19.7.10

Elogio de la sintaxis en Zacatecas


Este artículo no tiene pierde. En El País de hoy varios escritores -en el marco del Festival Hay de literatura- opinan sobre la posición predominante de la sintaxis en el momento de escribir. Atención, escritores jóvenes y no tan jóvenes, entérense de por qué a veces sus escritos solo los entienden ustedes.


Trece años y cinco meses después de que el Nobel Gabriel García Márquez desafiara ante un pelotón de gramáticos las zonas "rupestres" de nuestra ortografía, un grupo de escritores más jóvenes que él reivindicaron aquí, en el mismo sitio donde Gabo lanzó su estallido, la salud de la otra parte de la ecuación, la sintaxis. A la sintaxis, dicen, no hay quien la tumbe.

García Márquez rompió el hielo de los gramáticos, congregados en el Primer Congreso de las Academias de la Lengua celebrado en Zacatecas en abril de 1997, convocándolos a acabar con ciertas haches y con ciertas bes y ciertas uves, y los colocó ante la disyuntiva de despojar al idioma de sus corsés para simplificar la gramática. Tuvo el cuidado el autor de Cien años de soledad de no tocar la sintaxis, aunque la rozó.

En el Festival Hay que se celebra por primera vez en Zacatecas, preguntamos a un grupo de creadores de la lengua española por la salud de la sintaxis. "Potente", dijeron. Lo de Gabo ahora se toma, dice Juan Villoro, como una provocación que le hizo bien a la lengua. En realidad, dice el escritor mexicano, de vez en cuando al lenguaje hay que quitarle polilla, y eso logró. En aquel momento, como recuerda Sergio Ramírez, el autor nicaragüense, fue Álex Grijelmo, entonces responsable del Libro de Estilo de EL PAÍS y ahora presidente de Efe, quien le demostró con hechos ortográficos a Gabo que su proposición se volvería como un bumerán contra su propio buque insignia: nadie entendería las veinte primeras líneas de Cien años de soledad si se la sometiera el rigor divertido de sus leyes.

Y es que tú puedes tocar la ortografía y volver loco al mundo, como sugiere Héctor Abad Faciolince, "porque la psicología de leer y de escribir ya es centenaria, no se puede interrumpir". Y con la sintaxis es aún más difícil jugar. Está ahí, es una convención llena de sentido. Es el sentido. Cuando Héctor era un chico de escuela en Medellín, su ciudad en Colombia, le descubrió un maestro que la sintaxis responde a las leyes del semáforo. Si tú pones primero el ámbar que el verde fastidias la ecuación, creas un desorden mundial terrible. Y la sintaxis es un orden, mental e incluso sentimental, incrustado ya en los órganos de la memoria de la lengua. Tú puedes decir de cualquier manera la expresión "yo tengo mucha sed", porque la sintaxis no pone en ningún momento el semáforo en rojo. La única condición es la que recuerda Grijelmo que le decía Walter Matthau a Jack Lemon en la versión española de Primera Plana: "Haz lo que quieras, pero no acabes nunca con una preposición". (Sigue leyendo).
(Juan Villoro, estupendo narrador y ensayista mexicano.)

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