3.5.10

Rosa Montero por la lectura frívola


No me refiero acá a la lectura de libros frívolos o de best-sellers. Hago referencia a una forma de leer las novelas, y todavía las cumbres de la novela universal, descuidada y frívola. Eso es, a mi entender, lo que recomienda suelta de huesos la escritora Rosa Montero en artículo reciente de Babelia:

Creo que, a estas alturas de mi vida, podría haber confeccionado una pequeña pero apañada biblioteca compuesta por todos los fragmentos de libros que me fui saltando mientras leía, páginas y páginas que me resultaron plúmbeas o inconsistentes y por las que simplemente crucé a paso de carga hasta alcanzar de nuevo una zona más sustanciosa. La novela es el género literario que más se parece a la vida, y por consiguiente es una construcción sucia, mestiza y paradójica, un híbrido entre lo grotesco y lo sublime en el que abundan los errores. En toda novela sobran cosas; y, por lo general, cuanto más gordo es el libro, más páginas habría que tirar.

Para empezar, esto es profundamente problemático. Si tantas páginas se ha saltado la autora durante su formación literaria, ¿qué nos asegura que no ha dejado de leer páginas cruciales, historias iluminadoras, detalles claves? Si la vida y las novelas, según Montero, son falibles y llenas de cosas deleznables, ¿tendremos por cierto que el gusto literario de Montero es infalible y preciso? Seguimos:

Los clásicos, pues, son esos libros inabarcables y tenaces que, aunque pasen las décadas y los siglos, siguen susurrándonos cosas al oído. ¿Y por qué la gente los frecuenta tan poco? ¿Por qué hay tantas personas que, aun siendo buenos o buenísimos lectores, desconfían de los clásicos y los consideran a priori demasiado espesos, aburridos, ajenos?

Montero llega a sugerir que la gente “odia” a los clásicos, especialmente si son voluminosos, porque a novelas interesantes como La montaña mágica “le sobran varias decenas de páginas”, y especialmente le incomoda cuando Settembrini y Naphta incurren en discusiones filosóficas y existenciales, que es la parte que a mí siempre me ha atraído de esa novela, que, dicho sea de paso, no es de mis favoritas entre los clásicos.

yo hoy encuentro esas peroratas definitivamente roñosas y oxidadas, ilegibles, pedantes y pelmazas. Suele suceder con los grandes discursos que los autores meten de contrabando en sus novelas, creyendo que ahí están dando las claves del mundo: por ejemplo, le pasa al gran Tolstói en Anna Karenina, cuando Lyovin, álter ego del escritor, se pone a soltar doctrina.

Y acá viene el fuerte del método Montero:

Por eso creo que hay que leer La montaña mágica y saltarse sin complejo de culpa todas las páginas que te parezcan muertas. O ignorar las tediosas novelitas pastoriles de la primera parte del Quijote. O pasar a toda prisa las aburridas y meticulosas descripciones de ballenas que incluye Moby Dick. Todos estos libros son maravillosos porque crecen y cambian y están vivos: uno no puede acercarse a ellos como si fueran textos sagrados esculpidos en piedra, dogmas temibles e intocables. Sáltate páginas, en fin, sumérgete y disfruta.

Já! ¿Se imaginan qué sería de nuestros críticos, de nuestro espíritu -porque la literatura forja el espíritu- si nos saltáramos alegremente todo lo que a Montero le parece deleznable de los clásicos? Lo del Quijote es tan ridículo que evitaré referirme a ello por decoro. Pero insinuar que las descripciones de cetáceos en Moby Dick es un largo pasaje inútil es no haber comprendido en lo absoluto ni Moby Dick ni la propuesta escritural de Melville.

Esta es, pues, la punta del iceberg de la frivolidad que terminará, ojalá que no, por aplastar a los bellos barquitos de la literatura, aquellos a los que le sobra solamente gente aburrida, desganada y ociosa que no quiera hacer su trabajo con rigor, como se debe (dicho esto último con alusiones concretas).

(La Montero nos quiere facilitar las cosas...)

7 comentarios:

  1. Banana Joe4.5.10

    Recorcholis!!!!!!!!

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  2. Anónimo4.5.10

    Yo también leí con asombró el texto de Rosa Montero. Pero ciertamente ya no me sorprende nada de lo que diga ella. Lo peor de todo es que, hoy por hoy, aquellos que se proclaman poetas o escritores ni siquiera han leído a algún clásico.

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  3. Anónimo6.5.10

    ¡Increíble lo que dice de Moby Dick! Si se salta las descripciones de los cetáceos ¿qué ha leído? ¿Un resumen? ¿La versión de Multiaventuras? Alucina esa ligereza. Nada es más importante en Moby Dick que la idea de fragmento y catálogo, la obsesión y erudición, la fijación en el objetivo.

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  4. Anónimo6.5.10

    Esta señorita debe haberse formado leyendo resúmenes de las obras maestras de la literatura, no se entiende de otra forma lo irresponsable de su posición.

    XCV

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  5. Claro, y al final, ¿cuántos se han leído todas las páginas y todas las oraciones del "Ulises" de Joyce? Es una de esas preguntas que le gusta repetir a mucha gente. Que claro, a veces uno se siente tentado de dejarse atras algunas páginas que bueno... yo al menos no he dejado de querer preguntarle a Joyce: "Hombre, ¿y esta huevada pa' qué?", hasta que leia otro par de oraciones, o aún un par de capítulos, y de pronto ahí estaba el pa' qué. Si, si... soy amigo de las lecturas totales y bien pensadas.

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  6. Anónimo6.5.10

    Una de las cosas por las cuales me leí todas y cada una de las oraciones del Ulises es porque, debido a su particular desarrollo le provoca al lector una especie de peculiar, pero sano morbo literario: saber qué es lo que va a decir en la siguiente página. Aunque sean 900, como la edición que tengo. Pero esta mujer, Rosa Montero, no sería capaz de completar las primeras diez. ¿Pasarse las descripciones de Moby Dick? Me pregunto que otras cosas se pasará una de las peores novelistas best-sellerianas de actualidad.

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  7. Anónimo6.5.10

    A mi me parece que hay una dimension ironica en todo esto. Si dice que hay paginas para tirar en muchas novelas quiza se deba a que sabe de que paginas se trata. No recomiendo leer estas declaraciones de modo literal. Al comienzo yo, como ustedes, hice tambien PLOP.

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