28.6.10

Maturin y las obsesiones




Hay obsesiones destructivas; por ejemplo, las que tiene la amante con el amado (o viceversa) que solo llevan a deteriorar la relación o, peor aún, a destruir a los propios amantes. Pero hay obsesiones que construyen, y no solo eso, sino que legan al género humano obras inolvidables que los escritores posteriores no dejan de reconocer y aun venerar.

Una de estas obras es Melmoth el errabundo, del irlandés Charles Robert Maturin (1780-1811), novela gótica y excesiva que cierra el ciclo de ese género en la literatura inglesa e influencia claramente a los escritores románticos y simbolistas, principalmente franceses. Del genio de Maturin ha dicho André Breton que:

Consiste en haberse elevado en el único tema a medida de los grandes recursos de que disponía: el don de los “negros” más profundos, que son también los que permiten las más deslumbrantes reservas de luz.

En efecto, llevado por la obsesión benéfica del problema del mal en el mundo, y de los abismos del alma humana, Maturin hace que su personaje visite los más tenebrosos escalones de la condición humana, obsesionado con buscar un “alma gemela” a quien poder conferir su insoportable desgracia: el vivir eternamente un pacto satánico. Baudelaire lo ve así:

Su tremendo sufrimiento se debe a la desproporción entre sus maravillosas facultades, instantáneamente adquiridas por un pacto satánico, y el medio en que, como criatura de Dios, se ve condenado a vivir. (…) El hombre ha querido ser dios, y he aquí que, en virtud de una ley moral incontrolable, cae más bajo que su naturaleza real.

Hasta cierto punto no se puede concebir libros como Los cantos de Maldoror, Las flores del mal, todas las novelas posgóticas, parte de la literatura surrealista, y los personajes malditos de la novela del siglo veinte sin tomar en cuenta ese ser brillante y atormentado llamado Melmoth, cuya primera obsesión deleznable (querer saberlo todo, ser inmortal), lo lleva a una más penosa aún: vagar por el mundo a la espera de un milagro: que aparezca una víctima que lo libre de la maldición de vivir por siempre en un mundo hostil que no lo comprende. ¿Te suena demasiado familiar su caso?

Las alucinantes obsesiones enfermizas del personaje de Ch. R. Maturin fueron recogidas por H. P. Lovecraft, Victor Hugo, Goethe, Balzac, Poe y otros grandes poetas y escritores del XIX y del XX. Sin duda hace falta revalorar la obra de este obseso positivo, pastor protestante, para más señas, que nos ha dejado una obra llena de imaginación, terror, alucinación y obsesión de la buena.

(Portada. Maturin.)

1 comentario:

  1. Anónimo29.6.10

    querer saberlo, querer ser como Dios, que estúpida y destructiva obsesión que está lejos del amor y de la confianza, aunque seguramente el o la obsesiva cree que quiere demasiado siendo así.

    tienes toda la razón, Vico, la obsesión y la soberbia son los males del mundo.


    José Miguel

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