3.8.11

Lorenzo Helguero es el poeta de los noventa





Bueno, a la poeta Andrea Cabel (acaba de publicar su excelente Latitud de fuego) , le pareció simpático enviarme, antes de que se vaya a Pittsburgh en unos pocos días, una serie de incertidumbres, a cual más seria que la otra. Bonita despedida….


Casi finalizando la primera parte de “Migraciones” (página 53) el personaje principal de tu novela (Bruno Larco) comenta: “El poema con que cerraba el volumen –cuya única virtud era su título: “Poseía (poemas 1978-1994)-. Era “mañana en la batalla piensa en mi”, y terminaba…” Si bien “Migraciones” es una novela en la que prevalece la formación literaria y vital que a vez se muestra como un diario de viajes, o como una novela epistolar , ¿es desde el 2009 que ya tenías pensado publicar “Poseía”? porque este último poemario, efectivamente, lo publicaste el año pasado, como si Bruno Larco nos hubiera dado pistas editoriales de tus pasos (aunque con un despiste cronológico ya que el “Poseía” publicado realmente contiene versos del 2000-2005). Evidentemente entre tus obras narrativas y líricas hay un hilo conductor, ¿cuál crees que es ese hilo vinculante?

--Si miro hacia atrás y releo Migraciones y Rito de paso, las dos novelas que he publicado, y si veo ahora el libro de cuentos que acabo de cerrar (aún sin título definido), me doy de cuenta de que el vínculo entre mi narrativa y mi obra poética se apoya, finalmente, en la mayor parte, en la búsqueda de una expresión precisa, eficaz, lo que implica un trabajo concienzudo con el lenguaje, como tú bien sabes. Ahora bien, Poseía empezó a forjarse a partir del 2005, cuando vislumbré la idea de que cada libro que escriba debería venir con su poética particular bajo el brazo. Pero, efectivamente, fue a partir del 2009 en que arreciaron los textos en prosa, un 50% de los cuales, modificados, terminaron formando parte de aquel poemario.
Ahora estoy trabajando una novela muy singular donde a un hombre con problemas mentales no le pasa nada, salvo el regresar a pie del hospital a su casa. Es un recorrido por todo Lima, a través de una larga avenida, pero en realidad el libro repudia conscientemente el regalar una historia memorable al lector. Es un libro donde no pasa nada, o parece que no pasa nada. Allí el vínculo con lo poético está más lejano (o tal vez no), sin embargo… esta novela corta me entusiasma más que las anteriores, porque es un reto mayor.

Tienes un blog de Lecturas, Visiones, y Revisiones, llamado como tu poemario, Luz de limbo (Lima, 2001). En este blog colocas no solo temas relacionados con la literatura, si no con la política, las publicaciones recientes, sean o no de literatura. ¿Por qué llamaste a tu blog tal cual como tu libro? Me da curiosidad este tema porque en Luz de limbo haces revisiones muy personales de varios autores (Rose, Cavafy, Miles Davis, Pavese, entre otros) a modo de poemas, y el poemario está lleno de visiones, de relecturas de textos que se manifiestan en los tuyos, incluso en los gráficos que incluyes.

--Con frecuencia, cuando la gente escucha “limbo” tiene en mente la acepción más común: algo incierto, un lugar ambiguo, de paso entre un estado y otro. Pero el limbo literario, como sabemos, es un espacio donde están los grandes sabios de la humanidad que no fueron católicos pero que, digamos, tantearon la verdad sobre la existencia humana. Esto, obviamente, en la Comedia de Dante. El título del libro aludía a esa ambigüedad de la primera acepción –recordemos que era fines de los 90 y la posmodernidad nos encandilaba a muchos-, pero con miras a ese espacio privilegiado que Dante imaginó. El libro mío intenta reflejar esa luz tenue y rara con que imaginé ese limbo dantiano. Aquí hay una clave de toda mi obra: el referente principal está elidido explícitamente del libro.

