28.7.10


De vacaciones por Colombia, no tengo mucho tiempo de postear estos días; pero los dejo con esta invitación que me envía Daniel Alarcón para la presentación de su graphic novel este sábado 31 en la FIL Perú.

23.7.10

La crueldad os hará brillar


¿Por qué bailar esta noche? ¿Saltar, brincar bajo los proyectores a ocho metros de la lona, sobre un alambre? Porque es necesario que te encuentres. Presa y cazador a la vez, esta noche te apartas, te huyes y te buscas. ¿Dónde estabas antes de entrar a la pista?
Tristemente confuso en tus gestos cotidianos, no existías. En la luz, sientes la necesidad de ordenarte. Cada noche, para ti solo, vas a correr por el alambre, retorcerte, hacer contorsiones a la búsqueda del ser armonioso, confuso y despistado en la espesura de tus gestos familiares: atar tu zapato, sonarte, rascarte, comprar jabón… Pero ni te acercas ni te sientes sino sólo un momento. Y siempre en esa soledad mortal y blanca. Sin embargo, tu alambre –vuelvo a lo de siempre- no olvida que es a esas virtudes a quien debes tu gracia. A las tuyas, sin duda, pero con el fin de descubrir y exponer las suyas. El juego no le sentará mal ni a uno ni al otro: juega con él. Provócale con el dedo de tu pie, sorpréndele con tu talón. El uno con respecto al otro, no temáis la crueldad: cortante, os hará brillar. Pero tened cuidado siempre de no perder nunca la más exquisita cortesía.


---Tomado de Para un funámbulo (Olañeta, 1999), de Jean Genet, dramaturgo, novelista, poeta y maldito entre malditos del siglo XX.

20.7.10

Zapata en flor...


Como se sabe, el poeta Miguel Ángel Zapata vino a Lima para presentar una antología de su poesía publicada por una universidad local, y para ver la edición de una antología de poesía peruana reciente incluida dentro de la revista de literatura de la Universidad de Hofstra (EE. UU.). En Expreso le hicieron algunas preguntas:


–En su poesía la ciudad siempre está presente…
Soy una persona urbana totalmente, por haber crecido en una ciudad como Lima, pero siempre he podido combinar ese aspecto con espacios más misteriosos y naturales, porque me gusta mucho caminar solo o pasear en bicicleta por lugares solitarios, tranquilos o llenos de árboles. Mis textos combinan esos dos aspectos.

–Sus textos hacen gala de sencillez y de precisión…
Creo que la sencillez es más difícil de lograr que lo abstracto. Cualquiera puede hacer un garabato y decir que es arte. No creas que no me gusta el abstracto. Me gusta Jackson Pollock, por ejemplo, y descubro muchas sensaciones. También hay ensayos oscuros o engorrosos que no me gustan, no por complejos sino porque no saben llegar al lector. La sencillez del lenguaje es sumamente importante para mí en cualquier campo, sin que esto desmerezca la cuestión de fondo.

–Nueva York es un tema frecuente en su poesía. A diferencia de García Lorca, usted tiene una mirada positiva sobre esta ciudad…
Es cierto, no hay nada perturbador en mi visión de Nueva York, más bien todo lo contrario. Aunque en mi poema “El muro” critico un poco el accionar de EE UU tras el 11 de septiembre, pero por lo general no trato directamente el tema político. Escribo sobre todo acerca de las sensaciones que la ciudad me produce y me diferencio mucho de García Lorca en ese sentido.

–En qué momento se da cuenta de que tiene un poema entre manos…
Escribo mucho basado en experiencias, pero más en base a lecturas. Una vez leí un poema de William Carlos Williams y me quedó la sensación de las ventanas y de los aromas, tanto así que un día caminando por una zona llena de plantas recordé el poema de Williams e hice mi propia interpretación de su texto. Surgió de las sensaciones que la lectura me dejó…

–Cambiando de tema, ¿qué poetas peruanos jóvenes destacaría?
César Vallejo. Para mí, cada día que pasa Vallejo es más joven. Me gusta más que Eguren. A diferencia de Carlos Germán Belli y Antonio Cisneros, a quienes les gusta más Eguren. Entre los poetas menores de cuarenta años te puedo mencionar a Miguel Ildefonso, Paul Guillén y Andrea Cabel.

