30.8.10

Neobarroco


Cuerpos, cuerpos, todos son cuerpos. Cuerpos enmarañados en el éxtasis erótico de la humareda jabonosa, a la manera de enredaderas furiosamente incrustadas en el infierno vegetal de la selva húmeda, en el humo del humus apisonado por el apodrecerse perfumado de las hojas, extendiendo una alfombra de peluche por donde desliza en silencio de sus patas la onza manchada de herrumbre, de su vientre viscoso la sierpe bicolor. Cuerpos otras veces marinos, náufragos en la inmensidad envolvente de la ola, resecados en la playa desnuda donde se atisba apenas el sesgar del albatros, devenido rapaz, que vendrá a desgarrar, pico en aguja, los harapos todavía empapados. Cuerpos abandonados cruentamente en la ruidosa soledad de las oficinas, en los macizos archivos de hierro forjado, en la música metálica de las máquinas dicharacheras, a la sombra amenazante de la multitud (...) que orina furiosamente contra el paisaje. Y luego, al salir en pos del emparedado vespertino, el chillido de las gomas de las máquinas de fuego que en un desliz revientan las vísceras de la víctima. ¡Oh desdichados cuerpos! Siempre pudriéndose, siempre derrumbándonse, siembra constante de frágiles proyectos de piltrafa.



---Tomado del ensayo "El paisaje de los cuerpos", incluido en el volumen "Papeles insumisos" (Santiago Arcos Editor), textos, ensayos, poemas y notas de y sobre Néstor Perlongher.

(El poeta ensayista y activista argentino.)

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