4.10.11

En la Revista de Libros de La Tercera, de Chile, apareció una apreciable nota de Marilú Ortiz de Rozas sobre El Peruano Imperfecto, la autoirónica y aparentemente inasible novela que acaba de publicar Fernando Ampuero. Digo inasible porque, por lo menos para la mayor parte de críticos locales, la novela parece habérselas escurrido entre las manos como un salmón veloz (o como una trucha); la distancia de la crítica chilena, acaso y en cambio, les ha permitido penetrar en los pliegues más profundos de los propósitos del libro.

Dice la periodista sureña:

El Peruano imperfecto no es una novela épica a partir de casos emblemáticos de su carrera de investigador periodístico, sino que propone una mirada más compleja e intimista del personaje, con sus contradicciones y flaquezas.

En efecto. Pedro José Arancibia, el engañoso alter ego de Ampuero en la novela, vive en realidad una tensión social y cultural permanente, que tal vez encuentra una perentoria solución en su avidez sexual, pero que de ninguna manera puede quedar reducida a su desencuentro con los limeños de hoy, "faltos de clase" y multitudinarios (migrantes). Lo que Ampuero hace en la novela es burlarse del limeño antañón, ex dueño del buen gusto, del buen decir y del buen yantar. En ese sentido, Arancibia es un excluido en su propia ciudad, pero esa ciudad (Lima), ya no es suya, le ha sido expropiada sin leyes ni gobiernos de facto, y ese proceso le ha sido peculiarmente doloroso e irónico.

Como dijo Jaime Collyer en su presentación de la novela en la Cátedra Bolaño, dos cosas aporta Ampuero a la visión de sus contemporáneos:

El humor irrenunciable de sus protagonistas, y la preocupación constante, endémica por el Perú y sus devaneos recientes, sus lacras mejor arraigadas, sus esperanzas de redención nunca alcanzadas.


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