Este blogger acusa recibo de tres poemarios de diversas facturas, texturas e intenciones. El primero que quiero comentar es el Libro primero de los Opúsculos, de Pedro Cabrera Ganoza, poeta peruano transhumante que murió por mano propia en 1992, dejando este libro inédito, ahora editado por ptyx editores. Poesía experimental que juega con tipografías, silencios, espacios y, sobre todo, significados a veces crípticos.
Todos los trágicos desiertos, de Miguel Ildefonso, es una plaqueta que reúne un puñado de textos que giran en torno a la figura del poeta asediado por la soledad, la marginalidad, las mujeres "vitales" y, como dice el editor, Paolo Astorga, "es su voz un enfrentamiento con su condición aún por configurarse en identidad, en el ser que vive el exilio del desierto intentando una especie de purificación descuartizadora". Edición no venal, con suerte pueden encontrar por ahí uno de los 200 ejemplares publicados.
Shadowplay, de Vedrino Lozano Achuy, debe ser una de las propuestas más frescas que se han dado en los últimos años en poesía. Tal vez por ello los comentaristas que agobian el paratexto no terminan de asir su significado esencial: la re-creación de un ícono de la cultura musical popular (Ian Curtis, cantante de Joy Division y símbolo del llamado no future ochentero) que le sirve al autor como pretexto para viabilizar sus obsesiones más intensas y oscuras bajo la forma de un supuesto diario. Notable esfuerzo literario que mereció, tal vez, mayor extensión.
(portadas.)
Todos los trágicos desiertos, de Miguel Ildefonso, es una plaqueta que reúne un puñado de textos que giran en torno a la figura del poeta asediado por la soledad, la marginalidad, las mujeres "vitales" y, como dice el editor, Paolo Astorga, "es su voz un enfrentamiento con su condición aún por configurarse en identidad, en el ser que vive el exilio del desierto intentando una especie de purificación descuartizadora". Edición no venal, con suerte pueden encontrar por ahí uno de los 200 ejemplares publicados.
Shadowplay, de Vedrino Lozano Achuy, debe ser una de las propuestas más frescas que se han dado en los últimos años en poesía. Tal vez por ello los comentaristas que agobian el paratexto no terminan de asir su significado esencial: la re-creación de un ícono de la cultura musical popular (Ian Curtis, cantante de Joy Division y símbolo del llamado no future ochentero) que le sirve al autor como pretexto para viabilizar sus obsesiones más intensas y oscuras bajo la forma de un supuesto diario. Notable esfuerzo literario que mereció, tal vez, mayor extensión.
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