Me resulta evidente por los epígrafes que usas, véase por ejemplo el de “Fan de Marinetti” de tu libro “Parabellum” donde encabezas el poema con un Salmo, de hecho, con el 10:2, hasta que en otros poemas del mismo libro usas epígrafes de Dioses y hombres de Huarochiri, o de Garcilaso el Inca, o del Bhagavad Gitá, es decir, tu repertorio de lecturas es amplio y profundamente dialógico no solo con tus poemas si no con tu forma de escribir poesía. Lo digo no solo por el estilo particular que manejas en tu poesía, que es reflexiva, y que tiende cada vez más, a la sutileza, a la resignación al desamparo; sin embargo, me gustaría saber ¿cuáles son tus principales lecturas y revisiones literarias? Esta pregunta me viene a la mente porque el acápite “Desastres” de “Parabellum” es una parte particularmente atractiva del libro, ya que el lector se enfrenta a relecturas, a revisiones, a incluso, una forma muy particular de atravesar textos, en muchos casos, densos, antiguos, y quizás, para algunos, complicados, mediante tus poemas, que en cortos versos nos aproximan de modo sutil a todos ellos.

--Tengo tres niveles de libros, y de formas de abordarlos. Primero están los grandes libros, muchos de ellos sagrados, que son y serán fuentes primarias de toda mi obra. Aquí incluyo a los que bien has nombrado, pero se amplía con, por ejemplo, algunos maestros de la patrística (Tertuliano, Orígenes, Agustín) y algunos Upanishads y, por poner un solo ejemplo, los libros de Zuzuki sobre budismo zen. Por supuesto, los místicos poetas me son queridos: San Juan de la Cruz, Angelus Silecius, los hermanos Saint-Victor, entre otros.
Un segundo grupo son los libros de teoría poética que, como comprenderás, cambian mucho con el paso del tiempo. Ahora estoy metido con Meschonnic, Morales Saravia y Francois Jullien; mañana, no sé quienes podrán ser. Esta actualización sobre trabajos acerca de la poesía me atrae porque enmarca una obsesión antigua: hacer una propuesta de poética propia y natural, en correspondencia con mi naturaleza interna y mi forma de asumir el estar en el mundo.
El último grupo lo conforman, por supuesto, poemarios y obras poéticas completas. Cuando escribía Poseía estaba muy metido en Perlongher, Echavarren, Kozer, estaba revisando Hinostroza. Ahora releo -increíblemente aun para mí- Hojas de hierba, Robert Frost, Javier Heraud; Mora y Verástegui, de Hora Zero; algunos poetas bucólicos latinos, pero también algo sobre percepción y fenomenología, y unos tratados de Botánica. Esto para un próximo libro que solo barrunto ahora: luego de que Poseía me dejara en el umbral de lo indecible, lo veo como un retorno a la naturaleza, a las cosas mismas.

“Parabellum” tiene como primer apartado “Último disparo”, es decir, desde un comienzo en este libro tenemos a la literatura, a tu poesía, como un punto que hace equilibrio entre la vida y la muerte, explícanos, por favor, cómo vinculas batalla con poesía, o con vida, o con muerte, porque las partes que dividen “Parabellum” muestran un tránsito: luego de la primera parte, están “Idos”, “Refriegas íntimas”, “Los desastres”, “Después de la guerra”, es decir, es como como si el poemario narrara el tránsito de un personaje que viaja por el dolor de la guerra, y que en verdad, en vez de tratar de sobrevivir a este, como un soldado sediento de vida, en realidad, trata de trascender la propia guerra que puede vivir dentro de si como también cotidianamente en el medio que se desenvuelve. ¿Es así como tu poesía podría hablarnos de la amenaza de seguir vivos?

--Has captado muy bien el espíritu de ese libro… ese progresismo en su resolución que nos deja al menos con un sabor de esperanza final. José Pancorbo pondera los poemas de “Canciones de la tregua”. A otros les gusta poemas de otras secciones. Eso es interesante, porque tal vez cada lector se identifique con una zona particular del recorrido poético de ese libro, de acuerdo con su situación existencial del momento. Parabellum empezó como una preocupación por la guerra interna en el Perú, pero desembocó en una dinámica entre vida y muerte, entre guerra y esperanza. Tal vez no haya una situación tan desesperanzada y desesperante como la guerra. Uno de los grandes aciertos del libro, acaso el único, es incluir esa ventanita de aire que es el último poema, que termina con estos versos: “ese animal nuevo tal vez/ la esperanza”.

