14.4.11

LA NOVELA Y SUS PELIGROS (I)


No hay nada más problemático y peligroso actualmente, que escribir narrativa, en especial, novelas. A diferencia de la poesía, donde los intereses editoriales son mínimos y cuyo nivel de lectoría, comparativamente, es muy reducido, la novela tiene que sortear varios escollos, cantos de sirenas y mares de navegación aparentemente segura, pero de exigua profundidad. En primer lugar, están las exigencias de las grandes editoriales –si el escritor tiene la (mala)suerte de pertenecer a las filas de estas grandes corporaciones-, que buscan que los escritores publiquen, en promedio, un libro cada año o cada dos años, como mínimo. Esto, es evidente, afecta seriamente la calidad y la autenticidad de la propuesta novelística, pues no le deja tiempo al escritor, sobre todo si es aún joven, de terminar de comprender y desarrollar lo que realmente quiere escribir (y publicar). Luego tenemos que, una vez salida a la venta la novela, u otorgado el premio por la editorial, el escritor se ve sometido a un aluvión de compromisos extra escriturales, que incluyen presentaciones en varias ciudades de varios países, firmas de libros, conferencias en ferias de libros, entrevistas para infinidad de medios y, en general, hacer todo lo posible para vender la novela. Todo lo cual aleja al novelista de lo que debería ser su preocupación esencial: la escritura. (Hace poco el mismo MVLL se quejó en este sentido, por la cantidad de compromisos que ha tenido que adquirir luego del otorgamiento del Nobel). Frente a este panorama halagador para muchos, pero terriblemente desgastante y efímero, se alzan otro tipo de propuestas. Están las llamadas “novelas de crítico”, que no son más que ejercicios novelísticos robados al poco tiempo de descanso que tienen los profesores de colleges y universidades, sobre todo de EE. UU., y que tienen su mejor expresión en algunas novelas del gran Ricardo Piglia, y que en nuestro país cumplen a cabalidad académicos como Peter Elmore e Issac Goldemberg, principalmente. También hay toda una legión de escritores más o menos jóvenes que publican en editoriales pequeñas que no tienen ninguna repercusión en el exterior, y que sobreviven con ventas exiguas, malos pagos y peores campañas de promoción. A excepción de ciertas novelas de Estruendomudo y, por ahí, de Borrador editores, las más apreciadas en mi opinión. Por supuesto, no es difícil imaginar que, en sus respectivos fueros internos, los novelistas de “las grandes ligas” envidien a los novelistas de editoras pequeñas o “jóvenes” su libertad y tiempo para crear, aun cuando esa libertad y ese tiempo sean muchas veces desperdiciados por una falta de rigurosidad, formación y disciplina escritural. Por su parte, los novelistas “no mediáticos” ven el “fichaje” en alguno de los grandes “equipos” editoriales como una quimera mucho más cercana de lo que realmente está, y viven con la secreta y muy guardada esperanza de tener la buena fortuna de un Santiago Roncagliolo o un Fernando Iwasaki, por nombrar solo a dos escritores peruanos que “la hicieron”. Termino, por ahora, con un par de preguntas: ¿no es mejor, en lugar de aspirar a que se les dé “lo que no se les debe”, que estos novelistas aún jóvenes forjen una movida independiente, original, experimental y de espaldas a las estandarizadas concepciones de la novela que tienen las grandes corporaciones? ¿Puede la novela aspirar a la libertad creadora de que goza la poesía precisamente desligándose de la aleatoria y engañosa autoexigencia de éxito entendido -de manera tan peculiar- como “fichaje” en alguna de las “grandes ligas” editoriales que dominan el espectro narrativo actual? (Carlos Ruiz Zafón.)

5 comentarios:

  1. Lalo Archimbaud14.4.11

    uyuyuy Coral, se viene una primicia, chocherita!!!!

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  2. Villarrealino enterado15.4.11

    Muy interesante tu post, Coral. En estos años las editoriales llamadas grandes no han acertado en sus fichajes. No solo fracasos en lo literario, también en lo económico. Los lectores no se dejan engañar, sino cómo explicas los fiascos de Roberto Reategui, Ezio Neyra, Enrique Planas, Miguel Ildefonso, sus novelas son malisimas, estimado. Y lo peor es que las editoriales, para ganar algo de dinero, tratan de meterlas como sea al plan lector de los colegios con mayor poder de adquisición.

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  3. Banana Joe15.4.11

    Recorcholis!!!!!!!

    ñam ñam

    ta wena eta causa rellena

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  4. Anónimo15.4.11

    el último libro de Thays es bueno y está publicado por una transnacional como anagrama.

    CW

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  5. cuando hablo de las grandes corporaciones editoriales no me refiero a Anagrama, donde suele primar, no siempre, la calidad literaria sobre la posibilidad de éxito comercial.

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