29.4.11

Poseía, de Víctor Coral: dialéctica y hermenéutica de la ausencia

Mientras espero que publiquen en el extranjero una magnífica y sobria reseña de Paul Guillén sobre mi libro, Poseía (2005-2010), los dejo con este ensayo del historiador sanmarquino Gustavo Montoya. (Tienen que leer su libro sobre la Independencia publicado por el IEP). Abrazos para toditos ;)


“Y si al recuerdo
sólo lo cura la presencia,
¡ven de nuevo a mis
brazos para olvidarte
un poco!”
Alberto Hidalgo


Para Manuela
Montenegro.
Celebrando
su presencia.


Por Gustavo Montoya Rivas*


¿Como definir la naturaleza de la ausencia? ¿Cuál es su principio activo? ¿Cuándo transita ese peligroso o feliz tránsito de potencia al acto? ¿Como asir y representar la historicidad humana o natural de la ausencia? Un casual encuentro en el centro de Lima –verano del 2011- con mi amigo Víctor Coral desvió mis ocupaciones -casi obligaciones-, que por voluntad propia he asumido con el lumpen ilustrado de esta urbe que amenaza, una vez más, con despejar llamaradas de indignación y de señales ciertamente conocidas, pero que suelen ser peligrosas.

Su poemario, estratégicamente titulado: POSEÍA (2005–2010), y que distraídamente me obsequió antes de un mediodía, me ha conducido a reconsiderar algunas certezas de mi reciente conversión al neoprovidencialismo. Es decir, hallar señales, signos, visiones, que el azar y esas circunstancias misteriosas que la vida -a veces, y solo a algunos- nos visitan de improviso.
Una aclaración más, no es una advertencia, es la precaución propia de un sujeto que intenta reflexionar con una mínima honestidad. Lo que sigue ha sido escrito en medio y seguramente impregnado de esta ciudad de la impaciencia y de la dádiva espontánea. No es este un texto redactado en la placidez de una biblioteca. Ha sido pensado, ponderado y sentido con el bullicio de esta urbe que contiene promesas y amenazas.

Precoz madurez
El tema es vasto, inasible, avasalla aun al lector avezado; y sin embargo, este poeta, al que conozco hace décadas y, seguramente por efecto de la violencia del tiempo que se ha impregnado en su piel y sensibilidad, indaga sobre un aspecto medular de la naturaleza humana. Mejor sería decir, sobre sus carencias, sobre las pérdidas, sobre las derrotas, en una palabra: sobre las ausencias.

Existen diversas vías para razonar o sentir las ausencias. Ciertamente, es un texto que exige interlocutores atrevidos, parricidas, peligrosos, audaces, aventureros. Como la actual generación de jóvenes rojos, rebeldes y creativos. No es casual nada, absolutamente nada en el texto. Por ello, el poeta eligió el justo título a su primer ensayo, a su primera exploración sobre la miseria de la condición humana contemporánea. Y eligió bien: razona, reniega, sopesa, mide, observa, y luego de cinco años eligió una de las experiencias humanas más sobrecogedoras. Terrible y temible. Pero también es un fiero desafío, una provocación; más aún, es el atrevimiento estético de un artista que pone a prueba las certidumbres éticas y morales instituidas entre nosotros. El título es una disculpa, es la precaución de un sujeto que ha ingresado a una precoz madurez, propia de escenarios históricos y contemporáneos que distinguen a países que han padecido sistemas de dominio colonial y sus consecuencias materiales y espirituales que le son inherentes.

El poeta, desde los iniciales versos de su poemario y armado de esa olvidada estrategia cartesiana, desnuda metódicamente las carencias espirituales contemporáneas. Las ausencias entonces cobran una autonomía que el poeta es incapaz de administrar y sujetar. Fluyen por encima de su voluntad, se impregnan en sus versos acumulados en un lustro que muchos ignoran, prefieren no rememorar.

El olvido, a diferencia de la ausencia, conduce al domesticamiento, a esa placidez espuria, a las concesiones y a la ausencia inicial de la orfandad humana, y luego, paliada por la centralidad de la espiritualidad humana, a la confianza en los dioses, la ética, la moral y los valores superiores. La confianza en fuerzas superiores que sabiendo que existen –existen porque las obras y acciones bondadosas y terribles de sus feligreses han sido consumadas en su nombre- han sido dejadas de lado por la banalidad, el espectáculo, el mercado y el bastardo capitalismo que aún sobrevive e impone sus razones y veleidades sobre las mayorías sociales. Es la vieja alcahueta: la mercancía .

El poemario se inicia con una certeza demoledora: “todo aquí se derrumba”. El escenario es la decadencia, el hastío, la rutina. Y más adelante: “su incapacidad de escapar los convierten en figurines perfectos de la ausencia”. Es la referencia trágica a la resignación, a las derrotas de la condición humana. Ni siquiera la naturaleza es capaz de mitigar esta imagen desoladora: “y el agua que, desde muy arriba, cae y cae sin renovar ni cambiar nada” Entre líneas se hace referencia a la lluvia, a esa experiencia natural y que milenariamente está asociada a lo que el poeta niega: la regeneración, la innovación, la renovación, la creación, las estaciones. Los calendarios primarios y, por ello mismo, sagrados y certeros.
A continuación, el poeta acomete contra la memoria. Aunque, como veremos más adelante, duda. Pero vayamos despacio por este texto que exige lectores avezados, pensadores estratégicos que logren captar lo que se avecina: Digo, quizás: “la casa, abandonada desde siempre –pero no había memoria, no había palabra fijadora- permitía las no voces como la madre ve alejarse a sus hijos, ya crecidos del trizado hogar”.

La memoria sigue siendo objeto del poeta. Se trata de expresarse con el corazón descubierto, nombrar las cosas por su nombre: “no sublimación, no lírica: los no demás emitían ayes, gruñidos, ruidos de casas empolvadas”. Convocar a los no nombrados, a los invisibles, al “otro”; a los marginados pues. ¿Suena contemporáneo? Este reclamo será en adelante una de las vigas centrales que articulan su reflexión. Y en un movimiento audaz, invita al lector a mirar los abismos republicanos singularizando territorialmente su reflexión: “pero el fantasma sureño – que escribió- miraba hacia atrás, terco, y pensaba, en voz alta de espectro, que el tiempo del racismo, el honor, el prejuicio, fue incluso mejor”.

Por supuesto, esta imagen da lugar a múltiples lecturas. Se trata de dos formas complementarias y antagónicas donde se desenvuelve la memoria. Una memoria individual, familiar, y su complemento, la memoria social y colectiva. La historia -como registro y discurso- a diferencia de la memoria, sujeta lo vivido, apenas registra con arbitrariedad lo acontecido, se congela en el discurso del sujeto que lo enuncia, ensambla los eventos humanos. Posee un registro de propiedad. Por el contrario, la memoria está en permanente movimiento, se renueva, interviene sobre lo acaecido y sobre el presente, moviliza voluntades propias y ajenas. Sobrevive y, cuando arriba a una autonomía situada, se enfrenta, corrige y derrota el registro que la oprime. Por ejemplo, el país desde donde el poeta “piensa y siente”. ¿Remite aquella imagen a la memoria social que el poeta posee del sur andino y lo que ello representa? Una suerte de hipoteca andina visible en el reciente espectáculo electoral: “allá van las negras constelaciones de mi tierra: la llama, el zorro, el quipu, en el vacío”. Conozco al autor y no estoy autorizado para exponer sus certidumbres políticas e ideológicas sobre este tema. La dureza se respeta.

Lenguaje renovado
Existe en el poemario desde las iniciales imágenes el anuncio y la advertencia sobre los hallazgos expresivos del poeta. Un lenguaje renovado. Es el resultado de búsquedas y desgarramientos internos. Después de “pecharse” consigo mismo y sus colegas, se revela en contra de los cánones y lugares comunes de la poesía:“con demasiada frecuencia en cromática superficie fugaz me hacen hablar de la anulación del lenguaje”.

Pero el lenguaje, la impronta de la comunicación, siempre se ha valido de múltiples estrategias y recursos. Y es esta comprobación empírica lo que le permite dar rienda suelta a su imaginación y a nuevas “presencias”, que es la contraparte estructural de las ausencias. He aquí el resultado. Mejor aun, la dialéctica de la ausencia se transfigura en el marco de las revelaciones y las epifanías: “es que no han visto el caballo pálido casquetear justo detrás del horizonte”.