–Finalmente, ¿qué viene preparando ahora?
Hay un libro que debe salir este año en Sevilla, es una antología mínima dedicada a mi poesía, intitulado “Parque Central y la lluvia”. Aparte, tengo listo un libro de ensayos sobre poesía y arte, que probablemente sea publicado en Puebla. Y un libro de poesía inédito, llamado “Fragmentos de una manzana”, al cual le estoy buscando un editor para poder publicarlo.

Y el respetable crítico literario Ricardo González Vigil publicó una elogiosa reseña del libro en El Comercio, Luces, del 5 de julio. Pueden verla.

(Miguel Ángel Zapata, poeta.)

19.7.10

En estos días…


leo, gracias a la gente de Alfaguara, la entretenida y enganchante novela de Jaime Bayly, El escritor sale a matar, primera parte de una trilogía llamada Morirás Mañana. Se trata de un policial a clef donde son asesinados conocidos personajes de nuestra “farándula” literaria.

La primera víctima es Hipólito Luna, un aún joven escritor frustrado y crítico envidioso, “melenudo piojoso”, que dicta talleres literarios y adolece de una dicción balbuceante. El resto no es menos divertido, sobre todo si reconoces al toque a los personajes, pero no voy a malograrles el placer de leer esta novela deliciosa.

Por otro lado, estoy leyendo El sexo y el espanto, un subversivo y sorprendente estudio de Pascal Quignard, acaso uno de los prosistas franceses más importantes, junto con Michon. El libro se basa en la etimología y en la observación perspicaz de murales, vasijas e iconografía greco-romana que lleva a pensar al escritor francés sobre los orígenes de nuestras concepciones sobre sexualidad, homosexualidad, heterosexualidad, relaciones adultos-niños, ritos de iniciación y otros temas muy interesantes y tratados con originalidad.

Finalmente, apenas acabo de empezar a hojear Después de la muerte, de Luis Millones, un estudio antropológico sobre cómo ideas sobre la muerte, el limbo, los ángeles cambian con el tiempo y las circunstancias en algunas zonas claves de nuestro país: Ayacucho, el desierto del norte, la Amazonía. Realmente notable el esfuerzo de Millones. Servidos.

(Portada de Moriras mañana-el escritor sale a matar, la reciente e indolente novela en clave de Bayly.)

Elogio de la sintaxis en Zacatecas


Este artículo no tiene pierde. En El País de hoy varios escritores -en el marco del Festival Hay de literatura- opinan sobre la posición predominante de la sintaxis en el momento de escribir. Atención, escritores jóvenes y no tan jóvenes, entérense de por qué a veces sus escritos solo los entienden ustedes.


Trece años y cinco meses después de que el Nobel Gabriel García Márquez desafiara ante un pelotón de gramáticos las zonas "rupestres" de nuestra ortografía, un grupo de escritores más jóvenes que él reivindicaron aquí, en el mismo sitio donde Gabo lanzó su estallido, la salud de la otra parte de la ecuación, la sintaxis. A la sintaxis, dicen, no hay quien la tumbe.

García Márquez rompió el hielo de los gramáticos, congregados en el Primer Congreso de las Academias de la Lengua celebrado en Zacatecas en abril de 1997, convocándolos a acabar con ciertas haches y con ciertas bes y ciertas uves, y los colocó ante la disyuntiva de despojar al idioma de sus corsés para simplificar la gramática. Tuvo el cuidado el autor de Cien años de soledad de no tocar la sintaxis, aunque la rozó.

En el Festival Hay que se celebra por primera vez en Zacatecas, preguntamos a un grupo de creadores de la lengua española por la salud de la sintaxis. "Potente", dijeron. Lo de Gabo ahora se toma, dice Juan Villoro, como una provocación que le hizo bien a la lengua. En realidad, dice el escritor mexicano, de vez en cuando al lenguaje hay que quitarle polilla, y eso logró. En aquel momento, como recuerda Sergio Ramírez, el autor nicaragüense, fue Álex Grijelmo, entonces responsable del Libro de Estilo de EL PAÍS y ahora presidente de Efe, quien le demostró con hechos ortográficos a Gabo que su proposición se volvería como un bumerán contra su propio buque insignia: nadie entendería las veinte primeras líneas de Cien años de soledad si se la sometiera el rigor divertido de sus leyes.

