27.3.11

Contra la lírica – Pablo Guevara


En una revista Lienzo encuentro una inquietante entrevista de Jaime Urco a mi profesor y gran poeta, el recordado Pablo Guevara. Algunos temas que toca Pablo son discutibles, pues entra en terrenos cambiantes como el de la lingüística, o decididamente fangosos, como el del psicoanálisis; pero el gran aporte de la entrevista me parece que se da cuando el autor de La colisión examina a su propia generación, la del 50:


Mi generación podía hablar de cualquier cosa menos de teoría poética. (…) En gran parte (esto se debió) a la timidez, a la ignorancia. En ese tiempo nadie sabía que el poema era una construcción, que se trabajaba, por ejemplo, con espacios (…) que podía por momentos devenir en un ensayo explicativo de algo. Mejor dicho, los del 50 creían, ingenuamente, escolarmente, que la poesía no era más que lírica (…) y creían que la poesía no era más que una exhalación del sentimiento, ahí moría todo.


La entrevista es de 1987, y vista desde ahora es lógico disentir en un matiz: no todos ignoraban en el 50 el trabajo con el espacio: Jorge Eielson lo utilizó bien en varias ocasiones, aunque no en sus primeros libros. En todo lo demás, mi acuerdo es total y lamentablemente la crítica del poeta es muy actual... Seguimos, Urco se refiere a un salto de lo lírico a lo épico luego de los 50:


Yo diría que ese salto tiene sus graves peligros, aunque significó un avance. Poetas como Cisneros, por ejemplo, aprovecharon ese salto para pasar, en vez de lo lírico a lo épico, a un lirismo épico; es decir, pasaron a un yo monstruoso, a un yo macrocefálico que hablaba en una forma narcisista, gozosa y criolla de su yo, contando muy poco de la realidad.


Cierto. Más allá de los logros formales y los éxitos, no hay abandono real de la lírica rancia si no se pone entre paréntesis ese yo que actúa como espejo deformante, como elemento pixeleador de una comprensión muy pobre de lo real, y en tanto aún se entienda el acercamiento a una realidad -sea interna o externa- siempre dada a través del tamiz distorsionante de un yo que ahora ya nadie sabe como mantener en pie de letra (o de guerra). Luego, y antes también, Guevara cae en una curiosa actitud de ensañamiento con los 70, y en especial con Hora Zero (algo que deberá ser develado en otro post), pero apuntala la idea central:


Yo siempre he sentido que el poeta no es más que un médium. El poeta no es tanto un biógrafo de sí mismo sino un historiógrafo, un cronista, un sismógrafo de su sociedad, pero no un biógrafo de sí mismo, y ahí está el malentendido de la generación del 60.


Sorprendente: Pablo da en el blanco, pero digamos que los colores de su flecha no son los míos. Lo del médium es casi una boutade, no me sirve ahora. Pero más que historiógrafo o cronista, el poeta hoy (y Pablo, que murió hace unos años, no llegó a reconocer acaso las nuevas formas) es un deconstructor de su yo poético y de sus propias coordenadas.


Hoy, la poesía no me parece que pueda ser trabajada sino con la fenomenología poética de Ponge–“hay que leer filosofía”, me decía el recordado Luis Jaime Cisneros-, pasando por el anticonfesionalismo y radicalidad lingüística del neobarroso, y mirando hacia una vandalización de las letras que aún está por hacerse.


Por cierto, los libros más valiosos de Hinostroza escapan a la determinación de Guevara, y si ubicamos en esa categoría puramente explicativa (los 60) a Ojeda, pues la injusticia puede aún ser mayor. Sin embargo, Guevara, desde el ya lejano 1987, tensó su ballesta como el que más, y dio sonoro blancazo sobre las insuficiencias de la lírica. Algo que hoy solo los acomodaticios y ociosos de la poesía no quieren ver.


(Pablo Guevara, poeta.)

15.3.11

Una poética del fracaso


Estaba dudando sobre postear este texto. Pero una conversa con un amigo poeta sobre las comodidades de explotar "la propia voz", y sobre las melifluas exigencias editoriales españolas en cuanto a poesía, además de el enterarme de que en EE. UU. es un best-seller un libro que no tiene letras sino solo páginas en blanco, me animaron. Va.


