
ENTRE LO ADORABLE Y LO MONSTRUOSO: EL ORDEN APARENTE Y LA ENTROPÍA
Estudio sobre la belleza
Alonso Ruiz Rosas
Cuzzi editores, 2010.
En poesía, en lo que prácticamente constituye una regla al igual que en otras disciplinas, después de un ciclo de ruptura suele producirse una vuelta a lo clásico. Tal giro supone un cansancio frente a la experimentación y por lo tanto apela a una tradición consolidada en búsqueda de seguridad y diferencia. En Perú esto sucedió con las obras de Martín Adán y Xavier Abril en las vanguardias y, en distinto grado, como un contrapunto, en poetas de otras promociones como José Ruiz Rosas, Arturo Corcuera y Marco Martos.
El caso de Alonso Ruiz Rosas reivindica dicha filiación desde su singularidad en la poesía peruana de los años ochenta. Pese a esta clara vocación de estilo el poeta de Estudio sobre la belleza responde, en una constante de su escritura, a una necesidad expresiva en la que su subjetividad se impone sobre cualquier consigna formal o ideológica. Con una muy peculiar mezcla de mesura y ambición, Ruiz Rosas en Estudio sobre la belleza aborda directamente uno de los grandes temas de la experiencia artística: la fascinación por la hermosura y su vinculación con la muerte.
A pesar de sus atuendos clásicos, el poeta asume una propuesta no exenta de riesgo y rebeldía pues, como se sabe, la sensualidad y lo sublime como categorías han sido reiteradamente desmontadas o desvirtuadas desde la filosofía postestructuralista y los medios de comunicación.
Fiel a su época, y desde una experiencia vital e intelectual que no ignora esta crisis de fin de siglo, Alonso Ruiz Rosas celebra la belleza desde la incertidumbre, como aquello que da sentido a la existencia y conecta nuestra naturaleza efímera con el Absoluto, con lo Eterno.
Certeramente, Ruiz Rosas denomina a este libro como estudio, es decir, no propone un tratado ni un ensayo versificado. El poeta sabe que su mirada no es concluyente y no se permite ser discursivo. Pero tampoco su aproximación es impresionista o lírica: la belleza ha dejado de ser el éxtasis de los sentidos y se mira en el espejo (es en sus palabras: “la fusión del deseo y la memoria”); observamos su refracción, reconociéndola como un potencial recuerdo, una naturaleza imaginaria o conceptual, inevitablemente tentativa.
Estudio sobre la belleza supone, entonces, un libro que plantea algo parecido a una puesta en escena, una representación, pues su inicio (un sobrecogedor diálogo en verso libre) constata la derrota de lo humano (o, si se prefiere, de la subjetividad decimonónica). El por qué continuar se convierte, por lo tanto, en la pregunta que recorre todo el poemario. En este punto la forma métrica (tercetos endecasílabos) se transforma en una adecuada estrategia para la progresión y el análisis (esa duración escogida por quien escribe) aunque las conclusiones parecen ser inevitables y ya transitadas. El orden -o mejor dicho su simulacro- se alcanza de forma antiheroica y arbitraria, no por desarrollo sino por agotamiento.
El ansía de belleza se presenta en consecuencia como el culto a una contradicción, como en Martín Adán con la invocación a la Eternidad tras el disparate puro. Sin embargo, la incoherencia y la sorpresa no se plasman ya verso a verso, sino a partir de las paradojas y los silencios de la reflexión monótona; de una forma más sutil, engañosa y que no niega el azar, pero tampoco la dimensión moral, la dignidad que puede extraerse de la vida misma. Una opción lúcida ahora que el desgarro romántico está prácticamente invalidado y reiteradamente se propugna la indiferencia: “surgió lo bello del pavor y el lodo / surgió del cataclismo del inicio / si no lo antecedió al formarse el todo”.
Así, para Alonso Ruiz Rosas la belleza es plural y sucesiva. Es mortal y, por lo tanto, se encuentra en todos los tiempos, en lo grandioso y en lo nimio, en la violencia y en lo tierno (“La belleza pasea por la historia / pasa su roja lengua por la espada”). De este modo, y superando su aparente constricción formal, el poeta invoca una belleza consciente de sus brillos y de sus límites, cotidiana y democrática, metapoética y barroca, pero que no por esto deja de conectar con lo trascendente. Estudio sobre la belleza brinda, desde su incertidumbre, una afirmación rotunda y casi olvidada: lo bello es el destino del esteta y esta es una condición del ser humano y del artista.
Martín Rodríguez-Gaona.
