26.10.11


Afiche elaborado por el Instituto Raúl Porras Barrenechea para el curso de Redacción Periodística que dictaré a partir del 7 de noviembre, gracias al auspicio de la Academia Peruana de la Lengua. Si no pueden ver bien los datos, entren aquí.

Alberto Hidalgo: ninguna simpleza



Revuelta editores me hace llegar Poemas simplistas, compilación de tres poemarios del furibundo libelista y poeta intermitente arequipeño Alberto Hidalgo. El volumen recoge Química del espíritu (1923), Simplismo (1925) y Descripción del cielo (1928). En su prólogo, el escritor Juan Bonilla afirma:

Química del espíritu (…) y Simplismo son dos de las cimas de la poesía de vanguardia en Latinoamérica.

Y agrega que junto a Descripción del cielo, esos libros “componen uno de los más vivos corpus poéticos de esa época, comparable al firmado por Oliverio Girondo (en Argentina)".

Luego de leer el libro, uno no puede dejar de tener sentimientos encontrados. De un lado parece notable que Hidalgo haya llegado a sostener una poética propia tan tempranamente –aunque haya sido confeccionada con “ideas prestadas”, como dice Bonilla-, y por otro, muchos de los poemas que conforman los tres libros, en especial el segundo, no pasan de ser greguerías, acertijos simplones que un lector atento desbarata y olvida con cierta rapidez.

Con todo, no deja de ser importante el esfuerzo editorial por recoger en un solo volumen toda una época, una visión dentro de la casi calidoscópica poesía del vate sureño. El lector encontrará en este libro al Hidalgo más atrevido, fresco y menos visceral que pueda, y ello contribuye decididamente a terminar de bocetar la verdadera personalidad poética de quien, poco a poco, termina de ser reconocido como uno de nuestras grandes figuras vanguardistas. Todo un logro.

21.10.11

Curso de Redacción Periodística



Desde hace algún tiempo venía pensando en compartir lo aprendido en 18 años de periodismo en los mejores medios del Perú y del extranjero: La República, El Comercio, Somos, Cosas Hombre, Letras Libres, entre otros.

Estuve conversando con gente de la Academia Peruana de la Lengua para dar un taller de Redacción Periodística a su público (y al mío). Finalmente, llegamos a un acuerdo saludable, y el curso empieza, en dos etapas o módulos, el 7 de noviembre. Esta dirigido a estudiantes de Comunicación Social, periodistas jóvenes y público interesado.

Es una gran oportunidad -y gracias a la Academia por ello- para compartir todo lo que aprendí desde que, a los 20 años, publiqué mi primer texto en un diario. Mi idea es compartir lo recogido y ampliar, de pronto, mi visión del hoy alicaído periodismo escrito, con lo que puedan darme los asistentes.

Los interesados pueden ver el temario completo y obtener las pautas de inscripción haciendo clic en este sitio. El curso empieza el 7 de noviembre y será dictado en el Instituto Raúl Porras Barrenechea, en Miraflores.

Muchas gracias a los que se animen.

19.10.11

Reencuentro con Wang Wei




Removiendo cosas de mi biblioteca, me encontré con un libro publicado por la desaparecida colección "Orientalia", que dirigía el narrador Ricardo Sumalavia. En La montaña vacía, así se titula el libro, el poeta de estirpe budista –así lo taxonomiza el traductor y gran sinólogo peruano Roberto Dagnino- ofrece unos poemas de serena contemplación, de un misticismo natural y humilde que pocos oídos perturbados por el ruido amenazador de la urbe de hoy, podrán captar en su plenitud.

Según Dagnino, en la China antigua Li Po es el poeta taoísta, Tu Fu el confucionista y Wang Wei (701-761) el budista. Aunque suene un poco esquemática esta clasificación, no está lejos de la verdad si uno ha visitado las apacibles páginas de aquellos poetas. Como suele suceder, las versiones de Dagnino están entregadas en un castellano reluciente y suave, que transmite mucho del poeta.

