18.5.10

Montecinos regresa a Chile


Como sabemos los que estamos metido en esto de la poesía latinoamericana, el poeta chileno Héctor Hernández Montesinos, llevado por un amor y el amor (a la poesía) se fue de su tierra, para radicar en México, haces dos años. Hoy retorna a Chile y confiesa algunas cosas sobre ello en esta entrevista dada a un diario salvadoreño y republicada en Letras S5.

– Me decías que regresas definitivamente a Chile…

- Sí, claro, viví un par de años en México, pero ya no va a ser así, entonces me regreso a Sudamérica, me regreso a Chile, para estar un tiempo, volver a echar raíces. Ya llevo muchos años viajando, y creo que es el momento en que uno dice ‘que hay que volver a casa’, entonces quiero volver a casa un tiempito, y luego mis plan es irme a Bolivia, quiero radicarme en Bolivia un poco para trabajar en la comunidad, trabajar haciendo arte comunitario, arte social. He estado un tiempo en Bolivia y es un país que admiro mucho, admiro su literatura, su arte, su cultura… entonces creo que en Bolivia va a ser una nueva vida.

– ¿Cómo te ha tratado la poesía?

-A mí la poesía me ha tratado muy bien. Yo soy uno de los más agradecidos de la poesía desde hace diez años, desde el año 99 que escribo poesía, la poesía me ha dado una nueva vida o me salvó la vida, gracias a la poesía tengo muchísimos amigos, conozco muchísimos lugares, me ha abierto las puertas para descubrir un mundo que yo pensaba que no valía la pena, y gracias a la poesía y al arte me doy cuenta que el mundo sí valía la pena. La poesía me ha dado razones y fuerza para luchar y para creer en nuevos sueños colectivos que sí son posibles.

– ¿Qué es la poesía para vos?

-La verdad es que no lo sé, y tampoco sé si lo quiero saber lo que es la poesía. Entiendo un poco el hecho poético como una actitud de vida a la cual me gusta entender y me gusta vivirla, en la cual el poema quizá sea el resultado de mucho proceso, de muchos puntos misteriosos que se producen gracias a entender la vida misma, a entender los procesos, poéticamente quizá, lo que quiero decir es que no se trata tanto de escribir poemas sino más bien de entender la vida como un solo poema o entenderse uno mismo como parte de un poema, como parte de una obra literaria, una obra de arte, en la cual uno apunta a esa voluntad del arte de querer convertir, de quitar lo malo o lo no deseado, en algo que provoque emoción y ganas de seguir adelante.

– En Chile Pablo Neruda pesa, ¿es necesario para un poeta chileno llevar el peso de Pablo Neruda para destacar en la poesía?

-Yo creo que no. Lo de Pablo Neruda es parte de una lectura de la gran tradición de la poesía chilena, está Neruda, Mistral, Huidobro, Pablo de Roca… todavía están vivos Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, que son poetas que casi tienen cien años, está vivo, en plena producción Raúl Zurita, quien es un poeta muy importante, Carlos Berenguer… entonces la poesía en Chile sigue estando complemente viva, y éstos grandes monstruos de la poesía están allí todavía. En el caso Neruda, ha sido leído por tres, cuatro, cinco generaciones quizá, y para los poetas jóvenes no es un peso, no es una piedra de tope, sino que justamente una obra a la cual uno tiene acercamiento por lo que significó, por la influencia. Con Neruda no hay necesidad revanchista o fratricida, porque al fin y al cabo Neruda fue el poeta más internacional, fue el que más se movió, el que más viajó, el que más relaciones generó con Latinoamérica y el mundo que es lo que a nosotros nos gusta, nos interesa, esas relaciones con Latinoamérica, no solamente encerrarnos en lo que es la poesía chilena y seguir dando vueltas en un mismo punto. De Neruda rescatamos ese ámbito, de que somos latinoamericanos, muy mundiales, muy conscientes de otras realidades, eso es lo que nos interesa, y también lo tomamos como un punto, pero estructuralmente no lo veo como un padre a matar.

– ¿Qué has aprendido de los viajes por los países de América Latina y cómo han enriquecido tu poesía?