La epifanía como estrategia. Es, desde este punto de vista, el retorno a lo clásico, antesala de la modernidad que todo lo renueva sobreviviendo y prolongando los orígenes. Por ello, apela a la mordacidad para hacer visible y descubrir las convenciones y alienaciones: “preferimos las anécdotas, claro, las lecciones, el logos espermátikos; no con de pantera piel (…) y la vergüenza nos copa hasta la acidia (…) piel para acá, piel para allá; sentido para acá, sentido para allá”. En efecto, lo políticamente correcto se traslada a todos los escenarios de la convivencia, domesticando el instinto creativo. La razón instrumental oprime a la razón liberadora. La moda y el espectáculo doblegan todo intento por recrear la vida .
En las breves y fugaces concesiones que el autor otorga a las presencias, estas irrumpen en el texto de manera inequívoca. El mensaje es evidente: “y ahora que hemos abandonado la claridad de una presencia, hay que oler la estela de desastre que el viejo atoq nos ha legado en su huida, como la propia noche que genera en nosotros formidables fantasías y más demonios de los que el infierno puede albergar, nos hace ver…”.

Se me ocurre que lo anterior puede estar vinculado a experiencias espirituales reveladoras y decisivas de la mitología andina. En efecto, hay un pasaje revelador donde la ausencia es derrotada fugazmente por su antagonismo ontológico: la presencia. La imagen ha sido construida con demasiado cuidado. Remite a una metáfora andina, no interesa aquí si ha sido inspirada por la obra de Arguedas , interesa más bien el giro, el tratamiento de la imagen. Interesa la pérdida, el recuerdo, el precedente, la posibilidad en suma de levantar nuevas presencias, nuevas formas de existencia, y estas se remiten a la historia por intermedio de la memoria.

A mi juicio, este párrafo remite al célebre pasaje escrito por el extirpador de idolatrías, el dominico Francisco de Ávila, que hacía mediados del S. XVII, redactó, en quechua, la declaración y el severo interrogatorio a que fue sometido un sacerdote prehispánico de la región de Huarochirí. El poeta desliza una imagen poderosa y perturbadora. La disputa por las almas de los colonizados.

En ese texto se narra el encuentro de un zorro de arriba y un zorro de abajo; este encuentro se produce en Cieneguilla; territorio privilegiado que constituye una tregua ecológica, un lugar de encuentro neutral y armónico entre el mundo de arriba y el mundo de abajo. Entre Yungas y Quechuas. La Costa y la Sierra. ¿Suena anacrónico? No, es la ausencia que hilvana el poemario. Los zorros convienen en reflexionar y comentar eventos acaecidos entre pueblos cautivados por el conflicto, la fatalidad. La lucha por el poder, la guerra y las sucesiones de la autoridad.

Entonces, la región padecía una disputa por el poder, la guerra en suma, la tragedia espiritual que carcomía a esos seres prehispánicos; hacia la medianoche, los dos zorros meditan y charlan, comentan los trágicos sucesos que agobian a la región. Hay un personaje crucial en el relato, es Huatyacuri, el héroe dios disfrazado de mendigo que accede a la información que fluye del diálogo entre los dos zorros, y es sobre esta información que Huatyacuri obtiene las claves que luego le permiten resolver el “desorden” y el caos existente. De modo que esa “estela” que el viejo atoq ha dejado en su huida debe ser “olida”; la poesía cobra aquí una autonomía y poder que avasalla al “pensamiento”; oler, sentir, intuir, sospechar, insinuar, temer, amar y odiar son pues experiencias primarias -¿ hoy ausentes?- de la condición humana. El poeta habla desde el corazón, los afectos y sentimientos:

“ah, el corazón: ¿como algo puede ser el gran motor y el culpable de todo?

Y ello, una vez más, nos remite a las ausencias, a las pérdidas, a la confusión, a la demencia de estos tiempos.

No a la visión domesticada
Entonces el desafío es evidente, hay que imaginar nuevas situaciones, hay que reinventar lo acontecido, hay que liquidar esos “demonios”, y reinventar esas “formidables fantasías”. En medio de la desoladora reflexión del poeta es posible hallar resquicios que dan lugar a la esperanza, al deseo, al poder de la memoria y la imaginación; pero todo ello esta condicionado a la intervención sobre lo que acontece, a abandonar esa placidez del observador domesticado y que lo conduce a la resignación:
“Que es ser alguien? (…)¿ Que fue ser? Ser fue construir para no temer, producir para no confundirse; pero esa confusión era al menos un centro, y la construcción devino en abandono (…) ¿qué fue ser, dije?”

La imaginación y el trabajo creativo. Un horizonte es lo que reclama el poeta, un centro, un orden, un pensamiento situado: “para no temer”; ¿no es visible acaso en estos pasajes el reclamo por edificar una coexistencia justa, ética y moralmente superior para la convivencia humana? ¿No es notoria la invocación y el reclamo para edificar un tipo de comunidad ideal? Es el reclamo a un país –¿a una clase social?- ausente de su historia y de su memoria, carente de identidad. La crítica a la sombra ambigua y amenazante de la nación es filuda.

El texto es un desafío, es una lucida y sobrecogedora inquisición a la pobreza expresiva de las diferentes estrategias discursivas. Existe un celebre libro de un historiador francés que muchos citan y pocos han entendido. Su libro titulado “Las palabras y las cosas” cobran en este texto una actualidad válida. En efecto, las palabras avanzan más rápido que las cosas. La significación de la materialidad humana es más lenta que la enunciación de su naturaleza. En este poemario, las palabras intentan anticiparse y derrotar el posible desastre que se anuncia en las cosas:

“las palabras ocultan las cosas (…) son falsedades con las que armamos un mundo regidor en fuga; y las cosas…las cosas solo están a la mano cuando lo más a la mano es lo más lejano y solo la palabra es nuestro prójimo (…) sí, nuestras palabras son creaciones de sombras, símbolos de la falta que nos carcome; y sin embargo nos sirven, y peor, nos engañan”.

Los colores son otra estrategia para abundar en la crítica a la razón convencional del lenguaje. Es la rutina y la simulación expresivas que convienen en transitar sobre sus mismos pasos una y otra vez hasta el extremo de cubrir cualquier otra forma de representación:

“¿colores? La convención y la luz se repelen (…) lo que pocos saben –pero todos viven- es cómo prolifera la nada entre nosotros: expreso algo y recibo a cambio otra expresión: miserable milagro (…) tristeza de tener solo expresiones (o sea, simulacros) y no un rayo que supere y conecte el soledío (…) soledad y vacío; solo vacuidades que se filtran en expresiones presionantes, deseos desaseados de un yo que ya no pega ni grita”

La angustia por la representación es demoledora. ¿Por qué el poeta acomete y se subleva en contra de lo establecido y lo convencional del oficio que practica? “Tristeza de tener solo expresiones ( o sea solo simulacros) y no un rayo que supere y conecte el soledio”. “Simulacros”, dice, una vez más la ironía revestida con la capa de la denuncia, la mordacidad, hasta de la burla. “Simulacros” es la “medianía del habla” que ya fue instalada en su memoria crítica y el desconcierto que padece el poeta, que lo oprime y le exige hacer visible las ausencias, los vacíos estéticos. El abandono de las viejas y vitales tradiciones de escritura que lograron conmover mentes y corazones, que existen, pero que han sido asimiladas a la banalidad, al espectáculo, a la frivolidad, en suma. Por ello el texto confirma la sospecha: “soledad y vacío”; y ese “yo que ya no pega ni grita”, es con toda seguridad el sujeto contemporáneo, derrotado, incapaz de levantar nuevas utopías, nuevos horizontes.

El deseo es, quizás, el último reducto de la vitalidad humana; es, después de todo, la experiencia biológica y social de la condición humana que logra desencadenar tragedias como también alegría, fiesta, creación; el deseo de la mano con la imaginación han sido, son, las fuentes infinitas del ¿progreso, del desarrollo, de la modernidad? No lo sé, pero la forma en que el tema se proyecta en el texto ya es suficiente. Utopía, Ucrania y entelequia asisten como convidados de piedra a una danza peligrosa a la que el poeta ingresa desprotegido. Una orgía crítica y creativa. Dionisiaca.

Existe en el texto un bello pasaje que remite a la biografía de Víctor. Si se me permite exponer esta confidencia. Es, en efecto, su niñez y adolescencia en el viejo Barranco. En estos pasajes el poeta desborda de optimismo y extrañeza; de añoranza. La ausencia es derrotada por la memoria. “poseía: la noviecita que salía por su ventana marrón, con su blusa celeste y amarillo bajo, de gasa, dejando ver, por un momento, las tiras de su pequeño brasier (…) no salgas, quédate, no nos encontrarán”.
El sentido de pertenencia, el anclaje ontológico, su identidad, su filiación territorial y de linaje. Es una evocación del terruño, del pueblo, de su pueblo urbano. Relata con instinto los juegos infantiles, las fijaciones primarias de su posterior identidad como poeta. Los amores puros.

