6.9.10

Pessoa, Michon, ambigüedad


Releyendo el inagotable Libro del desasosiego (Acantilado, 2010), me topo con una frase que intenta deslindar entre el verso y la prosa:

Considero el verso como una cosa intermedia, un puente entre la música y la prosa. Como la música, el verso está limitado por leyes rítmicas, que, aunque no sean las leyes rígidas del verso regular, existen sin embargo como cautelas, coacciones, dispositivos automáticos de opresión y castigo. En la prosa nos expresamos libremente. Podemos incluir ritmos musicales, y a pesar de ello pensar. Podemos incluir ritmos poéticos, y a pesar de ello mantenernos fuera de ellos. Un ritmo ocasional de verso no estorba a la prosa; un ritmo ocasional de prosa hace que el verso tropiece.

Claro que tengo algunos reparos a la serie de consideraciones de Pessoa sobre ambos géneros, en especial sobre el poético. Pero no puedo dejar de pensar en Pierre Michon, en especial el de Vidas minúsculas (Anagrama, 2001) cuando se habla de una prosa que es capazde incluir ritmos musicales “y a pesar de ello pensar”. Los siete ensayos autobiográfico ficcionales (ya encontraré cómo llamarlos mejor) que conforman este libro destilan una fortaleza y suntuosidad, un rigor y versatilidad que pueden llevar al lector a una perplejidad gozosa.

Sin embargo, quiero referirme especialmente al texto “Vida de André Doufourneau”, que más allá de aportar algunos pocos datos autobiográficos de un autor oculto como Michon, tiene ostensibles marcas de ambiguación (neologismo) que el narrador utiliza para crear una atmósfera de incertidumbre, ambigüedad, subjetividad en un texto que simula un estudio histórico, por lo menos en grandes zonas del mismo.

Así, encontramos una abundancia, dosificada, de adverbios y expresiones que relativizan lo que se va a narrar, lo llevan al terreno de lo especular, de lo posible, lo deseable: “tal vez”, “quizás”, “seguramente”, “Me gusta imaginar que…”, “Nadie sabe ya si…”, Nada nos hará saber cómo…”, “Y me atrevo a creer por un instante, sabiendo que no fue así…”.

Como lo dice el mismo escritor francés: la escritura puede ser “un continente más tenebroso, más incitante y engañoso que el África”. Y estos recursos de estilo, estas punzadas profundas de ambiguación, tan bien utilizadas, camufladas con sapiencia, son los mejores aliados del escritor (o pueden serlo) para conseguir un texto ricamente elaborado, polilectural (otro neologismo); pero también sorprendente, que dé giros amenazantes, excitantes y estimulantes para el lector.

(Pierre Michon.)

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