2.10.12

Lirismos esenciales: la estúpida obsesión por lo poético





Gracias a un envío muy especial desde México, disfruto estos días de la lectura de El impulso, conjunto de brevísimos ensayos, o inflexiones, como los llama el autor, sobre el acto creativo en general, y en particular sobre la escritura, del poeta uruguayo Víctor Sosa. Primera cita:

¿Soy retórico al retornar a la escritura bordando la misma insuficiencia? ¿Es retórica esta escritura que ciertamente no es poética? Pero qué es ese ciertamente que dejo caer, con petulancia retórica, sobre la frase anterior? ¿Y qué es esa estúpida obsesión por lo poético? ¿No expresa, acaso, una retórica el hecho de imponerse la poesía, como plus ultra, como lo sublime que me justifique ante qué, ante mí mismo, ante los otros mismos –reflejo del mí mismo-? (pp 48)

Abro Fantasmas esenciales (2012), de Víctor Ruiz Velazco, y en el poema “Ágape”, hallo estos versos:


Entonces recuerdas Alejandría,
El torpe caminar de los amantes
En noches de luna llena, todo
Se ha vuelto febril y rojo. Lloras
Tus lágrimas son grandes gotas rojas
Que caen por tierra,
Y cierras los ojos esperando un sueño (pp 33)


No tengo dudas sobre la condición de gozne que tiene este poemario dentro de la abultada (y apurada) producción poética de VRV. Pero el joven poeta ha declarado, en una casi autoentrevista, que el libro está basado nada menos que en el Antiedipo de Deleuze-Guattari, y que constituye poco menos que un punto de inflexión radical dentro de su devenir poético.

Me pregunto dónde hallamos ese radical punto de inflexión en la cita anterior. Apenas se pueden imaginar versos más empapados por una retórica sublime, por un culteranismo de lugar (En otros poemas aparecen Mallorca, Esmirna y una ciudad “de catedrales sumergidas”) que sin embargo aparece bien trabajado líricamente. Y es desde ahí justamente desde donde parte el inflexionar de Sosa.

¿Qué es lo que hace que un poeta no pueda desligarse de una idea de poesía lírica, sublime, trascendente, más allá del ateísmo o de la “modernidad” que le quiera dar a sus textos?

¿Por qué se insiste en esta suerte de espejismo del yo lírico, él sí, verdaderamente fantasmal y poco dado a la rebelión expresiva? Otra cita del poemario, de un texto titulado como el convencional libro de James “Retrato de una dama”:



ME DESANGRO,
me voy por una herida,
y es este partir un encuentro también
con todo aquello que nos acerca

(…)

Soñamos cuanto vivimos y es este sueño
El que nos contiene en un canto callado,
un recipiente vacío arrojado al mar
y nuestra esperanza de ser atendidos.

(…)

¡Ay de mí
Si pudiera escucharlo!
(pp 56)

Podría reproducir muchos versos más con ese tono estudiadamente “poético”, con ese abuso en las marcas lexicológicas que reflejan un afán incontrolable de sobreexpresar: mayúsculas, cursivas, signos de admiración, comillas, corchetes, etc., con ese disimulado visitar de habitaciones comunes de las líricas contemporánea y clásica –VRV parece dominar muy bien este terreno- y que, sin embargo, no empujan demasiado la línea de acción de esa guerra contra un sentido de la escritura, el sentido sublime y retórico precisamente, que ya al mismo Pound (ángel vigilante de toda la producción poética de VRV) se le aparecía agotado a principios del siglo pasado, y que resolvió con refrescantes valentía y riesgo en los famosos Cantos.

Escribe, pues, sin poesía, sin la preocupación por su ausencia, sin la predeterminación del fracaso poético.

Esto nos advierte, ya en el año 2000, año cuando publicó El impulso, Víctor Sosa. Y sin embargo poco hemos intentado ir por caminos poco transitados. Poco hemos desandado nuestros pasos con la esperanza de hallar el camino no hollado dentro del camino ya transitado, siquiera.

La responsabilidad, por cierto, no es del poeta joven. Al final, él no es responsable del entorno complaciente que tiene y que no le deja ver más allá de sus tanteos líricos. No hay responsables si el poeta no tiene otra opción que atenerse a la simpleza de la idea de lirismo que flota en el ámbito “cultural” local, si los amigos no lo retan ni discuten su producción y se limitan (cuánto dice este verbo) a darle palmaditas confortantes en el hombro, si los talleres de poesía solo te enseñan a “armar” un poemario y a confeccionar poemitas para ganar premios. Y nada más.

No me preocupa el futuro de VRV. Estoy casi seguro de que tiene en sus manos y cerebro la salida a ese entrampamiento lírico.