Recuerdo que la primera vez que leí este libro estaba mal internamente, y su lectura amainó mis tribulaciones. Hoy repaso sus páginas desde otro ángulo de la vida, y siempre tiene cosas que decir el viejo Wang Wei, tal vez el más límpido de esos tres enormes poetas de la gran dinastía Tang.




(El poeta en antigua representación del siglo VII)

18.10.11

La autobiografía en cuestión (de burla)



Notable y muy didáctico el artículo de Jorge Carrión, en el reciente número de Letras Libres. Aborda temas como la autoficción y las autobiografías, todo ello como base para abordar la divertidad y automordaz El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq. “La autoficción –dice Carrión- nace de modo autoconsciente y con gran carga de ironía”. Pero mejor lean toda la reseña, que no tiene pierde.


En el despiadado y burlesco retrato de sí mismo que Michel Houellebecq lleva a cabo en El mapa y el territorio encontramos a un misántropo alcohólico, a un turista sexual en Tailandia (“donde al menos te la chupan sin condón”), adicto a los somníferos, que “parecía una vieja tortuga enferma”, y está aquejado de “micosis, infecciones bacterianas, un eccema atópico generalizado, es una verdadera infección, estoy pudriéndome aquí y a todo el mundo se la suda”. La soledad y el abandono van a encontrar dos vías, si no de reinserción, al menos de escape: por un lado, la mudanza al paisaje de su infancia después de una temporada de exilio voluntario en Irlanda; por el otro, la relación personal con Jed, el artista que protagoniza la novela, que contacta a Michel con el objeto de pedirle un texto para el catálogo de una exposición, y a quien posteriormente retrata. Parodiando el lenguaje de textos como este mismo, Houellebecq se refiere una y otra vez a sí mismo como “el autor de Las partículas elementales” y de otros libros, para no repetir su nombre. Ese alejamiento de la propia identidad, aunque se produzca mediante un mecanismo humorístico, es fundamental para llevar a cabo [atención: spoiler] el acto brutal que convierte la novela en una nueva vuelta de tuerca de la historia de la autobiografía ficcionalizada como práctica de la autodestrucción: “Michel Houellebecq” es asesinado y descuartizado. Tal vez el escritor no sea consciente de la genealogía de esa veta autoficcional que he esbozado, pero lo que sí tiene claro es que todo artista está sometido a “la exigencia de novedad en estado puro”. Su decapitación responde a esa necesidad de lo nuevo. (sigue leyendo)


(MH llega a autoficcionarse a sí mismo, desconfigurando así su propia biografía...)

13.10.11



Hace algunas semanas me hicieron llegar un kit con cuatro libros publicados por los organizadores del exitoso Segundo Encuentro de Poesía de Lima. Recién hoy por la mañana terminé de leer el cuarto de los libros, que, además, es de lejos el más flojo: Mares, de Diego Lazarte.

El libro de Lazarte no solo carece de fuerza expresiva, también tiene ideas poéticas trasnochadas y una falta de valentía para arriesgar con el lenguaje, lo que realmente desdice toda la propuesta de Casa Katatay.

Pero no me detendré mucho en lo que no llama mi atención, ello lo tengo como norma. Más bien me gustaría relievar el trabajo de John Martínez, quien ha dado un salto enorme, cualitativamente hablando, desde su primer poemario. El elegido es un libro orgánico que aborda un tema tan complicado como los danzaq, algo que para mí rebasa lo que llaman “manifestación cultural” para convertirse en un estilo de vida y en un simbolismo vivo (y bailado).

El elegido, por cierto, tiene deficiencias en el lenguaje, más bien convencional, y cae en cierta complacencia y descripcionismo, frutos, acaso, del enorme respeto del autor con respecto a su tema. Con todo, creo que es un esfuerzo notable que pone en perspectiva a Martínez hacia textos cada vez más logrados.

