3.11.10

Gómez Jattin: Demencia y poesía


En su prólogo a Amanecer en el vallee del Sinú (FCE, 2010), antología de la poesía de Rául Gómez Jattin, afirma el recordado Carlos Monsiváis:

¿Qué es primero en el caso de Gómez Jattin: el personaje poético, todo construido de asimilación de los rechazos y de certificaciones del espíritu excéntrico, o la persona, empeñada en volverse en gran tema de su poesía? El dilema, o, si se quiere, el enredo, no desemboca en la querella sino en la complementación. En el “paraíso perdido” de Gómez Jattin el dolor es tan real como las metáforas, y la desdicha es no convertir los poemas en exorcismos…

Raúl Gómez Jattin nació en Cartagena, Colombia, en 1945, y murió a temprana edad en 1997. Dejo dos estelas, a cual más oscura que la otra: una obra poética ardiente, inapresable, pasional, pero siempre controlada de una manera asombrosa por cierto criterio autoeditorial que nunca lo abandonó, ni en los peores momentos. Y claro, está su vida, su demencia burlona y agresiva que lo llevaba a vagar sin zapatos por las calles, vestido de manera estrafalaria, robando lo que sea, fastidiando a sus propios amigos, fumando “bazuco”, mariguana o lo que se presente, ensimismado en su viaje a su propia ruina.

En realidad, lo que dijo, en uno de sus poemas, de Álvaro López, se puede decir del mismo RGJ:

Lentamente ha convertido en color
Metal y vidrio su alma embrujada

(…)

Le ha ido estrujando a la vida
Sus jugos más escasos y sutiles
Para volverlos forma Misterio indeclinable

Alquimista de sí mismo, experimentador incansable de lo más “tenaz” (como dicen en Colombia) de la vida, de aquello que los otros pobre mortales rechazan por peligroso y/o repudiable, Gómez Jattin fue capaz de convertir sus extremas realidades en brillantes metáforas, en historias que marcan al lector como una herida o, mejor y peor aún, como una cicatriz en el rostro. Sus poemas están llenos de él, y viven.

(El poeta.)

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