Se escuchan voces, venidas de poetas, por supuesto,
reclamando que se vuelva a instaurar el Premio Nacional de Poesía. La idea no
es mala, aunque tiene una candorosa carga de ingenuidad. En primer lugar,
muchos poetas, muy valiosos, en el Perú jamás recibieron dicha distinción, y no
por ello dejaron de ser lo grande que son.
Luego tenemos que resulta poco probable –ojalá me equivoque-
que el gobierno actual preste importancia a temas de esta laya, dada su casi
desesperada obsesión con los temas mineros y de ayuda social, que son los que
dan más réditos políticos y electorales, sobre todo el último de los nombrados.
Que la literatura no es un tema importante para el gobierno
de turno lo demuestra la inercia en la que se encuentra la Casa de la Literatura,
que carece de un norte precisamente definido, aunque haya gente valiosa allí trabajando,
como Agustín Prado y otros. El activismo sin plan y el celebracionismo
cronológico reemplazan a ideas más englobadoras y duraderas sobre cómo se puede
promover con mayor calidad la literatura en nuestro país.
Entiendo que muchos poetas, en su abandono, clamen por un
reconocimiento de parte del gobierno; pero esto debe ser mejor pensado. Tal vez
salidas más duraderas y eficaces deberían plantearse por intermedio del
Congreso. Una Ley del Poeta que, al menos, proteja los últimos años de vida de
estos, y una serie de becas de escritura como existen en tantos otros países,
pueden ser dos ideas primeras a discutir.
La experiencia nos enseña que, salvo notables excepciones,
la elección del premiado en aquel tipo de reconocimientos poéticos, responde algunas,
o muchas veces, a criterios extrapoéticos. Un sistema de breves becas de
escritura, en cambio, podría tener un cariz más democrático e impulsar mejores
resultados para nuestra reconocida tradición poética.
Dejo el tema en este punto esperando propuestas o críticas.