Otro poemario muy inquietante es Ágape de espectros, de Félix Méndez. Un acertado cruce de temas relacionados con la gastronomía personal –pongamos así- y el desgarramiento interno de un personaje que sufre, vive y denuesta su ciudad y su vida íntima, pero siempre conservando un hilillo de ternura. Méndez, por si fuera poco, tiene una propuesta -incipiente pero propuesta al fin- de sintaxis y estilo en este libro. Con abundantes puntos seguidos que parecen sentenciar al lector no acostumbrado a propuestas experimentales, a la incomprensión y a la confusión. Excelente comienzo el de este poeta.

Finalmente, Taller Sub-verso, de Giancarlo Huapaya, es un poemario de transición donde se puede barruntar los nuevos derroteros que el poeta deberá coronar para darle una vuelta de tuerca a su propuesta personal, que sin duda tuvo su apogeo en Polisexual.

Gran aporte, por lo menos en dos de las entregas, el de Casa Katatay, a la joven poesía peruana. De seguro tendrán más sorpresas que darnos, como editorial, en el futuro

12.10.11

EL CRÍTICO IMPERFECTO O



cómo confundir al autor con uno de sus personajes y, de paso, confundir al público


Qué un lector común y corriente, cuyo conocimiento de la teoría literaria se acerque al grado cero, confunda, como se hace casi naturalmente, al autor con el narrador, y termine, por ejemplo, achacando los vicios y problemas psiquiátricos del protagonista de American Psycho a Bret Easton Ellis, es algo común y propio de una lectura asaz ingenua de las novelas y narraciones en general.

Pero que alguien que ha estudiado Literatura, tiene más de 20 años leyendo libros y comentándolos en un diario, y a estas alturas debería haber adquirido un mínimo de pericia en separar esa triada autor-narrador-protagonistas, atribuya las características psicológicas de un personaje a su autor, es cosa de delirios, estúpidos delirios, claro.

Vean esta cita de la reseña de Ágreda a El Peruano imperfecto:

Es difícil entender por qué Ampuero ha delegado sus experiencias más personales en un personaje tan cuestionable como Pedro José. Acaso la clave esté en la concepción que el autor tiene de la literatura, en la que priman aspectos como el entretenimiento, la facilidad de lectura y un cierto “buen gusto”.

¿Cómo diablos sabe el crítico imperfecto Ágreda que Ampuero “ha delegado” sus experiencias más personales a su personaje? ¿Conoce tan bien a Ampuero como para afirmar esa barbaridad? ¿Acaso ha olvidado Ágreda que un personaje, aun en una novela biográfica -y esta no lo es- no es nunca homologable con el autor?

Podemos decir de El Peruano imperfecto que es una novela entretenida (es lo que busca Ampuero, tengo entendido), que es de fácil lectura (y eso qué tiene de malo en sí mismo), y que despliega un tipo de buen gusto que justamente la novela cuestiona y pone en ridículo mediante las contradicciones sociales y estéticas que envuelven a su personaje.

Mas no podemos decir que el personaje de Ampuero, es Ampuero, de la misma manera que no podemos decir que la prostituta de La romana, de Moravia, es Alberto Moravia. Así el personaje de un autor tenga todas las características físicas y psicológicas del autor, esa identificación es espuria; es producto, o de la ignorancia más atarantada, o de la mala entraña más biliosa.

Lo peor es que, con este tipo de críticas, el lector queda confundido, pues a la próxima que lea una novela erótica de una joven narradora, por ejemplo, pensará que la autora tiene una vida disipada, o que es una chica fácil o cualquier idiotez producto de esa aún más idiota identificación entre autor y personaje.


(Ágreda al centro, con polo azul.)

7.10.11

Adiós a Félix Romeo



El escritor y crítico literario de la revista Letras Libres falleció ayer de un paro cardíaco, a los 43 años, en Madrid. La revista reproduce el último artículo que escribió Romeo, apenas ayer mismo, horas antes de morir. Como dicen en Letras Libres, "pocos hombres en la cultura española, y en la lengua española, han defendido con tanta vehemencia y tanta inteligencia la literatura, la libertad y la amistad. Le echaremos mucho de menos."


