29.12.11

NICANOR PARRA (1914) PREMIO CERVANTES 2011


Agradezco al gran poeta colombiano este envío, exclusivo para LDL, sobre la poesía del (anti)poeta chileno Nicanor Parra, que este mes, como todos sabemos, acaba de recibir el Premio Cervantes. Disfrútenlo.


Por Juan Gustavo Cobo Borda.


En el canto IV de Altazor (1931), de Vicente Huidobro se lee: "Aquí yace Altazor azor fulminado por la altura / Aquí yace Vicente Huidobro antipoeta y mago". De ahí provendrán los antipoemas de Nicanor Parra.

En 1993, para el centenario del nacimiento de Huidobro, Parra leyó uno de sus ya celebres Discursos de sobremesa (2006), titulado "Also sprach Altazor". Comienza con un "Antes de comenzar".

Una pregunta:

Que sería de Chile sin Huidobro.

Que sería de la poesía chilena sin este duende

Fácil imaginárselo

Desde no luego no habría libertad de expresión

Todos estaríamos escribiendo Sonetos

Odas elementales

O gemidos

"Alabado sea el Santísimo" (p. 107)

Hijo de un profesor primario y una modista de trastienda, Nicanor Parra tiene ocho hermanos. Nació en el sur de Chile, cerca a Chillán, en San Fabián de Alico, y pasó una infancia de pie pelado en difíciles condiciones económicas; viviría en lo que se llamaría una población callampa. Solo en 1932 llegará a Santiago, donde estudiará (el único de la familia) matemáticas y física, en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. En 1937, con 29 poemas, Nicanor Parra publica su primer libro: Cancionero sin nombre, muy influenciado por Federico García Lorca y con una veta directa popular, donde la sencillez tenía algo de encanto provinciano, de aldea quieta con mínimos dramas. El año siguiente gana el Premio Municipal. En 1941, Carlos Poblete, en su Exposición de la poesía chilena, publicado en Buenos Aires por la editorial Claridad, escribirá un concepto muy poco halagüeño sobre Parra:

"Nació en 1914. Es la cabeza visible entre la falange de "guitarreros" que ha invadido un sector de la poesía chilena. Poesía epidérmica, efímera como todo lo que no se nutre en la realidad profunda del hombre.

Es profesor de Matemáticas y Física en un liceo de provincia" e incluye poemas como este, del primer Parra.

He de partir un día con el lirio

derramado en la mano, dulcemente,

dentro del corazón el mar umbrío

y una ascensión de pájaros perennes.

Lejano y solo caeré dormido

bajo la fría luna de noviembre

sin oír la palabra de un amigo

que me diga hasta luego para siempre.

Preconizaba una poesía espontánea en contra de una cerebral, y por el 42 anunciaba un libro, La luz del día, que nunca, claro está, vería la mencionada luz. Aquí un paréntesis sobre Parra y sus títulos.

Cuando iba a publicar lo que por fin se llamaría Versos de salón (1962), Parra se debatía entre estos títulos:

Baile sobre una tumba

Licencia poética

Pan pan, vino vino

Poesía para poetas

Las cuatro operaciones

El gato montés

"Nebulosa", 1960


Cuando preparaba Hojas de Parra (1985) dudaba entre:

Cachureo

Ampliaciones

Algo por el estilo

Base de operaciones

Ejercicios respiratorios

Cero problema

Esperaría muchos años y solo en 1964 se atreve a desprenderse, casi en contra suya, de lo que sería su libro clave: Poemas y antipoemas. Libro cuya solapa, escrita por Pablo Neruda, dice: "Entre todos los poetas del sur de América, poetas extremadamente terrestres, la poesía versátil de Nicanor Parra se destaca por su follaje singular y sus fuertes raíces. Este gran trovador puede de un solo vuelo cruzar los mas sombríos misterios o redondear como una vasija el canto con las sutiles líneas de la gracia". "Tengo orden de liquidar la poesía", dirá Parra por aquellos años y a ello dedica toda su inteligencia provocadora. "La poesía no puede ser otra cosa / que la mala conciencia de la época".

Becado por el Consejo Británico, estudió matemáticas superiores y cosmología con E. A. Milner, en Oxford, de 1949 a 1952.

Poemas y antipoemas iba a llamarse antes Oxford 1950, y en él conviven muchos influjos de época: existencialismo, psicoanálisis, surrealismo, marxismo.

"El antipoema no es otra cosa que el poemas tradicional enriquecido por la savia surrealista"

Pero como lo señaló Mercedes Rein:

"La negación radical, el soterrado nihilismo que es, si no me equivoco, la raíz profunda de esta antipoesía". (p. 28).

La cual fue recibida por el padre capuchino Salvatirra con esta andanada:

"¿Puede admitirse que se lance al público una obra como esa, sin pies ni cabeza, que destila veneno y podredumbre, demencia y satanismo? Me han preguntado si este librito es inmoral. Yo diría que no; es demasiado sucio para ser inmoral. Un tarro de basura no es inmoral por muchas vueltas que le demos para examinar su contenido":

Por su parte, Pablo de Rokha concluirá furioso:

"Los antipoemas inspiran lastima y asco"

¿Que traían ellos para producir semejante reacción?

Allí convivían la mirada fría e impersonal, de noticiero, acerca de todos los vicios del mundo moderno -"La exaltación del folklore a categoría del espíritu, "el desarrollo excesivo de la dietética y de la psicología pedagógica", con reflexiones acerca de la propia poesía-

"La poesía reside en las cosas o es simplemente

un espejismo del espíritu",

y la figura del propio poeta, sarcástico, cuestionado, clown irrisorio y tan absurdo, o más aun, que el mundo en que habita.