-¡¡Ufff!! He aprendido muchísimo en cada viaje que he hecho, en cada ciudad, cada pueblo, cada río, cada lago, cada montaña, que conozco me lleva a pensar y a replantearme cada vez lo que uno está haciendo… pienso en el lago Atitlán [Guatemala], el lago Titicaca [Bolivia], los volcanes del Perú, del Ecuador… tantas cosas que uno ve, que al final quizá la máxima hazaña de un poema, el máximo logro de un poema, quizá sea convertirse en parte de ese paisaje, en ser un árbol, una flor, un pequeño animal, confrontar lo que tú haces con todo lo que se está haciendo en este sentido, te das cuenta que es mínimo, por más que hagas un libro de quinientas páginas, de mil páginas, con suerte puede ser parte de un paisaje, un paisaje natural, uno urbano, un paisaje poético… y el contacto con tantas personas, tantas lenguas, tantas raíces, todo te abre, el mismo idioma castellano, que usamos todos en Latinoamérica, en cada ciudad, en cada país, el tono del lenguaje, los giros que hay, las palabras, el acento, y te enriquece como trabajador, te provoca el lenguaje al escuchar nuevas frases, nuevos giros lingüísticos y te entusiasma. Para mí los viajes han sido fundamentales y casi todo lo que he escrito tiene que ver con el viaje, porque entiendo también la poesía como un viaje, uno de repente parte de un momento y sabe que nunca va a regresar al punto original del que partió, entonces, en ese sentido, la poesía es un viaje, y a mí la poesía que escribo se me ha dado como un viaje, y como viaje entiendo la misma poesía, la vida, todo… el viaje para mí es fundamental.

– ¿Qué siente un poeta que regresa a su amada Chile?

-En realidad no es muy amado. Tengo muchas relaciones muy tensas con Chile. Salí de Chile hace un par de años con mucha tristeza, con un poco de rabia, al ver lo que estaba pasando y ahora que regreso creo que tengo más tristeza y más rabia de lo que está pasando ahora en Chile al ver el triunfo de la derecha en el gobierno me complica mucho, me hace preguntarme tantas cosas, desde que la misma gente que estuvo en la dictadura y que fue cómplice de tanta maldad, tanta sangre, esté nuevamente en los cargos democráticos, en los cargos públicos, a mí me hace preguntarme qué pasó en Chile, cuál fue el momento en que la gente se olvidó de todo lo que pasó, o qué fue lo que sucedió. Tengo treinta años, pero viví diez años, los últimos de mi vida en dictadura, tengo recuerdos muy claros, entonces uno se pregunta qué pasó, en qué nos equivocamos, en qué se equivocó el gobierno, en qué se equivocó el mundo, entonces mi relación con Chile, al volver ahora, es compleja, me hace preguntarme muchas cosas desde mi propia participación social, como chileno a pensar en mi obra también en el contexto de ese hiperdictadura… muy complejo, muy complejo…

– ¿Hay algo que pueda hacer la poesía en ese entorno chileno?

-No solo en el entorno chileno, sino en el latinoamericano, mundial. La poesía, en este siglo veintiuno que estamos viviendo, la poesía, la cultura, el arte, pensado en la comunidad, en lo social, en el trabajo, con las personas, con la gente, puede ayudar un poco a resarcir, a limpiar, de algún modo, metafóricamente, ojalá también concretamente, las heridas que se han producido en nuestras historias políticas, sociales, en nuestras historias económicas, nuestras historias bélicas entre los países. Creo y confío aún en que la poesía en este caso, es un sueño colectivo que comparten desde jóvenes de quince años hasta poetas que tienen como Nicanor Parra que tiene casi cien años, mujeres, hombres, homosexuales, indígenas, blancos, comunidades, todos los sectores, los márgenes o los centros, hay algo que une este pensamiento poético que es que creemos que el día de mañana puede ser mejor y puede ser mejor mediante el arte, la cultura, el arte comunitario, social, mediante sueños colectivos, sueños de unir a los poetas, unir a los artistas, pensar en lo que está pasando, crear en ese sentido. Por ejemplo, entre Chile y el Perú ha habido relaciones un poco tensas en una guerra que existió, con Bolivia también, una guerra que pasó hace cien años, y en cambio los pueblos, la gente de la cultura de Chile, Perú, Bolivia, son hermanos, en Chile se admira mucho la poesía peruana, boliviana, y viceversa, es una admiración, unión y fraternidad que es hermosa, increíble, que le demuestra a los políticos, a los empresarios, a la gente del poder que, aunque intenten hacer que la gente se odie entre los países, la poesía, la cultura y el arte, nos demuestra que somos más parecidos de lo que creemos y que tenemos una historia común, un lenguaje común, en especial la poesía está demostrando que uno puede unirse, puede unir fuerzas, y puede crear uniendo.
(Entrevista completa aquí.)

(HH Montecinos, poeta chileno.)

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