4.12.11

Los haikus de David Collazos

El haiku, más que un género, es toda una tradición poética con un largo devenir histórico que tuvo sus primeras expresiones en ciertos poemas chinos antiguos, de temática festiva o burlona. Posteriormente, Basho y otros poetas japoneses independizaron el haiku y le dieron el carácter especial que hasta ahora intenta conservar.

El haiku en castellano tiene también una historia ya venerable, que se inicia con los poetas mexicanos José Juan Tablada y su Al sol y bajo la luna (1918), Efrén Rebolledo, Rafael Lozano, José Rubén Romero, entre otros.
Otros poetas que cultivaron el haiku, aunque sea esporádicamente, fueron Jorge Luis Borges y Álvaro Yunque, en Argentina; Mario Benedetti, en Uruguay, y en el Perú: Alberto Guillén, Javier Sologuren y el recientemente desaparecido Alfonso Cisneros Cox.

Diario Haiku (Katatay, 2011), de David Collazos, parece querer inscribirse en la vertiente más tradicional de esta corriente. Su librito, muy bien editado, está dividido en las cuatro estaciones del año, a pesar de que en el Perú en rigor solo hay dos reconocibles, y la presencia de la naturaleza y algunos animales es una constante en el volumen.
No se puede negar la afinada sensibilidad de Collazos para captar instantes esenciales que puedan plasmarse en este tipo de poemas. Pero su eficiencia formal no está todavía cuajada. Así, intuiciones muy profundas se ven desaliñadas por un ejercicio desbordado de la medida silábica –esto si entendemos que las moras del lenguaje original deberían traducirse en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima:

No me abrigo

del frío/ más me abriga

la tenue lluvia

Lo que abunda en el libro de Collazos son intuiciones, imágenes interesantes, pero que debieron ser un poco más trabajadas, recibir el pulido artesanal que merecen los muebles antiguos y finos, pues materia prima de primera existe en el libro.

Sin embargo, los reproches al arte del poeta son extensibles a casi todos los poetas de lengua castellana anteriormente nombrados, con lo que no me queda la menor duda de que el libro de David Collazos se puede inscribir con naturalidad en la tradición del haiku peruano contemporáneo.

Gran logro del poeta, y de Casa Katatay, el haber publicado este esfuerzo inicial.


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