(poeta Alonso Ruiz Rosas.)
Estudio sobre la belleza
Alonso Ruiz Rosas
Cuzzi editores, 2010.
En poesía, en lo que prácticamente constituye una regla al igual que en otras disciplinas, después de un ciclo de ruptura suele producirse una vuelta a lo clásico. Tal giro supone un cansancio frente a la experimentación y por lo tanto apela a una tradición consolidada en búsqueda de seguridad y diferencia. En Perú esto sucedió con las obras de Martín Adán y Xavier Abril en las vanguardias y, en distinto grado, como un contrapunto, en poetas de otras promociones como José Ruiz Rosas, Arturo Corcuera y Marco Martos.
El caso de Alonso Ruiz Rosas reivindica dicha filiación desde su singularidad en la poesía peruana de los años ochenta. Pese a esta clara vocación de estilo el poeta de Estudio sobre la belleza responde, en una constante de su escritura, a una necesidad expresiva en la que su subjetividad se impone sobre cualquier consigna formal o ideológica. Con una muy peculiar mezcla de mesura y ambición, Ruiz Rosas en Estudio sobre la belleza aborda directamente uno de los grandes temas de la experiencia artística: la fascinación por la hermosura y su vinculación con la muerte.
A pesar de sus atuendos clásicos, el poeta asume una propuesta no exenta de riesgo y rebeldía pues, como se sabe, la sensualidad y lo sublime como categorías han sido reiteradamente desmontadas o desvirtuadas desde la filosofía postestructuralista y los medios de comunicación.
Fiel a su época, y desde una experiencia vital e intelectual que no ignora esta crisis de fin de siglo, Alonso Ruiz Rosas celebra la belleza desde la incertidumbre, como aquello que da sentido a la existencia y conecta nuestra naturaleza efímera con el Absoluto, con lo Eterno.
Certeramente, Ruiz Rosas denomina a este libro como estudio, es decir, no propone un tratado ni un ensayo versificado. El poeta sabe que su mirada no es concluyente y no se permite ser discursivo. Pero tampoco su aproximación es impresionista o lírica: la belleza ha dejado de ser el éxtasis de los sentidos y se mira en el espejo (es en sus palabras: “la fusión del deseo y la memoria”); observamos su refracción, reconociéndola como un potencial recuerdo, una naturaleza imaginaria o conceptual, inevitablemente tentativa.
Estudio sobre la belleza supone, entonces, un libro que plantea algo parecido a una puesta en escena, una representación, pues su inicio (un sobrecogedor diálogo en verso libre) constata la derrota de lo humano (o, si se prefiere, de la subjetividad decimonónica). El por qué continuar se convierte, por lo tanto, en la pregunta que recorre todo el poemario. En este punto la forma métrica (tercetos endecasílabos) se transforma en una adecuada estrategia para la progresión y el análisis (esa duración escogida por quien escribe) aunque las conclusiones parecen ser inevitables y ya transitadas. El orden -o mejor dicho su simulacro- se alcanza de forma antiheroica y arbitraria, no por desarrollo sino por agotamiento.
El ansía de belleza se presenta en consecuencia como el culto a una contradicción, como en Martín Adán con la invocación a la Eternidad tras el disparate puro. Sin embargo, la incoherencia y la sorpresa no se plasman ya verso a verso, sino a partir de las paradojas y los silencios de la reflexión monótona; de una forma más sutil, engañosa y que no niega el azar, pero tampoco la dimensión moral, la dignidad que puede extraerse de la vida misma. Una opción lúcida ahora que el desgarro romántico está prácticamente invalidado y reiteradamente se propugna la indiferencia: “surgió lo bello del pavor y el lodo / surgió del cataclismo del inicio / si no lo antecedió al formarse el todo”.
Así, para Alonso Ruiz Rosas la belleza es plural y sucesiva. Es mortal y, por lo tanto, se encuentra en todos los tiempos, en lo grandioso y en lo nimio, en la violencia y en lo tierno (“La belleza pasea por la historia / pasa su roja lengua por la espada”). De este modo, y superando su aparente constricción formal, el poeta invoca una belleza consciente de sus brillos y de sus límites, cotidiana y democrática, metapoética y barroca, pero que no por esto deja de conectar con lo trascendente. Estudio sobre la belleza brinda, desde su incertidumbre, una afirmación rotunda y casi olvidada: lo bello es el destino del esteta y esta es una condición del ser humano y del artista.
Martín Rodríguez-Gaona.
(poeta Alonso Ruiz Rosas.)