Dos poemas, "Autorretrato" y "Epitafio", nos permiten abrir y cerrar esta peripecia. En el caso de "Epitafio", abre una veta siempre cultivada por Parra: el burlarse de sí mismo y de la muerte.



EPITAFIO

De estatura mediana,

Con una voz ni delgada ni gruesa,

Hijo mayor de un profesor primario

Y de una modista de trastienda;

Flaco de nacimiento

Aunque devoto de la buena mesa;

De mejillas escuálidas

Y de más bien abundantes orejas;

Con un rostro cuadrado

En que los ojos se abren apenas

Y una nariz de boxeador mulato

Baja a la boca de un ídolo azteca

-Todo esto bañado

Por una luz entre irónica y pérfida-,

Ni muy listo ni tonto de remate

Fui lo que fui: una mezcla

De vinagre y de aceite de comer

¡Un embutido de ángel y bestia!



Como lo señaló José Miguel Oviedo, allí se dan "confesiones eróticas, crisis sentimentales, imágenes oníricas, fragmentos psicoanalíticos y obsesiones intelectuales". Una vida casi neurótica y al borde de la locura, pero no por eso excepcional" (p. 147, Historia de la literatura hispanoamericana, v.IV)

Parra seguiría oponiendo a la poesía nocturna una poesía de la claridad, pero este estudioso de la física atómica y la mecánica celeste incorporaría dos principios claves a su poesía: ya no la física de Newton sino la de la relatividad y la de la indeterminación. Un mundo en perpetuo flujo, que vibra, oscila y cambia, donde el poema ya no es plegaria religiosa sino parlamento dramático.

Un teatro de uno solo, donde se descartaban los alquimistas y se invitaba al aterrizaje. Un lenguaje y una poesía práctica, que más tarde, en uno de sus Artefactos (1973), cuando el antipoema ha estallado en fragmentos, lo expresaría de modo muy crudo:



El mundo es lo que es

y no lo que un hijo de puta

llamado Einstein

dice que es.



Jorge Edwards, en un admirativo texto sobre Parra de octubre del 2000, titulado "El demonio de la poesía", nos da una clave para acceder mejor a su mundo. Recuerda allí cómo su hermana, Violeta Parra, se había iniciado como una cantante popular, en el sentido comercial del término

"hasta que decidió buscar en el campo, entre viejos cantores y cantoras, las raíces de lo que se llamaba por tierras de Chillán adentro, hacia la cordillera, canciones a lo humano y lo divino, profanas y religiosas" (Edwards: Diálogos en un tejado, Tusquets, Barcelona, 2003, p. 63)

A esto se añadiría la lectura fervorosa del Martin Fierro de José Hernández, todo en pos de una voz natural: "la voz de la conversación diaria". Un lenguaje hablado, como le explicó a José Donoso en 1960.

"Mi unidad es el verso, que en mi poesía aparece como aislado, como una serie de pedradas lanzadas hacia el lector" (José Donoso: El escribidor intruso, Chile, Universidad Diego Portales, 2004, p. 73-80)

"Yo quería escribir como se habla".


Confluyen entonces muchas vertientes -el recuerdo de su padre y sus hermanos que habían trabajado en circos, Violeta Parra y su guitarra que estudiaba el folclor ancestral, en sus sobrevivientes; Parra que se internaba en la poesía española del Romancero, el cancionero, los autos sacramentales, y el muy rico sustrato de la Edad Media, los trovadores del siglo XII, los juglares, la cultura albigense, y esos cantores que lo hacen con la Biblia en la mano, por decirlo así ; y las canciones de borrachos. "Un día que Asuero estaba/ tomando cierto recreo, /vino a verlo Mardoqueo,/ a quien el rey apreciaba". Y todo lo que había mamado en los barrios, en Chillán, en la carpa donde Violeta cantaba.

En una mesa puse / un plato de chicharrones,

María no seas ingrata/ abájate los calzones.


Si habían pasado 17 años entre su primer y su segundo libro, el tercero no se demoraría tanto. La cueca larga es de 1958.

Allí se palpa toda la maliciosa picardía de la copla popular, de los cinco y siete versos de la cueca traviesa, hable de licor o de sexo, mencione las metidas de pata o incorpore al baile los huasos y los rotos chilenos, en la precisión geográfica, en el ingenio desafiante y arrabalero.

Dos esqueletos daban

Hueso con hueso.


Era sorpresivo el tránsito de una poesía de la alienación urbana, de la cosificación del ser, en un mercado donde la miseria real coexiste con las necesidades superfluas que la publicidad promueve, a este zapateo y estas palmas de fiesta de pueblo. Lo que era denuncia desgarrada del individuo que del campo a la ciudad pretende triunfar y es estafado, como mostró muy bien Federico Schopf en "Introducción a la antipoesía de Nicanor Parra" (1971), es ahora el retorno a un mundo inmóvil, que "se representa como paisaje de tarjeta postal -conformado por rasgos típicos y populistas" (p. 102). Sin embargo, allí donde tampoco hay dinero para cancelar las deudas y las cosechas son incertidumbre y riesgo, el vino libera y permite escapar en el canto y el duelo, en la parranda que exorciza y reconforta. Que permite gritar eufóricos e inconscientes.