“el rumor de los ficus por la tarde y encontrar cuculíes tibias o muertas cerca de los rieles del pasmado tranvía; juegos sencillos y hermosos: bata, canga, el perverso lingo, las canicas a tres hoyos y con unver: los vinilos de mi hermano mayor, slade en vivo, astral weeks, whos next, the White album, originales y sacros, que apenas podía tocar en su ausencia; la belleza del sol de enero iluminando la cometa roja y azul –un soberbio avión de dos metros hecho entre todos en el barrio- que veíamos pequeñito y muy solo, tan lejos que la cuerda con que lo volábamos desaparecía en el azul del aire; el desprecio a los cobradores, los salseros, los aucheros, los delatores, las chicas ambiguas, las películas sin acción, las zapatillas modestas, los peinados simétricos,las jergas pasadas de moda (…) poseía a mi madre…”.

La memoria intenta reconstruir su identidad y sus futuras opciones de vida y de creación. Intenta recuperar experiencias decisivas que expliquen sus actuales carencias discursivas, la angustia que lo envuelve por no poder expresar lo que siente y entreve: “¡libros!, libros intonsos, subrayados, quemados con pavesas, con manchas de vino y/o de café, libros que no te dejan nada sino una historia que se recuerda o se olvida”.

Es, por supuesto, esa misteriosa inclinación de un sujeto que no proviene precisamente de una estirpe adocenada por la ilustración, pero que por efecto de su infinita curiosidad y sensibilidad, se inició desde la infancia en la fantasía, en esas aventuras imaginarias y silenciosas que son íntimas y que, a veces, en ellas nadie repara; remite a una biografía singular, no ajena al grupo, a la mancha del barrio, pero íntimamente distinta y quizás mantenida y sostenida en la penumbra: “poseía demasiados no y unos pocos sí que se fueron quedando en el camino hacia este acre libro que nunca hubiera leído a esa edad: poseía. Y acaso poseía entonces aquello que intento, en ilusión, ahora recuperar”.

¿Job contemporáneo? Antiurbanismo…
Ni siquiera la divinidad escapa a la duda metódica del poeta. Ese ojo es efectivamente la divinidad con la que el poeta discrepa, le pregunta, reniega, pero sin llegar a la blasfemia. Es la vieja amargura del Job bíblico que no entiende las desgracias que acontecen al ser humano. La angustiosa búsqueda del dios escondido, del dios no conocido , va hilvanando imágenes precarias. Bordeando los abismos:

“el ojo con que veo la ausencia, es el mismo con que la ausencia en la que nada mi ojo, es la misma en que la nada nadea. La ausencia con que yo veo a dios, es la misma con la que él me olvida. el ojo con el que yo veo lo mismo, es el dios mismo que no ve nada. Solo hay ausencia y dios, esquinados, los mismos, siempre, y una nada que quiere ser yo y decir algo, pretencioso, al respecto”.

No interesa aquí la filiación doctrinal, confesión religiosa o la referencia a una iglesia en particular. Interesa, más bien, la equilibrada y audaz respuesta al ateísmo práctico convenido y oportunista que prevalece y domina en las bravuconadas líricas de cierta poesía que reniega de la dimensión metafísica de la existencia humana.
La ausencia cobra múltiples orientaciones, sentidos; puede confundir al lector desprevenido. La materialidad de la existencia, de las cosas y las edificaciones, en suma, el acondicionamiento territorial, el urbanismo y las ciudades no escapan a la demoledora crítica del poeta:

“ausencia de noche. ¿Quién puede oír la sirena de guerra, el silbo de los cohetes, estruendobronco de las calles que se desbrozan y los muros cayendo o desgranándose, cuando uno se ocupa de la ausencia? (…) la ciudad apenas entre en la oquedad, nada se mueve (…) para volver a nacer en la imagen, muros millones de muros tasajeados con nombres, fechas, apodos, refranes, amores, sexogradaciones…al final, columnas de sombra rodean la palpitante ausencia con el sol dorando con rayos de cerveza el escenario nadal”.

La urbe, las ciudades, lo citadino, la condición cosmopolita de la intervención territorial del capitalismo es develada y desenmascarada con método. Por cierto, no existe aquí una referencia o añoranza a la memoria urbana del bien perdido. Más bien es el reconocimiento de la dialéctica urbana de la ausencia. De las fundaciones y refundaciones citadinas. De lo mudable y la sustitución que la modernización exige. La idea del progreso es cuestionada: “¿Cuantas ciudades hay que imaginarse antes de aceptar el vacío?”

Pero la ciudad también es escenario de la aventura, del amor, de las superiores realizaciones ontológicas. De la fraternidad y el heroísmo laico, anónimo y, por ello, universal, comunal. La ciudad como promesa y posibilidad:

“ciudades de la noche tirado en la penumbra, alucinado, donde una callejuela nos entrega a quien amamos , o donde uno se imagina salvando a un niño de un atropello, o siniestros enrevesados y arduos de donde se sale héroe y confortado”.
La urbe es una jaula de hierro acompasada por la rutina cotidiana que obliga a la trasgresión, la traición, la bohemia y el hedonismo:
“ciudades del hombre serio que va, sin desviarse, de la oficina al motel, del motel –mierda- a la casa; ciudad invertida, esa contraciudad que se desmaraña sin maña bajo el asfalto, con sus millones de ojillos”.

Es la ciudad sumergida, la que todos ven y de la que nadie habla, más bien la gozan, a hurtadillas, sigilosamente. La culpa se instala: “como quien se entrega solitarísimo, solipsísimo a una puta que se desvanece con ella”.
La ausencia no es la simple prolongación y negación dialéctica de la memoria, de una memoria que extraña lo perdido. La ausencia tampoco puede ser nombrada como el sinónimo de lo que se sabe que existe pero que no se posee. El poeta sabe que el “deseo” es más poderoso que las ausencias: “pero escribir…esperando el milagro…magro. Vivir el espacio entre posesión y deseo”. Quizás por ello se niega a nombrarlo, salvo en una brevísima concesión –que el lector interesado habrá de hallarlo- , e instalarlo en esta sinfonía trágica, pensada al detalle para criticar con método las carencias éticas y morales de sus contemporáneos.


“Testigo irreverente de esta pérfida época”
Ciertamente, este poemario nos es el texto de un filósofo que ha meditado académicamente las dimensiones de las ausencias. Es mas bien el texto de un ser humano singular, excesivamente sensible cuando escribe, es el texto de un testigo irreverente de esta pérfida época; como todos, como algunos, seguramente el poeta ha hecho concesiones al poder, al que niega y denuncia en su texto; a ese tipo de existencia que carcome el viejo hábito de pensar, de reflexionar, de ver pasar la vida e intervenir sobre ella, de ser padre, ser ciudadano, ser soldado, existir, ser y cumplir en suma los imperativos que la comunidad a la que uno pertenece no le exige, sino que estas obligaciones fluyen espontáneamente. Es, pues, la angustiosa búsqueda del individuo soberano.
El descomunal propósito del poeta invita a interpretar su propuesta, como lo que suele ocurrir entre pensadores que arriban a una esquina peligrosa, a un abrevadero. Pero también puede ser esa atracción por los abismos que interrumpió a múltiples trovadores y juglares –de los tiempos heroicos- que tenían el delicado encargo de comunicar lo acontecido en una época y lograr una suerte de diálogo edificante entre comunidades a veces en conflicto. Por ello no es casual ni retórico el punto de vista de un poeta fino y erudito como José Pancorvo, para quién este poemario es un anticipo: “previo a un Big Bang social”.