Temer por la vida

Una encuesta realizada a 1000 mujeres afganas por la organización ActionAid ha revelado que la gran mayoría de ellas tiene miedo de perder sus frágiles libertades, y la dignidad que han empezado a conseguir, ante el posible regreso de los talibanes al poder. Muchas de ellas temen también por su propia vida. La retirada de las fuerzas internacionales de Afganistán puede contribuir al debilitamiento del incipiente proceso democrático y dejar una brecha abierta para que los integristas, utilizando medios violentos, vuelvan a gobernar.



Es cierto que las mujeres afganas participan menos de lo que deberían en la transición democrática, pero también es cierto, y doloroso, que su vida bajo el régimen talibán era lo más parecido a la esclavitud, o a la animalidad: imposibilidad de acceder a la educación más básica e imposibilidad de acceder a un trabajo, restricción absoluta de movimientos, ausencia de libertades básicas, control total por parte de los varones, vestimentas indignas y humillantes…

Para muchos, la defensa de la democracia en Afganistán puede ser una monserga neocolonialista, y más cuando una fuerza internacional, auspiciada por Naciones Unidas, tutela el proceso de transición, pero si prestamos atención a lo que dicen la mayoría de esas 1000 mujeres, que han ganado en muy poco tiempo derechos básicos, la perspectiva es muy diferente. Y, es necesario recalcarlo, los talibanes consiguen imponer su régimen tiránico y teocrático por la fuerza de las armas y no convenciendo a la población en unas elecciones.

No se trata de dos mundos, uno de los cuales, democrático, trata de intervenir en el otro, dictatorial, para forzar su voluntad soberana, sino que se trata de entender el mundo como un único mundo: el de los seres humanos que gozan de los mismos derechos, de las mismas libertades y de las mismas garantías.

El discurso relativista, ya desde las monsergas teóricas de Claude Lévi-Strauss, repite que las especificidades locales casan mal con otros modelos externos de organización social, pero las 1000 mujeres afganas de esta encuesta desmienten esa ocurrencia que trata de colarse a menudo como pensamiento.

Enrique Verástegui, poeta por su mente y por su corazón



Acabo de leer en una revista recién aparecida, una dizque crónica sobre la vida del poeta de En los extramuros del mundo y Monte de goce. Como respuesta a la mala entraña del supuesto cronista, que presenta irrespetuosamente al poeta como un ser desvalido y medio “loco”, me gustaría decir un par de cosas sobre la obra de este gran poeta.

En primer lugar, no uno, sino muchos de sus poemarios son una suerte de preneobarroso con carga lírica que resultan, sorprendentemente, cada vez más vigentes y actuales para muchos poetas jóvenes. Su obra es profusamente leída en todo el país, y no solo me refiero a su sobrevalorado (para mí) primer libro, que en realidad es poco más que un cover de Aullidos, de Ginsberg.

Estamos cansados de que a los poetas y a la poesía se los trate de una manera arrogante y necia en medios escritos, sobre todo en revistas. Si la cultura, como ha repetido hace poco el director de la BNP, es la quinta rueda del coche en el Perú, la poesía debe de ser la rueda abandonada en el garaje de la cultura peruana. Y eso debe cambiar ya.

Una crónica periodística no necesita de la burla estulta ni de la indiferencia ignorante para hacerse divertida, legible, informativa e… inteligente. Apelar al sarcasmo y a la indolencia, y recurrir a bajezas para "levantar" un texto, es lo más fácil y lo más ruin que se puede hacer en periodismo.

Esto no debe repetirse en ningún medio escrito. Más respeto con nuestros poetas y escritores.

Y EL GANADOR ES...

Los romanticones que soñaban con que este año el Nobel de Literatura fuera a parar a las manos callosas del gran Bob Dylan, tendrán que esperar un año o tal vez más. El Premio Nobel de Literatura de este año ha sido otorgado al poeta sueco Tomas Tranströmer, de profusa obra. Aquí la nota de El Mundo.