El personaje de los "Artefactos" es un energúmeno, alguien salido de sí, que desarrolla una incesante energía, y que puede efectuar tres operaciones básicas: levitar, hacerse invisible y conversar con los muertos. En tal sentido, el personaje pasivo de Kafka, a quien leyó con tanto fervor, se trueca en un agitado y descompuesto Charles Chaplin de cine mudo. Y de un Chile que, ya bajo la dictadura de Pinochet, buscaba con recursiva astucia recobrar la libertad de expresión. Por ello los poemas últimos eran solo frases consignas, renglones-chistes, greguerías-subversivas. Tres muestras del Parra último podrían ser estas:

A ver a ver

tú que eres tan diablito ven para acá

¿hay o no hay libertad de expresión en

este país ...?

-Hay

ay

aay!



Chile fue primero un país de gramáticos

un país de historiadores

un país de poetas

ahora es un país de ... puntos suspensivos.
URNAS Y ATAÚDES

Un ataúd le dice a una urna te amo

no puedo vivir sin ti

y la urna lo mira de reojo.


Un final digno de Nicanor Parra.

28.12.11

AFORISMOS COMPLETOS DE EDITH SÖDERGRAN



De vida azarosa y poética brillante, Edith Södergran es la gran poeta en lengua sueca del siglo veinte. Nacida en Rusia pero asimilada, parcialmente, a la cultura finlandesa y, en general, nórdica, la poeta tuvo una vida muy corta (murió a los 30 años) que, sin embargo, dio frutos poéticos más que memorables. Lo que entregamos ahora, en calidad de exclusiva, son sus aforismos completos, una rareza que contiene varias joyas del pensamiento contemporáneo.




Observaciones variopintas

(1919)



Las casas en las que en realidad vivimos son chozas prehistóricas en comparación con la concepción de una morada humana que llevamos con nosotros.



No se debería decir “el universo”, pues ¿cómo es posible reunir en un solo concepto lo que no es mensurable?



El libre albedrío es una hipótesis absurda, algo que opera independientemente de su propio acuerdo en un pensamiento-espacio abstracto.



Una gran imaginación creadora de formas es un espíritu irredento si no se descarga en la pintura.



El último y supremo refinamiento de la vanidad es la destrucción de toda vanidad, del mismo modo como una mujer puede estar segura de jugar sin riesgo alguno con un hombre a quien no necesita.



Estar libre de prejuicios es la seguridad de tratar con cosas.



Hay algo de poco apetecible en apoderarse de la propia vida.



Una buena persona debería ser capaz de neutralizar los efectos dañinos de su comportamiento mediante el rigor.



Una de las cosas más difíciles en este mundo de conceptos confusos es lidiar dentro de uno mismo con lo que no se lleva adentro.



Las personas malvadas suelen ser poderosos organismos que se sienten acorralados por lo excesivo de su propio temperamento. No es cierto que los malvados sufran más; su sufrimiento no es profundo; en cierto modo, para ellos es una costumbre placentera.



Un alto grado de inteligencia confiere al rostro algo dulce y abundante; es como si la grasa del espíritu se subiera al rostro. La grasa de Minerva.



Hoy en día la gente común y corriente cuelga en su cuello la campana del patriotismo como si les perteneciera.



Gösta Berling puede presentarse inclusive a un lector engreído, quien le da de su propio interior el más exquisito aderezo: entonces se crea un centauro.



Los hombres más exitosos son realistas y fatalistas.



La tarea de quien mejora la humanidad no es predicar moralidad sino cambiar el yo interior de la humanidad transformando las condiciones externas en pro de su salud moral.



La moral ha empezado donde debía terminar, es decir, dando una pista a los que ansían la autoperfección.



Hasta ahora todo les ha sucedido a los individuos; las religiones se han aparecido a ellos con su significado más profundo; pero ahora podemos discernir un tiempo en que las masas serán el objeto de cultivo.



La gente común es bastante sensual a su manera, una complacida manera que los grandes temperamentos no pueden tolerar.



El malentendido ha sido hasta ahora el mayor poder en la tierra.



El grado supremo del genio es lo más complaciente y lo menos complaciente.



Todas las raíces largas de la verdad son sospechosas; solo extraemos la verdad en pequeños pedazos rotos.



Nuestra debilidad al defender o al atacar reside siempre en nuestro temor al fracaso, lo que nos hace utilizar la fuerza cuando solo nos bastaría con añadir al desgaire sospechas aniquiladoras.



Nunca nos sometamos a nuestra más íntima archisuperstición; eso podría ser nuestra ruina.



La gente no tiene suficiente carácter para prohibir públicamente las expresiones más elevadas del espíritu humano. Estudiosos, periodistas, etc. son desvíos que hacen que todo se vuelva inocuo.



Primero vemos lo más crudo de la verdad, es decir, la verdad misma. Lo más importante: la persona que la dice solo es vista mucho más tarde.



La vida nos rodea y no tenemos tiempo porque agudiza su fascinación de una manera sutil, tal como el cielo intensifica la fascinación de la tierra por lo religioso.



El vacío de la vida, que la gente de hoy ve como monasticismo, ha provocado una pasión histérica por la diversión; la carne, que se cree oprimida, está tomando lo que legítimamente le corresponde. A un Mefistófeles le podría resultar divertido llevar hasta el hielo resbaladizo a esta masa que corre disparatadamente y ofrecerle una vez la copa llena de placer.



Si hombres de genio con anteojeras puritanas llegan a ver la verdad, se vuelven increíblemente ingeniosos a la hora de desmentirla.



Una naturaleza no religiosa profesa siempre una ligera simpatía por Mefistófeles en lo que atañe al canto de los ángeles.



Mediante la malinterpretación, la religión puede convertirse en una fuente de anticultura cuando las religiones se hacen sordas al arte y a la ciencia mundanos, evitando así la influencia del genio del que precisan.



