8.11.10

EL POETA INFLAMADO


pensamiento y poesía

En las tres conferencias heideggerianas que llevan por título “La esencia del habla”, el filósofo se acerca a una cuestión esencial en la poesía contemporánea: la relación entre poesía y pensamiento. Y digo esencial básicamente porque aun hoy muchos creen, o quieren creer, que hay una dicotomía, un divorcio irrevocable entre poetizar y pensar. Dice Heidegger:

Cuando reflexionamos acerca de la poesía, nos hallamos a la vez en el mismo elemento donde se mueve el pensamiento. Así y todo, no podemos decidir aquí de manera definitiva si la poesía es, en lo propio, una forma del pensamiento o si el pensamiento es, en lo propio, una forma de la poesía. Permanece oscuro para nosotros a través de qué se determina su verdadera relación y de qué origen procede propiamente lo que, bastante a la ligera, llamamos lo propio (das Eigentliche).

Lo propio tanto del pensamiento como de la poesía es el decir, ese es el elemento en el cual se mueven, y no solo eso: el reflexionar mismo sobre la poesía es dependiente de ese decir emparentado directamente con el habla, porque allí donde no hay habla no hay mundo (cito de memoria), como decía Stefan George.

La ilusión de separación, pues, entre pensar y poetizar es un fenómenos que empezó con el Romanticismo y tuvo su punto cimático en la época del dadaísmo y del surrealismo. Luego, las aguas volvieron a su cauce y tenemos experiencias poéticas muy diversas que mezclan, engarzan de diferentes modos, medidas y con resultados disímiles poesía y pensamiento: Mallarmé, Pound, Eliot, Valéry, Ashberry, Adán, Ojeda, Borges, etc., estimo que jamás se plantearon ese falso divorcio como no lo hace ahora, por poner un solo ejemplo vivo, José Pancorvo.

Bajo esta falsa premisa que hemos desentrañado, la poesía confesional, emocional, inflamada, imaginista tardía, desbocada y de simples aunque apabullantes ritmos repetitivos, suele tener mucho éxito entre cierto público cautivo (en el mejor y el peor de los términos) y “vitalista”. Pues el público bohemio espera del poeta una entrega total y una expresión desenfadada, “auténtica” (cualquier cosa que signifique ello a estas alturas) y, sobre todo, impactante.

Sin duda, la actualización de los saberes sobre teoría poética, el entendimiento -al principio arduo- de que pensamiento y poesía no se oponen irreconciliables, y el mejoramiento de los hábitos de consumo poético irán posponiendo facilismos vitalistas de efímero “éxito”, lo que permitirá al lector-escucha mejorar su valoración y conocimiento de ese país de bellos y escondidos parajes que es la poesía.

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