La sana radicalidad, el rechazo de la retórica que se desmenuza melosa entre las manos de tanto manosearla, la voluntad de arriesgar con el lenguaje sin la preocupación por la ausencia de poesía, empero, es algo que tal vez no se pueda transmitir. O que es posible solo desde una recomposición de la idea de taller –algo que viene experimentando el poeta y pintor uruguayo en México-, pues no es, definitivamente, desde lo poco que nos dan las facultades de Literatura locales, desde donde ha de llegar la poesía sin poesía de nuestro futuro poético.

 (En la imagen, Víctor Ruiz y su libro.)


7 comentarios:

  1. Anónimo3.10.12

    parece que Víctor aún tiene que seguir aprendiendo con las sombras o sus fantasmas para salir de su condición de "joven poeta" (y eso que ya pasó de los 30...)

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  2. Anónimo3.10.12

    Autoentrevista! Ja! Ese es el resultado de tanta manoseada entre el mismo grupo.

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  3. Anónimo3.10.12

    Sr Coral

    buen análisis. hay algo más conservador que los tópicos remanidos del lirismo?. el libro de Victor Ruiz está próximo en su lirismo hispano a un Miguel de Unamuno. relacionarlo con Deleuze bordea la psicosis.

    saludos
    r

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  4. el comentario no está en contra de la poesía de Ruiz, lean bien, por favor, hay muchas cosas valiosas que dice Sosa, por ejemplo.

    Y a los valientes que escriben para atacar a Ruiz, háganlo con nombre y apellido, si no no pondré sus comentarios.

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  5. Anónimo5.10.12

    En realidad acabo de cumplir 30 y no soy yo el que se pone el rótulo de joven. En cuanto a la "autoentrevista", nunca entendí a qué te referías, Víctor. Finalmente, y lo sabes bien, quien edita y direcciona el discurso es siempre el entrevistador. En cuanto al tema del lirismo, le aconsejo al sr. anónimo número 3 que lea lo que dice Pound a ese respecto y quizá así pueda empezar a entender de qué habla Víctor Coral. En cuanto a que no encuentran a Deleuze en el libro: no lo harán, entre otras cosas porque tendrían que conocer muy bien la tradición de la que tanto Deleuze y Guattari son deudores y que, solo para situarlos en coordenadas cercanas, tiene entre sus representantes a Rodin, Rilke, Bradley, Bergson, Bellmer, Artaud, etc. Como te comentaba en la nota que me pusiste en el muro de Lustra, Víctor: ¿o sea que para que mi poemario fuera deleuziano debí haber hecho un procedimiento análogo al de los concretistas tratando de ejecutar los planteamientos de Pound (antes de Fenollosa) en relación a la poesía oriental? Si: en las lenguas china y japonesa la palabra es también la representación iconográfica de lo que revela; entonces nosotros hacemos caligramas. Pues no, reitero, por ahí no van los tiros y eso es algo que no ves porque defiendes tu posición que asumes en oposición, per se, a la mía. En relación a los anónimos y adevenedizos que reclaman el hecho de que mencionara ciertas lecturas les digo: me causa mucha gracia y en verdad empatía cuando algunos dicen haber "leído" a un autor pensando que con decodificar cada palabra en verdad están leyendo.
    Atte.

    Víctor Ruiz Velazco

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  6. En realidad acabo de cumplir 30 y no soy yo el que se pone el rótulo de joven. En cuanto a la "autoentrevista", nunca entendí a qué te referías, Víctor. Finalmente, y lo sabes bien, quien edita y direcciona el discurso es siempre el entrevistador. En cuanto al tema del lirismo, le aconsejo al sr. anónimo número 3 que lea lo que dice Pound a ese respecto y quizá así pueda empezar a entender de qué habla Víctor Coral. En cuanto a que no encuentran a Deleuze en el libro: no lo harán, entre otras cosas porque tendrían que conocer muy bien la tradición de la que tanto Deleuze y Guattari son deudores y que, solo para situarlos en coordenadas cercanas, tiene entre sus representantes a Rodin, Rilke, Bradley, Bergson, Bellmer, Artaud, etc. Como te comentaba en la nota que me pusiste en el muro de Lustra, Víctor: ¿o sea que para que mi poemario fuera deleuziano debí haber hecho un procedimiento análogo al de los concretistas tratando de ejecutar los planteamientos de Pound (antes de Fenollosa) en relación a la poesía oriental? Si: en las lenguas china y japonesa la palabra es también la representación iconográfica de lo que revela; entonces nosotros hacemos caligramas. Pues no, reitero, por ahí no van los tiros y eso es algo que no ves porque defiendes tu posición que asumes en oposición, per se, a la mía. En relación a los anónimos y adevenedizos que reclaman el hecho de que mencionara ciertas lecturas les digo: me causa mucha gracia y en verdad empatía cuando algunos dicen haber "leído" a un autor pensando que con decodificar cada palabra en verdad están leyendo.
    Atte.

    Víctor Ruiz Velazco

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