14.2.12

David Grossman en Letras Libres




En el reciente número de la revista Letras Libres encuentro una entrevista al novelista David Grossman, autor de La vida entera (2010) y uno de los cronistas más fieles del Israel actual, que mezcla fantasía y realidad en cantidades solo atribuibles a un gran chef. Aquí la breve entrevista:

--¿Por qué escribe, qué le inspira a ejercer la escritura como profesión?
La respuesta a esa pregunta ha cambiado a lo largo de los años. En un principio fue un arranque de pasión, una necesidad incontrolable como la que acompaña al sexo. El sentimiento arrebatador de un joven hombre que no piensa en los porqués y solo sigue su instinto. Quería escribir porque necesitaba encontrar un lugar en el mundo. Sin embargo con el paso del tiempo esa pasión, aunque omnipresente, se ha ido transformando en una necesidad de entender la realidad y, en esa medida, de entenderme a mí mismo.
--Del compendio de su obra, ¿cuál de sus libros considera el más personal, el más íntimo?
En realidad todos mis libros son muy íntimos, no escribo sobre cosas que no sean profundamente relevantes para mí. Como escritor me parece injusto elegir a uno de entre todos mis hijos, literariamente hablando, por encima de los demás. Espero que hacia el final de mi vida pueda ver en retrospectiva todos y cada uno de los libros que haya escrito y calificarlos de esenciales, en la misma medida en que cada uno de los órganos del cuerpo resulta esencial para el hombre.
--Sus padres ejercieron una influencia muy importante en su formación personal e, incluso, profesional. Lo siguen haciendo a la fecha, viven en la misma ciudad y los ve con frecuencia. Con su padre comparte cada nueva traducción de su obra y siempre ha sido uno de sus primeros lectores. ¿Cómo describiría su relación?
Creo que nuestra relación es muy buena aunque fui un niño muy difícil de criar, rebelde y obstinado. Siempre supe lo que quería de mí pero invariablemente contradecía sus expectativas. No podía renunciar a mi sueño de infancia, vinculado con el arte, que después se manifestó en la escritura. En aquella época era una decisión arriesgada y, sobre todo, sospechosa, algo que siempre lo mortificó, pues, por lo complicado de su historia entre la Europa de la Shoa y el naciente Israel, rehuía cualquier cosa que llamase la atención innecesariamente. Ahora, tantos años después y a nuestras respectivas edades, lo que me resulta fundamental y no cesa de impresionarme es que, para mí, sigue siendo un padre en toda la extensión de la palabra.

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