17.9.10

Ildefonso en Caretas


"Abismos Literarios

Habitado por la muerte, dioses prostibularios y compañeros de ruta como Adán, Rimbaud o Baudelaire, Libro de Exilio (Fondo Ed. de la PUCP, 2010) es la nueva entrega poética del prolífico Miguel Ildefonso. En un constante vaivén entre la poesía y la narrativa, este eximio representante del noventero movimiento Neón ofrece aquí versos de ánimo críptico como reto para el lector.

–En este poemario habitado por la angustia y la muerte, ¿qué tipo de exilio es el que tratas de abordar?

–Este libro lo escribí marcado por la violencia de los 80 y 90. La muerte es el tema central. El exilio es la apuesta del poeta por aislarse, y de ahí el homenaje a Adán, su exilio interior, es un desplazamiento por los territorios del inconsciente del poeta, y la penetración a lo oscuro de Lima. A mí me marcó la frase de Artaud sobre Van Gogh: “asesinado por la sociedad”. Ese es el tema básico, pero es la seducción de la muerte. Por eso el erotismo que hay ahí, y por eso el poemario termina diciendo “estabas orgulloso por lo que construiste ahora lo estás por haberlo destruido”. Es esa fuerza tanática de una época que hasta ahora no está resuelta.

–Está también esa relación tuya de amor-odio con la urbe.

–De hecho, los peruanos nos definimos por esta indefinición de sentimientos encontrados respecto a nuestra historia. De ahí nuestro problema para afirmarnos como nación. De esta fragmentación salen mis poemas, tratando de encontrar una coherencia. Mis libros siempre han sido de cuestionamiento, de dolor, pero en este nuevo libro hay odio, y por eso están personajes como Nietzsche y Baudelaire.

–Libro también de dioses cansados, prostibularios.

–Sí, estuve marcado por la onda subte, crecí con el rollo de los ángeles caídos, y en este libro el poeta busca la redención, pero no lo logra, más bien se queda en la lapidación personal.
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–Hablas ahí de la miseria del lenguaje, de su apocalipsis.

–Es la incapacidad de las palabras por transmitir una realidad. Por eso hay momentos surrealistas, quiero agotar mi propio lenguaje, y siempre he creído que Dios está fuera de las palabras. Esa es la imposibilidad del poeta de alcanzar una divinidad, porque lo único que tiene es el verbo, pero nunca va a poder acceder a Dios precisamente porque está atrapado en el lenguaje.

–¿Busca el poeta la divinidad?

–Sí, acceder a la superación de la muerte, en el papel, donde se juega su propia vida. Muchos se han exiliado en la locura por eso, como Adán. Es el libro más moral que he escrito, de posición firme ante la muerte, porque antes podía ironizar, pero en este caso no.

–El libro viene cargado de una serie de acompañantes literarios. Están Adán, Eguren, Rimbaud. ¿Qué los hermana?

–Quizá un discurso insular, romper convenciones. Cojo sus ojos para mostrar una Lima marginal, del inconsciente y los monstruos de la razón, de los instintos más animalescos, una fuerza que nos domina y que fue lo que pasó en esa época y aún sigue latente.

–Monstruos de la razón que se manifiestan de manera inconexa, onírica. ¿Es una poesía críptica? A veces no tengo idea de qué estás hablando.

–Ni yo. Me sorprendo que el jurado lo haya entendido. Es mi libro más arriesgado, la intención es meterme en el inconsciente colectivo, fracturado, violento. Por eso la inconexión de figuras y escenarios. Y este Libro de Exilio es también un exilio del lenguaje, porque en los 90 se agotaron muchas estéticas, fingíamos ser poetas. Yo finjo ser poeta, pero mi búsqueda es afirmarme como tal, como alguien que pueda enfrentarse a la vida en paz. Es este un libro de dualidades, lo bueno y lo malo confrontado en una batalla final."

(Miguel Ildefonso en Madrid.)

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