“El triunfo de la artesanía es la muerte de la artesanía”, dijo Mirko Lauer alguna vez. Lo mismo, mutatis mutandis, se puede decir de la poesía contemporánea. De diversas formas, ser exitoso –y vamos: ¿qué puede significar en concreto tener éxito en un género tan venido a menos?- en poesía implica haber renunciado a la búsqueda, haber logrado un juego de moldes sobre los cuales el poeta se inclina de cuando en cuando y ¡pum!, otro premio. Pues para nadie debe ser raro que hoy se premian -cuando no los libros de los amigos- conjuntos de anecdotarios, voces encontradas (sic), o a poetas transmisores de experiencias, eficientes y claros como un buen celular…

Frente a ello se levanta la idea de una poética del fracaso. No una celebración del fracaso ni un levantamiento de la mala poesía en contra de la considerada buena. Más bien un desentenderse el poeta de las medianías de lo que exige el mercado, pues, como dice Derrida: “Es cierto que ir hacia el otro es también negarse, y el sentido se aliena en el pasaje de la escritura”.

La preocupación por el otro, por el lector, modifica la intención inicial y nos desvía de la diversidad de caminos poéticos. En ese afán termina el poeta negándose en su esencia y posibilidades. Si uno ha comprendido que la poesía hoy solo puede ser una búsqueda incesante, una revelación (un rebelar) de poéticas, en lugar del antiguo paradigma de “buscar tu propia voz”, entonces resulta claro que lo último que debe preocuparnos es tener éxito en la “llegada” al lector; escribir, más bien, se convierte en un escribir para sí, que solo a posteriori tiene que ver con el lector.

Ello, no lo duden, asegura el fracaso editorial del libro, incluso el fracaso lectural, a veces. Pero pone en primer plano uno de los aspectos que más importa a la escritura poética, en palabras del poeta Edison Simons, el ritmo, pues

más allá de sus figuras, tropos y conceptos, la poesía tiende, en las modulaciones de su articulación, a la condición de la música. No se trata de imitarla, sino de dar un paso más acá para estudiar los supuestos que la hacen posible en nuestra lengua.

En la autopista, trajinada y caliente, pero muy afirmada, de la poesía vista como búsqueda del éxito personal, se pierden más estros, se estropean más cuerdas vocales (por atrofia, por supuesto) que en el camino abismal y pedregoso de la búsqueda incesante con el lenguaje vinculado a lo real, en la tarea sisífica de la invención de poéticas alternas que nos digan que estamos frente a un creador que ha asumido el nuevo paradigma con claridad. Nuevo en el sentido de inefectivo para el éxito, se quiere decir.

“Para obedecer a ese ritmo, hay que abandonar las anécdotas”, nos dice Simons. Sabemos, si embargo, que para muchos es difícil evitar una historia, una confesión, un deseo expresado. Pero si tan solo pudiera el poeta abandonar una cierta lírica adocenada que enrarece el aire literario actual, ya sería bastante. Eso --¡cuidado ilusos!-- implica renunciar en un 80% o más al supuesto y candoroso éxito que todo vate cree ver en su horizonte inmediato.
(Baudelaire.)

13.3.11

Y AHORA LA GEOPOÉTICA


La geopoética es una poética global establecida por el poeta Kenneth White, quien piensa que la poesía nueva es "una teoría-práctica transdisciplinaria aplicable a todos los dominios de la vida y del conocimiento, que tienen por fin reestablecer y enriquecer el vínculo Hombre-Tierra roto desde hace tanto tiempo".

Ello, por cierto, ha tenido consecuencias en los planos ecológicos, piscológicos e intelectuales; frente a esto, la Geopoética pretende desarrollar nuevas perspectivas existenciales en un mundo vuelto a fundar. Les dejo con un poema de White publicado en Le Point:

Traversée de la Bretagne
un jour de janvier


Vendredi matin
allant vers l'ouest
déchaîné le temps


vent fort, pluie violente
enflé le torrent


Guingamp, Carhaix
les montagnes noires
perdues dans la tourmente


la forêt du Beffou
trempée et torturée


heure après heure
la tempête rageuse


puis, soudain
ciel bleu et serein
la clameur des goélands


et ce fut Lorient.