“y están las ciudades de la muerte, de la pena, del dolor (…)…y raro: sí, la alegría se instala (como siempre, efímera), no lo hace como una ciudad –más bien es su negación instantánea, efervescente presencia de lo iluso, olvido de todo en la precaria constitución de un flujo vivífico, perentorio. la ciudad desaparece cuando llega ella (…) mas no, no es de esta desaparición de la que se habla, ni siquiera un cataclismo, apocatástasis local: cubículos intactos donde al ocaso brillan tristes sus huellas, edificios que expelen abandono y deshumor, calles irreconocibles porque nunca se vieron sin el espejo deformante de ellos; metros, tranvías, coches, buses, bicis, todos aún tibios, algunos desfallecientes todavía (…) pero todos, todos enloquecida y fulminantemente solos bajo la noche iniciática…”

Como ya ha sido señalado, conozco al autor hace décadas; pertenecemos, en efecto, a la generación de la guerra civil, el conflicto armado interno, el terrorismo; y bla, bla, bla. Por cierto, debo aclarar que aquí se aborda al texto como a su autor, no como individuos, sino como una tendencia. En muchos sentidos, somos hijos de la ira. Nuestra memoria social está impregnada por el conflicto, la transgresión, la intolerancia étnica y el delirio ideológico entre clases sociales antagónicas. ¿Es la premonición del posible fascismo social que se avecina; o al que ya hemos ingresado?

Una época que explica muchas de las ausencias y miserias -espirituales y materiales– contemporáneas: “¿debo decir algo más sobre nuestro tiempo, ¿debo hacer otra pregunta aquí? (…) ¿entre suicidio, ciudad y ausencia hay algo más que una sibilante coincidencia, el cauce que líe, acaso, las broznas hebras de este libro?
Sospecho que el poeta ha tomado conciencia del tiempo histórico en el que existe. Siente eventos, sospecha de acontecimientos que se avecinan. Y su instrumento, la palabra, es acaso incapaz de mostrar lo que siente.
“las palabras ocultan las cosas (…) sí, nuestras palabras son creaciones de sombras, símbolos de la falta que nos carcome; y sin embargo nos sirven, y peor, nos engañan”.

Porello el epígrafe, intentar conciliar “pensamiento y poesía”: “giran desmesurados poemas invisibles (…) al lado de este poema hay otro poema” es una advertencia, se expresa con el corazón descubierto, sabe que otorga un flanco débil, y sin embargo, lo expresa: “dentro mismo de este poema, de cada palabra de cada línea, de toda imagen, se puede disparar un nuevo mundo, una tiara de ideas, un pámpano de imágenes (…) giran desmesurados poemas invisibles; y como fondo maravillante y turgente, la ausencia, la nada venidera y su canción áfona, átona, ágrafa, veraz..” .

Son estas imágenes que el poeta transmite, lo que a mi juicio convierte a su poemario en un texto destinado a eso que se nombra como “masa crítica”; esta destinado a una minoría de lectores, de pensadores estratégicos que ojalá logren hallar las claves de un programa ideológico y político. Sí, ideológico y político, ausente entre los publicistas de las diversas corrientes y cenáculos de especialistas que se ocupan de la “cosa pública”, apenas interesados en las coyunturas electorales. Precisamente sobre esta realidad, el poeta despacha con un aforismo lo que intento hacer visible: “lo contrario de la presencia no es la ausencia, sino la medianía del habla”. Desde mi pensamiento situado, lo que el poeta expresa con belleza es la hipocresía estructural que envuelve, nos envuelve a los que fungimos de pensadores e intelectuales.

Es la derrota de las estrategias convencionales de la poesía y que el poeta se atreve a exponer para insinuar, para invitar, para trazar las huellas de una posible solución de continuidad entre historia y poesía: La conocida metáfora aristotélica. Entre lo mudable y lo permanente, la humanidad y las clases sociales cambian, permanentemente, es la esencia de la historia como reflexión y como experiencia: “más cuidado con las palabras –advierte el poeta-, sí, más cuidado en el pensar, ¡pero cuidado, la poesía no está en las palabras, ni siquiera debajo o detrás de las palabras; la poesía tampoco en la calle o en las cosas (…) la poesía en el vórtice de la desaparición y la presencia: ese espumoso presente que mengua la brisa continua de la duración”.

Poesía y pensamiento
La ausencia intenta ser exorcizada desde la poesía; ¿pero qué es la poesía para el poeta? Su respuesta ocasional se halla en la combinación entre poesía y pensamiento. Sin embargo, las abundantes reflexiones sobre la poesía sugieren una búsqueda, remiten a una angustiosa reflexión sobre la poesía, como si el poeta quisiera fundar nuevas estrategias. Y en sus búsquedas, se reencuentra con la naturaleza que le provee respuestas precarias, a veces provocadoras, pero siempre teniendo como fondo irreductible la ausencia que cobra un nuevo sentido: “avisiones. Porque entonces las piedras serán nuestros poetas, y aún las ciegas rocas verán los signos tardíos de nuestra desaparición”.

Las piedras y las rocas simbolizan la permanencia que el poeta elige como el sustituto de la poesía, del testigo mejor; su confianza en la naturaleza es visible. ¿Por qué? Pues la humanidad, las relaciones sociales entre clases en conflicto lo conducen a dirigir su mirada a la naturaleza.

La inquisidora búsqueda es desoladora. Sabemos que cuando ello acontece en un contexto histórico específico, en un territorio, significa el anuncio de nuevas propuestas de expresión, de nuevas estrategias de intervenir sobre el presente, y desde ese punto de vista, es la lúcida y acusadora rebeldía de un creador que no se siente satisfecho con su tiempo. Por supuesto, ello es común a los creadores, pero cuando este gesto es acompañado por una obra, por un vestigio de esas búsquedas y que quiebra los lugares comunes del género, entonces debo admitir las dificultad que tuve para asir uno de los múltiples hilos de este texto y expresarme con el corazón dogmático.

La memoria, de la mano del deseo, agobia al poeta. Quisiera recuperar las ausencias que le han dado sentido y organizado este poemario. Por ello, cuando intenta definir la naturaleza de la ausencia, el fracaso es la seña que impone al lector, hallar en el contenido del texto lo que inútilmente intenta definir:

“detrás de la ausencia no hay sangre de pato, detrás de la ausencia, ni deseos ni distancias, solo palabras rellenas de ti orbitando una piedra que no eres tú (…) detrás de la ausencia no llueve en los corazones ni en las ciudades (...) la rueda descentrada de la vida, y un poco mas allá, un ojo que mira, detrás de la ausencia”.
¿Desde qué lugar puedo uno explicar todas estas demoledoras y desoladas imágenes que el poeta irreverentemente publica? El lugar común es ciertamente su tiempo. ¿Pero quienes se atreven a desnudar las miserias contemporáneas con el método estético que el poeta practica? Estamos, pues, ante un memorándum a quienes fungen de creadores, de publicistas, de políticos, a esa franja, a esa costra vergonzosa que se ha hecho piel en nuestro país. Sí, en nuestro país, por efecto de eventos traumáticos y militares que ha costado demasiadas vidas inocentes; esa es mi lectura del poemario. La lúcida y acusadora denuncia en la que ha devenido la masa crítica contemporánea.

El intento de abolir y refundar la escritura, las figuras, las palabras y los signos conducen al autor por terrenos sombríos, precarios y frágiles. Una suerte de entropía expresiva. ¿Cual es el anclaje epistemológico de estas “avisiones”? En realidad es uno de los múltiples intentos por definir el sentido de la poesía:

“escribir es el intento de que el sentido no se desate; hallar un sentido es errar en la búsqueda. escribir: delinear el contorno de lo impensable con figuras que pueden ser alcanzadas por el pensamiento. el lenguaje ordinario es un agujero negro; se traga las cosas quitándole su fuerza; aquello aún más misterioso que se resiste alegre a la gravedad y profundiza sin pensar, aquello es la poesía, y no hay quien diga lo contrario”.

Todos estos “pensamientos y poemas” remiten a un problema crucial de la epistemología contemporánea. Hacen visible y de manera descarnada el agotamiento de la escritura para representar de un lado las “novedades”, y también lo que ya pertenece al basurero de la historia. La búsqueda de expresión es dramática, inquisidora, el poeta deja pocos márgenes para ser refutado; cubre los posibles ángulos desde donde uno podría recusar su reclamo, la ausencia que padece porque no posee ni encuentra los signos, las palabras y las imágenes que desearía representar. Por ello las expresiones son “simulaciones”. Pero entonces: “solo queda la revuelta contra la rebeldía de los signos que no quieren plasmarse”. Sobreponiéndose al “antiguo miedo”, lucha, busca, se cae para volver a levantarse: “y sin embargo hay un preguntar”.