"El poeta sueco Tomas Tranströmer ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2011, según ha anunciado hoy la Academia Sueca. El escritor sucede al hispanoperuano Mario Vargas Llosa, que logró el galardón el pasado año. La Academia ha decidido galardonar a Tranströmer «porque, a través de la condensidad de sus traslúcidas imágenes, nos aporta un acceso fresco a la realidad».

Tomas Tranströmer nació el 15 de abril de 1931 en Estocolmo. Sus padres, Helmy y Gösta Tranströmer, eran maestra de escuela y redactor respectivamente. Tras terminar el bachillerato en 1950 en el centro de enseñanza secundaria Södra Latin, comenzó sus estudios en Historia de la Literatura, Psicología e Historia de las Religiones en la Universidad de Estocolmo, materias que formaron parte de su licenciatura en 1956.

Trabajó como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna. Después de haber completado sus estudios académicos fue contratado como asistente en el departamento de psicometría de la Universidad de Estocolmo en 1957. Al año siguiente se casó con Monica Bladh. Entre los años 1960 y 1966 trabajó como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna, en las afueras de Linköping. En 1980 fue contratado por el Instituto del mercado de trabajo (Arbetsmarknadsinstitutet) en Västerås.

Tranströmer sufrió una apoplejía en 1990 que en gran medida lo privó del habla. Después de haber publicado poemas en diferentes revistas, Tranströmer publicó en 1954 el libro «17 dikter», uno de los debuts más destacados de la década. Ya aquí se nota el interés por la naturaleza y la música que caracteriza una gran parte de su producción. Con las siguientes colecciones de poemas «Hemligheter på vägen» (1958), «El cielo a medio hacer» (2010) y «Klanger och spår» (1966) confirmó ante los críticos y el resto de los lectores su posición como uno de los principales poetas de su generación.

El libro «Östersjöar» (1974) recoge fragmentos de una historia familiar de Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo donde su abuelo materno trabajaba como práctico de costa y donde Tranströmer de niño pasó muchos veranos. Recuerdos de su infancia y juventud en los años 30 y 40 se encuentran también en el libro de memorias «Poemas selectos y Visión de la Memoria» (2009).

Ya en la década de los 60, Tranströmer fue introducido en Estados Unidos por el autor Robert Bly. Desde entonces el interés por su poesía ha aumentado internacionalmente y ahora está traducido a más de sesenta idiomas. A lo largo de los años Tranströmer ha publicado también sus propias interpretaciones de poesía extranjera. Un volumen recopilatorio de sus traducciones fue publicado en 1999 bajo el título de «Tolkningar»".


4.10.11

Matando la complacencia



Nosotros Matamos Menos es un blog de crítica cultural y literaria que debería tener más acogida entre los que nos interesamos por estos temas. Por su honestidad, porque sus administradores no tienen miedo de decir lo que piensan (hace poco hicieron añicos a un gacetillero del actual Somos), pero sobre todo porque le dan un frison de frescura a un medio, el de los blogs, algo abombado en ombliguismos y fidelidad a las amistades literarias. ¿Tiene defectos que superar? Claro que sí, pero por ahora sus virtudes los exceden. Lo recomiendo y los dejo con la reseña de Jerónimo Pimentel al reciente libro de Jaime Rodríguez.


Disparos de salva

‘Canción de Vic Morrow’ es un poemario irregular donde Jaime Rodríguez muestra a partes iguales su capacidad de escribir buenos versos (“Algunos de nosotros/ apenas aprendíamos a comunicar/ nuestra increíble normalidad/ pero/ cualquiera que fuera esa condición/ no aceptábamos el acto como un sacrificio”) y dudosas imágenes (“el miedo/ como una mascota/ un pollo/ atado a nuestros pies”). Lo curioso es que los ejemplos, como en este caso, se encuentran en un mismo poema, lo que sugiere falta de distancia crítica o una sensibilidad que se nos escapa.

