24.3.12

LA VULGARIDAD DE LA SOBERBIA LITERARIA



El libro de poemas, en lo que toca a quien lo escribe, sigue siendo un regalo. Y la poesía existe, porque afortunadamente aún hay quienes insisten en regalarla.
Juan Ramírez Ruiz


El único sentimiento, mejor dicho, la única actitud que es repudiada en todas las sociedades, occidentales o no occidentales, es la soberbia. Esto no es gratuito, pues esta forma de ser colisiona frontalmente contra el imperativo categórico que hace posible la vida en sociedad, la comunidad. Y, hasta donde sé, el hombre siempre ha tendido a vivir en comunidades, grandes o pequeñas.

Recuerdo esto tan básico porque estuve pensando estos meses en cómo las personas pueden perder la cabeza con un pequeño cambio en sus condiciones de vida, y en cómo el odio y la discriminación disfrazados de “rigor” pueden llevar a alguien sensato a ensayar estrategias francamente ridículas y banales.

Un poeta y crítico peruano que hace unos meses viajó al extranjero en busca de mejores oportunidades, me dijo antes de irse, luego de haberse bebido un par de cervezas (mi memoria auditiva es muy buena): “Víctor, si ni tú ni yo le hacemos caso a X (un poeta joven trujillano), si nos olvidamos de que existe y no nos ocupamos de lo que publique, lo haremos desaparecer. Simplemente dejará de existir para la poesía”.(1)

Sorprendido ante la soberbia e ingenuidad de esta persona, atiné solamente a asentir y cambiar de tema como si nada hubiera pasado.

Pero algo había pasado, y muy grave. Embriagado no por las dos botellas que había consumido, sino por la relativa autoridad que tiene entre la gente de su generación, este poeta no se daba cuenta de que

1) la poesía y el ser poeta no es un problema de atención o falta de atención;

2) la consideración crítica a una obra poética es una cuestión de tiempo, un tema histórico que no se puede direccionar al antojo de nadie, y, por último,

3) es injusto e inmoral intentar “desaparecer” a un poeta solo por el odio o el rencor o cualquier sentimiento que se le pueda tener.

Pueden desaparecer los cuerpos, mas no las obras.

Creo que lo que corresponde a personas maduras y concientes es, por el contrario, darle cada vez más cabida a la poesía joven, pero de una manera crítica y sin concesiones, como ha intentado hacer nuestra colaboradora de ESTANTE en su número inaugural. Lo que requiere el momento es mayor cobertura a la poesía que se hace actualmente, con reseñas más amplias, argumentadas y sólidas, en lugar de estar liando estúpidos contubernios.

Estos provienen de taras tan arraigadas en nuestro país como el arribismo, la lambisconería literaria y la exclusión –que se apoyan en que es mejor cultivar la amistad de este poeta con tal o cual apellido (o billeteraza) que no significa ya nada para la gente inteligente y que trata de ser justa, en lugar de mantener una buena relación con poetas de calidad que, migrantes de provincias como X, no tienen cómo hacer frente a agresiones de este tipo.

La soberbia literaria es doblemente ignorante: ignora que la literatura, y en especial la crítica, es apertura, amplitud de criterio, independencia; y que la soberbia es cerrazón y aislamiento frente a los fenómenos del mundo (entre ellos la creación poética); además, adolece de una desbocada e injustificada sensación de poder que no es más que eso: una sensación efímera que se desvanece como los efluvios de un par de cervezas.

(1) Podría dar el nombre del poeta sin ningún problema, pero es irrelevante para el texto; esto no es una denuncia sino una reflexión sobre una tara literaria.

1 comentario:

  1. Anónimo28.3.12

    No me sorprende lo que cuentas de ese crítico y poeta que se fue a EE UU. Si supieras lo que yo sé.

    Saludos.

    Poeta Quilquense

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