¿Qué opinas de la blogósfera peruana relacionada con la literatura? (sobre todo la actual).

--La blogósfera literaria estimo que ha madurado en los dos últimos años. Ya se ven muchos menos líos y acusaciones sin fundamento, y cada uno se ha centrado en los temas que le interesa. Mi blog se ha estabilizado en una cantidad de lectores nada despreciable y muy fieles, y su temática exclusivamente literaria solo se ha visto distorsionada durante la última campaña electoral, cuando me pareció necesario dar algunas opiniones políticas. Luego de esto, volví a mis fueros de siempre. A diferencia de quienes piensan que el blog será absorbido o aplastado por el Facebook o el Twitter, creo que es necesario incluso para hacer campañas para reparar la imagen de nuestro país, a veces mellada por malos elementos ligados al asunto de editar libros. Eso, en el Facebook, creo que se diluye por la existencia de trolls, falsos perfiles y una preeminencia de la “opinión” a secas, sin argumentación. El opinionismo. Eso no sucede ya tanto en los blogs literarios peruanos. Por eso digo que se han vuelto más responsables. Bueno, también los administradores están más viejos todos…

¿Cómo consideras, a grandes rasgos, la poesía de tu generación?

--Creo que hay gente que comenzó muy bien, pero se estancó en temáticas manidas, margino-barriales, invocando figuras de la “cultura popular” y convocando personajes poéticos demasiado reconocibles, todo para empatar con el público. Así, libro tras libro –y ese es otro problema: el aplauso fácil de los limeños hace invisible el hecho de que no todo lo que escribes es publicable- vuelve cancina su retórica y previsibles sus textos. En cambio, hay otros que mejoraron luego de un comienzo irregular, como Héctor Ñaupari, que está logrando -incluso contra mi gusto-apoderarse de una lírica poderosa, intensa. Quien me parece el poeta de la generación, por su versatilidad y regularidad, es Lorenzo Helguero: es distinto en cada libro sin perder calidad y manteniendo una misma poética en lo básico. Muy por el contrario de otros que creen haber encontrado “su voz” y se repiten constantemente. Me interesan también Rodríguez Gaona, a partir de Pista de baile; Xavier Echarri, a pesar de que jura no volver a publicar; Gastón Agurto, que tiene dos libros muy buenos que deben ser más tomados en cuenta, y Victoria Guerrero. Ojo: no considero dentro de lo que llamas “mi generación” a dos poetas excelentes: Rodrigo Quijano, que se inició a fines de los 80, y José Carlos Yrigoyen, a quien considero posterior a los 90. Los demás, mantienen un nivel y empezar a nombrarlos sería cometer injusticias por falta de memoria.

¿Por qué dejaste de estudiar Administración y de pronto pasaste a estudiar Literatura?

--Terminé la secundaria a los 14 años. Por presión familiar, tuve que ingresar a una universidad, pues todos en mi familia son profesionales. Me preparé un par de meses y me presenté a la carrera que creía más fácil; no quería que me jodieran. Así, me vi en Administración; un mal alumno que aprobaba los cursos pero que paraba todo el día leyendo literatura. Luego de terminada esa etapa, ingresé a San Marcos otra vez, a Literatura, donde me encontré con grandes profesores de teoría, lo cual me ayudó mucho: Santiago López Maguiña, Miguel Ángel Huamán, Eduardo Hopkins (que entonces enseñaba Latina). Fue muy enriquecedor para mí aprender con ellos. Allí fue que fundé, en 1998, la revista Ajos & Zafiros.

¿Cuáles son los últimos tres libros que has leído y qué te han parecido?

A riesgo de parecer contradictorio con lo expresado sobre los 90, leo mucho poesía última, del 2000, y libros de generaciones anteriores. Me gustaría más bien comentarte los tres últimos libros que me han maravillado en los dos últimos años. Primero, Resurrección de los muertos, de Gamaliel Churata, alucinante diálogo filosófico con bocetos poéticos y cabeceado de mitología andina, que es como una prolongación ,o enorme anotación, a El pez de oro. Notable y maravillante. Luego, un tratado sobre el ritmo y la mitología y simbología tradicionales, de Maurius Schneider; realmente te enseña cómo el ritmo está en la base cosmológica, musical y vital del humano, y cómo eso lamentablemente se está olvidando, y, finalmente, Hablas del alma con Dios, de una desconocida Dolores Riesco Díaz, poemario publicado en los 40 en Buenos Aires, obviamente de tema místico, y del cual nadie me ha sabido dar mayores luces; parece que es un descubrimiento mío (ojalá lo sea).