Rodríguez se presta la estética y retórica de la serie ‘Combate’ para indagar acerca de su cotidianeidad jugando con la analogía, la asociación libre y la impostación. Repunta cuando, dejando de lado el lirismo, logra crear un flujo emocional en el que ambos mundos se concatenan y suceden, como en ‘La parte de mí que era Caje’, ‘Ruth & Noemí’ y sobre todo ‘Una vieja serie de televisión’. Pero el lector resiente la dosificación: es como si Rodríguez encontrara el tono pero no quisiera abusar de él, mérito que tiene el defecto de opacar las piezas menores, pues pone en evidencia al resto del conjunto. En él se encuentran los mayores gazapos, algunos de ejecución (“jóvenes amos de cremosos improperios”), otros de intención –si esto existe-, como en ‘Hazañas bélicas. Europa’. Ahí el poeta banaliza la carga de la caballería polaca ante los panzers (1939) para inducir a una suerte de melancolía personal. Puede que sea un error tomarse demasiado en serio este poema, pero a quien escribe le recordó una pregunta de Steiner: “’¿En qué sentido alguien, que no ha participado en unos sucesos ocurridos mucho tiempo atrás, comete un sutil latrocinio cuando invoca los ecos y recuerdos de Auschwitz y se apropia de una enormidad de emociones dispuestas para sus intenciones privadas?”.

Sin embargo, lo más desconcertante es la penúltima sección: ‘No se levanten de sus asientos. Épica de telediario’. Ahí la estructura cerrada se rompe, se declina la cohesión simbólica y se incluyen poemas con ballenas (¿?), apuntes biográficos y otros vicios de la poesía conversacional que terminan por diluir la atmósfera creada. “Los hijos de la televisión también pueden escribir buenos poemas”, dice Diego Otero en la contra del libro. Creemos que sí, pero que esta no es la mejor prueba.

[Jaime Rodríguez, Canción de Vic Morrow (2011). Solar Editores. Relación con la editorial: ninguna. Relación con el autor: ninguna].

Jerónimo Pimentel
En la Revista de Libros de La Tercera, de Chile, apareció una apreciable nota de Marilú Ortiz de Rozas sobre El Peruano Imperfecto, la autoirónica y aparentemente inasible novela que acaba de publicar Fernando Ampuero. Digo inasible porque, por lo menos para la mayor parte de críticos locales, la novela parece habérselas escurrido entre las manos como un salmón veloz (o como una trucha); la distancia de la crítica chilena, acaso y en cambio, les ha permitido penetrar en los pliegues más profundos de los propósitos del libro.

Dice la periodista sureña:

El Peruano imperfecto no es una novela épica a partir de casos emblemáticos de su carrera de investigador periodístico, sino que propone una mirada más compleja e intimista del personaje, con sus contradicciones y flaquezas.

En efecto. Pedro José Arancibia, el engañoso alter ego de Ampuero en la novela, vive en realidad una tensión social y cultural permanente, que tal vez encuentra una perentoria solución en su avidez sexual, pero que de ninguna manera puede quedar reducida a su desencuentro con los limeños de hoy, "faltos de clase" y multitudinarios (migrantes). Lo que Ampuero hace en la novela es burlarse del limeño antañón, ex dueño del buen gusto, del buen decir y del buen yantar. En ese sentido, Arancibia es un excluido en su propia ciudad, pero esa ciudad (Lima), ya no es suya, le ha sido expropiada sin leyes ni gobiernos de facto, y ese proceso le ha sido peculiarmente doloroso e irónico.

Como dijo Jaime Collyer en su presentación de la novela en la Cátedra Bolaño, dos cosas aporta Ampuero a la visión de sus contemporáneos:

El humor irrenunciable de sus protagonistas, y la preocupación constante, endémica por el Perú y sus devaneos recientes, sus lacras mejor arraigadas, sus esperanzas de redención nunca alcanzadas.


(Clic en la imagen.)