Y es que tú puedes tocar la ortografía y volver loco al mundo, como sugiere Héctor Abad Faciolince, "porque la psicología de leer y de escribir ya es centenaria, no se puede interrumpir". Y con la sintaxis es aún más difícil jugar. Está ahí, es una convención llena de sentido. Es el sentido. Cuando Héctor era un chico de escuela en Medellín, su ciudad en Colombia, le descubrió un maestro que la sintaxis responde a las leyes del semáforo. Si tú pones primero el ámbar que el verde fastidias la ecuación, creas un desorden mundial terrible. Y la sintaxis es un orden, mental e incluso sentimental, incrustado ya en los órganos de la memoria de la lengua. Tú puedes decir de cualquier manera la expresión "yo tengo mucha sed", porque la sintaxis no pone en ningún momento el semáforo en rojo. La única condición es la que recuerda Grijelmo que le decía Walter Matthau a Jack Lemon en la versión española de Primera Plana: "Haz lo que quieras, pero no acabes nunca con una preposición". (Sigue leyendo).
(Juan Villoro, estupendo narrador y ensayista mexicano.)

El fondo del cielo


Francisco Melgar Wong se nota afiatado al comentar la reciente novela de Rodrígo Fresán, El fondo del cielo, en el Luces de hoy. Aquí el texto.


“El fondo del cielo” es la esperada novela de ciencia ficción que Rodrigo Fresán venía prometiendo desde hace años. En ella, el escritor argentino afincado en Barcelona nos cuenta la historia de dos jóvenes primos entrelazados por su amor a los viajes interplanetarios. La novela se desarrolla gracias a un melancólico monólogo que el narrador usa para volver al pasado, a la época en que él y su primo Ezra formaron el grupo Los Lejanos, al que no tardaría en unirse el joven millonario Jefferson Franklin Washington Darlingskill, o simplemente J.F.W. En general, la novela condensa muchas de las obsesiones de Fresán por la cultura estadounidense, no solo en el uso de los nombres propios y de las ciudades y las calles donde transcurre la acción, sino en la forma en que se inscribe dentro de las nuevas tendencias narrativas afincadas en ese país (que combinan el tratado científico, el diario íntimo, el periodismo, la poesía y la novela clásica) y que practican escritores como David Forster Wallace y Dave Eggers. Y en particular, es un homenaje al escritor de ciencia ficción favorito de Fresán: Philip K. Dick, quien aparece en “El fondo del cielo” transfigurado en Warren W. Zack. “Zack que estaba loco, que se hizo escritor de ciencia ficción recién cuando comprendió que nadie publicaría sus extrañas novelas realistas con parejas siempre discutiendo”, escribe Fresán rindiéndole el esperado homenaje a su mentor como si de realizar la última misión intergaláctica se tratara.

(Fresán.)

15.7.10

Caretas literario


Les recomiendo la edición de hoy de la revista Caretas, que tiene abundante información sobre literatura. Primero, un adelanto de la novela de Carlos Calderón Fajardo, La novia de Corinto; donde se narra un encuentro nada menos que entre Abimael Guzmán y Sarah Hellen.

Luego hay un informe sobre lo más importante de la inminente FIL Perú 2010, en la cual Alonso Cueto será el homenajeado, así como el extraordinario poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum. También se anuncian nuevos libros de Renato Sandoval, Edmundo Paz Soldán, Jaime Bayly y Fernanco Ampuero, entre otros.

José Donayre Hoefken, en su columna "olor a tinta", se ocupa del poemario de Jorge Díaz Untiveros: En mi callar hay un mundo (Rayuela, 2010), y finalmente, pero no es lo menos importante, el poeta Jerónimo Pimentel aborda la primera novela del periodista Juan Carlos Méndez, titulada Pandilla interior y publicada por El santo oficio. Una novela que combina "alta cultura" e "hipercoloquialismo", según afirma el poeta. Servidos.
(Jorge Enrique Adoum, poeta ecuatoriano homenajeado en la FIL Perú.)

13.7.10

Pignatari


Hace algunos días, a un precio cuasi prohibitivo, logré conseguir la antología bilingüe que Gonzalo Aguilar -especialista en poesía concreta brasileña- hizo, en edición de superlujo y formato mayor, para la Universidad Iberoamericana de México. En la "Presentación", Haroldo de Campos, nada menos, nos recuerda que "la poesía concreta brasileña se proclamaba verbi-voco-visual y rompía los límites de las bellas letras académicas, para situarse en la contemporaneidad de los desarrollos que tenían lugar en las artes plásticas y en la música... (buscaron) la posibilidad de una intervención poética del tipo participante o 'comprometido', donde los contenidos estuviesen indisolublemente ligados a una forma revolucionaria".