Es tan extraño el arte del aforismo: el juego con contrastes es tan trivial como un juego de palabras: las verdades suelen ser tan poco interesantes y, sin embargo, este disfraz de la verdad es más valioso que todo lo demás que se va urdiendo.



Decir que uno ama la humanidad es histeria; decir que uno no la ama es debilidad. Solo hay una forma correcta: tener el poder de convertirla en lo que debería ser.



La persona que aún no es benigna ansía más intensamente el triunfo de la benignidad
en lo que se refiere a una causa cuya victoria es incierta y que tiene muchos enemigos dentro de sí.



La gente común es ingenua y literal en sus virtudes, acaso porque le son tan nuevas.



Un pensador de gran genio como no lo ha habido hasta hoy no precisaría de menos palabras que las que los filósofos han empleado hasta la fecha. En el futuro el trabajo que tiene que ser realizado será más arduo y cuantitativamente menor.



La extravagancia del proletariado es energía vital pobremente desarrollada. El proletariado es un átomo del crecimiento que la tierra solicita. ¿Por qué aún sorbes de mí? La tierra ama las plantas que sorben con raíces profundas.



Hay una cosa que siempre tenemos antes que otras: nosotros mismos.



Nadie tiene el control sobre su estrella. Uno está forzado a seguirla.



Uno siempre ha sido merecedor de la pareja que recibe en su matrimonio.



Si se quiere que la humanidad logre algo muy grande es mejor sobreestimarla un poco que subestimarla.



El sonámbulo camina hacia la lotería para sacarse el premio mayor.



Cuando el propio intelecto se ha elevado hasta lo alto, todo intelecto parece digno de atención, independientemente de que pertenezca a una persona o a un insecto; los ojos se abren a lo demoníaco en la esencia interior del intelecto.



Uno se encuentra con lo verdaderamente vil cuando algo valioso es arrojado al fango. En un contexto similar, eso pasó conmigo: en un sueño vi a malvadas brujas que burlonamente ahogaban a niños en cubetas; vi ejecuciones por doquier en playas y colinas; manos, cerebros y ramas de árboles manchadas con sangre, todo tan atroz y vil que no podía ser real, únicamente en el espejo magnificador de una sensibilidad monstruosamente denigrada.



El leve insomnio intensifica el genio.



Virtud consciente, la virtud de la que merece hablarse, solo empieza con la educación del intelecto; antes de eso, todo es albur animal.



Los pensadores agrupan las grandes piedras en el edificio del pensamiento; los aficionados son la argamasa de la que se puede prescindir en una construcción que simplemente es pensada como conjunto.



Los verdaderos marginados y parias entre los hombres son solo aquellos que han cometido un acto innoble.



Un verdadero crítico de arte sería alguien que pudiera captar la unidad interior de la ley entre las diferentes formas de arte, de personajes artísticos.



Las cosas más elevadas que nos son visibles se encuentran más allá del bien y del mal, de lo bello y de lo vil, y es allá donde las cosas supremas creadas por el espíritu humano se vuelven pequeñas, estrechas y demasiado humanas; allá los objetos hablan, el arte del futuro se hace cósmico.



La fuerza de Nietzsche no se halla en la fuerza de su voz sino en la excelsitud que mana de su grandiosa experiencia: el eterno retorno.



Antes que nada, ¿no debería tener todo gran ser humano su propio gran destino, un enfoque individual en la vida?



El reseñista suele ser alguien que se explaya tanto sobre un libro que a la postre ya nadie sabe por qué es valioso. Si la crítica es cumplir con sus objetivos, los críticos deberían declarar explícitamente, más allá de toda duda, qué tipo de libro es. Los libros requieren de su propia marca al igual que otros objetos.



Los sentimientos de culpa siempre son una clara señal de debilidad de carácter; la verdadera culpa es un signo de interrogación.



Muchos perecen porque van tras aquello que reluce y pierden lo que es realmente necesario. Todos somos como urracas y lucios: nos aferramos a lo que reluce en nuestras mentes.



Cuando se oprime al espíritu, la carne cruje.



Es preciso aprender a llenar nuestro morral intelectual para saber cuán elegante, ordenado y ligero de llevar es nuestro equipaje.



El gran mérito de la mujer es que hasta ahora no ha pecado intelectualmente en gran medida.



El peligro y la inseguridad son los verdaderos componentes de la displicencia; una vida civilizada es difícil de tolerar.



Hay veces cuando uno se dice: mis pensamientos ya no me pertenecen; entonces uno dedica toda su vida a otros.



Hay personas a quienes a la postre todas las cosas les llega, y otras que tienen el privilegio de ir en pos de ellas.



Los tres mayores dones de la vida -la pobreza, la soledad y el sufrimiento- solo son apreciados por los sabios en su justo valor.



¿Hay algo más seductor que la desfachatez de Napoleón, divino salteador aventurero?



Un verdadero hombre no necesita nombre: él llega, ve y conquista.



Lo que ahora necesitamos es el hombre más desfachatado, el único que nació con el nombre de Napoleón.



Quienes no son hombres de acción dicen que las masas huelen mal, pero Napoleón no tiene olfato y las olas lo transportan.



Cada vez que nos invada un sentimiento de constricción, deberíamos transformarlo en un sentimiento de expansión.



Cuando no hay belleza, todos los encantos se toman de la mano y huyen; entonces, en vez de amor hay rectitud y deber en lugar de regia inclinación.



Quien tenga poder sobre los corazones debería tratarlos como algo sagrado.



Una innata elegancia externa y extrema, que es tan rara como la gran belleza física, viene acompañada de un garbo innato, de una exquisitez en cada acto y gesto. Esas personas se saben soberanas y son reconocidas por otros como tales.



