7.6.11

¿Cioran explicado?



Como sabemos, este año es el centenario del nacimiento de Cioran. En el último post de su blog en Letras Libres, Christopher Domínguez Michael hace una interesante lectura del porqué de su escepticismo crónico y encuentra en un "pecado de juventud" facista la razón. No tiene pierde.


E.M. Cioran (1911–1995), el misántropo rumano que antes de los cuarenta años escogió la lengua francesa para cancelar la apasionada y ominosa relación que tenía con su patria, se convirtió en un escéptico gracias al remordimiento. En el centenario de su nacimiento, creemos algunos de sus lectores que no hubiera podido ser de otra manera, gracias a la traducción de casi toda su obra rumana, publicada antes de 1941 y al conocimiento de su vida política como compañero de viaje de la Guardia de Acero, la legión fascista rumana que se reclamaba guardiana de la ortodoxia cristiana.

Algunos de los temas de Cioran son el insomnio, el misticismo sin Dios, la historia como bálsamo contra la utopía, los tiranos dignos de ser aborrecidos, Rusia y su literatura, la religiosidad del escéptico. Esos colores, esa paleta de grises y de ocres, no los hubiera podido usar ningún otro que Cioran, admirador del retrato literario y él mismo autor de un complejo autorretrato que a partir de Breviario de podredumbre (1949), en su examen del fanatismo, remite con una majestuosa discreción a él mismo. Entre 1933 y 1940, el joven Cioran enloqueció por Hitler y no se cansó de exaltar al führer en la prensa rumana, mientras oscilaba entre asumir el retiro eremítico del escritor o entregarse, como ideólogo, a la fiebre del fanático.

La transfiguración de Rumania (1936), su libro de juventud, fue, al mismo tiempo, un ensayo de interrogación nacional como los muchos que entonces se escribieron en español, y un esfuerzo por dotar al fascismo rumano de una identidad propia. El de Cioran, como muchos de esos libros ontológicos, expresaba, a ratos con lucidez y en otros con resentimiento, el complejo de inferioridad de una cultura como la rumana, enfrentada a las nuevas guerras ideológicas sin haber resuelto los problemas del nacionalismo decimonónico.

En algunas aspectos, según señala Marta Petreu en An Infamous Past. E.M. Cioran and the Rise of Fascism in Romania (1999 y 2005), Cioran se distanciaba del espíritu de su generación –la de 1927, capitaneada por Mircea Eliade– siendo a diferencia de sus camaradas, un occidentalizante y un revolucionario conservador aficionado –en aquella década canalla en que los extremos ideológicos se tocaban por sistema y fatalidad– al marxismo y al leninismo. No le hacía gracia al joven Cioran, amante de las ciudades, el culto agrario, “nativista” y, admirador como lo fue de la Revolución Rusa, se resistía a creerla obra (sigue leyendo.)

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