Apertura, iniciación, reto
El poeta ingresa a las entrañas de la escritura, a los usos que se le ha asignado por el canon, intenta abrir una ventana, he ahí la respuesta a los neologismos estratégicos que abundan en su poemario; sopesa, mide, calcula, tantea. Los que conocen la biografía de Víctor saben de sus densas experiencias, lecturas y búsquedas; saben que posee un tipo de erudición inédita, precisamente por su trayectoria. Y es seguramente desde esa experiencia, desde esa comprobación empírica, una suerte de idealismo objetivo –es una categoría pasada de moda, lo sé– que anuncia su derrota. Porque POSEÍA (2005 – 2010) es el intento, destinado de antemano a fracasar, por conciliar la poesía con el pensamiento; pero las declaraciones, sus confesiones escritas con violencia, con tino, con sutileza, son quizás, a mi juicio, la apertura, la iniciación, mejor aún, la invitación a crear novedosas estrategias de comunicación y representación, es un reto para poner a prueba las capacidades infinitas de la imaginación:

“no es que todo desaparezca; peor: los seres y las cosas vuelven a su estado natural (…) nada existe más que cuando se ha ido; nada pesa en la vida como lo que se ha perdido”.

La abundancia de neologismos, concurren a fijar la naturaleza del texto y los propósitos del autor. Las “avisiones” se repiten en algunos de los versos capitales. ¿Pero qué significan las avisiones? ¿Son anuncios? ¿Advertencias? ¿Premoniciones? ¿Sospechas? ¿Alarmas? ¿Paranoias? La respuesta puede estar en este pasaje:
“¿no se oye el sonido y la furia de un cuento demasiado contado por el poeta, que solo no significa nada, sino que se refugia en el rumor de aliteraciones y neólogos que sostienen una intrincada construcción a la nada, una estatua de ausencia para un pedestal jamás erigido?

*Historiador de la UNMSM.
Jicamarca, verano del 2011

27.4.11

Zavaleta forever



yo estaba escribiendo mi tercera novela cuando me llega un correo de una editorial anunciando la partida de C.E. Zavaleta, gran profesor sanmarquino y narrador de los grandes. Entonces recordé sus clases sobre Norteamericana en San Marcos, sus lecturas, El sonido y la furia, Absalom, absalom, Ulises, la poesía estadounidense, algunos de sus cuentos, su dedicación casi ascética a la literatura. Viejo cascarrabias, cómo te molestabas cuando la gente no te entregaba las monografías a la hora señalada, y cómo te entusiasmabas hablando de Faulkner, de Dos Passos, de Joyce, estoy triste pero la tristeza es del diablo y pasajera. Hasta siempre, viejo "che tumadre" (Hernandez dixit), maestro...






(Zavaleta descansa en paz.)

26.4.11

Abimael y Carlos Tapia: la conexión




Los "sabuesos" de Perú 21, el pitbull del Decano, dicen haber descubierto una vinculación antigua entre Carlos Tapia y Abimael Guzmán, el impresentable asesino de SL. Perú 21 afirma que fueron amigos cuando jóvenes, y que el ex CVR lo defendió en algún momento. Puro periodismo de investigación chatarra.

Conocí a Carlos Tapia a fines de los ochenta, en Huamanga, donde era profe de la U. de Huamanga junto con mi hermana y Carlos Iván Degregori, en la Facultad de Ciencias Sociales de la U. De Huamanga. Ellos eran del entonces PUM y luchaban frontalmente contra SL y sus intentos de controlar la universidad. Cuando el grupo terrorista logró su objetivo, le sacó una pizarra a mi hermana dándole 48 horas para irse de Ayacucho, junto con sus "terribles" enemigos de clase: mi sobrino de 4 años y mi sobrina de 8. Esa era la "revolución" de estos chiflados. ¿Alguien puede creer que Tapia puede haber estado de acuerdo con esta febril estupidez? Sí, los delirantes sabuesos de Perú 21. Cualquier cosa.

Años después, cuando mi hermana y Tapia y este bloguer trabajaban en una ONG en Lima, SL, para corroborar el supuesto vínculo que los sabuesos de nariz rota de Perú 21 han "descubierto", SL nos metió un coche-bomba con 40 kilos de dinamita en el local y nos salvamos de milagro. Ese es el vínculo con SL que tenemos, sabuesos de nariz comprada.

Aquí el enlace del perro de chacra de El Decano:

http://peru21.pe/noticia/747861/nexos-carlos-tapia-abimael

CICLON DE ABRIL, POESÍA NORTEÑA

NOTA DE PRENSA




La Asociación Cultural “Kaypi Kani” dirigida por la poeta Matilde Granados y el “Ciclón de Poesía” organizado por el poeta barranquino Juan José Soto llevarán a cabo el recital poético “Ciclón de Abril” con la participación de: Isabel Matta Bazán (Lima), ex - integrante del grupo literario “Neón”; Ronald Calle Córdova (Cajamarca), miembro del Grupo lambayecano “Signos”; Rosakebia Estela (Chiclayo), ganadora de los Juegos Flores de la Municipalidad de Chiclayo- 2009; y Fernando Odiaga (Chiclayo), integrante de “Conglomerado Cultural”.

Este evento se inscribe en la serie de recitales de “Ciclón de Poesía”: el primero, se llevó a cabo el 6 de septiembre y contó con la participación de destacados poetas del panorama poético actual: Miguel Ildefonso (Lima), Stanley Vega (Cajamarca), Juan José Soto (Lima), Matilde Granados (Trujillo) y Rosakebia Estela (Chiclayo).

En el segundo “Ciclón de Poesía” -realizado el 23 de octubre- estuvieron presentes los poetas Rodolfo Ybarra (Lima), César Boyd (Lambayeque) y Victoria Larco (Trujillo).

El “Ciclón de Poesía” en concordancia con la Asociación Cultural “Kaypi Kani” persigue como objetivos fundamentales promover la interculturalidad y generar un espacio de encuentro y diálogo entre las diversas voces poéticas de la región y el país. Asimismo, consolidar la presencia de la mujer en el ámbito poético.

Este tercer evento, denominado “Ciclón de abril” en homenaje a la poesía peruana en el mes de las letras, se realizará el viernes 29 de abril a las 7:30 p.m. en el auditorio de la Alianza Francesa – Chiclayo, sito en la calle Juan Cuglievan 644, Chiclayo.


Datos sobre los poetas participantes:

Isabel Matta Bazán (Lima, 1971)
Estudió Comunicación Social y Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Diplomada en Educación Pública por la Universidad Ricardo Palma. Destacada poeta perteneciente a la promoción de los “noventa” y ex integrante del Grupo poético Neón. Autora de los poemarios “Soledad Nuestra” (1999) y “Reina Moribunda” (2005). Ganadora de los Juegos Florales del Pedagógico San Marcos (2000) y del concurso EROS de poesía de la región Puno (2005).

Ronald Calle Córdova (Cajamarca, 1982)
Licenciado en Educación en la especialidad de Lengua y Literatura por la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque. Miembro del Grupo Literario Lambayecano “Signos”. Autor de los poemarios "Agonía Compartida" (2007) y "Abandono del Hastío" (2010). Obtuvo el Primer Premio Regional de Poesía 2006 y el Premio Internacional "A Quijotear"- Melilla, España (2005).

Rosakebia Estela (Chiclayo, 1990)
Estudiante de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque. Es una de las voces más promisorias de la poesía chiclayana última. Ha obtenido el Primer puesto del “XI Concurso Regional de Poesía”, Juegos Florales Municipales- Chiclayo – 2009; Primer puesto Concurso Poesía Taiwán, 2010; Primer puesto VII Concurso Internacional Literario Conglomerado Cultural “José Eufemio Lora y Lora & Juan Carlos Onetti 2010; Tercer puesto en el I Concurso Internacional de Nano Literatura, Venezuela, 2010; Primera Mención Honrosa, Premio Nacional de Poesía Ciudad de Huamachuco, 2010; y Ganadora del Concurso Internacional de Poesía Latin Heritage Foundation, 2011.

Fernando Odiaga (Chiclayo, 1970)
Intelectual de la movida literaria chiclayana. Ha publicado poemas en las revistas “Cometa de papel” de Arequipa y el fancine “De cabeza” de Chiclayo. La mayor parte de su producción permanece inédita. Está a punto de graduarse como profesor de filosofía en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque.