Una humanidad tan pura como las flores es el ideal del futuro.



Los poemas sobre el cosmos podrían ser solo susurros.



No es necesario rezar; uno ve las estrellas y tiene la sensación de querer postrarse en la tierra en estado de adoración silenciosa.



No debería preguntarse si Dios existe; uno debería dejar de lado su pequeña inteligencia.



El prejuicio contra Dios es el más difícil de vencer.




Pensamientos sobre la naturaleza

(Setiembre de 1922)





Vemos la vida y la muerte con nuestros ojos; son el sol y la luna.



Así van, en el curso del universo, los soles dadores de vida, las lunas destructoras, los planetas que se someten a la vida y a la muerte.



En torno a todo lo enfermo la luna urde su red hasta que la luna llena llega para recogerla en una hermosa noche.



Los niños moribundos de la naturaleza aman la muerte; ansían el momento en que la luna los recoja.



La naturaleza es íntima de la muerte; experimenta la muerte cada noche. Se somete con igual disposición al hechizo del sol o de la luna.



La muerte es un dulce veneno, decadencia; pero no hay nada dañino en la muerte. La naturaleza misma es salud y ve que la muerte es simplemente tan saludable como la vida.



En la decadencia reside la belleza suprema y el demonio es la suprema bondad de Dios. Maravilloso es el veloz trabajo de destrucción en el otoño.



La naturaleza se encuentra bajo la protección de Dios. El demonio no tiene poder alguno sobre la naturaleza. La naturaleza es la amada de Dios.



Si no nos volvemos hijos de la naturaleza, no podremos alcanzar el Reino de los Cielos, porque los misterios religiosos son los misterios de la naturaleza. No prosperaron en los templos de Judea sino en el ignaro hijo de la naturaleza que se apiadó de los lirios de Sarón.



El camino natural a Dios es directo, eterno y objetivo, sin posibilidades externas.



El corazón humano que busca a Dios tiene que luchar contra la subjetividad, ya que el corazón empieza al otro lado de la subjetividad. Pero el camino de la naturaleza está protegido.



(Traducción de de Renato Sandoval Bacigalupo, con la colaboración de Roxana Peramás)

21.12.11



El poeta Joseph Brodsky tenía la costumbre de publicar, cada diciembre, un poema de Navidad. Este corresponde a 1962. Olvídense un rato de los malls, Gamarra, Ripley, Michel Belau y todo eso, y denle una mirada. Está muy bueno.


CANCIÓN DE NAVIDAD

... a Yevgueni Rein, con afecto



Flota en una pena inexplicable,

entre inmensidades de ladrillo,

una barquita noctura, siempre encendida,

por el jardín de Alejandro;

farolito en la noche solitario,

como una rosa amarilla,

sobre las cabezas de sus enamorados,

bajo los pies de quienes pasan.



Flota en una pena inexplicable

el zumbido de un coro de sonámbulos y borrachos.

En la capital, un extranjero

tomó triste una foto por la noche,

y salió a la Ordynka

un taxi con pasajeros enfermos,

y los muertos están de pie,

abrazando los palacios.



Flota en una pena inexplicable

un trite cantante por la capital,

y junto a un puesto de petróleo,

un portero triste de cara redonda;

por la calle grisácea corre

un amante viejo y guapo.

Un tren de medianoche, recién casado,

flota en una pena inexplicable.



Flota en las brumas del Zamoskvorechie

un nadador casual hacia la infelicidad;

el acento judío recorre

la escalera triste y amarilla,

y entre amor y tristeza

en Nochevieja, víspera de domingo,

flota sin mostrar su pena

la bella del barrio.



Flota en los ojos la noche fría;

tiemblan copos de nieve en el vagón;

viento helado, viento pálido

ceñirá rojas palmas de las manos,

y se vierte miel de luces de ocaso

y huele a mazapán dulce,

y la Nochebuena trae un pastel nocturno

sobre su cabeza.



Sobre una ola azul oscuro,

en el mar de la ciudad,

flota tu año Nuevo en una pena inexplicable;

como si la vida empezara de nuevo,

como si hubiera luz y gloria,

un día feliz con pan de sobra,

como si la vida fuera a la derecha,

después de haber oscilado hacia la izquierda.

15.12.11

Lotman sobre la "innovación" artística



"Subjetivamente, tanto el autor como su auditorio, pueden sentir el deseo de destruir el sistema habitual de reglas como un rechazo de toda clase de normas estructurales, como una creación "sin reglas". Sin embargo, la creación al margen de las reglas, al margen de las relaciones estructurales, es imposible. Estaría en contradicción con el carácter de la obra de arte como modelo y con su carácter como signo, es decir, haría imposible el conocimiento del mundo mediante el arte y las transmisión de este conocimiento a su auditorio. Cuando tal o cual autor o tal o cual corriente, en su lucha contra "lo literario", recurren al ensayo, al reportaje, a la inclusión en el texto de documentos auténticos, claramente no artísticos, al rodaje de documentales, están destruyendo el sistema habitual pero no el principio de sistematicidad, ya que cualquier línea de un periódico, trasladado a un texto artístico (...) se convierte en elemento estructural"

Yuri M. Lotman, Estructura del texto artístico.

14.12.11

Martín Rodríguez-Gaona gana Premio importante en España

Conozco a Martín desde 1990 y he sido testigo cercano de su paciente itinerario cuesta arriba en términos poéticos. Fruto de lo que digo es el importante premio que acaba de recibir en España gracias a un libro rupturista: Madrid, línea circular. Les dejo una de las varias notas de prensa sobre el premio. Un gran abrazo a Martín desde acá.


