14.10.12

UNA RESEÑA URGENTE DE UN LIBRO DE MAX HERNÁNDEZ


Mi amigo el historiador Gustavo Montoya me hace un envío urgente sobre un libro clave, aunque olvidado, que trata de manera diferente nuestro destino histórico como país. Va la reseña.



El Perú desde el diván

“ sea lo que fuere, lo cierto es que
 toda evolución es un destino”
Thomas Man

“las palabras de los sabios son
 como aguijones;
Y como clavos hincados son
 las de los maestros”
Eclesiastés.   12:11



Gustavo Montoya Rivas.



Una noche de verano del 2006  asistí, invitado por el inolvidable Carlos Franco, a la presentación del número 100 de la extinguida revista Socialismo y Participación en el local de CEDEP, en Magdalena. Entonces, en esa animada reunión de intelectuales y políticos, hombres y mujeres, pude distinguir la sólida presencia de Max Hernández, que deambulaba por lo ambientes de la casona deteniéndose a charlar brevemente con quienes se topaba. Armado de su poderosa mirada, me abordó para interrogarme --con toda seguridad- sobre lo mismo que venía indagando entre los concurrentes: el posible desenlace del entonces reciente espectáculo electoral. Esa es la imagen que guardo del autor de un libro hoy inusual en el ambiente historiográfico local. La del humanista permanentemente preocupado por conocer el pulso del país.

En efecto, su libro En los márgenes de nuestra memoria histórica, es el resultado de lecturas densas, metódicas y multidisciplinarias que confluyen en una mirada sumamente crítica y desenfadada que un psicoanalista pone a consideración de sus contemporáneos. Es la síntesis y visión de conjunto sobre la trayectoria histórica de un país antiguo.  Ya desde la introducción nos advierte sobre los límites y posibilidades de su estrategia hermenéutica, bella y crudamente expuesta con un aforismo arguediano: “Es decir una mirada vagabunda”, pero comprometida como se verá más adelante, con la “exigencia de iluminar los rincones oscuros y luctuosos”, precisamente de nuestra memoria histórica, categoría que aún siendo una de las vigas de su reflexión, sucumbe en parte por el carácter absoluto que le asigna.

El diseño de la carátula anuncia sintéticamente el nervio de su prosa, que da cuenta del carácter escindido y confrontado del Perú en los actuales escenarios. Efectivamente, pues la tensión del texto mantiene en vilo al lector avezado por la multitud de imágenes traumáticas que desfilan. Son las coyunturas históricas que el autor ha elegido para ensayar una severa recusación a los actores de lo acontecido. Su propósito es el diálogo y la comunicación histórica.

Algunos fenómenos adquieren una presencia recurrente y perturbadora a lo largo del texto, y coinciden con una periodificación a la que el autor dirige su mirada inquisitiva. Lo acontecido en la Conquista, la independencia, la Guerra con Chile y el conflicto armado interno, constituyen para el autor eventos traumáticos estelares que han contribuido decisivamente a configurar un tipo de memoria histórica que oprime la intersubjetividad de las actuales mayorías sociales induciéndolas a idealizar el pasado prehispánico, estigmatizando la historia posterior y al presente, que se les presenta como perpetuo. Es la dictadura de una conciencia histórica heterónoma que se espanta de sus propias realizaciones. El conflicto, la agresión y la culpa, de la mano con las ideologías dominantes, se confabulan en la mente y el corazón de las multitudes urbanas y rurales. Al profundo malestar que le es inherente se le agregan la continuada fragmentación étnica y territorial. Es la trayectoria de un país estructuralmente violento, aunque estable.    

La “cuestión” del mestizaje y el “problema” nacional son dos de los nudos históricos más complejos que una y otra vez emergen a la memoria instituida; pero más como problema que como posibilidad. Señala el autor: “En el sur andino nadie quiere ser indio”. Habría que tomar esta categórica afirmación con beneficio de inventario. Son fantasmas en permanente vigilia cuya trayectoria desde el “tumultuoso desarreglo” de la conquista hasta la actualidad es racionalizada por el autor desde una perspectiva terapéutica, para abordar otra de sus preocupaciones centrales: la existencia como proyecto o realidad de la comunidad, pero que pese a sus esfuerzos de identificación históricas, estalla, sin embargo, por la fuerza y las huellas de sus vestigios materiales y simbólicos.

Sin duda, son discutibles muchas de sus estrategias propiamente hermenéuticas y las conclusiones a las que nos remite. Pero en cambio es un acierto la multitud de categorías sintéticas de interpretación que propone y que el lector habrá de hallar desde sus intereses.

El libro de Max Hernández es una oportunidad privilegiada para ensayar nuevas lecturas de lo acontecido entre nosotros. No es, pues, el simple registro de lo que sucedió en el Perú para tomar el título de un importante medio de divulgación histórica. Su objetivo es más ambicioso y urgente. En ello radica, a mi juicio, su mayor importancia. La de instalar en la agenda pública –y política- un balance desapasionado, crítico e inclusivo de nuestro devenir como país.

Insisto, uno puede disentir de las interpretaciones que el autor ofrece sobre la historia del Perú, pero habrá de reconocerse que el diagnóstico que formula es urgente, y por ello mismo, la terapia apropiada se traslada a la política, al terreno de la virtud y la fortuna. Que esta propuesta provenga de un psicoanalista y no de un historiador, dice mucho de lo que acontece en el terreno propiamente historiográfico local.

(En la imagen, el autor y su obra.)

1 comentario:

  1. Anónimo16.10.12

    urgente
    Conversatorio “Kloaka: 30 años después”
    Participan: Dalmacia Ruiz Rosas, Gustavo Buntinx, José Antonio Morales, Domingo
    de Ramos, Paolo de Lima
    Organiza: Lenguaje y Comercio
    ANFITEATRO CHABUCA GRANDA
    SABADO 27 DE OCTUBRE 3PM

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