenta a un cúmulo de sensaciones, recuerdos, imágenes al leer estos roles, y así llega a comprender mejor la confusión en la que –paradójicamente- se regodean los personajes de Perec.

Las cosas, así, más que hablar del mundo y de las cosas materiales, nos refiere de manera oblicua las cosas (pocas, pobres, inconducentes) que tenían lugar en el alma moderna cuando las cosas otras, las “reales”, comenzaban a dominar la escena occidental.
(Portada de la edición original.)

13 comentarios:

  1. PIRULO26.5.10

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  2. Anónimo26.5.10

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  3. Anónimo26.5.10

    el sionista facheron se unio con max patan!!!!!!!!!! cuidado chipi del diablo!!!!!

    SACAPUNTAS NEBRIJA (Correctómano)

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  4. Anónimo26.5.10

    ¿Viste, Colomural, que cualquiera puede voltear tus dizque garabatos seudo-literatosos? Espero que tu amigote Zelada y tú se queden tranquilos.

    Juan Pérez

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  5. Gaspard de la Nuit26.5.10

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  6. Anónimo26.5.10

    ESE TEXTO YA LO HE LEIDO EN EL BLOG DEL MAGO DE OZ LEO ZELADA

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  7. Anónimo26.5.10

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  8. Anónimo26.5.10

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  9. Anónimo26.5.10

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  10. jajajajaja, ¿qué ociosos estos tipos!, búsquense una vida, jajajaja

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  11. Anónimo27.5.10

    hola víctor, excelente lo de Las Cosas, me gustaría que ubicaras a Perec dentro del grupo Oulipo, que él fundó, allí se dio su experimentación con la literatura, pero muy buena tu lectura de la novela, así como hiciste esa de Espacios y de La vida instrucciones de uso en francés. Sigue, la envidia hará que te sgian siempre...

    Fernan

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  12. Hola Victor buen post. Para el penúltimo comentario si la memoria no me engaña el Oulipo fue fundado por Queneau y Le Lionnais en 1960 y Perec recién se integra en 1967. Es decir, Las cosas es anterior a su incorporación al Oulipo, así como Italo Calvino tiene algunas obras oulipianas y otras no, por ejemplo, El castillo de los destinos cruzados es una de sus obras oulipianas.

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