Galaxia concreta, así se llama esta fabulosa antología que tengo el privilegio de tener -ventajas del trabajo estable y aceptablemente remunerado-, contiene abundantes trabajos, transcreaciones traducciones y poemas visuales y vanguardistas del famoso grupo Noigandres, que inició la revuelta concretista en Brasil, formado por los hermanos Augusto y Haroldo de Campos, y por Décio Pignatari, tal vez el menos conocido del grupo y el que aún está entre nosotros.

Por ello he elegido un poema-"aviso comercial" de él, para que vean hasta dónde puede llegar la exploración poética si no se tiene, por un lado, miedo de hacer cosas distintas, y, por el otro, si no se muestra uno estúpidamente inflexible ante las críticas, aun si son hechas con sutileza. En este link pueden encontrar más obras de Décio.


12.7.10

ÉXITO MEDIÁTICO Y CALIDAD POÉTICA


Me temo que hay demasiados poetas, y no solo jóvenes, que confunden estos dos aspectos del fenómeno poético. Es una suerte de tara satisfactoria que se vino gestando desde los ochenta, con algún grupo preocupado por escandalizar y colocarse en la línea de mira de los fotógrafos de diarios a los que en el fondo detestaban, pero continuó durante los noventa y sus luces de neón, para arreciar luego en las generaciones siguientes, cualesquiera que estas sean.

El éxito mediático es muchas veces aleatorio, algunas inmerecido y siempre relativo y cambiante. Recuerdo que una vez Vila-Matas contó que durante los ochenta le fue muy mal con las reseñas de sus libros; y ahora es toda una superestrella mediática. Lo mismo pasa con poetas peruanos que en los setenta o noventa llenaban páginas de las secciones culturales, y hoy están sepultados en el más injusto (o justo) olvido.

La calidad poética casi no guarda relación con el éxito mediático, o esa relación es irrelevante. Hay muy buenos poetas con muy buena prensa: Montalbetti y Pimentel padre, digamos, y hay poetas excluidos por la crítica periodística (la supérstite, famélica) que tienen una calidad excepcional: Emilio J. Lafferranderie, Enriqueta Beleván, Paul Guillén, Salomón Valderrama, otros.

Pero eso no es todo. Lo peor es que algunos jóvenes confunden publicación con existencia poética, y se preocupan más por publicar que por escribir algo interesante; por ser reseñados -lo cual persiguen con desvergonzada fruición- aunque sea negativamente, en lugar de conocer nuestra tradición poética. Sin duda, esto es producto del hipermediatismo actual. Así, tenemos poetas de menos de treinta años con cinco poemarios publicados, varias invitaciones a eventos internacionales (ganadas a pulso y codazo) y una legión (es un decir) de admiradores que no dejan de acompañarlos (con rones y chelas, claro) cada vez que se presentan en el Averno, el Yacana o en el bar Zela.

Todo esto pasa como si un recital, por sí mismo, tuviera alguna importancia con respecto al camino poético que cada uno tiene que forjarse, con la fidelidad a la escritura que debe ser el norte de todo poeta simplemente porque siempre ha sido de esa manera. Muchos poetas jóvenes han caído en un relacionismo, en una euforia autocelebratoria engañosa y… fútil. Piensan que leerse entre ellos y felicitarse unos a otros de una manera ombliguista –sin debatir nada- los puede llevar a algo más que a un penoso autoengaño.

(Incluso hay quienes, sin haber estudiado literatura siquiera, ni mucho menos haberse enterado bien de qué va esta ardua forma de existir que es la poesía, dictan talleres poéticos “hechos en casa”, aumentando más gasolina al fuego de la confusión poética predominante).

Por ello, antes de aceptar invitaciones –y no soy el único, por fortuna-, participar en recitales o prestar mis textos para antojolojías y componendas literarias, pienso en Ojeda, Chirinos Cúneo, Ramírez Ruiz, los hermanos Peralta y tantos otros poetas que nunca se afanaron por “estar” donde revienta el cohete (ni porque le revienten cohetes, por supuesto); sino que dedicaron su vida a la escritura poética, a "ser" en poesía, y a la reflexión sobre su trabajo y el de los demás. Jamás pensaron, como me dijo un poeta "exitoso" alguna vez, que “no importa que hablen mal de tu libro, lo importante es que hablen”.

(Poetas Chirnos Cúneo y Juan Ojeda junto a otros creadores.)