Martín Rodríguez-Gaona (Lima, 1969) «rompe moldes» con su poesía. El también poeta Luis Alberto de Cuenca describió así el encanto y la valía del trabajo del ganador de la XXIV edición del premio de poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad, que se falló ayer. El poemario 'Madrid, línea circular' ha sido seleccionado de entre 78 obras como el conjunto poético más brillante. De Cuenca, presidente del jurado de este certamen con solera, habló de la universalidad y la originalidad que rezuman su escritura. «Es un libro que tiene un mundo personal muy consolidado, muy auténtico y muy concreto». El premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad pretende fijarse en expresiones innovadoras de la poesía, explicó De Cuenca, que junto a Teófilo González Porras, secretario del jurado, los poetas Irene Sánchez Carrón y Diego Doncel y el concejal de Cultura Jesús Bravo, anunciaron el nombre de este ganador.

Martín Rodríguez-Gaona es un autor hispano peruano de 41 años que ya tiene varios libros publicados como 'Efectos personales', 'Pista de baile' o 'Parque infantil'. Ha sido becario de la Residencia de Estudiantes de 1999 a 2001, en donde desempeñó después el cargo de coordinador. Ha trabajado también como traductor de poesía estadounidense y editor y sus trabajos han aparecido en importantes revistas culturales de España y América.

Ayer, mostraba su satisfacción por el premio. «Por el jurado, por la calidad de ganadores de otros años y por la publicación en la editorial DVD». El premio tiene además una dotación económica de 6.000 euros. Rodríguez-Gaona se considera un «rupturista respetuoso» que profundiza en la vanguardia y cree que actualmente vivimos cambios aún difíciles de predecir. Una transición que nos lleva hacia territorios inciertos. Urbanita convicto y confeso, este poeta capta en su poemario el ritmo de una ciudad como Madrid, «que ya es una gran metrópolis». (Extraído de aquí)


(El poeta.)

11.12.11

Cómo escribir otra vez una novela


Me considero básicamente un poeta con ideas críticas propias; pero he publicado dos novelas cortas hasta el momento. Y ahora tengo, otra vez, una tercera novela entre las manos. Digo otra vez porque el archivo inicial de esta novela, que estaba más a o menos al 90 o 95%, se me perdió con una vieja laptop donde trabajaba hasta hace unos meses.


Hoy he recuperado esa versión y, por supuesto, he leído mi novela. Me doy cuenta de que tengo que agregar episodios, desarrollar más un personaje, ampliar ciertos momentos, hacer más sencillo el lenguaje...


En fin. Esto me ha llevado a pensar que mientras más lea uno, con mirada crítica, su propia novela, más tiempo le llevará darle el "visto bueno", el decir: "bueno, ya no tengo más que hacer con esto". No es fácil imaginar a un escritor que escribe una novela durante toda su vida, haciéndole innumerables y variadas correcciones, cortes y agregados, y así, hasta que "la oscura" lo encuentra con una versión inédita y quién sabe si definitiva.


Dudo mucho de que estas disquisiciones preocupen demasiado a los escritores jóvenes. Más bien van en el sentido contrario, en el cual es más importante publicar que escribir lo mejor que se pueda. Así, nos encontramos con personajes realmente extraños: escritores de 30 años con cuatro o cinco novelas publicadas, de las cuales no recuerda casi nada, ni el público (siempre tirado a lo más publicitado), ni mucho menos la episódica y macilenta crítica periodística -la crítica académica, tontamente para mí, no se ocupa de obras incipientes-.


Volveré estas semanas, entonces, a trabajar mi tercera novela. Pensaba hacerlo con miras a un concurso, pero ya me doy cuenta de que eso es tonto en profundidad. Los tiempos de una novela y su cuajar no tienen por qué cuadrar con los tiempos de tal o cual concurso. Mucho, pero mucho menos con los apremios irreflexivos de la juventud escritora.

8.12.11

POSEÍA en Caretas...

Adolfo Polack es músico de profesión y un gran lector de poesía (por ahí me han dicho que también la escribe...). Dirige la ya legendaria sección "El misterio de la poesía" en la revista "Caretas", en cuya edición de hoy 7 de diciembre ha cosiderado utilizar gran parte de un poema de mi más reciente libro, Poseía, para hacer su notable crucigrama semanal. Se agradece.


(Clic en la imagen)

6.12.11

La muerte, su propia muerte, la de des Forêts...



¿Que no saben quién es este escritor? Harían bien en preguntarle acerca de él a Paul Celan, Yves Bonnefoy, Raymond Queneau, Georges Bataille y Maurice Blanchot, quienes escribieron sobre su obra.


Por Louis-René des Forêts *



Decir y volver a decir, repetir tantas veces que la repetición se imponga, tal es nuestro deber que usa lo mejor de nuestras fuerzas y que no tendrá fin sino con ellas.

Lo que hemos visto debe revisarse con una mirada más aguda, a riesgo de sobrestimar su horror o su belleza. El poco tiempo que te queda para gemir sobre tu suerte, apresúrate para reír hasta las lágrimas.

Llega un momento en que el saber adquirido se torna un impedimento en el camino. Puesto que deshacerse de él no es una cuestión menor, más vale resignarse a cargar con su peso, aunque ya no sirva de ninguna ayuda. Pero bueno, ¿quién puede saberlo?, se dice el viajero previsor, las cosas pueden cambiar de tal modo que no nos molestará, llegado el caso, tener ese equipaje a mano para enfrentar cualquier eventualidad.

No mirarse envejecer en el espejo que nos ofrece la muerte, tampoco desafiarla con grandes palabras, sino aceptarla, si es posible, en silencio como le sonríe a su madre un niño en la cuna.