De los Organizadores:
Matilde Granados (Trujillo, 1986). Estudia Lengua y Literatura en la Universidad Católica "Santo Toribio de Mogrovejo". Autora del poemario “Para oír el solfeo exiguo de mi cuerpo” (2006). Ha obtenido el Segundo puesto en el concurso Lundero (2000) y el Primer puesto en los II Juegos Florales Javier Heraud (2001). Actualmente es coordinadora general de la Asociación Cultural Kaypi Kani y es gestora del Festival “Fiesta del Diantre”. Dirige el blog “La Casa de la Bella Durmiente”.
Juan José Soto Bacigalupo (Lima, 1965). Poeta y periodista peruano autor de los poemarios "Cárcel de mi ojo" (1994); "Morada diosa" (1997); "Palabra sobre los abismos" (2005) y "Airado verbo" (2008). Dirigió el boletín electrónico "Itinerario de la Palabra". Autor del proyecto intercultural “Madrid: una ciudad, muchas voces” (2009), ciclo de poesía que se lleva a cabo en Madrid (España) bajo la organización de la ONG Promoviendo. Es también autor y gestor del proyecto “Ciclón de poesía”, serie de recitales que congrega a poetas peruanos y que se realiza en coorganización con la Asociación Cultural “Kaipy Kani” desde el 2010 en la ciudad de Chiclayo.

24.4.11

EL CUENTO DEL BACALAO



Hace 21 años el jefe de la mafia, Alberto Fujimori, utilizó una vil y estúpida mentira para evitar sustentar su plan de gobierno: una intoxicación con bacalao en viernes santo. Hoy esta misma mafia exige a su contendor que explique algunas zonas poco claras de su plan de gobierno, conchudamente. La República lo recuerda muy bien:



Aquel viernes santo de 1990, Alberto Fujimori utilizó como excusa una supuesta intoxicación con bacalao para no sustentar su plan de gobierno. Juan de la Puente recuerda este "sin-sabor" pascual. José Miguel Silva @jomisilvamerino ¿Qué se le cruza por la cabeza a un candidato presidencial que de pronto evade la presentación de su plan de gobierno con la excusa de una intoxicación por comer “bacalao”?

Partiendo de esta interrogante, conversamos con Juan de la Puente, importante analista político y columnista de La República, quien ve en esta “anécdota” una muestra de un hecho tan lamentable como cierto. “Puede haber muchas coartadas para que un candidato no explique un plan de gobierno que no domina”.

¿Cómo recuerda usted ese “viernes santo” y la famosa intoxicación de Fujimori por comer bacalao?
Quedaban dos candidatos, y en aquel momento se señalaba de Fujimori, la fragilidad de su programa. Su vinculación con su equipo de plan de gobierno era muy débil. Más allá de la promesa de no shock, todo indicaba que él no dominaba los puntos de su plan de gobierno.

¿Era el momento para que él exponga sus ideas no?
Efectivamente. En la Semana Santa de aquel tiempo se planteó la necesidad de que Fujimori fuera más explícito en su plan de gobierno. La coartada a la que recurrió Fujimori fue que había comido bacalao y se había intoxicado. Como ya estaba comprometido a presentarlo, apareció su esposa Susana Higuchi a explicar esa historia.

¿Esto qué mensaje le deja?
Que pueden haber muchas coartadas para que un candidato no explique un plan de gobierno que no domina.

¿Cómo reaccionó la prensa en ese entonces?
Reflejó la mentira. No se tragó el cuento. Fue casi inmediato. Hubo informaciones que indicaban que él nunca se enfermó.

¿Qué importancia le da el electorado a los planes de gobierno?
En una democracia sin partidos los programas son menos relevantes, porque la política aquí le da más importancia al candidato, es una política antropomórfica, que se fija más en los movimientos y gestos que realiza.

¿Y cómo es la situación en otros contextos?
En varios países de América latina, importan mucho los programas, especialmente en la segunda vuelta. Si para muchos no es relevante en la primera vuelta, para otro sí lo es, en esta fase de la campaña.

¿Es aceptable una reforma de plan de gobierno a estas alturas?
La segunda vuelta es otra campaña, por eso se justifica que los candidatos puedan reelaborar sus planes de gobierno. Si un candidato tiene escasa votación, tiene entonces que producir una mayoría política con la que pueda gobernar.

Pero esto algunos lo ven como doble discurso…
Esto es extraño, porque cuando a los candidatos les piden que se moderen, lo hacen y luego los critican igual. Toledo y García en el 2006 hicieron precisiones en sus propuestas y nadie los acusó de doble discurso.

¿Quiénes deben proponer los acuerdos, los ganadores o los perdedores como PPK?
Para mí la política es el arte de lo posible, si él logra levantar una bandera política para proponerla es su problema, pero mi impresión es que ni siquiera dentro de su propia alianza están de acuerdo con su programa de ideas.

¿Humala se ha reunido pero no ha firmado documentos aún, le parece que él es consciente de que su primer lugar lo obliga a manejarse con más cuidado?
Creo que no solo Humala sino Keiko están tanteando para ver el sentido de la población, para ver de qué manera pueden afinar su programa.

¿Han cambiado mucho las cosas con respecto a la primera vuelta?
El Perú ha votado por el cambio. Estamos en un segundo momento muy distinto al del 10 de abril. La discusión se refiere a cómo se da en el cambio, nadie aquí propone algo diferente a eso.

¿Usted se refiere a Humala únicamente?
No, me refiero a los dos, que expresan un descontento con el modelo. La gente quiere cambios sustantivos en el modelo. Por esto es que ambos expresan a su modo un descontento de los peruanos con la realidad del país.

¿Cuáles son los retos mayores de ambos candidatos para vencer en esta segunda vuelta?
Veo dos retos. En ambos casos primero deben derrotar los dos miedos. Además deben demostrar que es posible producir el cambio, sin dejar los grandes logros que ha tenido el país. Si el Perú requiere continuidad y cambios, los candidatos deben tener mucho cuidado para hilar fino y lograr convencer a los votantes.


(El noble pez no tuvo nada que ver con la patraña burda del dictador nipón.)

23.4.11

Keiko Fujimori, la muñequita de teatro Nō



Un amigo me pregunta quién podría publicar una biografía de la señorita Keiko en estos días. Le contesto que cualquier editora con sentido del negocio y estómago de fierro, como Nōrma o el grupo El Comercio. Sería un éxito. Claro, lo harían siempre y cuando a la señorita Keiko la pintaran como a una niña buena, estudiosa, con familia bien constituida y perfectamente idiota como para no haberse dado cuenta nunca de las atrocidades cometidas por su padre durante el Fujimorato, y como para no preguntarse ni por asomo de dónde diablos sacaba el cleptócrata el dinero para solventar sus onerosos estudios en EE. UU.

La señorita Keiko, monigote bien maquillado del famoso teatro Nō japonés* en la forma pervertida y sucia que le han dado su papi y su padrino Montesinos, mira al cielo mientras responde las preguntas arregladas de la prensa condicional al poder, como si estuviera a punto de elevarse al paraíso de los budas. La señorita Keiko habla suavecito y con tiento, pero cuando hay que vociferar por la salida de la cárcel de su asesino padre, entonces sí que sabe berrear, amenazar y denigrar. Martha Chávez se encargó de lanzar su peor amenaza hace unos días, cuando dijo que el juez San Martín tendrá que pagar por lo que hizo (meter a la cárcel por años al cleptócrata asesino de inocentes).

Claro, es que la muñequita Nō ya aprendió que si quiere ganar, tendrá que moverse distinto, ganarse a la gente del Sur, donde perdió estrepitosamente y, sobre todo, andar por ahí con el aura de candidata “seria”, mesurada, pulcra, confiable; es decir, todo lo que preocupa a los mafiosos: dar la impresión de limpieza y probidad para que no se vea la gusanera de ambición y crueldad que los corroe. A diferencia de lo que dice, tapándose los ojos, la señorita Ceci Valenzuela –otra muñequita Nō con un papel menos importante pero igual de infame-, la señorita Keiko es una mafiosa como cualquiera de su abominable entorno; supo todo lo que su padre el condenado estaba haciendo durante su gobierno, y se hizo de la vista gorda sobre el dinero con que pagaba sus estudios, para terminarlos, regresar al país lo más rápido posible, y continuar con la dinastía de los Fujimori en el Perú.

La señorita Keiko, muñequita de la mafia Nō, tiene un gran problema enfrente, sin embargo. Ya pocos le creen y creen en el proyecto fujimorista que ella representa. Si antes el miedo estaba en las calles y por ello su contrincante no sacó más de 32% de votos válidos, ahora todo es distinto. La gente ya no se asusta con los monigotes Nō que los medios adictos al régimen agitan para evitar que ese contrincante siga creciendo. Ahora el miedo se ha desplazado desde las calles a las oficinas de dirección y márketing de algunos medios de comunicación. Triste momento para el periodismo nacional.

