22.6.11

¿Cómo es la literatura barroca?




La reconocida crítico literaria Mabel Moraña, en artículo reproducido en este blog, ha dado un panorama más o menos completo sobre el llamado Barroco y sus derivados actuales. Además, ha determinado el verdadero carácter* del Neobarroco latinoamericano, surgido a la sombra de la obra de Lezama Lima, Carpentier y Néstor Perlongher.

Parece necesario ahora recordar las características fundamentales de la literatura barroca. En ese sentido, tal vez sea útil retomar un clásico en el tema: Circe y el pavo real, de Jean Rousset, quien a partir del examen estilístico de la poesía francesa, principalmente de los siglos XVII y XVIII, arriba a cuatro características muy claras, diferenciadas y bien definidas:

1. Inestabilidad: referida a un equilibrio planteado en el poema, pero de naturaleza precaria y que está constantemente a punto de quebrarse, para renovarse o reerigirse otra vez. Abundan superficies que se inflaman o revientan, formas evanescentes, fugaces; desarrollos proliferantes y espirales.

2. Movilidad: el poema barroco es un poema en movimiento, inquieto, descentrado. Eso exige, a su vez, que el lector movilice y multiplique sus puntos de vista y su forma de abordar la lectura.

3. Metamorfosis: Literalmente, “la unidad moviente de un conjunto multiforme a punto de metamorfosearse”.

4. Apariencia: mejor dicho, dominio de las apariencias y de los decorados por encima de las estructuras y de las propias anécdotas e historias que se ponen en juego en el texto.


Con estos presupuestos históricos, no parece prudente reclamar al barroco y sus derivados actuales un supuesto vacío de contenido, una entrega a una “poesía del lenguaje” que esconde tras de sí una “verborrea”, una ausencia de relación con la realidad (¿pero cuál realidad? ¿No es el lenguaje mismo lo más nuestro y, por lo tanto, real?) reprochables poética y socialmente.

El Barroco, desde sus inicios, tiene fundamentos que están vinculados más con una peculiar visión de la vida y del mundo, con la certeza de la fugacidad de las cosas como única base de la existencia humana, que con una crítica social o política, cariz que sólo ha tomado en las últimas décadas. Tal vez recordar el poema de Etienne Durant dé una idea más ilustrativa de la propuesta:

Nuestro espíritu no es más que viento, y como un viento inconstante,
Lo que denomina constancia es una oscilación reacia;
Lo que piensa hoy, mañana no es más que una sombra,
El pasado no es nada, el futuro una nube,
Y lo que considera presenta lo siente fugitivo.

Yo describiría con gusto mis ligeros pensamientos,
Pero, al pensarlo, mi intención cambia,
Lo que poseo se me escapa y las cosas pasadas
Siempre en el presente se mantienen borrosas;
Tal es el imperio de este cambio en mi espíritu.


*”La actualidad de lo barroco no está, sin duda, en la capacidad de inspirar una alternativa radical de orden político a la modernidad capitalista que se debate actualmente en una crisis profunda; ella reside en cambio en la fuerza con que manifiesta, en el plano profundo de la vida cultural, la incongruencia de esta modernidad, la posibilidad y la urgencia de una modernidad alternativa. (La modernidad 15)
El tipo específico de radicalidad barroca se concentra en el nivel de los imaginarios, proveyendo no un ataque frontal a los fundamentos económicos, políticos y sociales del sistema moderno, sino un exposée performativo, teatralizado, carnavalizado, de sus andamiajes discursivos y representacionales, una parodia de su lenguaje y su gestualidad”.

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