9.7.10

Vila-Matas en Lima


He buscado minuciosamente en los principales diarios del Perú algo sobre la conferencia que dio ayer el escritor catalán junto con Gabriel Ruiz Ortega, pero no he hallado nada. Si tienen algún link, enviénlo por favor. Mientras tanto, será bueno revisar la entrevista que publicó ayer en Luces Enrique Planas al autor de Doctor Pasavento.


-Supongo que está harto de que le pregunten cuánto de autobiográfico tiene esta novela.

Me lo preguntan siempre, pero no soy un caso único ni mucho menos. Últimamente hay una gran presión de los lectores por saber qué es verdad y qué ficción. Todos buscan distinguir ambas, como si la ficción hubiera perdido verosimilitud. La verdad es que poco importa. Siempre hay elementos autobiográficos en lo que escribe uno.

-En alguno de sus ensayos citaba a Proust cuando dice: “Nuestra personalidad social es una creación del pensamiento ajeno”. ¿Cuánto de ese pensamiento ajeno ha construido su antigua imagen de bebedor, de enfermo de literatura?

Lo de enfermo de literatura es algo que todavía persiste e intento desmontarlo diciendo que, cuando estoy solo, pienso muy poco en literatura. En cuanto a la otra, otros crearon de mí un personaje, a veces agresivo, acodado en las barras de los bares. Me pasaba horas escribiendo, pero solo se me veía en la barra de un bar cuando salía. Luchaba contra esa idea que se había creado de mí, pero es cierto, somos prisioneros de la visión que tienen los demás de nosotros.

-En entrevistas, a propósito de “Dublinesca”, decía que ahora es un escritor realista. ¿Es también una forma de romper esa imagen que se tiene de usted?

Yo voy cambiando también. En “Dublinesca” empecé a sentir un gran placer por elevar a la categoría de arte la vida cotidiana del protagonista, un editor gris y aburrido. Me di cuenta de que eso me acercaba, salvando claras distancias, al Flaubert de “Madame Bovary”, por su intención de convertir en arte lo cotidiano. De hecho mi novela es morosa, lenta, se demora mucho en insignificancias. Encontré un camino abierto, inesperado, “realista”.

-Un camino —ha confesado— que tomó después de una enfermedad que casi acaba con usted. ¿Puedo preguntarle qué tuvo?

Un problema renal que aún persiste. Consecuencia de mi mala conducta en la vida, que me llevó a lo que yo llamo un colapso físico. Ocurrió en Buenos Aires, hace 4 años. Estuve gravísimo, pero ya he salido de eso. Fue el final de una etapa de mi vida muy enloquecida que me condujo a un cierto castigo. Y con ello decidí también que había terminado una etapa literaria y comenzaba otra. Hoy me siento como el heredero de Vila-Matas, alguien que gestiona su obra. De hecho muchas de las cosas que he hecho en estos últimos cuatro años han significado una vuelta a la serenidad, a perder el temor a enfrentarme con la realidad, de la que escapaba con mis salidas nocturnas. La lucidez me ha llevado a tomar decisiones de todo tipo con respecto a mi vida. ¡Hasta he cambiado de casa en Barcelona, después de 33 años!

(Enrique Vila-Matas.)

7.7.10

Ampuero en Colombia



Fernando Ampuero fue invitado al festival Malpensante 2010 en Colombia, junto con Enrique Vila-Matas, Guillermo Martínez y otros narradores de fuste. En El Universal le hicieron una entrevista que comparto con ustedes.


DETRÁS DE LA HISTORIA

¿Cómo fue el proceso de investigación?

—Yo no investigo mucho, si bien soy periodista de investigación para lo que es la novela, siempre estoy atento, estoy mirando. Este proceso de investigación por su puesto que se dio: un 50 por ciento de manera consciente y el otro 50 por ciento porque lo respiro, lo veo. Un escritor debe escribir sobre las cosas que conoce, sobre un escenario determinado y saber cómo huele cada rincón, porque de esa manera el lector va a sentir que lo está viviendo.

¿El libro es una denuncia sobre la situación de los taxistas?