Pero, como sabemos, todo esto será olvidado en un año o dos, y El Comercio seguirá siendo “el decano”, a pesar de la infame posición que ha tomado (lo que ha incluido despidos injustificados y silenciamientos), y Perú 21, el perro de chacra de “el decano”, seguirá siendo la versión arrabalera de nuestro paupérrimo periodismo "decente". Los únicos que perderán con todo esto serán los Fujimori, pues su última carta –vamos, Kenji es del teatro Nō puede, Nō sabe- habrá sido abierta antes de tiempo en este póker de la infamia donde ya tenemos, felizmente, un ganador: alguien que tiene las manos limpias de sangre y no ha robado a nadie, al menos eso.

Sobre sus posibles desmanes y la tentación autoritaria del contrincante de la inefable señorita Nō, solo me limito a resumir lo que está a la vista: tiene demasiados factores en contra –minoría parlamentaria, una población minoritaria que le es realmente acérrima, una serie de acuerdos firmados que garantizan libertad de expresión y de prensa, un entorno de intelectuales respetables y una base cada vez más amplia de técnicos y profesionales que -¡vaya ingenuidad de los directores del teatro Nō carcelero!-, jamás se asustaron con las trapacerías que se inventaron y se seguirán inventando en su contra.

Que la señorita Keiko, princesa del abominable teatro armado por Fujimori y su cómplice Montesinos siga mirando al cielo mientras responde preguntas blancas digitadas desde la alta dirección: el triunfo de su contrincante se edifica mirando de frente, hablando con claridad y honestidad con la gente, no actuando, sino viviendo lo que la gente que quiere un cambio responsable –este sí, no el mentiroso del mafioso que se va- espera. La vida será siempre más que un montaje armado, aunque sea del respetable teatro Nō que la mafia ha pervertido en su desesperación.

*El teatro Nō es un drama de origen aristocrático japonés que, a partir del siglo XV, devino en teatro funcional a los grupos de poder en Japón. Todos los personajes de las obras están personificados por varones, lo que le confiere una singular sugerencia a nuestro texto: el poder mafioso en el Perú se tiene que travestir para recuperar el predominio perdido.

(Máscara No de mujer)

14.4.11

LA NOVELA Y SUS PELIGROS (I)


No hay nada más problemático y peligroso actualmente, que escribir narrativa, en especial, novelas. A diferencia de la poesía, donde los intereses editoriales son mínimos y cuyo nivel de lectoría, comparativamente, es muy reducido, la novela tiene que sortear varios escollos, cantos de sirenas y mares de navegación aparentemente segura, pero de exigua profundidad. En primer lugar, están las exigencias de las grandes editoriales –si el escritor tiene la (mala)suerte de pertenecer a las filas de estas grandes corporaciones-, que buscan que los escritores publiquen, en promedio, un libro cada año o cada dos años, como mínimo. Esto, es evidente, afecta seriamente la calidad y la autenticidad de la propuesta novelística, pues no le deja tiempo al escritor, sobre todo si es aún joven, de terminar de comprender y desarrollar lo que realmente quiere escribir (y publicar). Luego tenemos que, una vez salida a la venta la novela, u otorgado el premio por la editorial, el escritor se ve sometido a un aluvión de compromisos extra escriturales, que incluyen presentaciones en varias ciudades de varios países, firmas de libros, conferencias en ferias de libros, entrevistas para infinidad de medios y, en general, hacer todo lo posible para vender la novela. Todo lo cual aleja al novelista de lo que debería ser su preocupación esencial: la escritura. (Hace poco el mismo MVLL se quejó en este sentido, por la cantidad de compromisos que ha tenido que adquirir luego del otorgamiento del Nobel). Frente a este panorama halagador para muchos, pero terriblemente desgastante y efímero, se alzan otro tipo de propuestas. Están las llamadas “novelas de crítico”, que no son más que ejercicios novelísticos robados al poco tiempo de descanso que tienen los profesores de colleges y universidades, sobre todo de EE. UU., y que tienen su mejor expresión en algunas novelas del gran Ricardo Piglia, y que en nuestro país cumplen a cabalidad académicos como Peter Elmore e Issac Goldemberg, principalmente. También hay toda una legión de escritores más o menos jóvenes que publican en editoriales pequeñas que no tienen ninguna repercusión en el exterior, y que sobreviven con ventas exiguas, malos pagos y peores campañas de promoción. A excepción de ciertas novelas de Estruendomudo y, por ahí, de Borrador editores, las más apreciadas en mi opinión. Por supuesto, no es difícil imaginar que, en sus respectivos fueros internos, los novelistas de “las grandes ligas” envidien a los novelistas de editoras pequeñas o “jóvenes” su libertad y tiempo para crear, aun cuando esa libertad y ese tiempo sean muchas veces desperdiciados por una falta de rigurosidad, formación y disciplina escritural. Por su parte, los novelistas “no mediáticos” ven el “fichaje” en alguno de los grandes “equipos” editoriales como una quimera mucho más cercana de lo que realmente está, y viven con la secreta y muy guardada esperanza de tener la buena fortuna de un Santiago Roncagliolo o un Fernando Iwasaki, por nombrar solo a dos escritores peruanos que “la hicieron”. Termino, por ahora, con un par de preguntas: ¿no es mejor, en lugar de aspirar a que se les dé “lo que no se les debe”, que estos novelistas aún jóvenes forjen una movida independiente, original, experimental y de espaldas a las estandarizadas concepciones de la novela que tienen las grandes corporaciones? ¿Puede la novela aspirar a la libertad creadora de que goza la poesía precisamente desligándose de la aleatoria y engañosa autoexigencia de éxito entendido -de manera tan peculiar- como “fichaje” en alguna de las “grandes ligas” editoriales que dominan el espectro narrativo actual? (Carlos Ruiz Zafón.)

11.4.11


José Abad Ascurra, Ronald Calle Córdova, César Boyd Brenis y Cromwell Castillo Cabrejos, ex integrantes del grupo norteño SIGNOS, acaban de dar a luz, a través de editorial Sol Negro, una antología de poemas bastante interesante. En su estro, con algunas diferencias de calidad, el grupo denota una buena asimilación de las enseñanzas de la inacabable generación del 27 española, y también de la notable generación del 50 peruana, en especial la vertiente más lírica de aquella. Saint-John Perse, Leopoldo María Panero, Antonio Colinas, tal vez Ungaretti, son otras influencias registrables en un florilegio que mantiene el nivel y la complejidad del discurso durante casi todo el volumen, con poquísimos bajones.


Saludemos, pues, esta esperada aparición literaria y que sigan trabajando por la buena poesía.

Esto explica los resultados de ayer


Una nota de El País de hoy se adentra bien en algunas de las razones de por qué los candidatos con más llegada a los sectores menos favorecidos y rurales, lograron pasar a la segunda vuelta. No tiene pierde:


"El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro". La frase, que se ha atribuido al naturalista italiano del siglo XIX Antonio Raimondi cuando al parecer es un dicho popular de más larga data, representa el sentimiento que ha dominado la campaña de las presidenciales. La frustración popular ante la enorme desigualdad en la distribución de la riqueza ha sido el combustible que ha impulsado al nacionalista Ollanta Humala y la populista Keiko Fujimori en las encuestas.


Y es que a pesar de que el país ha crecido en torno al 7% anual durante los últimos cinco años, un récord en América Latina, a unos pocos kilómetros de Lima mucha gente carece de agua potable, come solo lo que cultiva y defeca en agujeros en la tierra. "Si hasta el Banco Mundial nos ha dicho que debemos hacer reformas para que el crecimiento económico también beneficie a los más pobres… Se da cuenta, el Banco Mundial diciéndonos que debemos tener política social", dice el analista político Sinesio López, exprofesor de Humala y amigo del candidato, quien a pesar de apoyar al ex militar, no oculta que le preocupa un poco su ramalazo autoritario.


Hace apenas dos semanas, el Banco Mundial instó al futuro Gobierno peruano a desarrollar políticas públicas que trasladen la riqueza a los sectores menos favorecidos. Es por la falta de estas medidas que el presidente Alan García deja el poder con la popularidad por los suelos pese al recorte de la pobreza. Aunque el nivel de pobreza a escala nacional, el porcentaje de personas situadas bajo el umbral de la pobreza, ha bajado del 48,6% al 34,3% entre 2004 y 2009, las diferencias regionales son brutales. Mientras en las zonas urbanas la pobreza está por debajo de la media, en las rurales supera con creces el índice. Esta brecha se nota mucho en la educación, donde el fracaso escolar del niño que va a la escuela en el campo está prácticamente garantizado. El caso de la salud es igualmente escandaloso: mientras en regiones andinas como Apurímac, Puno y Cuzco hay dos médicos por cada 10.000 habitantes, en Lima hay 28. Todo esto explica por qué Perú ocupa el puesto 13 de 17 países latinoamericanos en el índice de la ONU que mide la igualdad de oportunidades.


