30.10.12

El verdadero problema de la Casa de la Literatura




Gustavo Faverón, un olvidado bloguer del norte frío de EE. UU. parece haber puesto el dedo en la llaga con el affaire CASLIT. 

Lamentablemente, está malinformado. La Caslit no solo es un espacio donde se da cabida a todo aquel que quiere presentar su poemario (y aún así: después de todo quién va a decidir quién es lo suficientemente bueno para presentarse en la Caslit: el desorejado Faverón? Ja y Ja).

En la Caslit se ha hecho justicia con homenajes en vida a los mejores escritores y poetas del Perú, y no solo a apristas, como podría uno suponer de solo saber que la directora es de esa tendencia. No. La cosa ha sido más amplia, y tan amplia que al mismo Faverón lo invitaron una vez a participar de un evento allí.

Las balas corren por otro lado: lamentablemente los sucesos de los últimos tiempos han ocultado la arbitrariedad de un hecho concreto: la casona de Desamparados va a ser o ya ha sido “cooptada” por la burocrática e inútil PCM del gobierno actual, y los jóvenes de la Caslit, muchos de ellos para nada amigos míos, dicho sea de paso, están en peligro no solo de ser trasladados sino de perder sus puestos de trabajo, porque el presupuesto en adelante es incierto.

¿Voy a apoyar esta barbarie solo porque odio a ciertos personajillos (Javier Arévalo y otros) que se han aprovechado de la juventud de esta gente para utilizarlos a su conveniencia?

Eso me parece vil y mezquino, digno de un pigmeo moral.

Lo que hay que hacer con el barco de la literatura peruana, aunque haya sido hecho por el vulgar García, es reflotarlo, mantenerlo, mejorar sus prácticas; no mandarlo a los arrecifes solo porque hay cuatro gatos o ratas que se aprovecharon de él durante un tiempo.

Una mirada desde lo alto y con grandeza es lo que se pide. Si no la puedes dar, al menos cállate, que no tienes la información suficiente para criticar.

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