
El mismo narrador nos sugiere que “estamos viviendo aproximadamente en la época de Ray Bradbury (de Farenheit 451), pero sin bomberos que actúen como “inquisidores del pensamiento". En este contexto, el ex escritor que funge de narrador recibe la oferta de reemplazar a Albatros, un escritor que acaba de morir, en la producción anual de novelas, en específico de una que imaginara cómo sería el mundo en el año 2900. Forjado en las ciencias de la agricultura, aunque con algún fogueo en las letras, el protagonista sopesa su decisión, consulta con su familia, y finalmente decide comunicar su “insuficiencia para componer el libro”.
Pero algo malo sucede: Aldo, su hijo, enferma de manera tan radical que el narrador dice: “empezamos a perderlo”. Aislados de su propio hijo por reglas ultrarrigurosas de prevención de los seres sanos, el narrador se ve obligado a demandar una “autorización para emigrar yo y los míos”, no a otro planeta sino a la vieja Tierra, algo considerado como una involución, como una decisión estrambótica y tal vez repudiable. Al dejar su ciudad volátil, Gamine, al narrador -vista desde lejos- su ciudad le parece “semejante a una bandeja de piedras preciosas sin apoyo en el espacio”.
Afincados en el campo, o lo que era el campo, los esposos hallan un espacio íntimo, y unas reglas más humanas para la muerte de su hijo. Lo enterraron en un cementerio encima de una loma, un lugar adonde le pueden llevar flores y, la madre, canturrearle y hablarle de vez en cuando. Un sitio de recuerdo y comunión que jamás hubieran tenido en la ciudad volátil.
Por las noches, el padre se asoma por encima del brocal y ve en el fondo del pozo “un ojo de luz penetrante que mira y se mueve”. Probablemente sea el reflejo de un astro o de una ciudad; pero el padre piensa que esa mirada lo llama y lo llama “para que lo siga”, y él le responde con una voz firme que refleja una férrea decisión: “Sí, hijo. Ahí voy contigo.”.
Este relato sobriamente humanista, de anticipación, forma parte de Cuentos del exilio (1983), incluido en los Cuentos completos de Antonio Di Benedetto. Una apuesta por la muerte digna, real, la que rehumaniza a seres que han perdido su relación con ella y con lo que tiene de dadora de sentimientos y sentido. Un suceso crucial en la vida de los hombres trivializado por el progreso.
(Antonio di Benedetto.)










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