El reciente conflicto minero en la localidad arequipeña de Islay se coló en la campaña para recordar a los dirigentes peruanos que no todo el mundo percibe la bonanza del sector estrella de la economía. Tras 17 días de protesta y tres muertos, el Gobierno canceló una explotación minera como exigían los agricultores de la zona, que temían que la contaminación medioambiental convirtiera sus tierras en un erial. Aunque los Gobiernos regionales y locales reciben un 50% de los impuestos que pagan las empresas mineras al Estado, la falta de proyectos de inversión o el despilfarro acentúan el rechazo de la población en muchas zonas del país hacia la minería. La región de Cuzco, por ejemplo, que recibe casi mil millones de dólares al año en concesiones mineras, tiene un índice de subdesarrollo apabullante. Para muchos expertos, antes de aumentar los impuestos a las empresas mineras —tema que se debatió en la campaña—, hay que atajar el problema de la canalización de la renta.


En Perú hay una enorme fragmentación de competencias entre las diferentes autoridades —nacionales, regionales, locales— y un sistema de asignación de los recursos sometido al chovinismo de los dirigentes políticos. Y aunque ha habido varios intentos de integración regional para aumentar la eficiencia administrativa y de los recursos, todos quedaron truncos. Lima, a pesar de su riqueza, sirve como muestra de la dispersión política: aparte de un alcalde mayor, cada uno de los 42 distritos de la capital tiene su propio alcalde, sus propios consejeros, presupuestos e impuestos, su sistema de recogida de basuras, y decide sus normas urbanísticas. Todo eso en una ciudad de ocho millones de habitantes que incluye El Callao, que es otra provincia con sus propias normas.

(Humala)

3.4.11

Póstumo de Foster Wallace




Leo en la sección de libros de The New York Times una nota sobre la reciente publicación de El rey pálido, la novela póstuma del gran escritor estadounidense desaparecido, David Foster Wallace. Se trata de un libro póstumo que describe una América transida por el tedio, la monotonía y el absurdo de leyes burocráticas que ponen en peligro a sus ciudadanos, peligro de morir de aburrimiento. La nota de Michico Kakutani hace algunas comparaciones interesantes:

Told in fragmented, strobe-lighted chapters that depict an assortment of misfits, outsiders and eccentrics, the novel sometimes feels like the TV show “The Office” as rewritten with a magnifying glass by Nicholson Baker. Sometimes it feels like a hallucinatory variation on Sherwood Anderson’s “Winesburg, Ohio,” giving the reader a choral portrait of a Midwestern community — though in this case, that community is not a town, but the I.R.S. Regional Examination Center in Peoria, Ill., in 1985.

Como se recuerda, David Foster Wallace murió por mano propia hace unos años, dejando una estela de grandes libros, como La broma infinita, Entrevistas con hombres repulsivos, entre otros títulos hoy de culto. Pueden ver el artículo completo de The New York Times aquí.

Festival Ñ - Perú

Una interesante mesa de poetas jóvenes participará del Festival Ñ que se realizará en nuestra capital dentro de unos días. En dicha mesa participarán poetas como Giancarlo Huapaya, Diego Lazarte y Paul Guillén, entre otros. Pueden ver el programa completo, que incluye la participación de escritores importantes como Edgardo Rivera Martínez y Fernando Ampuero, haciendo clic en este enlace. (Diego Lazarte.)

2.4.11

Conferencia


Me avisan de una serie de conferencias sobre poesía peruana contemporánea, a realizarse en el Centro Cultural Peruano Británico de Miraflores. La cosa empieza el viernes 8 de abril, con “La poesía urbana en el Perú. De Martín Adán al grupo Kloaka”. Los conferencistas son Carlos Torres Rotondo y José Carlos Irigoyen, autores de Poesía en rock, un fascinante y valiente recorrido por la poesía peruana del siglo veinte. Las conferencias empiezan a las 7.30 de la noche en el Jirón Bellavista 531, Miraflores. Imperdible.


Escuchen bien: en la tradición poética peruana solo existen tres generaciones, cada una con su propio abanico de propuestas estéticas y sus ecos en poetas posteriores. Tres; no más. El resto son promociones, no ciclos con una propuesta cohesionada”. Poesía en rock, p. 25.


Actualización: ayer terminé de leer el libro de Rotondo-Yrigoyen y de veras lo recomiendo. Puede parecer algo fragmentario –aunque en el plano testimonial, que es gran parte de todo el libro, mantienen una coherencia temporal interesante-; pero no hay quien le quite el sabor de las anécdotas, la sutil y a veces descarada potencia de los ataques entre poetas –recuerdo vivamente la caricaturización que hace Rosas Ribeyro del poeta Verástegui en su relato sobre el encuentro con Paz en el DF-; los vaivenes febriles de Hora Zero en todas sus etapas, disputas, marchas y contramarchas (algo que le da una densidad al grupo que lo aleja aún más de otras experiencias grupales posteriores); y el nacimiento, definitivamente marcado por lo mediático, de Kloaka, las contradicciones internas de su efímera vida, expresadas en el interesante testimonio-reproche de la poeta Mariela Dreyfus. Algo increíble: Sánchez Hernani, que dirigió El Peruano durante toda la dictadura de Alberto Fujimori, le reprocha al poeta Tulio Mora el haber trabajado para la revista del Sinhamos (?). De lo dicho por Bruno Mendizábal, solo puedo manifestar un risueño asombro (¿es posible que alguien que ha dejado el alcohol y las drogas hace décadas pueda tener tan mala memoria? ¡Qué diferencia con las prodigiosas memorias esgrimidas por el poeta Roger Santiváñez y por Eloy Jáuregui!), pues quienes ayudamos a la formacion de este vate mesocrático limense, a pesar de que era mucho mayor que nosotros, fuimos Marcel Velázquez, José Medina y este blogger, a partir del año 90. Recuerdo haber corregido muchos poemas suyos, e incluso en su casa de San Felipe nos reuníamos para hablar de rock, aunque él en los noventa ya había abandonado ese ritmo para abrazar el jazz; no paraba de hablar de Weather Report (el buen Bruno, siempre tan generoso, creía que al pasar del progresivo al jazz contemporáneo había dado una suerte de “salto cualitativo”). En fin, recomendable desde todo punto de vista –me hubiera gustada que los autores se hubieran dado un poco más de espacio para sustentar más claramente sus atrevidas tesis sobre la poesía peruana del siglo veinte-, el libro es un delicioso recorrido oral, testimonial y croniquero sobre el tema señalado, y entiendo que ello es lo que más les interesaba a los autores, al menos por el momento. Objetivo logrado: libro de lectura obligatoria. Para poetas e interesados en la poesía. Picones, abstenerse ;)

1.4.11

HH Montesino y la Mistral


El poeta chileno y gran amigo HH Montesinos me permite, muy amablemente, reproducir un poema de una serie de reescrituras de la gran poeta chilena Gabriela Mistral. Hay más poemas que pueden ver aquí.





LLAVES PARA OLVIDAR



Entonces Paccha Mamma nos mostró sus manos y en ellas sangraban unas cerraduras que contenían todos los secretos incluso los que nunca se habían imaginado en la escritura Nos acercamos para mirarlas mejor pero Paccha Mamma comenzó a huir de nosotros riéndose de seguirla Desde las costas llenas de noches hasta donde las piedras hablaban Desde los bosques que desaparecían hasta debajo de los ríos alegóricos Una música escuchamos y luego estábamos bebiendo y cantando junto a los hombres y mujeres y niños más pobres del mundo que lo tenían todo dentro de la mano y eso les bastaba para ser feliz Paccha Mamma bailaba con ellos y con todas las casas de la región Los pájaros se lanzaban a las fogatas porque lo habían visto todo Los perros plantas se marchitaban en maceteros de lluvia y los distintos tipos de árboles se devolvían a la tierra en forma de raíces Mi niño se asustó del Fuego Paralelo y quiso esconderse en una de esas casitas “Nunca entres a una casa que no es tuya porque nunca podrás volver a salir Antes debes incendiarla con el Fuego Paralelo que es pura conversión y jamás muerte” Dije esto y mi niño asintió mientras Paccha Mamma volvía a desaparecer entre las luces de los diablos escondidos en la suerte del idioma
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