También pueden visitar el sitio web del poeta y teórico:

http://www.kennethwhite.org/geopoetique/

11.3.11



Hoy a las 21:00 - Mañana a las 6:00
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Colectivo Globo y Zela Bar te traen a La Combi Discoteca, una fiesta cargada de mucho ritmo tropical electronico, cumbia digial, tech house y sonidos urbanos que te haran mover el esqueleto.

Ademas te traemos en exclusiva en su primera presentacion a Cumbiatron... Duo de djs que dará que hablar con lo mejor del sonido tropical electrónico. quienes estarán acompañados por los djs Raul Pinedo y Milthon Aguero...

5.3.11

El apocalipsis vende bien


Una nota de Lire, la revista de l’Express, llama mi atención. Habla de la reedición de Les camps des Saints, la novela apocalíptica de Jean Raspails que alucina una invasión «bárbara» de inmigrantes a Francia. El autor de la nota, Emmanuel Hetch, parece relacionar el éxito de la novela con el contexto político social actual en Oriente ; pero sobre todo con la fecha de publicación del libro por primera vez, 1973, al año siguiente el problema de la inmigración empezó a preocupar de verdad a Francia:

Le thème est porteur, dira-t-on, au moment où la Tunisie, l'Egypte et la Libye vivent au rythme de la révolte de leurs peuples. Certes, mais l'ouvrage a été publié il y a près de quarante ans, en 1973. Jean Raspail a confié à Valeurs Actuelles et au Figaro magazine que l'idée du livre lui était venue lors d'un séjour délicieux sur la Riviera. Il regardait la mer et le scénario s'est déroulé dans sa tête... A l'époque, faut-il le rappeler, l'immigration n'était pas un sujet politique. Il le sera à partir de 1974 après que Jacques Chirac, Premier ministre de Valéry
Giscard d'Estaing, institue le regroupement familial, lot de consolation octroyé en échange de l'arrêt de l'immigration des travailleurs.

La nota trae además una larga lista de las novelas de corte apocalíptico más importantes aparecidas en Francia en los últimos años, y otra de ensayos sobre el tema. Vale la pena chequearla.

2.3.11

Inédito de Tulio Mora


Con este poema iniciamos la publicación de una serie de poemas inéditos hasta el fin del verano. Enviar sus colaboraciones a vicoral@gmail.com. Gracias.



LOS ANILLOS DE SATURNO


¿Qué es eso de llorar al ver los anillos de Saturno
tan perpetuamente perfectos que uno podría bailar
deslizándose por sus pistas de diverso color
hasta dar una vuelta mil años después?

Este es un punto en que toda fascinación fracasa.

Mis hijos -pequeños y míos entonces- estaban intrigados
de mirar el espacio y me creían.

No existía Platón
expulsando a los poetas de su república.
No existía Karl Popper con sus terrores totalitarios.
Solo yo y mis hijos. Y un astrónomo colocándonos
a las 5 de la mañana un telescopio para celebrar
el solsticio de invierno.

Se supone que uno es feliz cuando quiere escribir
un poema sobre la Flor de Escarcha.
Es un sueño escondido para retar las capacidades
de los viejos maestros de la revelación.

Se supone que el poema ya está escrito
cuando tus chicos pegan el ojo contra un tubo tan largo
y los ooohs que resuenan en todo el valle
ya han insinuado
la amplitud de lo azul que estás persiguiendo.

Y nadie debería morir si escribe ese poema esperado,
esto lo estaba pensando mientras me complacía
la admiración de mis hijos.

¿Pero no es injusto trasladar tus pasiones a quienes sueñan
y lloran mirando la prisión de tantas circunferencias
como si fuera el descubrimiento de un misterio
que aún no hubieran querido reconocer?

Y Platón expulsándome de su reino
donde empezaba a hacer infelices a mis chicos.

Era una culpa de locos.

A ver si avanzas 312 kms
explicándoles a dos pequeños
que la satisfacción tiene el nombre
de una conspiración astral.

A ver si te aplauden cuando como Gene Kelly
bailas en un skate bajo todos los colores de la lluvia.

A ver si Platón amablemente
se ahorca en cada uno de los asombrosos aretes.

Porque el amor ya no es igual después de mirar lo infinito.

(De "Trapos líricos"-inédito)
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