6.7.12

DIMENSIÓN DE CAJAMARCA -POESÍA CAJAMARQUINA


ORIGEN DEL HOMBRE PERUANO
                                                                                  
MARIO FLORIAN



De este polvo sutil de camino cuzqueño,
de este polvo que huele a maizal y a quebrada,
de este polvo de tierra soleada y oscura
como la piel curtida de nuestra vieja raza;

de este polvo que sabe de los pasos del hombre,
y de la imagen pura y de la resonancia
de los primeros dioses, de los primeros brutos,
y de la escala verde de las primeras plantas;

de este polvo -bejuco enlazado a los vientos,
de este polvo -garganta invocando a las aguas,
de este polvo - resuello de la tierra dormida
sobre los pedernales, bajo un sol de tumbaga;

de este polvo oloroso a flores de peñasco,
y a fatigas de humilde y a aflicción y a esperanza,
de este polvo que tiene un sabor a misterio
y a semilla y a surco y a medianoche y a alba;



polvo ligero: de una fracción de polvo
mezclada con saliva - en época lejana,
formo al Peruano, al Hombre Telúrico y Andino,
el Grande, el Poderoso, el Viril Pachaqamak ...


Demetrio Quiroz-Malca

I

Llega la época del sembrío; yo seguiré sembrando en los hondos surcos de mi rostro. Vosotros los alegres, sembraréis de doradas espigas; vosotros los tristes, que tenéis llagas, sembraréis vuestra sangre. Mi llanto, las doradas espigas, la sangre, germinarán:

¡Todos cosecharemos!...

sólo que, desde los surcos de mi rostro, ahogado, os veré. A vosotros que cosecharéis estrellas, ciegos; a vosotros sembradores de la sangre, inflamados en la llaga.

¡Todos cosecharemos!
¡Estrellas!
¡Lágrimas!
¡Fuego! ...

II

La noche me llamó: “Sembrador de lágrimas, ¡ven!... “no tuve tiempo ni de sacar mi pañuelo del fondo de mi pecho. Su red envolvió mi estertor. Éramos amigos. Llorábamos en el invierno. Pero sentí miedo: ya no creía en el fuego. Vime pez. El pez en la red; el pez y la red en la noche; el pez, la red y la noche en la Nada. Ya no lloraba ni aleteaba: dormía. Si dormía soñando en mi sepulcro. Digo, en la del pez, de la red y de la noche. Sólo la nada bebía mis ruidos. Y los ruidos de la Nada, ¿quién? No sé. Por el mar rodaba una estrella: me besó la frente y siguió rodando. El pez había muerto en la red de la noche.

III

Era la sombra – bienamada serpiente – un brazo en mi garganta y un juguete deseado entre mis manos de hiedra. Alta sombra, recuerdo, que tragó, sin embargo, al navío malva. Mi navío alucinado y pertinaz. Mi primera virtud de vuelo: hijo del silencio y la esmeralda. Hijo mío, triste. Desde entonces mis ojos vagan insomnes por los acantilados o, rendidos por el sueño, rueden como baratijas olvidadas.

¡ Vedlos todas las mañanas despertar con la espuma en la encrucijada de dudas.! Védlos huérfanos, envueltos en el charco de sombra –esa sombra bienamada – hoy, tan sólo un recuerdo amargo.




Oro sucio

Eliseo León Pretell


 Porque siendo tan hermoso
Dios te guardó tan profundo
en las entrañas del mundo
oculto... en calmo reposo.
Te llaman metal precioso, todos te quieren tener,
es que das lujo y poder, al que te posee ufano,
convives con el profano que atropella por tener.
****
Cuántos te quisieran ver
entre todas sus riquezas,
reluciendo entre las piezas
de su falso embellecer.
Otros querrán merecer, esa presea dorada
en el pecho colocada, señal de ser el “primero”
o en anillo verdadero, distingo de la casada.


****

Para otros, no vales nada
ni siquiera pueden verte,
porque representas muerte
sed, oprobio y dentellada.
A un gramo por tonelada, vas destruyendo la vida,
ensuciando la comida, el agua y todo el ambiente,
empobreciendo la gente, cada vez más oprimida.

****

Solo te dan bienvenida
los políticos mañosos,
jueces todopoderosos
urgidos por la mordida.
“Oro sucio”... sangre, herida, autor de la corrupción,
muerte, contaminación, enfermedad y pobreza,
soberbia, engaño, bajeza, del minero y su ambición.



Julio Garrido Malaver

30
Yo creo que en cada piedra americana,
a más de su propia perfección y grandeza,
a más de su actitud de eternidad,
a más de su presencia que no admite todavía negaciones absolutas,
moran: un alma de laboreo cotidiano de su esperanza y de su luz
y hasta las alas múltiples
que no redondearon la plenitud de vuelos infinitos...
Ha de ser por eso,
que en la pétrea soledad de nuestras montañas,
cuando estamos a solas con nuestra alma,
sentimos que la piedra nos oprime hasta el grito,
nos dilata hasta la ansiedad del abismo,
nos conturba hasta hacernos olvidar de nosotros;
y luego nos arroja, como a cantos rodados,
para seguir cayendo y levantando en las sierpes castigadas
de los difíciles caminos en cuyos recodos
se agazapa una muerte que no existe
y que mata únicamente a lo que nació sin destino...
Por eso ha de ser que, cuando estamos a solas con la piedra,
nos parece que el cielo está más cerca de nosotros;
y que si las estrellas no se sumergen,
una a una, en nuestra sangre,
será porque todavía las necesita el cielo
para seguir siendo la perfección azul del infinito...
Por eso ha de ser,
que siempre nos hemos acercado y nos acercamos aún a la piedra
y tratamos en ella de imprimir nuestro gesto mejor
y nuestro más buen sueño,
como el más hondo dolor de todos los dolores...

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