Dado que también te dedicas al periodismo, no solo por trabajar en revistas, haber escrito en diarios, y conocer del oficio, si no porque también conoces del lenguaje y de la forma como tratar ciertos temas literarios desde el punto de vista de un periodista, ¿qué opinas del periodismo cultural en nuestro país? Es decir, no solo de cómo se trabajan estos temas en Lima, si no, por tu propia experiencia. ¿Cómo va el compromiso periodístico con el cultural/literario, también en provincias?

--Está muy a la vista que el periodismo cultural peruano está en una crisis tremenda. Luego de la experiencia, sesgada políticamente pero interesante, de “Identidades”, no hay nada rescatable en los diarios actualmente. El Dominical de El Comercio, a pesar de los esfuerzos del gran Jorge Paredes, ya casi no se puede leer; Somos tiene cada vez menos espacio para la cultura, su página de libros da pena; La República ha reducido las columnas de crítica literaria y su página de Cultura se apoya casi toda la semana en cables y voltear cosas de internet. En fin, el panorama es desolador. Espero que, con el cambio de gobierno, el contrato con la cultura y la literatura se modifique, porque, la verdad, más allá de los esfuerzos pujantes pero sin rumbo de la Casa de la Literatura, no se ha avanzado nada en el necesario diálogo que tiene que haber entre periodismo y cultura, entre literatura y promoción. Sin embargo, debo resaltar a los blogs literarios como espacios donde hay una verdadera preocupación por difundir lo que se hace, con las limitaciones consabidas del amiguismo y demás taras que son más bien consecuencias antes que razones de fondo.

Dado que siempre estás dando la hora, ya sea en tu página de libros de la excelente revista COSAS Hombre, o mediante tu blog, o con artículos o crónicas periodísticas, o con poemarios o reseñas, o textos críticos o con narrativa… ahora, ¿cuáles son tus siguientes proyectos?


--¿Dar la hora? Gracias por ese elogio, por supuesto, inmerecido. Bueno, lo de la novela y el próximo poemario más o menos ya quedó detallado. Tengo un proyecto secreto que mi buen amigo Paul Guillén ha revelado a medias en la meticulosa reseña a Poseía que hizo. Es sobre la vandalización poética. Una propuesta de canibalización del texto que la sigo pensando y trabajando. Y quiero que en este centenario haya una obra verdaderamente completa y sin tantos errores de la poesía del E. A. Westphalen. Vamos a ver…

6 comentarios:

  1. Anónimo3.8.11

    Luces, fuentes, delirios y mucho, mucho amor a la dificultad de crear. Deberías volver ya a El Dominical y salvarlo.
    Un abrazo,
    Litio

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  2. excelente entrevista: tanto por las incertidumbres como por las certezas de las respuestas.
    cabel-coral, lindo encuentro.

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  3. Anónimo4.8.11

    Hermosa entrevista, muy enterada la poeta Cabel, una conversación muy rica del más alto nivel. Saludos...

    Juliana

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  4. Anónimo4.8.11

    Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  5. Gracias por tus palabras, Enrique. En cuanto a Litio, pues gracias también y regresaría al Dominical solo por mi gran amigo y gran periodista Jorge Paredes, pero con esa directora, nop.

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  6. Anónimo12.8.11

    "hay gente que comenzó muy bien, pero se estancó en temáticas manidas, margino-barriales, invocando figuras de la “cultura popular” y convocando personajes poéticos demasiado reconocibles, todo para empatar con el público. Así, libro tras libro –y ese es otro problema: el aplauso fácil de los limeños hace invisible el hecho de que no todo lo que escribes es publicable- vuelve cancina su retórica y previsibles sus textos".

    Toma mientras!!!!

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