—Todos mis libros tienen una carga de denuncia, pero absolutamente involuntaria, no estoy haciendo una literatura panfletaria y tampoco me interesa, porque la detesto. Yo escribo lo que pasa, cuento historias de amor. Tienen unos entresijos de una realidad en la que se denuncian muchas cosas. La gran diferencia entre la novela policial y la novela negra, es que la primera solo está preocupada en encontrar el asesino y la segunda no, porque le interesa describir todo el contexto social, en mostrar las contradicciones de la vida, de la sociedad, y qué es lo que los lleva a una conducta determinada. Sin querer se convierte en una novela de denuncia, ese es uno de los niveles de lectura que tiene el libro. Yo veo otros niveles: el literario, el de la historia de amor, el de la realidad que vivimos.

¿Cómo fue la recepción del libro en Lima, a donde llegan cientos de turistas?

—Las novelas no están clasificadas para promocionar a Perú. Pero sí, muchos amigos míos viajaban a Lima y me preguntaban cómo debían tomar taxi. Lo que narro no lo inventé yo, ya estaba pasando. Lo que sí tuvo repercusión es que los negocios de taxi seguros, por teléfono han crecido enormemente, ellos han sido los más beneficiados.

¿Cómo fue la recepción de los taxistas frente al libro?

—Los taxistas saben cómo es su oficio. Son asaltados permanentemente, viven con una llave debajo del asiento para salir a defenderse, están en una situación compleja. Y este es un grupo de taxistas que venden borrachos (los de la novela), y es como ver una película. En el libro los lectores no tienen una escala de valores con quien identificarse, de pronto con algunos detalles de conducta.

¿Qué le han dicho cuando se sube en un taxi?

—En Perú hay una industria clandestina de la piratería, libros, taxis. Me he encontrado con taxistas que me pasan la voz y me dicen "íseñor Ampuero! no sabía que usted conocía tanto de la vida de los taxistas", absolutamente increíble. Me decían disculpa pero me he leído el libro pirata.

EL ROSTRO DETRÁS DEL PERIODISTA

¿Cómo escoge las historias que finalmente quedan en los libros en medio de la multitud que encuentra en la calle?

—Como editor de revistas recibo cientos de historias, la mayoría se las doy a muchachos jóvenes, porque soy el editor, el tallador. Algunas me las reservo, todo depende del tiempo, porque para llevar esta doble vida, escritor y periodista, se requiere de una disciplina. Creo que uno va intuyendo cuáles son las historias porque uno escribe los libros que tiene dentro. Y las historias de pronto se pueden encontrar en esa anécdota, que es tan distinta a tu vida personal. La única regla para escribir es hacerle caso a Moisés, que escribió el decálogo de los 10 mandamientos. Un novelista o un escritor de ficción lo que tiene que hacer es que sus personajes sistemáticamente violen todos los mandamientos, de tal manera que si alguien roba, mata o desea la mujer del prójimo hay conflicto. Si hay conflicto hay una historia.

¿Qué autores influenciaron su carrera?

—Me influenciaron todos los escritores que leí y me gustaron y los que leí y no me agradaron. Los que me gustaron me hacían pensar que algún día yo podría emocionar así a un lector, y los que no, pues ojalá nunca escriba como ellos. Puedo decir que leí mucha novela rusa, francesa, y luego descubrí la literatura americana y latinoamericana. Albert Camus, Hemingway y una cantidad de autores que se caracterizan por tener un lenguaje sencillo y directo con una densidad literaria propia de un autor barroco, sin necesidad de tener ese lenguaje de frases que se cabalgan. Elegí ese modo.
(Sigue leyendo)

(Ampuero firmando libros en Bogotá. Presentará dentro de poco otra edición de sus cuentos completos.)

Presentación de poemario


6.7.10

Las citas de Dublinesca


Como saben, el escritor catalán, hoy figura del Grupo Planeta, llega a Lima esta semana para presentar su novela Dublinesca, de Seix Barral. La editorial ha tenido la amabilidad de enviarme un ejemplar, pero como estoy en semana de cierre en el trabajo, apenas he podido hojearlo, mordisquearlo aquí y allá.

Sorprende el conocimiento de EV-M sobre la literatura irlandesa. En las páginas de Dublinescas encontramos un comentario a un poema de William Butler Yeats, abundantes referencias a la vida y la obra de Sameul Beckett, una indagatoria sobre el dramaturgo y poeta Brendan Behan, y, por supuesto, abundantes referencias al Ulises y al Finnegans wake.

Como dice la contraportada del libro: “Enrique Vila-Matas regresa con una novela que parodia lo apocalíptico al tiempo que reflexiona sobre el fin de una época de la literatura. Una novela deslumbrante, abierta a las más diversas lecturas, un verdadero regalo poblado de sorpresas”.


(Portada.)
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