Toda afirmación de soberanía es risible, pero la risa que provoca aboga en su favor, libera al espíritu de la sujeción a la seriedad, tal vez incluso –suprema ironía– le permite acceder como jugando a lo que era su blanco.

Buscar la simplicidad sintáctica para volverse inteligible produce el efecto contrario en la medida en que frena la libre expresión del pensamiento, rompe su movimiento natural que consiste en internarse en vías subterráneas, sin perjuicio de perderse más de una vez.

Quejarse por estar atado indisolublemente a lo que uno rechaza, ¿hay algo más ilógico? Además de que les sucede a todos, sin distinción de tendencia ni de aptitud para desdecirse, cómo no ver en ello un principio de vida y por tanto quizá la expresión subyacente del reconocimiento de una deuda hacia el mismo objeto del rechazo, lo que no significa en absoluto hacer un acto de sumisión, como tampoco decirle indistintamente que no a todo con la estupidez de un niño obstinado podría cobrar un valor emancipatorio. Resulta de ello que la mente, en incesante desacuerdo con sus propias aseveraciones y que las refuta a su vez, no tiene descanso sino que en cambio se beneficia con un agregado de fervor conquistador, como si la meta en principio considerada inaccesible estuviera a su alcance y llegar a ella fuese su mayor preocupación, aunque sólo deba alcanzarla en sueños, pues la vida misma no es, como se ha dicho, más que un sueño y la muerte nada más, en definitiva, que un denso dormir sin soñar ni posibilidad de retorno a la conciencia despierta.

Por su parte, no tiene que hacer rendiciones de cuentas ni declararse inocente, su única preocupación es romper el lazo nefasto que lo sujeta al cuerpo sufriente, en otros términos, vivir sus últimos días, si se pudiera, en la dulzura liberadora de un entendimiento anticipado con la muerte. Todo lo demás, incluyendo lo que antes consideraba esencial, le parece accesorio o, más aún, ya vaciado de sentido, en virtud del trastorno radical de perspectiva al que se enfrenta el ser en su final y que acentúa la enfermedad que sufre sin pausa ni esperanza de curación, excepto la aniquilación de su persona, un remedio ciertamente amargo pero soberano para lograrla, que de todos modos, sea que se lo use o que uno se niegue a hacerlo, es el punto de ruptura obligado de la condición humana.


Desde los primeros pasos de su recorrido y probablemente hasta los últimos, habrá tomado un camino tortuoso y erizado de obstáculos, prefiriéndolo a una ruta recta que no tiene el atractivo de lo imprevisto, ni genera en toda su extensión más que un insuperable aburrimiento. Vergüenza para la rectitud insípida donde no encontraría en ninguna parte alrededor ni más allá con qué saciar su sed de aventura ligada al placer del descubrimiento, aunque por cierto ligada también al riesgo de perderse en su búsqueda porfiada de una salida tan inubicable como un tesoro enterrado y cuya misma existencia sigue siendo problemática desde el momento en que no se puede precisar su naturaleza ni orientar la indagación con conocimiento de causa, lo cual no le impide, muy por el contrario, que pruebe suerte, aunque sea a tontas y a locas, como si la apuesta no fuera tanto tenerla y explotarla al máximo cuanto perseverar ciegamente sin dejarse vencer por la duda, su más mortal enemigo –inhibición, incertidumbre, poco discernimiento, cada una de estas palabras tomadas aisladamente sería inadecuada.

Apenas se considera un habitante de la Tierra, aunque, en virtud de su inagotable belleza, para nada impaciente por abandonarla, pero torturado por el deseo imposible de satisfacer de volverse invisible, ser un espectador clandestino, alternativamente maravillado y horrorizado, en todo caso nunca indiferente, de otro modo sería mejor estar ciego –la facultad de percibir es por así decir la única que lo mantiene con vida, una vida que, a fuerza de tener que defenderla en todos los frentes, se ha vuelto mucho más raramente fuente de goce apacible que de tensión nerviosa, a pesar de lo cual no ha perdido nada de su poder de atracción, e incluso éste se ha incrementado con el debilitamiento general del ser, las enfermedades de la vejez.

Siente que se hunde, con una mano levantada en el aire en busca de algún asidero. Se despierta como si hubiese tocado el fondo del abismo, aunque para comprobar en seguida que no es nada, más precisamente que en ese sueño premonitorio no había siquiera un fondo para detener su caída, lo que parece acorde con la realidad, y curiosamente experimenta una especie de consuelo, como una esperanza de supervivencia, si no de eternidad.

¿Tiene sentido hablar de la proximidad de la muerte? No está allí donde se cree oírla rondando alrededor de uno, ni más lejos de adonde uno pospone dirigirse: su gran fuerza consiste en no estar en ninguna parte, excepto en la cabeza de aquellos a quienes obsesiona y que no la verán nunca –aunque desde siempre sea representada gráficamente mediante un esqueleto armado de una hoz, figura simbólica, ciertamente ingenua, destinada a afectar la imaginación, pero que, como la visión de un cadáver, no muestra nada de su naturaleza secreta, de su invisible ubicuidad–, lo que podría traducirse más exactamente mediante una formulación en apariencia contradictoria: la muerte no está en ninguna parte, está en todas partes.

