22.3.12

Una hermosa vida hecha pedazos



Acaba de salir el número inaugural de la revista ESTANTE de libros, cómics, revistas y más. Se trata de una propuesta de crítica periodística literaria que intenta llenar el agujero negro que han creado los medios tradicionales en cuanto a este tema. La revista se envía gratuitamente mediante correo electrónico. Les dejo una de las reseñas incluidas en su sección "Poyesis".


Las Marcas, Jorge Eslava.

Borrador editores, 2012.


Borrador Editores se está consolidando como una de las editoriales más
serias del medio. Prueba de ello es la publicación, en una verdadera edición de
lujo, de Las Marcas (enero, 2012), volumen empastado y de excelente gusto que
reúne tres de los principales poemarios del poeta Jorge Eslava: Ítaca, Territoro
y Escollera, este último hasta el momento inédito.

Como se sabe, la poesía de Eslava ha tenido un recorrido muy
independiente dentro su generación, de manera que puede decirse que estamos
frente a un poeta insular. El enorme espacio temporal que existe entre las
publicaciones de los libros nos habla de un gran respeto por la palabra poética, y
a esto debemos sumar su insobornable lealtad a una forma de ver, escribir y
publicar la poesía. Algo que felizmente no ha cambiado en estos tiempos donde
la gente publica hasta dos libros por año. De Ítaca podemos arrancar este
poema breve y bien logrado:


Enigma de mujer bajo pálido sueño


Con la misma lentitud con la que crecen las uñas

en los muertos, tan fino como el helecho copula
en la casa vetusta de verano lánguido
igual al cielo de los condenados, te arrancaría
el blanco corazón de numerosas mujeres que has sido
y vería al fin desfallecer mil rostros sin sentirte.

El gran poeta Eduardo Chirinos ha dicho de Escollera (1992) que “se
inscribe en una tradición de gran arraigo en la poesía peruana: aquella en la cual
la familia forma parte natural del universo poético (…) Esta tradición, que nos
viene de Vallejo (…) es revitalizada en estos poemas que prefieren asomarse a
las fisuras y cicatrices antes que celebrar las virtudes de la vida”.


Naiara


Sobre la alfombra azul de la sala

Mi niña gatea y se revuelca
en su maraña de aguas sin antes
ni después. Ensaya voces,
grita y sacude sus lanzas con pasión
y desorden. Hemos regado
los juguetes por el suelo.
En su reino, a salvo de todo temor,
Los gira, muerde y avienta
con dulcísima violencia. Un ciervo
aprisionan sus manos, lo contempla ahogarse
en el río azul de la sala y el ocaso.
son dones de una tarde esta muerte
secreta, sin remordimiento,
iluminada y disuelta para siempre.


La poesía celebratoria y “feliz” casi no existe. Desde siempre los poetas
han preferido cantar los infortunios de la vida, el deterioro producto del paso
del tiempo y la melancolía surgida de la distancia, los desamores y la disolución
de los cuerpos. La poesía de Jorge Eslava, rescatada con tanto acierto en La
escollera, es la confirmación, con un dominio formal del verso casi envidiable,
de que la poesía no sabe de elecciones ni de estrategias: Eslava nos entrega cada
poemario como si se arrancara un pedazo de su existencia. Frente a eso, solo
nos queda un serio agradecimiento, una lectura respetuosa y delicada, y la
complacencia en que hay poetas que contemplan la vida y la creación con ojos
que no se cierran ni se desvían por cualquier aspaviento “experimental” o
“conceptual”.

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