1.10.11

Ojo con Laura Kasischke





Una elogiosa reseña en la revista L’Express (pueden verla aquí: "El mundo hipócrita de las universidades estadounidenses") me llama la atención sobre esta aún joven escritora y ama de casa estadounidense, nacida en 1961. Ganadora de varios premios de poesía y de novela, LK ha sido merecedora también de la Beca Guggenheim, y una de sus novelas, The Life Before Her Eyes, fue llevada al cine por Vadim Perelman, con el protagónico de Uma Thurman y Evan Rachel Wood.

Al parecer, esta escritora tiene mucha pegada en Francia, pues todas sus novelas traducidas han sido éxitos de crítica, sobre todo por su visión ácida del mundo académico de EE. UU., la cual tiene su cumbre en el libro, traducido como Les Revenants, que reseña para L’Express André Clavel.

Por lo pronto, los dejo con un par de poemas de la escritora:



Kitchen Song


The white bowls in the orderly
cupboards filled with nothing.

The sound
of applause in running water.
All those who've drowned in oceans, all
who've drowned in pools, in ponds, the small
family together in the car hit head on. The pantry

full of lilies, the lobsters scratching to get out of the pot, and God

being pulled across the heavens
in a burning car.

The recipes
like confessions.
The confessions like songs.
The sun. The bomb. The white

bowls in the orderly
cupboards filled with blood. I wanted

something simple, and domestic. A kitchen song.

They were just driving along. Dad
turned the radio off, and Mom
turned it back on.


"Twenty-Ninth Birthday"

Suddenly I see that I
have been wearing my mother's body
for a long time now. It all
belongs to her, here where the skin
is softest and here
where it puckers in disgust -- each
inch. The very nails that pounded
her body to pieces
build me one just like it
and I have been wearing it
like a terrible house
and never noticed -- all of it
hers, except this mole on my arm --that
belonged to my father's mother
and it was left to me
to remind me that I
am one of those
witches, too, praying
in the dry face of the moon
while I walk around with death
in my big breasts, like them, full
already of my future scars
and pain and hallucinations
that shriek ahead like train tracks
past this naked house
across the self-pitying
pleasureless decades left.
I have turned my face to the wall to hide it
while you slip my father's
angry face over yours.

Franzen se pasa a la TV



La nota de El Mundo es muy interesante: luego de su éxito con la novela Freedom, Franzen sigue escandalizando a la intelectualidad estadounidense hablando de la decadencia de los libros y relievando algunas series de TV que, dice, han reemplazado el rol que la literatura tenía. No tiene pierde la entrevista.


Jonathan Franzen no quiere ser el escritor más polémico de los Estados Unidos. De hecho, le cuesta dar declaraciones explosivas y hace largas pausas antes de responder a las preguntas. Sin embargo, cada vez que habla es capaz de causar un verdadero revuelo mediático en su país. Desde que en 1996 publicara en «Harper’s» su célebre ensayo «Tal vez soñar», en el que anunciaba la muerte de la novela social, se ha convertido en una de las voces más mordaces —e hirientes— de esa intelectualidad literaria abocada a desnudar las miserias y bajezas del pueblo americano. Y, curiosamente, el pueblo adora oírlo, quizá porque él mismo es uno más de ellos.

Criado en Webster Groves, un suburbio de San Luis (Misuri) «en el medio del país durante la edad dorada de la clase media americana», Franzen fue en su adolescencia un «nerd» con «gafas de pasta, brazos débiles y una vergonzosa devoción por la obra de J.R.R. Tolkien». Con solo 22 años encontró su refugio en la escritura, una profesión que su madre —un ama de casa sin estudios— consideraba una carrera irresponsable. Su padre, un inmigrante sueco, soñaba con que algún día la revista «Time» le dedicara una pequeña reseña.

Casi tres décadas después, Franzen no solo ha sido portada de la mítica publicación, sino que además es uno de los pocos escritores que puede vender best-sellers, protagonizar capítulos de «Los Simpson» y ofender a la presentadora de televisión más poderosa de EE.UU. —la celebérrima Oprah Winfrey— sin perder ni un ápice de su popularidad o de su halo de elitismo. (sigue leyendo)

Se produjo un error en este gadget.