4.6.10

Mosaicos: un mar de sonoridades con islas de imágenes


Gran rescate poético


En vano fatigarán el Google o la Wikipedia los eruditos virtuales y los reales: no encontrarán prácticamente nada de este poeta de origen panameño que vivió la mayor parte de su vida entre España y Francia. De hecho la misma edición de sus poemas completos (Mosaicos, 2010) publicada nada menos que por Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores en España, en edición de lujo, no abunda en datos personales.

Se sabe que nació en Colón, Panamá, en 1933, y que viajó desde joven por todo el mundo, ejerciendo un nomadismo crónico. Publicó en algunas revistas importantes de los años sesenta y setenta, y tradujo a René Char, Hopkins, Coleridge y a Mallarmé, nada menos. Pero creo que lo más importante de su aporte a la literatura son sus mosaicos: textos poéticos que fue escribiendo y recopilando a lo largo de toda su azarosa vida.

En sus poemas, Simons ejerce una suerte de barroco fragmentario y lúdico que no se cuida ni de la coherencia semántica del texto, ni de la posible confusión que puede acarrear al lector el contacto con sus versos decantados, hirsutos, inmanejables como objetos sin utilidad, o cuya única utilidad fuera su propia existencia sonora:



Mosaico LXXXV

Ver
mejo
r
ar
te
sa
no
del
tiempo
brecido
o rico a desdén
tro
pel
usa
el redondel del tornillo:
anillo de marras.
Lirios.

Est
(h) ambre
o ámbar
barie
te
la
raña
diáfana
afanosa
en el dintel
Iigencia,
ensenada.
Corazones;
arzón.
Razones coloradas.
Ambos: le duel.
Helo aquí en pelota
o hielo de milagro.
Jesusa
delsusto.
Por diviendes, bellazón
o vierns
cejudo
en la agu
deza
del espléndido
al
fi
ler




“Lo único, lo que unidad confiere o sentido al poema, no se puede enunciar; se manifiesta, sí, en la articulación en movimiento de un todo que cambia y se modifica sin cesar”, nos dice el poeta en su Mosaico XI. En el caso del mosaico citado, lo que desliza un cierto sentido es la imagen, reveladora, del alfiler, al final del poema. Es como si el poeta nos entregara la llave -aguda y espléndida- para penetrar el propósito de esas aliteraciones, de aquellas esquirlas sonoras que nos dejan pensando, o más bien se quedan resonando en nuestra mente como incógnitas.

Como otros creadores, Simons pensaba que la poesía debía tender a la música –por lo visto, no a la “melódica” precisamente-, debía atenerse a un ritmo “presentido” que solo “se hará plenamente presentible” en el “adagio o retardos del poema”, cuando se llega al “desamparo de la imagen”. Su trabajo es como un mar de sonoridades múltiples en los que se dispersan, ilmunidados por el sol de la poesía, islotes imaginales que irradian sentidos no definidos y múltiples al conjunto de su obra.

Difícil hallar a un poeta tan idiosincrático, tan especial, que escribió de espaldas al reconocimiento fácil y a lo poéticamente correcto. Hoy su obra es recogida y valorada en buena ley: fue un "Rehén, rehén/ de cada palabra/ que acude y me sacude/ El polvo/ con que volví/ de todos los lenguajes/ para andar de puntillas/ al amanecer por la ingle/ de mi lengua".

Y así, de puntillas, pero con los oídos bien abiertos, y la mente alerta, es como tenemos que acercarnos a la obra de este gran creador del lenguaje.


(Portada. "La huida del lenguaje tiene su música", determinó Simons.)

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