4.11.10

Carnero y su dispersa convergencia


Inestabilidad y no linealidad, dos coordenadas –pero llamarlas así es rigidizar sus sentidos- que bifurcan y ramifican desde adentro el nuevo poemario de Carlos Carnero, Cántico no lineal (Edición de autor, 2010). La inestabilidad alude más que a la imprecisión de las imágenes o conceptos, a su desplazamiento, a su juego interno que desintegra toda noción de univocidad y, echando mano de la propuesta mallarmeana del Coup de dés, y de la teoría olsoniana, entrega al lector una dispersa convergencia de oraciones dirigidas a todos lados y a ninguno, pero tampoco a ningún centro, porque el discurso de Carnero está lejos de toda centralidad o jerarquía:

Y en la emergencia sostenida/ en discontinuidades/ superpuesta/ intermitente/ la granada divergente/ se detiene

Más bien el propósito puede ser una suerte de minimalismo formalista y racional donde “a priori no existe el amor sino las razones del amor” y donde el alma no es algo concluso y dado, sino que “se forma en el movimiento”. Así, Cántico no lineal configura una propuesta abierta, sin bordes, descentrada (no en el sentido de "fuera de un centro" sino de “sin centro”) y que de alguna manera gana una confluencia, converge hacia unidades de sentido que tienen que ver con experiencias mínimas aunque complejas, y experiencias precisas no trascendentes:

Granada/ entre las hojas/ detenida/ cuadrícula/ desprendida

En la casi obsesiva precisión del nombrar se esconde una visión maravillante del mundo; pero es un mundo transfigurado por el pensar, por el sentir del pensar y el pensar del sentir; de ahí su no linealidad, de ahí su novedad en un mar de poemarios lineales, previsibles, fáciles.

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