20.12.10

Una poética del pensamiento y de las formas


Estudio sobre la belleza
de Alonso Ruiz Rosas


Artículo aparecido en el diario El Buho, de Arequipa, hace un par de semanas.



Por Jorge Nájar

Ligada a numerosos aspectos de la existencia, la búsqueda de la belleza es, qué duda cabe, una de las cualidades del género humano. Tal vez por eso en el Estudio sobre la belleza de Alonso Ruiz Rosas esa búsqueda y sus aparentes plasmaciones son abordadas o “estudiadas” desde múltiples ángulos. En el terreno estricto de las formas, de entrada se nos pone ante el desbaratamiento de los cánones del verso: es el caso de la Introducción, muestra cabal de lo que Mallarmé denominaba, hacia finales del siglo diecinueve, la crisis del verso, la extinción de los moldes poéticos tradicionales en aras de la creación de nuevos parámetros.

En el meollo de ese caos resuenan sin embargo las interrogaciones fundamentales: “có-mo-se-rá / la-vi-da có-mo-se-rá / la-muer-te”. Versos truncados deliberadamente para expresar las mortificaciones entre las que se desarrolla la existencia. Versos en los que los pies y la respiración se rompen para marcar la idea del callejón sin salida en el que se ha metido buena parte del arte contemporáneo en su afán por crear nuevas formas susceptibles de expresar mejor sus preocupaciones. Grandes preguntas venidas desde los hondones de la canción popular: “una canción hecha con todo el amor y toda la / rabia que se lleva el maldito / viento”.

Desistir o asumir las rupturas formales que señalamos fue al mismo tiempo una actitud ética y estética, de combate entre renovación y tradición. Fue y sigue siendo. Por eso cabe preguntarse hacia dónde apunta el autor cuando, desde el fondo del cataclismo de las formas, regresa hacia los endecasílabos del cuerpo central de su Estudio. A lo largo de los cien tercetos y el cuarteto de cierre de este canto la voz avanza hablándonos de la intensidad de su presencia, a partir de la doble condición de la belleza: ilusión “en los abismos sepultada”, capaz empero de reaparecer y, al mismo tiempo, fruto deseado “en la copa del árbol de la vida” que inevitablemente “se desploma y desvanece”.

La voz, el ojo, el pensamiento parecen abarcar la percepción de la belleza desde la intemporalidad cósmica y la cadencia astral hasta los ciclos naturales y la angustiosa dimensión histórica, donde ella misma, impotente ante lo abyecto (“¿impide la belleza los horrores/ detiene la pulsión del genocida/ reviven a los muertos sus fulgores?”) al menos “pasa su roja lengua por la espada / vela entre las infamias y la gloria”. A partir de su presencia fugaz pero incesante el poema va estableciendo relaciones y correspondencias entre el universo y el ser (uno, todos) y su trágica marcha, desde el alba hasta el ocaso y desde el nacimiento hasta la muerte. En la confluencia de ambos crepúsculos brotan, precisamente, los desvelos humanos más apremiantes en relación a la búsqueda de la belleza: el arte y la gestualidad del deseo y la conducta, en un solo cuerpo musical que logra conjugar distintos planos de reflexión y emoción, concatenando definiciones a partir de imágenes persuasivas cuya trama se sostiene en el artilugio poético más que en la formulación de un sistema conceptual cerrado ( al fin de cuentas “la belleza es solo una palabra/ que en las altas montañas conceptuales/ discurre entre las cúspides y el abra”).

¿Cuál es la apuesta sumergida en esa ida y vuelta de la crisis del verso hacia la sabiduría métrica? Esta poesía no parece habitada por los fantasmas del poder o las retóricas hegemónicas. Tal vez sí por la idea de que el mundo se mueve en el poema, pero el poema no cambia el mundo. El desorden mental expresado en la Introducción busca en la armonía musical del Estudio un intento de respuesta a las interrogantes claves. El ritmo y la forma resultan elementos esenciales de esta expresión, de ahí la necesidad de marcar el contraste entre la crisis del verso y su regreso al endecasílabo.

No interesa en esta propuesta la defensa de versos y pies métricos tradicionales, sino solo su instrumentalización en un andamiaje de embriagadora intensidad rítmica. El rigor y ascetismo de sus postulados simétricos, de sonora exactitud y aparente frialdad racional, casi matemática, traducen de manera sutil la frustración del conocimiento no obstante la nitidez de las percepciones, inmersos como estamos en un permanente vértigo de alumbramientos y desvanecimientos, donde todo (o casi) se encuentra en tela de juicio. El dominio del solfeo en este orden verbal aparece así como la vía apropiada para tratar de revelar en toda su complejidad la experiencia de la belleza, aunque, en última instancia, la música verbal constate la imposibilidad de desentrañar su significado, tan misterioso como la propia vida que sustenta y despide (la belleza es también, no lo olvidemos, “última luz sobre la faz postrera”). En medio del hervidero, la búsqueda topa, cómo no, con el ser renovado en el arrojo de la aventura: “belleza del iluso con coraje / erguido ante el dragón y sus lascivos / cañones acerados y blindaje”. Poesía intensa y lúcida, un magnífico ejemplo de creación de todo un mundo del pensamiento y de las formas.

(Jorge Nájar.)

2 comentarios:

  1. Anónimo24.12.10

    coral, quise comprar tu libro en el Virrey y me dicen que no han dejado nada, que nunca estuvo. donde lo puedo conseguir???

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  2. le paso la pregunta a los señores de Paracaídas Editores.

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