En tanto que la expresión del sufrimiento les parece exagerada a quienes, a falta de poder evaluar su intensidad, sólo se compadecen superficialmente –hasta el punto de manifestar a veces y con razón cierta irritación–, uno se hunde y se confina en el aislamiento. El repliegue sobre uno mismo falsea las relaciones con el entorno y ya no pertenecemos al mundo, excepto redoblando los gemidos para darse, ignorando toda dignidad, una apariencia de vida, pero en ningún caso para hacerse entender mejor, porque el sufrimiento, por más alto que se lo exprese, no se comunica, parece siempre más o menos actuado y es posible que efectivamente lo sea en sus raros momentos de tregua que, a fin de cuentas, sólo tornan más aguda la violencia de sus recaídas.

Se da cuenta de que el ruido saludable del mar a lo lejos no es más que un hilo de viento ruidoso que atraviesa las dos viejas ventanas mal cerradas que dan al verde del parque arbolado. Deja caer la cabeza en la almohada, los párpados entrecerrados, con la esperanza de que la ilusión auditiva vaya a reproducirse en beneficio de un nuevo adormecimiento, pero el rumor marítimo se ha apagado, no queda más que el recuerdo de haberle prestado oídos en un momento fugaz de delicioso extravío, con la certeza súbitamente adquirida de que no era un fenómeno onírico, sino que derivaba de una ardiente nostalgia experimentada en el estado de vigilia.

Resulta pues que ha sido devuelto a tierra, porque no es a una distancia tan grande que el océano puede hacerse oír y se puede sentir su perfume vivificante, excepto por asociación mental con la memoria todavía fresca de aquella región que albergó durante tres años a su infancia exiliada.

*Texto extraído de Paso a paso hasta el último (Cuenco de Plata).


4.12.11

Los haikus de David Collazos

El haiku, más que un género, es toda una tradición poética con un largo devenir histórico que tuvo sus primeras expresiones en ciertos poemas chinos antiguos, de temática festiva o burlona. Posteriormente, Basho y otros poetas japoneses independizaron el haiku y le dieron el carácter especial que hasta ahora intenta conservar.

El haiku en castellano tiene también una historia ya venerable, que se inicia con los poetas mexicanos José Juan Tablada y su Al sol y bajo la luna (1918), Efrén Rebolledo, Rafael Lozano, José Rubén Romero, entre otros.
Otros poetas que cultivaron el haiku, aunque sea esporádicamente, fueron Jorge Luis Borges y Álvaro Yunque, en Argentina; Mario Benedetti, en Uruguay, y en el Perú: Alberto Guillén, Javier Sologuren y el recientemente desaparecido Alfonso Cisneros Cox.

Diario Haiku (Katatay, 2011), de David Collazos, parece querer inscribirse en la vertiente más tradicional de esta corriente. Su librito, muy bien editado, está dividido en las cuatro estaciones del año, a pesar de que en el Perú en rigor solo hay dos reconocibles, y la presencia de la naturaleza y algunos animales es una constante en el volumen.
No se puede negar la afinada sensibilidad de Collazos para captar instantes esenciales que puedan plasmarse en este tipo de poemas. Pero su eficiencia formal no está todavía cuajada. Así, intuiciones muy profundas se ven desaliñadas por un ejercicio desbordado de la medida silábica –esto si entendemos que las moras del lenguaje original deberían traducirse en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima:

No me abrigo

del frío/ más me abriga

la tenue lluvia

Lo que abunda en el libro de Collazos son intuiciones, imágenes interesantes, pero que debieron ser un poco más trabajadas, recibir el pulido artesanal que merecen los muebles antiguos y finos, pues materia prima de primera existe en el libro.

Sin embargo, los reproches al arte del poeta son extensibles a casi todos los poetas de lengua castellana anteriormente nombrados, con lo que no me queda la menor duda de que el libro de David Collazos se puede inscribir con naturalidad en la tradición del haiku peruano contemporáneo.

Gran logro del poeta, y de Casa Katatay, el haber publicado este esfuerzo inicial.


28.11.11

Sobre el retorno del Premio Nacional de Poesía


Se escuchan voces, venidas de poetas, por supuesto, reclamando que se vuelva a instaurar el Premio Nacional de Poesía. La idea no es mala, aunque tiene una candorosa carga de ingenuidad. En primer lugar, muchos poetas, muy valiosos, en el Perú jamás recibieron dicha distinción, y no por ello dejaron de ser lo grande que son.

Luego tenemos que resulta poco probable –ojalá me equivoque- que el gobierno actual preste importancia a temas de esta laya, dada su casi desesperada obsesión con los temas mineros y de ayuda social, que son los que dan más réditos políticos y electorales, sobre todo el último de los nombrados.

Que la literatura no es un tema importante para el gobierno de turno lo demuestra la inercia en la que se encuentra la Casa de la Literatura, que carece de un norte precisamente definido, aunque haya gente valiosa allí trabajando, como Agustín Prado y otros. El activismo sin plan y el celebracionismo cronológico reemplazan a ideas más englobadoras y duraderas sobre cómo se puede promover con mayor calidad la literatura en nuestro país.

Entiendo que muchos poetas, en su abandono, clamen por un reconocimiento de parte del gobierno; pero esto debe ser mejor pensado. Tal vez salidas más duraderas y eficaces deberían plantearse por intermedio del Congreso. Una Ley del Poeta que, al menos, proteja los últimos años de vida de estos, y una serie de becas de escritura como existen en tantos otros países, pueden ser dos ideas primeras a discutir.

La experiencia nos enseña que, salvo notables excepciones, la elección del premiado en aquel tipo de reconocimientos poéticos, responde algunas, o muchas veces, a criterios extrapoéticos. Un sistema de breves becas de escritura, en cambio, podría tener un cariz más democrático e impulsar mejores resultados para nuestra reconocida tradición poética.

Dejo el tema en este punto esperando propuestas o críticas.  
 
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